Peeping Tom (Toll)

Summary

Día 10: Voyerismo. Bill había tenido una vida complicada, donde desde temprana edad tuvo que aprender a hacerse cargo pero… Bill se sentía conflictuado porque tenía una obsesión insana que hizo que tomara decisiones drásticas sobre su vida.

Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Nota: Día 10 del incestember, cómo fue complicado pensar en este día, porque pedía o voyerismo con somnofilia, o uno de los dos, y bueno, ya escribí ambos, y no quería repetir la misma trama, por lo que tuve un empujoncito de mi prometido, sólo que sí demoré en terminar de escribirlo, por vicisitudes de la vida, en fin, si les gustó no olviden dejar un comentario.

Bill había sido el soporte de su madre cuando su papá murió en un accidente, también el hermano mayor que se encargó de la casa, incluso si sólo fuera mayor que Tom por tres años, y siendo ambos hombres, pero… Él era el mayor, y su madre tenía la salud delicada, por lo mismo es que él empezó a trabajar desde que era menor de edad, teniendo apenas quince años, siendo cajero y también empaquetador en un supermercado, teniendo que estudiar en un colegio no escolarizado para que le permitiera acabar su educación básica sin dejar de trabajar. Su hermano tenía doce años, su pequeño Tomi, y él se había prometido que siempre se encargaría que no le faltara nada ni a su mamá ni a él.

En sí, incluso si tuvieran tres años de diferencia, Bill lo notaba, que eran casi idénticos, como si fueran gemelos aunque Tom fuera el menor, sólo tenían pequeñas diferencias, con Tom con las facciones más redondeadas, incluso cuando iba creciendo, perdiendo la redondez de la infancia, igualmente sus rasgos eran… Más bellos para Bill, que sólo se distinguía en que Bill tenía el cabello oscuro y Tom castaño,

Bill se descubría a sí mismo teniendo pensamientos inadecuados con su hermano menor, no era prudente, no. Él debía protegerlo, y el amor que sentía por él… Se teñía de suciedad cuando fantaseaba con él.

Pero Tom siempre lo buscaba, para que le ayudara con sus tareas, para contarle de su día, y cómo lo extrañaba cuando estaba con mamá, también diciéndole que le había hecho caso en todo a su mamá, y ayudado con la limpieza y demás.

Tom era sólo inocencia a sus quince años, pero Bill tenía la mente enferma, porque si bien disfrutaba abrazarlo, escucharlo y conversar con su hermano, incluso si llegaba cansado de estar trabajando, ya con dieciocho años, es que… Seguía teniendo esos sueños donde lo besaba, corrompía a su hermano, tocándolo y haciéndolo suyo…

Y estaba mal, era pésimo, un mal hermano, un mal hijo, una persona enferma… Que al ver a Tom sonreír, diciendo que él quería ser como Bill, por lo mismo tenía su cabello largo, tal cual el mayor, y muchas veces lo veía usando sus prendas, sus casacas de cuero, camisetas negras y pantalones de cuero y…

Bill sabía que estaba mal por luego oler las prendas, que eran suyas, pero las usó su hermano menor, y masturbarse pensando en él, sintiendo su aroma en su propia ropa… Supo que estaba pésimo, se sintió un maldito, pero no por ello dejó de correrse con fuerza contra su puño.

Bill mantenía un look oscuro no sólo porque le gustaba, sino porque… Era parte de la vibra de la banda a la cual pertenecía, Devilish, que cuando tenía tiempo entre el trabajo se iba a los ensayos y ganaba algo de dinero como baterista, de todas formas el tocar la batería, el sentir toda su frustración contenida salir, incluso lastimándose los dedos, quedando sudado y medio sordo… Soltaba rabia, de años teniendo que ser un adulto incluso cuando era apenas un niño, de tener que trabajar hasta llegar solamente a dormir de lo agotado que estaba, de que por más que se acostara con chicas o chicos con rasgos parecidos a su hermano, fuera algo patético y enfermo, porque no podía superar su maldita obsesión insana con su hermano menor.

Su punto más álgido fue cuando se equivocó de cuarto, estando agotado y un poco tomado, metiéndose bajo la sábana, y excitándose al soñar con su hermano, era como… Si lo oliera, si pudiera sentirlo como en sus fantasías…

Lo abrazó en sus sueños, frotándose contra su trasero, en lo que escuchaba a Tom roncar suavemente… Y por ello se despertó, no era una fantasía, realmente estaba frotándose contra el culo de su hermano de diecisiete años, él teniendo veinte. Así que Bill se sintió una basura y fue a bañarse, Tom no se había despertado, sólo roncaba con suavidad con los labios entreabiertos.

