Capítulo único
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Tom apenas terminó la escuela secundaria con diecisiete años, sus padres accedieron a que él tuviera un año sabático, donde realmente Tom disfrutaba de salir a pasear, irse de fiestas con sus amigos, y todo dentro de Estados Unidos, sin embargo, en sí a los dieciocho años podría irse de viaje, incluso aunque no fuera mayor de edad para el país, sí les servía para viajar al extranjero, y Tom quería ir con Georg, su mejor amigo beta, a que recorrieran varios países del extranjero, de mochileros, pero con la promesa de que Georg al ser el mayor que Tom por dos años, fuera a cuidar al hijo de los Kaulitz, y bueno, tanto Simone como Jörg sabían que en sí su hijo no era novio del castaño, porque a Georg le gustaban alfas o betas varones, siendo él homosexual, y pues Tom era omega, así que eso les daba tranquilidad, de que realmente el mejor amigo de su hijo podría cuidarlo y ver que no le pasara nada a su único hijo que tenían.
Así apenas al tener dieciocho años, es que el de rastas estuvo muy emocionado, armando maletas, porque el dinero ya le habían dado sus padres, y pues ya había hecho todo un itinerario con anticipación, averiguando todo, teniendo los pasajes comprados, no los tours, porque sabía que eso era mejor averiguar ahí mismo, ya que Tom se había informado de que salían muy costosos siendo del extranjero, en cambio, muchas veces al encontrar algún guía de momento podía ser más económico, y también ver más opciones.
Así que Georg les prometió a sus padres que lo cuidaría bien y se fueron juntos, aunque a Tom le fastidiaba un poco que le dieran tanto mérito a Georg por ser sólo dos años mayor, y bueno, Tom ser un omega. Pero bueno, no es que sus padres fueran de mente cerrada o haciéndolo en menos por su casta, no, sólo que eran un tanto protectores con él, porque Tom no tenía hermanos, y bueno… Tampoco familia fuera de sus padres.
Pero Tom no decidió enfocarse en ello, pensando en lo mucho que disfrutaría aquel viaje, sintiéndose tan emocionado por aquel regalo tan grande de graduación: un viaje todo pagado, y un año sabático, antes que empezara la universidad.
Y Tom pues… Realmente estaba disfrutando esos meses viajando junto a Georg, ambos habían sido muy unidos desde niños, porque si bien habían sido compañeros de escuela y vecinos, también ambos tenían familia de Alemania habiendo nacido en Estados Unidos, los Listing eran de Halle, Alta Sajonia, y los Kaulitz de Leipzig, Sajonia, así que sí o sí dijeron que debían ir a Alemania en la ruta de mochileros.
Así que no fue el primer lugar al que fueron, no, pero sí lo tenían para la ruta de dos meses antes de regresar a Estados Unidos, antes de que fueran a la India y Tailandia.
Tom entre tanto ajetreo, lidiar con sus celos era complicado, así que mayormente estaba tomando supresores para no hacer pausa en su viaje por tener que estar ahí pensando con la cola aguada. No es que él fuera virgen, no, Tom ya había perdido la virginidad desde los dieciséis años, sólo que no quería estar acostándose con cualquiera durante su viaje, es decir, sí podría, Georg estaba haciendo eso, pero… Si bien la premisa de “probar penes de cada país” era tentadora, ciertamente no se sentía del todo cómodo con ello, porque Tom no es que fuera de mentalidad cerrada, simplemente que quería tener química con alguien para intimar, y no sólo conformarse con que alguien era guapo y estaba disponible para follar, o si es que era guapo, que sólo por el afán de que sea extranjero ya aceptarlo, no.
No juzgaba a Georg por hacerlo, allá su mejor amigo con su necesidad de sí o sí sentirse realizado de esa forma, Tom prefería pues que si se daba, fuera por congeniar bien con alguien, tener una buena química antes de dejar que se la metieran, y que fuera atractivo, no cualquier hijo de vecino, por eso es que si bien Tom no era virgen, tampoco es que hubiera tenido bastante sexo en aquellos dos años.
Cuando llegaron a Berlín, es que Tom buscó a un guía apenas llegaron, de hecho fueron a un local que salía en Maps donde se podía encontrar aquel servicio, pero un joven alto lo detuvo antes de que tocara el pomo de la puerta.
—Lo siento, disculpa que te toque —habló el hombre, soltando a Tom, tenía el cabello negro corto con una sonrisa de medio lado, hablándole en inglés, con los ojos color chocolate, delineados y haciendo que el de rastas se quedara en silencio, porque aquel roce lo puso algo nervioso, como si hubiera sentido una electricidad ante el toque—. Mi nombre es Bill Trümper, y creo que podría ayudarlos. ¿Buscan un guía turístico, no? —inquirió Bill, mirando a Tom y luego a Georg.
—Sí, hola —mencionó Tom aún aturdido por el roce, y que notaba que Bill era alfa, por su aroma.
—Georg Listing, pero sí, por eso estamos aquí —acotó Georg, ubicándose al lado de Tom, pasándole el brazo por el hombro protectoramente, porque se percató que estaba en posición de sumisión agachando la cabeza, él como beta no podía distinguir los aromas de alfas y omegas, pero tampoco sabía cuando usaban o no la voz por lo mismo, así que si Tom estaba así, era probable que Bill fuera un alfa usando la voz con él.
—Sí, precisamente por eso. Yo soy guía turístico, y bueno, al no formar parte de una agencia, puedo ofrecerles un costo más económico. Estoy certificado, sólo es para evitar tener que pagarles la comisión a los de la agencia —expresó Bill, abriendo su casaca mostrando su gafete que decía que, en efecto, era un guía certificado.
Tom miró a Georg. —Podríamos ahorrar —mencionó el de rastas con ojos suplicantes, y el castaño chasqueó la lengua, mirándole con reproche.
