El Matrimonio
La isla Higeki, el lugar perfecto para unas lindas vacaciones, o incluso para vivir si tienes problemas con el gobierno.
Solo piensenlo: Bellos paisajes, una costa limpia, aire fresco, vecinos amigables, naturaleza hermosa, campos abiertos y pacíficos, un clima considerable, un gobernante con un trato con el gobierno, ¿Cómo negarse a pasar el rato en un lugar como este?
Lastimosamente, estaban en medio de una ola de calor, cosa muy poco favorable para los habitantes de la isla.
Es decir...cosas así son soportables, un poco de calor no arruinará toda una semana de vacaciones, pero La isla Higeki tiene problemas con el clima, problemas muy serios.
Deimos y su esposa, Lucía, caminaban por las calles de su pueblo, más específicamente en el mercado, en busca de algún puesto que no haya sido afectado por el terrible calor.
A donde sea que veas había un puesto de frutas putrefactas o pescado no saludable. Llevaban algunas horas caminando bajo el sol, y aún no tenían éxito.
Deimos se quito la gorra, y comenzó a hacer algo de aire hacia su rostro manteniendo una expresión cansada.
- Vaya mierda...
- Deimos, no insultes por favor.
- Lucía, el momento lo necesitaba. ¡El calor es lo peor! Te diría que incluso prefiero un poco el frío... - Explico Deimos mientras desviaba la mirada del camino y miraba detrás de él, ¿Habrá algún lugar que tenga ventiladores automáticos?
Lucía solo soltó una risa, y continuo caminado por un rato.
Después de seguir algunas calles y no tener éxito, ambos se rindieron y se sentaron en la acera, mirando a las personas con bolsas de compras pasar, aguantando la envidia.
Después de unos segundos, Deimos tuvo una idea. Se puso de pie y le ofreció la mano a su esposa para que esta se ponga de pie, todo esto sin dejar de verla sonriente.
Ella lo miro algo confundida, y acepto la mano mientras se ponía de pie y sacudía un poco su ropa.
- Bien... ¿A donde iremos, Deimos? Tal vez debamos volver a casa, no encontraremos nada hoy... - Le dijo ella en un tono algo cansado mientras que se encogía de hombros.
- ¡No, no, Lucía! Ya me sacaste de la casa, no vamos a volver en mucho tiempo. Aparte, si regresamos ahora no vamos a cenar nada... - Dijo él en un tono algo bromista, mientras que comenzaba a caminar lejos tomado de la mano de su acompañante.
Ella lo miro unos segundos más casi extrañada, y luego se encogió de hombros y miro alrededor buscando una pista de a donde van a ir esta vez.
- Mira, no pudimos encontrar nada que comer, ¿Por que volveríamos a casa si no hay nada? - Comenzó a explicar Deimos, mientras soltaba una pequeña risa - Mejor, vayamos a disfrutar la tarde al muelle, ahí la brisa es tan agradable que el calor va a desaparecer. Después, puedo llevarte a comer a algún restaurante en el centro, es imposible que vendan comida putrefacta, seguro que ahí la carne es buena. - Dijo, y se detuvo mientras tomaba a su esposa por ambas manos, y la miraba con una expresión casi suplicante - ¿Qué te parece? ¿Te gustaría pasar tiempo conmigo?
Ella escucho atenta su explicación, y mostró una ligera sonrisa cuando Deimos la tomo de las manos. Asintió suavemente, y le mostró una sonrisa alegre.
- Claro, ¿Por que no querría pasar el tiempo contigo? - Dijo mientras se soltaba de una mano, y comenzaba a caminar - Vamos allá.
Él soltó una risa emocionada, y comenzó a caminar a un lado de su esposa algo alegre.
Para este punto, ellos ya estaban fuera del mercado debido a que tenían planeado volver a casa, pero cuando volvieron a entrar para ir al muelle, no podían evitar caminar con una expresión de asombro entre las calles del mercado.
No había una sola persona ahí, ni si quiera los dueños de los puestos, estaban completamente solos en todo el mercado. Lucía se acercó más a Deimos en forma de decir que estaba asustada, y Deimos la tomo más fuerte de la mano respondiendo que él también.
Caminaban a paso lento mirando a todas direcciones, este lugar se veía abandonado, y las frutas y la carne putrefacta solo le daban un toque más terrorífico al asunto.