Su madre para este punto… Había presentado Alzheimer precoz, por lo tanto fuera de Tom, necesitaban ayuda en la casa, porque Bill se la pasaba trabajando para conseguir el dinero, por lo mismo es que tenían una señora que les apoyaba con los cuidados, no era una enfermera, pero sí tenía algunos conocimientos básicos de toma de signos de vitales, y primeros auxilios, por lo mismo es que ella venía a apoyar a Tom cuando Bill trabajaba.

Cuando Bill tenía veintiún años es que salió la oportunidad de tener un contrato como baterista de Devilish… Le ofrecían grabar un disco y tener una gira fuera de Alemania… En Estados Unidos, y Bill aceptó, en parte por el dinero, y en parte para alejarse de Tom y de un amor enfermizo por él.

Tom se quedó totalmente destrozado por ello, llorándole, exigiéndole que no lo deje, que él se iba a quedar solo.

—Pero tengo que ganar dinero, Tom. Para ti, para mamá, ya tienes dieciocho años, podré enviarte el dinero para que estudies y… Mamá requiere más cuidados de los que podemos darle aquí. Ella ya se hace daño muchas veces. En un asilo ella estará bien, igualmente… No nos recuerda, pero puedes visitarla, estudiar, vivir, ¿entiendes? Puedes hacer todo eso, Tom. Yo te llamaré diario, y así esté lejos, nunca dejaré de ser tu hermano —le aseguró Bill al menor, para luego besarle su frente, sintiendo la frustración recorrerle pero era cierto, no podía más, tenía miedo que en una noche de borrachera violara a su hermano, no…

Tenía que alejarse de Tom, para no hacerle daño, su hermanito que ahora vestía como él, con su cabello largo y castaño, siendo tan hermoso, y Bill sólo podía pensar en que lo mejor era eso, irse.

—Yo te amo, te necesito, eres mi hermano… Sólo te tengo a ti, Bill —soltó Tom con desesperación, y Bill lo abrazó fuertemente, deseando quedarse y no ser un maldito riesgo para su hermano, pero no podía.

—Yo también te amo, y también me harás mucha falta, pero verás que todo esto nos servirá, ¿está bien? —inquirió Bill, apretándolo más fuerte, aunque en sí ambos fueran delgados, pero Bill siempre le daba abrazos así de estrechos desde que eran pequeños, los típicos abrazos de oso que hacen que uno sintiera que unen las piezas rotas que lleva dentro.

Cuando Bill, aprovechando el dinero del contrato, dejó a su madre en el asilo, dejándole un beso aunque ella lo llamara Jörg, pensando en su padre que había muerto muchos años atrás, pero Bill al tener el cabello negro como él se lo recordaba, por más que tuviera tatuajes en el cuerpo y el cabello largo.

—Nos encargaremos muy de ella, joven Kaulitz —comentó Ericka, la enfermera a cargo del asilo, que no sólo era para ancianos, sino también para personas como su madre, con afecciones mentales y demás, ubicándolos por pabellones y cuartos personales, Bill se había fijado que fuera un sitio asequible pero también seguro para su madre.

Igualmente le dejó su teléfono de contacto, pidiendo que así como a su hermano, pues también lo mantuviera informado, ya que Bill pagaría todo a distancia. Incluso si Devilish no tenía éxito en su gira, él vería la forma de quedarse en Estados Unidos para no dañar a Tom.

Y se fue de gira…

Bill se siguió comunicando con su hermano, mandándole fotos, y diciéndole que lo amaba mucho, contándole de la gira, y Tom que también había conseguido un trabajo, que ganaba poco pero que con lo que Bill le enviaba podría estudiar también.

El disco de Devilish fue un éxito, al igual que la gira, sin embargo, la pelea de egos entre el resto de miembros, hizo que terminaran por separarse.

Bill se mantuvo en Estados Unidos, volviéndose un músico de sesión, grabando en estudios para otros artistas o proyectos, incluso a distancia con sesiones remotas con otros productores.

Bill estaba bien posicionado en un apartamento de Nueva York para sus veintiséis años, también a veces siendo un asesor para algunas nuevas bandas, por más que fuera joven, igualmente era talentoso, y por ello podía permitirse seguir así, ganando su propio dinero sin necesidad de explotarse, el seguir pagando el asilo de su madre y mandándole dinero a su hermano menor de veintitrés años, quien de hecho ya había terminado la carrera de Fotografía, y que le había contado que tenía una oportunidad de trabajo importante, su primer trabajo pero que tendría que viajar.

—¿A dónde viajarás, Tom? —cuestionó Bill, intrigado por ello, porque pues, si bien no había visto a su hermano desde hace cinco años pues se alegraba que consiguiera trabajo luego de haber terminado la carrera, pero también se ponía a pensar a dónde es que podría ir.

—No te preocupes, ya tengo amigos ahí, ¿sabes? Y un sitio donde quedarme, es muy bonito y todo, es que la revista quedó encantada con mi trabajo, por ello ya me dieron un abono —respondió Tom.

—Es que sí me preocupo, eres mi hermanito menor —arguyó Bill, escuchándolo del otro lado.