—Mira, Bill, en todo caso, está bien, pero no vuelvas a usar la voz con mi amigo Tom, ¿ok? —advirtió Georg observando al guía, que lo miró confundido.
—No usé la voz —respondió Bill.
—Es cierto, Geo, no usó la voz conmigo —aclaró Tom en voz baja, riéndose nervioso.
—Quizá es por mi efusividad, lo lamento, ¿Tom? Quizá porque eres un omega te afectó un poco mi saludo y roce intempestivo, pero no se volverá a repetir, no te preocupes. No fue con intención de incomodarte ni nada —se disculpó Bill viendo al de rastas, quien se relamió los labios y asintió.
—Sí, sí, no te preocupes, no me incomodaste, mi nombre es Tom Kaulitz —acotó Tom, manteniendo aquella sonrisa nerviosa y Georg lo entendió, Bill le gustaba a su mejor amigo.
Así que con ello es que Bill fue su guía quien realmente fue muy amable, dándoles opciones que se ajustara tanto a su presupuesto como intereses, y se notaba que el joven, que pues sólo tenía veinte años al igual que Georg, era realmente alguien carismático, y Georg notaba las miradas que se hacían entre ambos.
—¿Y por qué no le dices para coger? Dios mío, cualquier persona se puede dar cuenta que se tienen ganas —habló Georg a su mejor amigo en lo que Tom se echaba agua al rostro en el baño, y frunció el ceño.
—Ay, cállate, Geo. No quiero poner las cosas incómodas con Bill, es nuestro guía —refutó Tom, que sí le gustaba Bill, aunque era extraño, porque aparte de caerle súper bien y ser atractivo, había algo en su aroma que le llamaba, no sabía por qué, pero no había sentido eso con nadie, el alfa no estaba en su rut, no usaba la voz con él, ni nada, pero igualmente Tom se sentía muy nervioso con él cerca.
—Es que ambos son adultos aquí, ¿qué hay de malo? En el airbnb tenemos cuartos separados, ¿qué importa? Te gusta, y es obvio que también le gustas a Bill, la forma en que te mira, y cómo se torna protector frente a otros alfas contigo, aunque no de forma invasiva, de aquí hasta la casa de Simone y Jörg se ve que tienen una tensión sexual entre ambos —arguyó Georg.
—No lo haré, Geo, basta —sentenció Tom, que sabía que aún tendrían que lidiar con Bill los tres días siguientes, así que no quería que de haber algún inconveniente por falta de incompatibilidad o algo, terminara con una tensión de incomodidad y no sexual.
Georg bufó. —A veces eres tan anciano siendo el menor, Tom —mencionó el castaño.
Tom chasqueó la lengua y ambos salieron del baño, en lo que Bill los esperaba sonriente.
—Oye, Bill, y dime, ¿crees que nos puedas recomendar algún sitio para bailar y beber en la noche? —cuestionó Georg en tono casual, porque bueno, él sí quería coger, así que buscaría su salchicha alemana en la noche.
Bill le sonrió. —Sí, claro. De hecho, conozco un sitio cerca al airbnb donde se hospedan, se llama Kitkat —respondió el alfa, para explicarles al respecto, en lo que Georg escuchaba con atención, en lo que se iban para la siguiente parada.
…
Cuando llegaron al airbnb, Tom se tomó una ducha después de Georg, quien estaba que se arreglaba para salir.
—Ay, Tom, dime que al menos me acompañaras —habló Georg mirando a su mejor amigo.
—Está bien, es que la verdad quería dormir, pero está bien, bailar un poco, beber y verte coger en los baños no suena tan mal —bromeó Tom, riéndose.
Georg le mostró el dedo medio, y Tom se vistió con rapidez, llevando su morral con todo lo necesario, para después acompañar a su mejor amigo.
Cuando llegaron al recinto, Tom vio cómo Georg se separaba de su lado, porque eso hacían, no se quedaban juntos o pensarían que eran pareja, arruinando así los planes de Georg, por ello es que Tom se quedó a un costado, bailando en lo que se bebía una cerveza, porque no era que él fuera el mejor bailarín, era más bien algo rígido, sin embargo, estaba sorbiendo de su lata de cerveza en lo que miraba de reojo a Georg coquetear con un hombre más bajo que él, que era rubio de gafas, y más corpulento que su amigo, pero ahí el castaño haciéndole ojitos y Tom sólo se reía contra la lata de cerveza.
Tom sin dejar de bailar solo, es que sintió cómo los vellos del cuello se le erizaron, y se giró, notando que era por alguien viéndole con fijeza, esos ojos felinos y maquillados, que hizo que a Tom se le secara la garganta, era Bill. El de rastas le sonrió a lo lejos, alzando la cerveza, en lo que Bill también bailaba, más rítmicamente, y movió la cabeza, haciendo que Tom se sintiera caliente…
No, demasiado caliente. ¿Por qué estaba sintiéndose así?
Tom se puso tenso, fijándose en su celular, la fecha… Su celo.
—Mierda —masculló Tom, sacando el blíster de supresores, pero… Estaba vacío—. Por la puta madre —dijo el de rastas, saliendo rápidamente del lugar, porque era peligroso que estuviera en un lugar lleno de personas con su celo dando comienzo, le mandaría un mensaje a Georg para que se encontraran en el airbnb, ahora él tenía que huir por haber sacado mal sus cálculos y acabarse sus supresores sin reponerlos.
El de rastas salió del establecimiento pero se sentía tenso por el dolor en su interior, y la lubricación excesiva, detestaba que esto estuviera pasando, en un país extraño, y él sintiéndose un reverendo imbécil por no haber puesto otro blíster de supresores, guardando el vacío. Aparte estaba acezado, sonrojándose, odiaba esta parte de ser omega, lidiar mes con mes esto.
Un olor fuerte llegó a sus fosas… Y sintió una mano sobre su hombro.