No podían escuchar nada, solo sus ligeramente agitadas respiraciones y sus pasos. No podían escuchar a los pájaros cantar, ni si quiera a la brisa golpear las hojas de los árboles, estaban completamente solos.
Después de algunos pasos, Deimos soltó un suspiro y se detuvo a escuchar. Lucía se quedó a un lado suyo, mientras que esperaba actualizaciones.
- ...Escucho voces cerca de aquí, seguramente ocurrió algo grave y tuvieron que ir a ayudar. - Dijo Deimos mientras que seguía caminando, ahora a un paso más apresurado. Lucia solo asintió y lo siguió a la misma velocidad, sintiendo una extraña presencia detrás suyo, lo que le hizo sentir un escalofrío.
Una vez que salieron del mercado, ambos soltaron un suspiro y se apresuraron ir al muelle, pero mientras más se acercaban las voces se hacían más y más fuertes. ¿Será que todos estaban en el muelle?
Si, todos estaban en el muelle.
¿Por que?
Cuando llegaron, vieron a lo que fácilmente podría ser toda la isla acumulada alrededor del muelle, haciendo ruido y gritando porras. ¿Qué estábamos festejado?
Ambos se abrieron paso entre la multitud hasta llegar a la orilla del muelle, y miraron alrededor en busca del causante de tanto alboroto.
- ¡Atención, el barco ya viene! ¡Se acerca a la orilla, señores! - Grito un joven de cabellera roja desde la orilla del muelle, a lo que todos comenzaron a gritar de alegría.
- ¿Qué barco? - Pregunto Deimos mientras miraba a su esposa algo extrañado, pero noto que ella no lo veía a él, si no que veía algo a la lejanía. Miro hacia donde creía que Lucía estaba viendo, y no pudo evitar abrir la boca de la impresión.
Un barco de la Marina se acercaba a toda velocidad hacia la isla, ¿Acaso esto era verdad? ¿No estaba soñando?
- ¿Estas viendo eso, Deimos? ¡La Marina ya viene, estamos salvados! - Exclamó Lucía mientras abrazaba a Deimos, y reía alegremente entre sus brazos.
Deimos solo pudo aceptar el abrazo y soltar una risita, pues seguía algo impactado por la idea de que La Marina esté en camino.
¿Qué? ¿Qué por qué La Marina parecía ser algo tan importante? Eso es fácil de responder.
Hace cuatro años, la isla se volvió el punto perfecto para los piratas ladrones. Comenzaron a llegar barcos, unos tras otros, a invadir y robar al pueblo sin descanso.
Debido a que la isla tenía poco contacto con las autoridades, fue fácil para todos simplemente ir, armar un alboroto e irse, dejando a la economía y las relaciones sociales casi destruidas. Durante estos cuatro años, el gobernante de la isla se mantuvo luchando y tratando de mantener a todos en pie, cosa que hasta ahora sigue sin poder lograr.
- ¡Rápido, Deimos! ¡Vamos a la orilla del muelle para poder ver al barco de cerca cuando llegue! - Le dijo ella, y comenzó a jalarlo entre la multitud.
Él reacciono, y soltó una ligera carcajada mientras seguía a su esposa a un paso ligeramente rápido.
Una vez que llegaron a el inicio del muelle, notaron que habían unas sogas evitando que las personas obstruyan la salida de las personas del barco.
Ambos tomaron las cuerdas entre sus manos, y miraron emocionados alrededor. Realmente esto era un hecho histórico para la isla, tal vez incluso el gobernador...
El gobernador...
... El gobernador estaba aquí.
Deimos yacía mirando alrededor emocionado, hasta que escucho como todos gritaban con emoción, y señalaban hacia un lugar de la isla, lejos del muelle. Giro su vista aún con una sonrisa, esperando encontrarse algo maravilloso, pero lo que vio le heló la sangre.
No sabia por qué, pero el gobernador siempre le había dado una mala espina. No es que sea anticuado, ni siquiera era anciano, el simple hecho de ver aquella... cosa... hacia que se forme una mueca de disgusto en su rostro.
Su mirada estaba fija en el gobernador, quien caminaba hacia el muelle en busca de recibir a la persona que este sobre el barco de La Marina.