Tom sonrió. —Ya tengo veintitrés años, Bill, no soy ningún niñito que no sabe defenderse solo.

Bill soltó un suspiro.

—Cuídate mucho, por favor, Tom, avísame cuando llegues a donde sea que estés yendo —pidió Bill.

—Sí, te mantendré al tanto —masculló Tom para luego colgar.

Bill se echó en su cama tapándose el rostro, analizando todos los años que habían pasado lejos de casa por ser un enfermo.

Tom al llegar a su nuevo departamento, que sabía que sus amigos vendrían, chicos con quienes había hablado en Internet antes, y bueno, así sonara algo peligroso, en realidad, ellos eran súper amables, y hasta le iban a llevar cosas por su mudanza.

Georg, Andreas y Gustav entraron a su departamento, llevándole algunas cosas de utilidad para su mudanza y también alcohol.

—Vaya… Realmente es un bonito sitio, y tú te ves genial en persona, es decir, por nuestras videollamadas grupales te venías guapo pero así sólo confirmo que lo eres mucho más en persona —cedió Andreas, para abrazar a Tom, quien le correspondió.

—Gracias, Andy, sí, me siento feliz de estar con ustedes, a los que siempre pensé eran viejos de ochenta años que querían robarme los órganos —bromeó Tom riéndose.

—Aún podemos serlo, no te confíes —chanceó de vuelta Georg y se fijó que en el balcón de Tom había un telescopio, acercándose a él—. Vaya… Qué genial —masculló, en lo que se ubicaba detrás del lente buscando ver el cielo—. Siempre quise uno así.

—Ah, es que… Me gusta mirar las estrellas, ya sabes, principalmente los eventos astronómicos que pasan de vez en cuando —contó Tom.

—Eso no nos habías dicho antes —arguyó Gustav arqueando una ceja.

—Bueno… Todos tenemos secretos —farfulló Tom con un aire críptico.

—Y ya pongámonos a beber para darle la bienvenida a Tom —alentó Andreas.

Con el resto riendo pero uniéndose a la algarabía.

El trabajo de Tom en realidad no tenía un horario fijo, como se encargaba de hacer sesiones de fotos de alta costura, dependía del tiempo de las modelos y la campaña, por lo mismo es que a veces trabajaba tres días a la semana, o a veces cuatro o dos, era algo que fluctuaba y dependía mucho de sus jefes.

Así que cuando no tenía que trabajar, Tom se ubicaba en el balcón, situando el telescopio no en dirección al cielo, sino… Hacia el edificio frente a él, en lo que tomaba apuntes conforme observaba.

“Lunes 19, comió cereal con leche, miró televisión, habló por teléfono, al momento de desnudarse para tomar una ducha pude notar que el azabache tiene un nuevo un nuevo tatuaje en el pecho. Comió una comida precalentada, y luego estuvo en la laptop. Sigo sin saber si está soltero o no, pero me facilita mucho al tener las persianas corridas. Siempre llora antes de dormir”.

Tom mañana tendría una sesión de fotos, por lo mismo no podría verlo todo el día, pero esperaba no perderse algo importante, porque a veces sólo su vecino se iba de su casa, y no tenía ni idea de a dónde iba. Si bien su vecino, al cual acechaba, no hacía ejercicios en casa, sí sabía bien su rutina de que al menos tres veces por semana se iba a correr temprano.

Tom por eso se había comprado aquel telescopio, para espiar a su vecino, tomando nota de todo lo que hacía, conociendo sus horarios, no las personas con las que hablaba, porque pues no tenía micrófonos en el departamento de al frente, sólo podía ver si salía con alguien o algo, sin sentir certeza de si era un amigo, amiga, novio o lo que fuera, porque no lo veía que se besaba con alguien, sólo que recibía de vez en cuando una visita, se quedaban viendo televisión o hablando, y luego se iban, por lo que suponían que aquellas personas eran amistades.

Aunque había ocasiones donde sí salía, fuera de su trabajo, y no sabía a dónde iba.

Tom se sentía un tanto obsesionado con él, pero no podía evitarlo.

Al día siguiente Tom fue a su trabajo, lidiando con el estrés del director de escena, y las modelos insufribles, en lo que él les daba órdenes de cómo moverse o qué actitud tomar, consiguiendo una satisfactoria sesión de fotos pese a todo, yendo a su casa, en lo que pedía delivery para después de que llegara, comer en lo que seguía observando a su vecino.

Notó cómo es que llegó una mujer rubia a la casa de su vecino, ya la había visto antes, pero… Su vecino la apretó aún más entre sus brazos al abrazarla, y luego se metieron a la habitación del vecino, apagando la luz, por lo que Tom no pudo observar qué es lo que pasaba, y sintió cómo se le apretó el estómago cuando pasaron las horas y ella nunca se fue.