—¿Estás bien? —le preguntó Bill.—Te noté salir agitado —arguyó el guía, sintiéndose tenso entre la preocupación y el calor que estaba invadiéndole, es decir, era normal sentir excitación por un omega en celo, pero… Tom necesitaba ayuda, estaba solo, y quería que llegara bien a su airbnb, sólo que su mente estaba un tanto derretida, buscando aferrarse a su lado racional, porque no era como que a él le viniera su rut ahora, si le había dado hace una semana, y los alfas lo tenían cada tres meses.
—Sí, sólo… Me vino mi celo —respondió Tom, tragando saliva al notar que las feromonas de Bill estaban tan fuerte que sólo quería que se lo follara ahí mismo contra la pared, y no, debía mantenerse racional.
—Vamos te acompaño a tu airbnb para que llegues bien y que ningún alfa te haga algo en el camino —comentó Bill, tragando saliva con nerviosismo, él evidentemente podía mantener un autocontrol, sólo que sabía que otros no lo harían, y pues al ver a Tom, un omega, al lado de un alfa, pues también como que lo respetarían más a como si no estuviera él, por lo que el de rastas asintió, con Bill tomándolo por la cintura, en lo que avanzaban las cuadras de distancia hacia el airbnb del menor.
Cuando llegaron, Tom abrió la puerta y Bill se quedó ahí afuera, esperando que entrara, pero el de rastas lo miró, mordiéndose el labio inferior, ya mandando al diablo su recato cuando estaba más que lubricado no sólo por su celo, sino por haber tenido el delicioso aroma del alfa, y que su tacto en su cintura quemaba como el infierno, podía notar la erección de Bill en sus pantalones, y aún así, el alfa no estaba imponiéndose ni nada.
—¿Tienes condones? —preguntó Tom.
Bill asintió, y Tom lo jaló dentro del departamento, cerrando la puerta detrás de ellos, y casi corriendo hacia su habitación, donde empotró a Bill contra la puerta, besándolo de inmediato, Bill le quitó la gorra y liga del cabello, en lo que disfrutaba del omega presionándolo contra la puerta, ambos frotando sus durezas, con la ropa puesta, en lo que Bill sentía el arrastre del labio inferior de Tom, con ese piercing que había visto con tantas ganas desde que lo observó por primera vez, y Bill colándole la lengua dentro, haciendo que Tom jadeara al sentir el piercing de Bill al pasarlo por su paladar, y la manera en que sus lenguas se batían una contra la otra, haciendo que se saboreasen, definitivamente Tom podía asegurar que tenía mucha química con Bill, y cuando el alfa lo sujetó por las caderas, Tom soltó gemido contra su boca.
Bill lo agarró con firmeza, para luego acunar su trasero, y apretándolo con fuerza de allí, incluso con los pantalones enormes de rapero que tenía Tom, lo llevó a la cama, donde lo desvistió con necesidad, casi arrancándole la ropa, y el de rastas lo supo, el alfa estaba en su rut, esa fuerza… Aquella intensidad, y la forma en que sólo con su feromonas lo tenía así de mal, se había juntado el celo de omega con el celo de alfa, que era el rut, pero Bill se quitó también sus prendas, en lo que Tom se abría de piernas, las cuales le estaban temblando, en lo que estaba con la entrada lubricada, emanando sus fluidos por sobre su trasero y muslos, en lo que su propia erección estaba palpitando y bañada en preseminal.
Cuando Bill estuvo por completo desnudo, de todas formas, se mantuvo lo suficientemente racional para sacar los condones de su bolsillo y ponerlos cerca, ubicando uno en su erección grande y orgullosa, en lo que Tom sentía que salivaba más por ambas bocas al pensar en lo que sería el percibir a Bill anudarse dentro suyo, era una polla que gustosamente recibiría en su canal, por lo que incluso sin que Bill lo vocalizara, se abrió más de piernas, y el de cabello corto se lanzó contra él, besándolo con necesidad nuevamente, Bill bajando por su cuello, sintiendo el pulso de Tom contra sus labios, con sus dientes con el deseo de marcarlo, pero no… No se lo había pedido el omega, sólo era su rut, su alfa en estado salvaje, así que Bill siguió bajando, comenzando a chupar, morder y lamer con ansía, dejando marcas de sus dientes en el cuerpo del omega, que sólo sentía más excitación y chorreaba más lubricación al excitarse más…
—Estás con tu rut… —soltó Tom en un jadeo, no era pregunta, era afirmación.
—Sí, no sé qué me pasa… Me dio la otra semana —barbotó Bill con los ojos dilatados, para morderle la cadera al de rastas, quien se quebró debajo suyo.
—No importa… Sólo ayudémonos mutuamente —instó Tom, mordiéndose el labio inferior con fruición, en lo que su omega ronroneaba, y el alfa de Bill gruñía, por lo mismo es que alfa se ubicó entre las piernas del de rastas, alineando su erección contra el trasero del omega—. No te contengas… —gimió el omega, y Bill abrió sus fosas nasales, metiéndosela de una sola, ya que Tom le había dado el permiso, iría a hacerlo como le pedía su ansía de alfa en estado de rut.
Tom se aferró con las piernas alrededor del cuerpo del alfa, en lo que lo sentía morderle el labio inferior, mientras comenzaba a batir sus caderas con violencia, y Tom… Realmente estaba amando todo el ímpetu de Bill, la capacidad de llenarlo tan bien, haciendo que su naturaleza de omega con la naturaleza del alfa, compaginaran en una danza frenética y ansiosa…
Tom nunca había estado con un alfa durante su celo, y mucho menos con un alfa durante su rut, sabían que eran más territoriales, más salvajes, que podían hasta marcarlo sin su permiso al estar embebidos por el celo de omega y ellos en su rut, pero no, Bill sólo estaba siendo agresivo de una forma que sólo acrecentaba su deseo, que se sentía como algo adictivo…
Tom nunca había tenido un sexo así de intenso antes… No había punto de comparación, por lo que cuando Bill le mordió en el hombro, notando Tom que, en efecto, el alfa tenía la necesidad de marcarlo, sólo que de algún modo, igualmente se estaba conteniendo, y aquello sólo hacía que el omega lo apretara más por el saberse respetado incluso teniendo al alfa modo salvaje dentro suyo, haciéndole tocar las estrellas con cada estocada profunda dentro suyo.