Las razones para temerle eran infinitas, y claramente Deimos las tenía todas enumeradas. Su alta, delgada y elegante figura muscular le daba un aire de misterio. Su piel, simples llamas negras con los bordes rojos le daban escalofríos. Su mirada, ojos rojos sedientos de sangre y la ausencia de una boca; escalofriante, antinatural.
Este hombre caminaba recto con un bastón delgado, negro y con una pequeña bola roja en la punta. Portaba algunos anillos dorados en la mano derecha, y su vestimenta era un elegante traje con corbata, el cual parecía ser parte de su piel.
Se detuvo en el inicio del muelle, y comenzó a esperar a que el barco llegue por fin a las orillas.
Después de algunos minutos, el barco llegó al muelle. Un marino se asomo por el borde del barco, a lo que todos comenzaron a gritar alegres y a aplaudir de alegría. Dicho marino hizo una reverencia de una forma algo burlona, y luego lanzó una tabla desde el borde del barco hasta el muelle, uniendo ambos dejando que cualquiera pueda subir o bajar.
Este marino se fue, y se asomo alguien más.
Un hombre de complexión grande, alta y robusta se asomo desde la cima. Vestía una gabardina blanca cerrada con el interior celeste, portaba un pantalón de mezclilla algo ajustado y unas botas negras de escalar con picos. Comenzó a descender por la tabla, y camino hacia el Alcalde con un aire de decisión.
Una vez que ambos estuvieron de frente, intercambiaron algunas palabras hasta que el marino asintió en manera de aprobación. Ambos se dieron un apretón de manos y el gobernador se retiro del lugar tan rápido como llegó.
El Marino dio la vuelta, mirando a todas las personas emocionadas y alegres, y saludo ligeramente con una mano mientras portaba una pequeña sonrisa.
Al instante, muchos comenzaron a festejar más fuerte, y a gritar algunas porras. Deimos estaba justo detrás de este marino, y pudo ver que en la espalda de su gabardina estaba escrito el título de "Vicealmirante" con letras color negro.
El resto de tripulacion comenzó a descender del barco, llevando con ellos cajas de alimento vacías (en su mayoría) y algunas otras cosas.
El marino volvió a su barco después de un tiempo y, a pesar de que ya no había nadie mas en el muelle aparte de su tripulacion descargando cosas, todo el pueblo continuaba festejado. Después de un tiempo llegó algo de música, y se armo un gran festejo en el muelle.
Claramente, Deimos y Lucía no fueron a casa, buscaban algo entretenido y que mejor que una fiesta en honor a quien probablemente salve sus vidas de las manos de los piratas.
Cuando el anochecer comenzó a caer, la tripulacion del marino bajo del barco y se unió a la celebración. Eran alrededor de 20 personas cansadas por el largo viaje y, a pesar de que ninguna dijo exactamente de donde venían, el cuartel general de la Marina más cercano estaba a casi siete islas lejos, por lo que venían de muy lejos.
Sin embargo, el cansancio no importó, y fueron muy bien recibidos en la fiesta. Aún así, el Vicealmirante nunca salió a festejar. ¿Qué pasaba con este tipo? ¿A quien no le gustan las fiestas?
Después de todo, la fiesta fue un éxito. La mayoría se fue hasta el día siguiente, y algunos seguían bailando y disfrutando a pesar de que ya había empezado a amanecer.
Mientras que festejaba y disfrutaba el tiempo con su esposa, una pregunta no pudo salir de la cabeza de Deimos, sin importar que tan distraído y divertido estuviera.
"¿Este hombre... será el indicado? ¿Será el que el destino nos envió para llegar a la libertad? ¿Será lo suficientemente fuerte?
¿Capaz?
¿Valiente?
¿Leal?
¿Este hombre será el encargado de liberar a su pueblo del miedo y la angustia, sin dejarlos atrás en ningún momento? ¿Será el elegido, tal vez?
Pudo haberlo sido, pero no como lo esperaba.
Buenos dias, tardes y noches a los pocos que lleguen aqui. Estoy intentando publicar mi historia en otra plataforma, tal vez consiga mas lectores😰
Me voy a tomar mi tiempo para actualizar aqui, pero en Wattpad ya tengo como 10 o mas capitulos para que vayan a verlo 😘