Entonces aquella mujer era la novia de su vecino… Lo cual lo hizo apretar su mandíbula con rabia, porque aquella rubia pasó la noche con él.

Tom al día siguiente seguía tomando notas de todo lo que estaba haciendo su vecino, hasta que su teléfono sonó.

—Hola, Tomi, ¿cómo te va en el trabajo? ¿Todo bien? —inquirió Bill del otro lado de la línea.

—Hola, Bill, sí… O bueno, más o menos —respondió Tom, que había dejado de escribir en su libreta, con la mano en el móvil, y observando los movimientos de su vecino por el lento.

—¿Cómo así? ¿No te estás habituando bien? Ni siquiera me dijiste a dónde viajaste, Tom —masculló Bill con preocupación.

—Uhmn… Es que no es necesario, estás fuera de Alemania, Bill. Y… Me estoy habituando bien al trabajo, sólo que hay un chico que es muy molesto, y bueno, es porque le gusto, y está siendo muy insistente, creo que sólo le aceptaré la salida para no estar solo —contestó Tom sin dejar de ver a través del lente.

Bill tensó su mandíbula al pensar en alguien tocando a su hermano, y lo… Terrible que era que sólo le acepte la salida por temor a la soledad y mucha insistencia de un imbécil de mierda.

—Tom, mira, tienes que aprender a valorarte, uno a veces está mejor solo que mal acompañado, si él está siendo insistente, y te molesta, eso no puede terminar en algo bueno. Tienes veintitrés años, ¿no crees que eres demasiado joven para tener miedo a quedarte solo? —cuestionó Bill con preocupación por su hermano menor.

Tom chasqueó la lengua. —Pero me dejaste solo, Bill. Y yo no recuerdo a papá, sin mencionar que mamá luego ya no me reconoció y… Es normal que tenga miedo a quedarme solo, y en este casi así no ame a ese chico, por lo menos me dejará en paz y podré disfrutar de algo de sexo para desfogar, ¿no? —interrogó cínico el castaño.

—Tom…

—Tengo que colgar, estoy muy ocupado, Bill. Lo siento. Hablamos otro día —cortó Tom, fijándose en su vecino nuevamente cómo observaba su teléfono con expresión de malestar y masajeaba a la frente para ir a su habitación.

Su vecino estaba llorando en la cama, mirando al techo, frotándose casi con violencia el rostro en algo que sólo podría describirse como frustración… Apretando los puños y golpeando el colchón, en lo que podía adivinar era un grito por el gesto de su boca abierta.

Su vecino luego empezó a acompasar su respiración, bajándose los pantalones, mostrando una erección, con Tom excitándose al verlo, por más que lo hubiera observado llorar, y se notaba que aún estaba con lágrimas en sus ojos, es que su vecino sujetó un portaretrato, observándolo al tocarse el pene… A Tom le parecía un tanto irónico el que su vecino se excitara aunque estuviera triste, y bueno, él mismo por eso no menguaba en su deseo al ver su miembro erecto y la forma en que se acariciaba.

Si esa mujer rubia se había quedado a dormir, ¿por qué su vecino ahora lloraba? ¿Quizá habría terminado con ella en la mañana o algo que Tom no pudo llegar a ver? Porque al volver a observarlo ya se había ido la rubia.

Tom se estaba tocando a sí mismo, con la libreta y lapicero en el piso, mientras buscaba imitar el bamboleo de su vecino, quien seguía mirando con adoración aquella foto, en lo que subía de arriba abajo la mano sobre su pene, aumentando el ritmo al jalársela, y Tom estaba acezado, pensando en lo que sería no sólo verlo por el telescopio, sino estar allí, a su lado, dándole una mano… Haciendo que se olvidara de aquella rubia de mierda.

Tom siguió masturbándose, sintiendo el palpitar de su virilidad contra su puño, cómo es que iba a venirse pronto, y su vecino igual… La diferencia era que su vecino estaba echado y él sentado sobre una silla, con el cierre del pantalón abierto sin dejar de subir de arriba abajo su palma sobre su dureza, se relamió los labios, sintiendo el tirón atravesarle en sus testículos, reteniendo su orgasmo queriendo llegar a su clímax al mismo tiempo que aquel hombre que se había vuelto su fijación, hasta que Tom vio cómo su vecino de corría, masajeándose el miembro dormido, hasta soltárselo y dejando la foto en su lugar, no podía ver la fotografía desde aquel ángulo pero notó… Un detalle, la persona de la foto no era rubia, así que no podía ser la que estuvo anoche.

Tom, aún invadido por su intenso orgasmo, es que sabía que tenía que investigar más… Tendría que saber quién era quién ponía triste a su vecino, al punto de pajearse en pleno llanto mirando una foto.

Ya no podía mantenerse observando a la distancia, tenía que actuar… De cerca.

Sólo que su vecino no podría enterarse.