Tom movía sus caderas, haciendo que Bill llegara aún más adentro… Mientras ponía los ojos en blanco, definitivamente hubiera sido un desperdicio no coger con Bill, así que consideraba una intervención divina que aquellos eventos desafortunados se hubieran concatenado para que Bill pudiera estar entre sus piernas, embistiéndolo con ganas… Valía la pena por completo, ni siquiera quería comprarse los supresores, ni salir, ni nada, si el alfa estaba con rut, fácilmente podría rendirle los tres días de follada salvaje, donde sólo tendrían que salir para comer y tomar agua para reponer energías, que se fuera al diablo los tours que tenían para el resto de días, no, Tom quería que su guía turístico sólo lo guiase al orgasmo.
Bill corrió fuertemente luego de que Tom lo volviera a apretar más, al venirse entre sus cuerpos, y después el alfa se anudó, en lo que pasaba su nariz contra la mejilla del omega y luego su cuello, haciendo que Tom se excitara aún más, disfrutando de aquel grado de intimidad al sentirlo anudarse dentro, y Tom lo tomó por el rostro, para besarlo, jugando con sus lenguas, a la espera de que bajara la inflamación del nudo de Bill.
Cuando el nudo se deshizo, el alfa se salió con cuidado, pero fijándose que por la fuerza se había roto el condón, observando cómo salía su esencia de la entrada del omega.
—Se rompió el condón —dijo Bill, mirando a Tom con preocupación.
—No importa, es decir… No me refiero a que me dejes preñado, me voy en unos días, tengo dieciocho años, no puedo, pero, luego puedo comprarme la píldora del día después, de hecho, funciona hasta cinco días después de una relación sexual o algo así leí, así que no te preocupes, yo me encargo de eso. Pero… Aún la tienes parada, ¿estás limpio, no? ¿O tienes alguna enfermedad? —cuestionó Tom, intentando pensar con la cabeza correcta.
—Siempre uso condón, y la verdad no había tenido sexo durante mi rut antes. Pero estoy limpio sí —comentó Bill—. De hecho, si luego gustas te mando mis resultados por Whatsapp.
—Vas a tener tu rut por dos días aparte de este, y yo igual, entonces cojamos sin condón, y ya, con la píldora se arregla todo. ¿O tienes cosas que hacer saliendo de aquí? —inquirió Tom.
—No, sólo iba a estar trabajando para ustedes, pero… Bueno, mierda, realmente si es por cogerte sin condón, sin riesgo a nada, vale la pena quedarme de vacaciones sin goce de paga —masculló Bill, lamiéndole el cuello al volver a situarse sobre el omega, quien sonrió al sentir el aliento del alfa, con los vellos erizándose al sentirlo chuparle con tantas ganas.
Bill nunca había cogido sin condón, pero tampoco era el más sensato en su rut, así que pasaron ambos encerrados en su habitación, con Georg quien se daba cuenta que realmente tanto Bill como su mejor amigo eran muy ruidosos en el sexo, y tomando esos días para salir con Gustav, su ligue de la discoteca, que se lo cogió bien duro en el baño, pero que sería bonito salir con alguien entre que ese par de animales en celo estaban en sus encerronas dejando un aroma no a feromonas, porque él no lo distinguía, pero sí fuerte a sexo y fluidos en el airbnb.
El día que Bill se fue, totalmente satisfecho y deslechado por la faena que tuvo con Tom, quien estaba más marcado que boquilla de biberón en etapa de dentición, con las rastas sueltas y sonriéndole, con Bill dejándole un beso nuevamente.
—Ha sido un placer, es una lástima que tengas que viajar, pero no olvides que aquí en Alemania, tienes un pene donde sentarte cuando gustes —barbotó Bill, sonriéndole de vuelta—. Y la pastilla, eh, porque estamos muy jóvenes para ser padres, sin mencionar que una relación a distancia no es lo más prudente para una paternidad responsable —acotó.
—Sí, no te preocupes, Bill, y el placer también ha sido mío, si vas a los Estados Unidos, gustosamente te recibiré de piernas abiertas cuando quieras —chanceó de vuelta Tom, guiñándole un ojo y volvieron a reír.
—Ay, ya, cánsense —soltó Georg, harto de su miel y exceso de sexo.
—Bueno, ya me voy, adiós —dijo Bill, para irse sin querer voltearse por ver a Tom, pero al chocar contra la puerta, se rió avergonzado y salió.
—Todo estúpido, me encanta —masculló Tom, para luego soltar un suspiro que terminó en estornudo—. Ay, mierda me voy a resfriar.
—Claro, si te pasaste desnudo por tres días evidentemente te agarró frío, Tom, ándate a la farmacia a comprar tu antigripal, baboso —ordenó Georg.
—Ay, yaaa, mamá Gayorg —bromeó Tom, y el castaño le mostró el dedo medio.
Igualmente Tom entre el ajetreo de armar sus cosas para irse rápido porque su vuelo se adelantó, es que sí fue a la farmacia, tomando una pastilla porque si se le olvidaba la pagaría muy caro.
…
Cuando Tom llegó con sus padres a Estados Unidos, recibiendo abrazos y besos de ellos por estar sano y salvo con ellos, es que el de rastas se sentía cansado pero feliz.
—Bueno, suficientes vacaciones, Tom, ya el próximo mes tenemos que inscribirte en la universidad, ya mucha vagancia —farfulló Jörg.
—Sí, gracias, papis por todo. El próximo mes sin falta me inscribo en la universidad. Ya me di la vuelta al mundo como quise, ahora toca estudiar —soltó Tom levantando la mano en dirección a su cabeza, en un saludo militar para luego reír, pero luego puso expresión de asco, y corrió en dirección al baño.
—¿Y ahora? —preguntó Simone confundida al ver a su hijo así, escuchándolo vomitar sonoramente.
Cuando regresó Tom, con la boca lavada, lucía algo pálido.
—Ay, hijo, no me digas que has estado tomando agua del grifo en el extranjero —acusó Simone mirando con preocupación a su hijo.
—¿Qué…? Bueno… Sí, es que no fue a propósito, sino que el payaso de Georg me lanzó a un charco en nuestro paseo por la India, y me entró algo de agua a la boca, pero, ¿no puede ser por eso, no? —inquirió Tom con expresión espantada.
—Ay, no, mi amor, tenemos que ir al médico mañana mismo. ¡Es que tú no has visto las noticias! Hay una bacteria que se come los intestinos desde adentro, y evidentemente agua de un charco de la India puede ser algo que te provoque eso —señaló Simone exaltada.
—Tranquila, mujer, mañana mismo iremos al médico a llevar a Tom. Quizá sólo es una infección estomacal porque le chocó la comida de allá —intentó calmarla Jörg, aunque también preocupándose internamente por su hijo.
—Ay es que también comí comida callejera pero… —Tom volvió a taparse la boca para ir a vomitar.
Tom se daba cuenta cómo es que realmente sentía malestar, y pensaba en todas las cosas que podrían considerarse imprudentes que hizo, porque bueno, no podía ser un embarazo ya que sólo estuvo con Bill, y tomó la pastilla del día siguiente. Pero… Comió comida callejera con gente que no sabía si se lavaban las manos al cocinar, tomó agua del grifo, y también de charco, tantas cosas que pudieran afectarle gravemente a su sistema digestivo, y ahora tenía terror por lo que pasaría si realmente tuviera una bacteria comiéndole los intestinos.
Al día siguiente, el doctor Andreas Gühne le hizo las preguntas sobre sus síntomas, y Tom respondió todo lo que hizo, y pues sí, el galeno le pidió unos exámenes completos, tanto de sangre como de orina hasta heces, para poder saber cuál era el problema, y pues Tom tuvo que estar incómodo al momento de sacar las muestras pero finalmente las entregó, les darían los resultados en unos días.
Tom volvió totalmente humillado con sus padres a su casa, para luego encerrarse en su cuarto, porque quería dormir para no lidiar con los síntomas.
Jörg y Simone estaban preocupados por su hijo, cuando sonó el teléfono de la casa, y el alfa fue en dirección para contestar.
—Hola, Dunja, sí soy yo… —masculló Jörg en lo que sus expresiones cambiaban al escuchar lo que decía su interlocutora, y Simone se quedó viéndolo fija, sin alcanzar a oír—. Sí, estaré al tanto. Adiós —dijo el alfa para colgar.
—¿Qué pasó? ¿Dunja no era la esposa de tu primo? —cuestionó Simone, sorprendida de que quisieran hablarle a su marido precisamente, cuando él había cortado toda relación con su familia desde hacia muchos años, antes de que naciera Tom incluso.
—Sí… Sino que el hijo de mi hermana Charlotte encontró las cartas que le devolví a mi madre hace un tiempo, al parecer —musitó Jörg.
—¿Qué cartas? —cuestionó Simone.
Jörg soltó un suspiro. —La primera sí la leí, pero era la misma basura antisemita ultraderecha de siempre. Que te deje, que me arrepienta de estar metiéndome con una judía, que aún estaba a tiempo antes de que te embarazase en esta “ensalada mixta”. Estoy harto de mis padres con sus ideologías nazis, por lo mismo es que el resto de cartas no las abrí y les pude la opción de que las devolvieran al remitente. Y mi sobrino encontró esas cartas, sabiendo de mi existencia, y que luego en el resto de cartas que mi madre me envió decía cosas como que podía abandonar a Tom y a ti… En fin, mucha porquería sin sentido, que ya no me interesa, Simone. Yo mismo dejé Alemania porque ellos no podían aceptar que estuviera enamorado de ti, queriendo arreglarme un matrimonio, y no. Pero mi sobrino encontró estas cartas, y está viniendo en camino desde Alemania huyendo de su familia porque quieren arreglarle un matrimonio con una omega, y él no sabía a quién acudir, y al encontrar estas cartas quiere pedirnos asilo —barbotó el alfa.
—¿Cómo? ¿Tu sobrino? —interrogó Simone, procesando todo lo dicho por su marido.
—Sí, el hijo de Charlotte, es dos años mayor que Tom, y pues… Al parecer tiene una vida que sus padres nunca aceptaron, ya que no quiso estudiar una carrera, teniendo trabajos en todas partes para mantenerse solo, pero sí es autodidacta según me cuenta Dunja, por lo mismo es que con mi hermana con mi cuñado, iban a forzarlo a que se casara en el registro civil, y que encaminara su vida haciendo que tuviera un cachorro, y por ello motivo para estudiar y trabajar —explicó Jörg y Simone puso una expresión aterrada.
—Pero, ¿cómo se les ocurre? ¿Qué les pasa? —increpó Simone.
—Sí… Lastimosamente Charlotte y mi cuñado Gordon tienen esa mentalidad de mierda, idénticas a las de mi madre, y padre, aunque este ya haya muerto —comentó Jörg—. Así que… Mi sobrino está viniendo, y mira, Mona, sé que no es algo que hayamos pedido, pero, es un buen chico según me dijo Dunja, sólo que algo disperso, podría darle algún trabajo aquí en mi empresa. Tenemos un cuarto para huéspedes, y la verdad, me veo identificado con él, porque está huyendo de una vida que no quiere. Por favor, te pido que comprendas que esto si bien nos puede incomodar es por ayudar a alguien que sí lo merece.