Tom tragó saliva porque sabía todo de su vecino, la clase de seguridad que tenía aquel conjunto de departamentos, el número del suyo… Así que incluso si no fuera lo más sensato, porque la opción de ir y preguntarle directamente no podría hacerla, tendría que aprovechar que también conocía los horarios que manejaba su vecino.

Mañana su vecino iba a salir a correr, sólo Tom esperaría a verlo salir para acercarse y entrar en el departamento.

Al día siguiente, Tom se levantó temprano y fijó que justamente su vecino se ponía una polera negra con capucha que le cubría el rostro, pantalón de buzo del mismo color, audífonos y salía con sus zapatillas a correr.

Más o menos tardaba una hora, tiempo suficiente para que Tom entrara a buscar aquella fotografía.

Tom se vistió con prendas parecidas, siendo muy cuidadoso en ponerse la capucha encima, y cruzó la calle para ingresar al conjunto de departamentos, como lo vieron con la capucha y prendas similares, pues el recepcionista no hizo preguntas, en lo que Tom se metió al ascensor, picando al piso 11 que era donde estaba su vecino.

Al salir caminó buscando el apartamento 111 que era el de su vecino, fijándose que ahí estaba aquel número, con el mismo de tapete de “Bienvenido pero no mucho rato” en la entrada, Tom se fijó en el censor, quitándose la capucha, activándolo, y la puerta se abrió ante él, volvió a ponerse la capucha, fijándose a los costados que ninguna estuviera cerca y entró, cerrando la puerta tras de sí.

En realidad era la primera vez que entraba, sí entró antes al edificio, y podía abrir la puerta, sin embargo, no lo había hecho antes, y pues Tom se sentía un tanto nervioso al observar aquel lugar al que acostumbraba mirar desde su telescopio, aprovechando que siempre tenía las persianas corridas, suponía que era una costumbre neoyorquina, o que simplemente no esperaran que alguien tuviera un telescopio para verte en el piso 11.

Se fijó que su vecino pues mantenía más o menos limpio el departamento, para lo que pudiera esperarse de un hombre adulto que vivía solo, y pues sí, lavaba sus platos, aunque fuera de la aspiradora que pasaba, se notaba que había varias superficies con polvo encima, y bueno, Tom suspiró por ello, también notando algunos detalles de la sala como fotografías de su vecino de pequeño con su familia, sonriendo ante ello, pero Tom recordó que debía mantenerse enfocado, el tiempo estaba corriendo y su vecino regresaría, así que se dirigió hacia a la habitación principal, fijándose en la cama tendida aunque con los bordes mal acomodados pero sí notó el portaretrato que estaba en dirección al costado de la cama, por lo que decidió acercarse, girando el objeto para verlo, observando asombrado quién era quién estaba allí.

Tom aún no pudiendo comprender lo que veían sus ojos, escuchó la puerta principal abrirse, por lo que se giró al percatarse cómo entraban a la habitación directamente.

—¡Ajá, te atrapé! —musitó su vecino, sonriéndole, y Tom se paralizó, empalideciendo de inmediato.

—Tú… No deberías estar aquí —comentó Tom al verlo, revisando su celular—. Aún faltan…

Su vecino rió. —¿En serio pensaste que no lo iba a notar? ¿Qué te metiste a mi casa por creer que me iba a correr? Sabía que ibas a venir —soltó acercándose hacia Tom.

Tom tragó saliva.

—¿Có-ómo lo sabías? —cuestionó Tom, entrecerrando los ojos, él había cuidado muy bien sus pasos, ¿cómo se había dado cuenta?

Su vecino suspiró.

—Si bien tu WhatsApp está con tu número de Alemania, ya sabía que estabas aquí. Porque Ericka, la enfermera del asilo, me avisó cuando llamaba para contarme cómo estaba mamá, que le daba gusto cómo es que ibas a viajar a Nueva York, teniendo la oportunidad de estar juntos como familia, en lo que estabas en tu nuevo trabajo como fotógrafo —explicó Bill mirando a su hermano—. Y sólo tú podrías entrar a mi departamento con sensor de reconocimiento facial porque así no seamos gemelos, nuestros rostros son casi idénticos, así que sólo tú podrías estar aquí.

Tom boqueó sorprendido, su hermano sabía todo, aunque… No, había muchas partes que él no podría saber.

—Nueva York es inmenso, ¿cómo supiste que estaba cerca? —preguntó Tom, frunciendo el ceño.

Bill suspiró. —Porque te veo con tu enorme telescopio que ni siquiera lo tienes dentro de tu departamento al frente, sino en el balcón. Así no tenga un telescopio, reconozco tu silueta a lo lejos, y te vi. Sabía que eras tú, por lo mismo es que dejaba las persianas abiertas para que me vieras —arguyó el de cabello azabache.

Tom estaba analizando todo lo dicho por su hermano y lo volvió a ver.