—Es nuestro sobrino, amor. Así que sí, sólo que con la situación de mi Tom, hay que pedirle que comprenda un poco —acotó Simone, en lo que tomaba la mano de Jörg, y él asintió.
A las horas de aquella charla, es que tocaron el timbre, y Jörg abrió la puerta, observando al joven alto, pálido, con los ojos maquillados y pelo corto.
—Hola, ¿tío Jörg Kaulitz? Sé que no me conoce, pero soy Bill, hijo de su hermana Charlotte y mi padre Gordon Trümper —se presentó Bill con expresión cabizbaja—. Lamento haber venido sin avisar, aunque se lo dije a mi madrina Dunnie, y ella me dijo que podría ver la manera de comunicarse con usted pero yo… Vine huyendo de mi casa, en específico aquí porque encontré las cartas de mi abuela, y supe que tenía familia que también estuvo en contra de lo que hacen mis padres y… Sé que no me conoce, que no me debe nada, que ni siquiera merezco su compasión por todo lo que les hizo mi mamá, papá, y mis abuelos, pero, por favor, tío. Sólo le pido que me deje un sitio donde estar, yo encontraré trabajo de lo que sea, para poder ayudarle con los pagos de los servicios, y costearé mis propias cosas, no les representaré ningún problema, se los prometo. Sólo pido un espacio —acotó el alfa.
—Hola, Bill, sí, bienvenido, pasa. Dunja ya me habló de ti —alentó Jörg, dándole una palmada en el hombro al otro alfa más joven, y el menor sonrió de medio lado, en lo que entraba con su maleta de ruedas y una mochila.
—Hola, Bill, soy tu tía Simone —saludó Simone, dándole un abrazo a Bill, el cual correspondió.
—Hola, tía, muchas gracias, a ambos, por darme esta oportunidad, en serio, no les daré problema alguno —repitió Bill, sentándose en la sala, de por sí había estado muy estresado estos dos meses, con esa sensación de tener algo atorado en la garganta que no tenía cómo salir, como anhelando algo que no sabía qué era, y cuando sus padres quisieron casarlo a la fuerza con una omega, pues los mandó al diablo yendo a Estados Unidos, y le hacía sentir bien que al menos sus tíos, que rechazaban toda esa basura que tenía su familia, sí le dieran una oportunidad pese a todo.
Aunque ahora que Bill se percataba, notaba un aroma dulce en el ambiente, sólo que no quería señalarlo, no era algo que hubiera olido antes, era como… Comer algún postre con leche, algo así, sin embargo, nadie decía nada y no quería ser imprudente.
—Sí, claro, hijo, sólo que nuestro hijo, tu primo Tom, él está un poco delicado de salud, así que sólo por ese tema sería que lo dejaras dormir en su habitación, y cuando él se sienta menos indispuesto pues podremos presentarlos —farfulló Simone.
—Entiendo, tía, claro, yo no molestaré a mi primo, que espero se mejore pronto —deseó Bill, lo que menos quería Bill era incomodar, así que realmente esperaba que su primo mejore, y sonrió internamente al pensar que su primo se llamaba Tom, un nombre común pero recordando a su Tom… El estadounidense del que fue guía, ese omega hermoso que le dijo que estaría dispuesto para él si llegaba a Estados unidos, pero ni siquiera le dijo de qué ciudad era, así que en realidad, si bien podría hablarle por Whatsapp, no quería ilusionarse al pensar que estaba en otra ciudad, porque Bill tenía que enfocarse en buscar trabajo y no ser una carga para sus tíos. Él sabía precisamente que no podía casarse con una omega que ni conocía en un matrimonio arreglado, porque… Tom lo había marcado, no podía sacarse a aquel omega de su mente, y claro… Si bien ahora no podría hacerlo, deseaba que cuando estuviera mejor establecido poder ir a buscarlo, y ver si podía tener algo con él, así fuera algo precipitado, Bill pensaba que podrían ser felices, que aquella química innegable era algo muy suyo, de ambos, y que no podría encontrarlo en nadie más.
—Y dime, Bill. ¿Qué es lo que sabes hacer? Tu tía me dijo que eres autodidacta —contó Jörg.
—Oh, sí, de hecho ese modo es que mediante cursos virtuales aprendí idiomas, y me certifiqué como guía turístico incluso sin tener la carrera, sólo por mi fluidez con los idiomas, y mi capacidad para desenvolverme con otros —explicó Bill—. Pero fuera de ello, también he realizado cursos de mecánica automotriz, sirviéndome para trabajar como asistente temporal en un taller de mecánica, también en limpieza… Bueno, he hecho de todo un poco —acotó el alfa—. Sólo que en sí estudiar no es lo mío, no del todo, no aprendo al ritmo de una currícula, sólo cuando yo mismo lo aprendo y me enseño solo, por lo mismo es que no acepté que mis padres me pagaran una carrera, por eso, y porque sólo me decían que tenía que estudiar Derecho o medicina, y pues realmente no es lo mío.
—Me da gusto que pese a las situaciones complejas que has tenido, igualmente te la sabes buscar como sea. Yo mismo al momento de irme de casa, es que con mi carrera, y mi mujer, empecé a trabajar, valiéndome de mis ahorros para formar mi propia empresa, qué pues precisamente nos dedicamos a la fabricación de autos. Por lo mismo, podría darte un trabajo allí, manejas perfectamente el inglés, y podrías ser personal de limpieza —ofreció Jörg a su sobrino.
—Oh, claro, tío, encantado, yo feliz de trabajar, en serio, muchas gracias —habló Bill, que no se esperaba el que su tío le ofreciera trabajo, pero claro que lo haría.