—Tú sabías todo este tiempo… Me dejabas verte intencionalmente. Y… Te estabas masturbando con mi foto, Bill —arguyó Tom, sujetando el portaretrato.

—Sí, yo… Lo lamento por eso. Sé que soy un enfermo que… —empezó a hablar Bill.

—¡No me importa eso! Yo sólo quería verte de lejos, seguirte hasta acá, porque te amo, sí, pero no como un hermano solamente. Si eres un enfermo yo estoy peor, yo me tocaba al verte, tengo un cuaderno lleno de todo lo que podía verte hacer en casi dos meses que llevo aquí. Yo… Ya estoy trabajando, estoy ganando mi propio dinero, ayudando con los gastos de mamá… No quiero que huyas de mí, Bill. Yo siempre te he amado más de lo que se debe amar a un hermano —confesó Tom, tomando el rostro de Bill, quién soltó un suspiro.

—Tom yo me he sentido así por años, por lo mismo me alejé es que… Soy tu hermano mayor, no es así cómo así, te vi con otros ojos desde siempre. Y se supone que debía cuidarte, pero soñaba contigo y estaba con personas que se parecieran a ti —musitó Bill, sintiéndose avergonzado por ello, aunque Tom dijera que le correspondía, no se sentía correcto.

—Todo menos esa rubia, ¿no? La que vino anoche. Que se quedó a dormir contigo —se quejó Tom con el ceño fruncido, soltándolo para cruzarse de brazos.

—¿Natalie? Ella es una buena amiga, no estamos saliendo… Sí, se quedó a dormir porque me puse a llorar sintiéndome una basura… Y luego, mierda. Estás aquí, diciéndome que me correspondes, en algo que sólo es enfermo… Que quizá es por la forma en que te vi, no sé, de algún modo te compartí mi insanidad, te corrompí. Yo… Recuerdo cuando me froté contigo estando borracho, tú dormías, y yo me confundí de cuarto, pensando que era uno de mis retorcidos sueños húmedos que se sentía demasiado real. Tom, soy tu hermano, somos la misma sangre —masculló Bill lo que tenía guardado dentro de sí mismo, y Tom lo volvió a tomar por el rostro suavizando su expresión.

—¿Entonces ella no es tu novia? Yo te amo, Bill. Me masturbé cuando lo hiciste con mi foto, pensando que quién te había hecho tanto daño… Queriendo hacerte sentir celoso aunque pensara que no me correspondías, pero ahora entiendo que cuando te desnudabas antes de entrar a la ducha era por mí… Querías que te viera, y lo hago, Bill. Te he observado siempre desde pequeño, deseando que tú también me vieras con la misma intensidad. No recuerdo aquella noche, pero sí tuve muchos sueños contigo, queriendo que me toques y me poseas… Bill, yo sé que somos hermanos, que tenemos la misma sangre, pero… ¿No hemos sufrido lo suficiente? Papá murió antes de yo ser consciente de su existencia, mamá siempre estuvo enferma, y luego le dio Alzheimer temprano. Tú… No disfrutaste tu infancia, resguardando la mía, siempre buscando que no pasara penurias, ni hambre ni nada, cuidándome siempre, trabajando desde que eras apenas un adolescente, teniendo una carga familiar y no viviendo tu vida. Y claro, yo te amo por todo lo que hiciste por mí pero… Ya sufrimos lo suficiente, mamá no nos reconoce, no tenemos que darle explicaciones a nadie. Estamos en otro país, ¿no crees que ya merecemos ser felices? No soy un niñito que puede ser corrompido por su hermano mayor, tengo veintitrés años, y tú veintiséis, no estás obligándome a nada —masculló Tom contra los labios de Bill.

Bill se sentía muy conflictuado, sintiendo las manos de Tom sobre su rostro, respirando el mismo aire, pudiendo observar sus labios, sus mejillas sonrojadas, y Bill sabía que estaba igual… Era cierto todo lo que decía su hermano menor, aunque en Estados Unidos nadie los conocía en el sentido de que tuvieran algún familiar o vecino, fuera de los amigos que le había mencionado su hermano, y bueno, también los que él mismo tenía, podrían… Estar juntos…

¿A quién tendrían que darle explicaciones? Su madre estaba en otro continente, donde no se acordaba de ellos, y ambos recibían fotos y vídeos de cómo estaba, siendo bien cuidada, pero… Con la mente muy lejos. Ambos sólo se tenían el uno al otro, eran adultos, trabajaban… Tom le había dicho que sí, que Tom no estaba siendo corrompido, porque no era un niño, Bill se había torturado por años, creyéndose una basura de hermano mayor, y Tom había querido lo mismo, evidentemente él jamás se hubiera aprovechado de su hermano cuando era menor de edad, porque Bill no fue consciente de lo que hizo cuando estaba borracho con Tom dormido, pero…