—Está bien, Bill, ven para llevarte a tu habitación —pidió Jörg, y el alfa más joven fue con él.
Simone se metió al cuarto de Tom, usando su llave, porque tenía que explicarle la situación a su hijo, así estuviera incomodándolo, se echó detrás de él, abrazándolo con cariño.
—Ay, mi niño hermoso, mi bebé… Mira, amor. Sé que estás estresado por tu enfermedad, pero tengo que decirte que ahora vive con nosotros tu primo, ¿ok? —habló Simone, en lo que sentía a Tom removerse.
—¿Primo? Pero si los abuelos murieron hace años, y no tenemos más familia —comentó Tom, sin comprender lo que hablaba su mamá, y sintiéndose más inquieto ahora.
—Es por parte de tu papá, amor —respondió Simone.
Tom se giró, en lo que Simone le explicó la situación de su primo, y Tom iba nuevamente al baño a vomitar, saliendo con la boca lavada.
—O sea ahora tendré un primo que no conozco en casa, en lo que me siento morir, ok, gracias, mamá —soltó Tom en tono dramático para volver a echarse en la cama, y Simone suspiró.
—Mi amor, mira, yo te traeré la comida, ¿está bien? Porque entiendo que te sientas sumamente indispuesto, y pues al menos tienes un baño dentro, pero en algún punto vas a tener que hablar con él, es tu primo, bebé —pidió Simone con cariño.
—Sí, ma, en algún momento pero no hoy —dictaminó Tom, con expresión afligida, comenzando a llorar sin motivo aparente.
…
Bill se había ido con su tío para que fuera a trabajar, teniendo que volver en la tarde casi noche al terminar su jornada, pero… Se inquietaba mucho, porque el aroma seguía en el ambiente… Y venía del cuarto de su primo, al cual no había visto en aquellos dos días. ¿Por qué olería así? ¿Era algún tipo de enfermedad? Porque no olía a aromas cítricos, flores o dulces normales como omega, no, era algo con leche, y no entendía por qué, y él mismo sabía que no debía estar allí… Pero de algún modo terminaba siempre frente a la puerta cerrada de su primo, sintiéndose un imbécil, como si realmente algo dentro lo llamara, aunque no fuera así.
Tal vez era por el estrés, que su lobo interno estaba inquieto.
…
Al día siguiente iban a recoger los resultados, fueron Simone con Tom, el cual seguía con la misma expresión apagada y con las mejillas chupadas porque todo lo que comía lo vomitaba.
—Bueno, al parecer no es ninguna bacteria —comentó el doctor Andreas observando los resultados.
—¿Cómo así? ¿Entonces qué tiene mi bebé? ¿Algún tipo de cáncer? —inquirió Simone aterrada.
—No, está embarazado —respondió Andreas y tanto Tom como Simone sintieron que se le iban a salir los ojos.
—¡¿Qué?! —interrogó Simone, y luego vio a su hijo.—Tom, ¿cómo así? ¿Has tenido sexo sin protección? ¡Respóndeme, Tom!
Tom boqueó sorprendido.
—No, yo… No puede ser, yo tomé la pastilla del día siguiente yo… —empezó a hablar Tom, trabándose al hacerlo—. ¡Yo tomé la pastilla! —repitió mirando al médico, y luego sacó su celular del bolsillo, llamando a Georg en altavoz.—Geo, responde rápido, ¿te acuerdas que me tomé una pastilla antes de irme de Alemania?
—Sí, el antigripal —soltó Georg del otro lado de la línea.
—¡No, no! ¡Tomé la píldora del día siguiente! —replicó Tom.—Me acuerdo, el color morado de la pastilla.
—No, Tom, era un antigripal, que sí, era morado porque de ese color era esa marca en Alemania —acotó Georg.
A Tom se le cayó el teléfono al suelo.
—Tom Kaulitz, no puede ser posible que hayas tenido sexo sin protección con un desconocido durante su viaje, y si fue uno, pudo ser con cualquiera, ¿qué te pasa, hijo? ¿Acaso te hemos enseñado a ser así? ¿Cómo se te ocurre, Tom? —regañó Simone a su hijo con el ceño fruncido.
—No fue con varios, mamá, sólo puede ser de uno… Sólo me acosté con él en Alemania, el resto del viaje no tuve relaciones, fue mi guía turístico, un alfa sano que hasta me mostró sus exámenes médicos porque se nos rompió el condón, sólo que mi vuelo se adelantó y me confundí al comprar, tomándome el antigripal y olvidando por completo la pastilla de emergencia —respondió Tom con expresión cabizbaja, aquello había sido hacia dos meses atrás, sólo tuvo sexo sin protección con Bill, su guía turístico, quien sí le envió los resultados de sus pruebas, un muchacho guapo y sano, y ahora… Era el padre de su cachorro al cual nunca conocería, todavía recordaba la charla de una paternidad a distancia que no sería funcional, y sí, no lo era.
Simone se puso la mano en la frente.
—Está bien… Veremos cómo arreglamos esto, que si quieres o no tenerlo, que cuando se pueda hacer una ecografía encontrar la forma de que salgas bien de esto, hijo. Porque… Ay, tenemos dinero y podemos con esto, podremos con todo —barbotó Simone, más para sí misma que para su hijo, en lo abrazaba, entendiendo que fue un error, que no es que su hijo tuviera sexo sin protección con cualquiera y que verían la forma de solcionarlo sí o sí.
—Necesita vitaminas prenatales, en este caso, por inyectable para acción rápida, al menos para hacer más llevaderos los síntomas, y cuando se estabilice podremos hacerle una ecografía y que el joven tome la decisión que considere prudente, pero ahora mismo, porque su cuerpo estuvo con el ajetreo de un viaje largo, pues ahora para que pueda nutrirse necesita la inyección y reposo —farfulló Andreas.