Quizá no habría tenido que mortificarse tanto desde antes, manteniendo una relación platónica, hasta finalmente esperar para pasar al plano físico cuando su hermano fuera mayor de edad, pero el hubiera no existe, y tal vez esto era lo que necesitaban ahora, estar lejos de casa, juntos… Por lo que Bill situó sus manos encima de las que Tom tenía sus mejillas en un tacto tibio, y lo besó, tomando él la iniciativa, saboreando sus labios… Con los que soñó tanto tiempo, anhelando aquel contacto, y Tom probó su boca, porque él también había tenido su lucha interna, aunque más clara, porque siempre vio a Bill como su todo, su hermano al cual amaba más que nadie, que lo admiraba y deseaba, que tenía tener toda su entera atención…

Tom entrelazó los dedos en el cabello negro de su hermano, con Bill haciendo lo mismo pero con su cabello castaño, en lo que se pegaban uno contra el otro, sintiendo sus labios moverse con ansiedad propia de años contenidos… Se amaban demasiado, y sabían que esto no era sólo deseo sexual, no, lo que aquello implicaba era el comienzo de una relación, porque Bill amaba a su hermano menor, y siempre lo protegería, que su deseo era propio de todo el afecto que sentía por él… El pensar en Tom como su pareja, su amante, su todo…

Ambos habían sido la obsesión del contrario, sólo que expresado de diferente mano, cuando sintieron sus lenguas en una danza incesante que sólo estaba haciéndolos crecer en sus pantalones, Bill puso una pierna en medio de las de Tom y, sin dejar de besarlo, se echó sobre él, haciéndolo caer en la mullida cama, en lo que seguía con aquella pierna en medio de las suyas, subiéndole la rodilla, estimulando la entrepiernas del menor, quien gimió en la boca de Bill, aferrándose a sus hombros huesudos, y Bill se separó levemente, recuperando el aire, dejando a Tom igual de acezado que él, pero sin dejar de mover su pierna.

—Quiero cuidarte… Mimarte siempre —expresó Bill contra sus labios, para luego succionarle el cuello, haciendo que Tom soltara un jadeo.

—No… Sí, yo te amo, pero no me cuides, no voy a romperme, Bill… Necesito sentirte ahora —exigió Tom, quien no es que fuera virgen, ya se había acostado con chicos antes, aunque ninguno lo hacía sentir satisfecho, no del todo, por lo mismo es que dejó de hacerlo, ninguno era Bill, se perdía la fantasía al abrir los ojos.

Ninguno olía como Bill, por más que tuvieran el cabello largo, tatuajes o fueran así de delgados, ninguno era él…

Bill mordió el cuello de su hermano, escuchándolo sisear, el castaño pasando las manos por debajo de la camiseta de Bill, sintiendo su cuerpo delgado, alzándosela, y Bill rió contra la piel sensible de su hermano menor.

—Estás ansioso… —expresó Bill.

—Tus manos también están trémulas, Bill —acotó Tom, y el mayor se relamió los labios, viéndole, para quitarse la polera junto con camiseta mostrando su torso desnudo y tatuado, siendo delgado, un cuerpo similar al suyo, pero diferente y Tom tragó saliva al observarlo, pero Bill no se mantuvo quieto, quitándole también las prendas superiores a Tom, fijándose en la piel libre de tinta… Pasando con delicadeza sus dedos por encima de su vientre, y luego sus pectorales, sintiendo los pezones pequeños ponerse duros bajo su tacto.

Bill fantaseó tanto con Tom, y ahora lo tenía allí, a su disposición, pidiéndole que haga lo que quisiera con él… Y sentía que aquello era el punto máximo de la felicidad pura.

Bill bajó sus manos hacia las caderas estrechas de Tom, sacándole los pantalones, junto con las zapatillas, notando cómo es que realmente Tom era lo más hermoso que había visto, acarició sus pies y piernas… No sintiendo desagrado alguno porque Tom tuviera vellos, no… Alzó las piernas de su hermano menor, en lo que besaba su tobillo con cariño, subiendo con sus besos aún sujetándolo, haciendo que Tom se arqueara al sentir aquellos labios recorrer su piel, Bill cuando le mordió la pierna, ejerciendo algo de presión, dejando su marca de dientes sin hacerle una herida, es que dirigió los dedos hacia los labios acolchados de Tom, quien captó la orden tácita, y comenzó a engullírserlos, chupándolos con gula, ensalivándolos al sujetarse su propia erección, esparciendo el preseminal para masturbarse su dureza palpitante, sin dejar de arremolinar su lengua alrededor de los dígitos de su hermano mayor, hasta que sintió cómo Bill los sacaba… Dejándolo con la lengua afuera y labios entreabiertos, con Bill con una sonrisa torcida, en lo que los bajaba para palpar por encima de su entrada, e introducírselos.