Tom se separó de su mamá, en lo que le ponían la inyección, haciendo que al regreso a casa, Simone viera a su hijo dormido en el asiento de atrás.
Tom mismo no sabía qué pensar antes de dormirse, sabía que podía abortar, y quizá era lo mejor pero… Una parte suya se lo impedía, y no sabía por qué.
Cuando llegaron, es que Tom no pudo llegar a su habitación, durmiéndose nuevamente en el sillón, con la capucha puesta, ovillado allí, en lo que Simone soltaba un suspiro, poniéndole una colcha encima a su hijo, pero sin molestarlo, en lo que sabía que Bill y Jörg llegarían antes hoy por una fecha festiva de la empresa.
Cuando ambos alfas entraron, Simone les pidió silencio a ambos, señalando detrás de ella, Bill observó a un bulto con capucha en el sillón.
—El doctor pidió que Tom tuviera reposo, así que por favor, hablemos en la cocina —masculló Simone en voz baja, y todos se dirigieron hacia allí.
—¿Qué salieron en los resultados? ¿Es esa bacteria que dijiste que está alojada en sus intestinos? —inquirió Jörg mirando a su esposa.
—No, tiene algo creciendo dentro suyo, pero no es una bacteria en sus intestinos, sino un cachorro en su útero —respondió Simone.
Bill se sorprendió, o sea que su primo omega estaba embarazado, ¿entonces por eso olía dulce con leche? Le parecía curioso porque sólo él podía olerlo, nadie había mencionado nada al respecto, pero prefería mantenerse en silencio en lo que hablaban sus tíos.
—¿Qué? ¿Cómo así? ¿No se está cuidando? Ni siquiera sabía que estuviera saliendo con alguien —expresó Jörg su descontento.
—No lo está haciendo. Se le rompió el condón a un alfa con quien tuvo algo durante su viaje —comentó Simone.
—¡¿Qué?! ¿Cómo que con un alfa cualquiera? ¿Acaso sabía quién era o si tenía alguna enfermedad? Lo de menos es que esté embarazado, pudo haberse contagiado de algo o el cachorro tener alguna enfermedad —masculló Jörg encolerizado.
—No ha sido un alfa cualquiera, sabe quién es, fue hace dos meses en Alemania —contó Simone buscando calmar a su esposo.
Bill no sabía que su primo tuvo un viaje, y lo consideró algo curioso, que precisamente él hace dos meses es que tuvo algo con su omega Tom, el hermoso estadounidense que esperaba poder encontrarse aquí.
—Pero igualmente es un desconocido… —replicó Jörg.
—No es un desconocido, Jörg. Te digo que sabe quién es, fue su guía turístico en Alemania —refutó Simone frunciendo el ceño.
Bill empalideció al oír aquello… Empezando a pensar que esto era demasiada coincidencia, analizando que era muy específico… Activando su paranoia en ese punto, Tom… No podía ser su Tom, ¿cierto? Tom era un nombre muy común, sólo era una coincidencia, ¿verdad? Pero el de cabello corto no podía evitar cuestionárselo, deseando girarse para ver a la cara al bulto que estaba en el sillón y comprobarlo por sí mismo, que ese Tom no era su Tom, sólo una coincidencia muy rara.
—¿Bill? —se escuchó la voz de Tom adormilada, quien distinguió el cabello de mohawk de su guía turístico, y su aroma a nuez que le daba calma, ¿qué hacía el alfa allí? ¿O estaba soñando despierto por su anhelo de tener a Bill con él en este punto de fragilidad hormonal?
—¿Tom? —respondió Bill girándose de inmediato, conectando su mirada con la del de rastas encapuchado, sí era su Tom, él era quien olía así… Su primo estaba embarazado de él.
—¿Se conocen? —preguntó Simone confundida, porque estuvo llevándole la comida al cuarto a su hijo que no quería salir, sólo para ir al médico hoy.
Jörg se quedó mirando la escena.
—Alemania hace dos meses… Guía turístico, y se conocen, claro —mencionó Jörg al fijarse en su esposa, la cual ahora empalideció percatándose que sí, que su sobrino, primo hermano de su hijo, era un guía turístico en Alemania, y que como no tenían contacto con su familia, y Bill no tenía el apellido Kaulitz porque se perdía al Charlotte ser la madre, pues… No es como si hubiera sido evidente que eran familia.
Bill se acercó hacia a Tom, tomándolo por las mejillas. —¿Vamos a tener un cachorro? —cuestionó con ojos brillantes, al tocarlo, dándose cuenta que por eso lo llamaba el aroma, y que Tom… Era aquello que tenía atorado en la garganta.
Tom también notó que Bill era aquello que anhelaba y no tenía, porque se sintió completo al tenerlo allí, y asintió, sonriendo pero llorando al mismo tiempo, sin saber que todo este tiempo su primo hermano alfa, era el mismo alfa que no pudo olvidar, y padre de su cachorro, Bill lo besó, y Tom le correspondió.
Simone sentía que se iba a desmayar de la impresión… Luego entendieron que Tom y Bill eran predestinados, que eran casos extraños donde alfa y omega se llamaban, incluso pese a ser familia, y que no era como saberlo así como así, que Tom al venirle su celo, es que llamó al rut de Bill, y por ello es que pudieron estar juntos pese a ser familia, no se rechazaban porque eran predestinados, y Tom no podía abortar, la idea le daba hasta dolor físico, porque el fin de los predestinados era tener cachorros, ser tan compatibles genéticamente que podrían tener descendencia.
Tom tuvo que empezar la universidad de manera virtual, y Bill estuvo todo el tiempo con él, marcándolo cuando Tom se lo pidió, antes de que naciera su primer bebé.
Ambos se sentían completos al poder dormir juntos, incluso con su pequeño bebé alfa recién nacido que era igual a Bill.