Ambos sabían que tener sexo sin lubricante no era la mejor idea, pero esto no fue planeado, Tom sólo quería saber quién tenía mal a su hermano, sin saber que era él mismo… Bill hacía meses que no tenía sexo, así que no tenía lubricante, sólo masturbándose con su preseminal para que resbalara, pero igualmente no iban a desaprovechar la oportunidad de consumar aquel deseo que habían tenido por años.

Igualmente Bill giró sus dedos en el interior de su hermano, quien gimoteó, en lo que apretaba más su erección, sintiéndose Tom tan excitado de percibir los dígitos de Bill rellenar… Le estaban dando en su punto dulce, y su interior palpitaba… Era mucho que procesar, pero estaba gozándolo como nunca, al saber de quiénes eran esos dedos, al abrir los ojos, que a veces se blanqueaban por placer, tenía que estar seguro que era Bill… Fuera de su aroma, de la forma de sus dedos… Tenía que verlo, ya no sólo disfrutando de ser un espectador a la distancia, sino el protagonista de aquella fantasía… Asegurándose que no era otra de aquellas noches donde se acostaba con alguien que luciera como Bill, no… Era Bill, era su hermano, el real, quien curvaba sus dedos, y en lo que se distendía su interior.

Bill abría sus dígitos como tijeras, y Tom se sentía arder…

Iban a quemarse juntos.

Cuando Bill estuvo seguro de que su hermano estaba lo suficientemente dilatado para recibirlo, es que le sacó los tres dedos, escupió en su palma, pensando que sí o sí necesitaría lubricante para después hacérselo apropiadamente, pero ahora tendría que ser así, se embadurnó el miembro para alinearse contra la hendidura de Tom, y meterse poco a poco, con el castaños con las piernas apoyadas en los hombros de Bill, sin dejar de masajearse el pene en lo que sentía cómo su hermano ingresaba en él…

Bill siguió introduciéndose dentro de su hermano… Boqueando al percibir aquella estrechez y mirar aquel rostro hermoso despeinado sobre su almohada… Quien había sido parte de cada uno de sus sueños, que pensaba que nunca sería suyo… Incluso si era consciente de que sí, lo veía, que se desvestía antes de entrar a la ducha, tardando más con el afán de atraer su atención aunque sabía que estaba mal, porque tampoco entendía por qué su hermano estaba haciendo eso.

Y ahora por fin lo tenía alrededor de su erección, jadeando, en lo que Bill seguía hundiéndose, y ciñéndose encima suyo, haciendo que Tom estuviera algo doblado sobre sí mismo, agradeciendo ser flexible, porque Bill quería besarlo, tuvo que dejar de masturbarse para sentir los labios de su hermano, comiéndole la boca, en lo que empezaba arremeter en su interior.

Tom no podía verlo al ser besado, sin embargo, igualmente sabía que esa lengua hábil con un piercing en ella, era de su hermano, que ese olor que tenía impregnado en sus fosas, era el de Bill… Que ese cuerpo que empezaba a sudar sobre el suyo, era su hermano mayor, al cual amaba y adoraba, y quien estaba llegando tan dentro suyo que sentía cómo su polla se apretaba incluso sin tocársela.

Bill siguió el vaivén, sin dejar de besarlo, siseando por momentos por lo apretado que era su hermano, y cómo era una delicia estar allí. Nunca nadie podría reemplazarlo, Bill lo sabía… Nadie sería su hermano menor…

Bill se separó levemente, para sujetar la erección desatendida de Tom, en lo que seguía embistiéndole con fuerza… Sabían que había un poco de resistencia por la fricción al no tener un lubricante adecuado, pero no les importaba… Lo hacían funcionar, a cualquier costo, ahora, y para siempre.

Bill masajeó la virilidad de su gemelo, quien se mordió el labio inferior, aferrándose más a los hombros de Bill, y corriéndose con fuerza contra el puño del de cabello azabache, con Tom apretando mucho su interior y haciendo que Bill se viniera profusamente dentro de Tom.

Bill se salió con cuidado, acomodando las piernas de su hermano, que estaban temblorosas por la posición, y Tom con el rostro y pecho rojizo, perlado en sudor… Bill lo besó, acariciándolo por la cintura y Tom soltó un suspiro al corresponderle al gesto.

—Entonces tendremos que mudarnos juntos, ¿o te mantendrás viéndome por la ventana como un fisgón? —inquirió Bill contra los labios de Tom, con una sonrisa.

—Vendré a tu departamento… Sólo para asegurarme de que no duermas otra vez con Natalie, Bill —soltó Tom determinado, pero volvió a besar a su hermano.

—Te amo tanto —barbotó Bill, y Tom le sonrió achinando sus ojos.

—Yo también, Bill, siempre lo hice —correspondió Tom, con el brillo en sus orbes que calentó el vientre del mayor.

Estaban juntos y lo estarían por siempre, eran lo único que les quedaba y el mundo podría irse al infierno mientras ellos fueran felices.