INTRUSO - TaeKook

Summary

En la casa de la familia Kim, hay un intruso, alguien que desde las sombras siempre los ha estado observando, y codiciando para sí, al alfa de la casa. . . . • Mini Historia, Original • Fanfic AU TaeKook +21 ⚠️ ADVERTENCIAS ⚠️ • Obsesión, Protagonista black flag, Homicidio voluntario, Omegaverse, Bebés, Narrado en primera persona del presente mezclado con pasado. →⁠_⁠→ Leer bajo su propia responsabilidad.

Status
Complete
Chapters
10
Rating
5.0 2 reviews
Age Rating
18+

Capítulo 01: Cuadro familiar.

Mi alfa me saluda con un asentimiento de cabeza, antes de pasarme de largo y entrar al cuarto de los gemelos, a los que hacía sólo unos minutos me encargaba de alimentar con leche de fórmula.

—Buenos días, ya llegó su papá favorito a atenderlos —lo oigo decir, mientras aprovecho el desolado pasillo para husmear dentro del cuarto, a través de la rendija de la puerta entreabierta.

Mi atractivo alfa toma en sus brazos a Min, el gemelo mayor, y luego con su otra mano agarra al gemelo menor, Seok, para acurrucarlo en su pecho junto a su hermano. Nunca he sido aficionado a los hombres casados o con hijos, gracias a Dios crecí con un gran padre, también con una maravillosa madre, y no tuve que recurrir a ningún extraño para llenar esos vacíos, pero entonces, conocí al señor Kim, mi alfa, y algo en mi cerebro cambió.

De repente sólo podía verlo a él y la urgencia de tocarlo, que me tocara, de maneras indebidas y pecadoras, me invadió a tal borde que apenas pude frenarme para no cometer el error de abalanzarme sobre él, frente a su familia recién formada, y hacer que me despidieran en mi primer día como niñero y ama de llaves de la casa Kim.

Claro que de no haber podido controlarme no hubieran podido culparme, estaba en mi derecho de sentir anhelo al hilo del destino tirar entre nosotros, pero, como mi alfa estaba usando supresores e inhibidores en consideración de su pareja recién parida, le fue imposible saber que éramos pareja destinada y, por lo mismo, no me quise exponer. Preferí callar, esperar en las sombras hasta que él se diera cuenta por si solo de lo que ocurría y luego actuar. Dejarme llevar por fin y reclamar lo que la diosa del destino me había dado.

Con el sentido de mi oído súper desarrollado, logro escuchar al esposo Omega de mi alfa salir de su habitación matrimonial y comenzar a acercarse. Alerta, me enderezo, salgo del pasillo y con sigilo me dirijo hacia la cocina para continuar preparando el desayuno que dejé a medias al escuchar el llanto de los bebés.

Con mi oído aún escuchando lo que la pareja de la casa hace, siento mi mandíbula apretarse en disgusto al escuchar los saludos matutinos y besos tronadores que se dan e intercambian entre ellos y los gemelos, como la buena familia feliz que son.

Inevitablemente siento a la ira crecer en mi interior y mezclarse con los celos, porque el Omega al que mi alfa debería abrazar soy yo, yo, su pareja destinada, y no ese Omega recesivo de mierda que se atrevió a engatusarlo antes de que yo llegara, ponerle sus asquerosas manos encima, luego embarazarse y tener a esos preciosos bebés que deberían ser míos, arrebatándome así, muy campante, la vida con mi alfa que estaba destinada para nosotros.

—Buenos días —saluda el Omega de repente a mi espalda e inspiro con fuerza, llamando a la tranquilidad a mi sistema, antes de voltearme y sonreírle con amabilidad, con cortesía que no siento.

—Buenos días, señor, en un momento sirvo el desayuno.

—Está bien, no te apures —me calma—, sólo tomaremos un poco de café, volveré a la cama porque no me siento bien, y ya que Taehyung irá a la oficina hoy, no me gustaría comer solo.

—Está bien, les subiré sus tasas en un momento entonces.

—Gracias cielo —dice como despedida y lo veo regresar al pasillo para, como me lo deja saber su “déjame cargarlos, amor”, volver al cuarto de los niños con mi alfa.

Inmediatamente después de oírlo, los celos y el coraje me ganan, dejo en paz la sopa que movía en la estufa y me dirijo a prepararles sus malditos cafés. Cuando los termino, al de mi alfa le dejo un beso invisible en la tasa lleno de anhelo y amor. Por el contrario, al del Omega vuelvo a colocarle un poco de la medicina especial que compré en el mercado negro para apresurar su partida de este mundo. Saco las tostadas del tostador, a una le unto miel y a la otra mermelada de fresa. Pongo todo en la bandeja de plata una vez listo y subo al cuarto de los niños, mentalizándome a cada paso que doy, a brindarles a la pareja de la casa una sonrisa sincera, aunque no la sienta, y palabras amables, aunque sean falsas.

Ellos me reciben como el mejor cuadro familiar de la historia. Con mi alfa abrazando por la espalda al Omega mientras sonríe y besa sus cabellos rubios, al Omega intruso cargando a ambos gemelos en sus brazos mientras los mira con amor y el mundo parece haberse desvanecido a su alrededor. Me enferman, me hacen querer sacar las garras y destrozar su perfecto cuadro a pedazos, pero no lo hago. Me controlo. Sonrío, cruzo el umbral y me adentro en la habitación. Dejo la bandeja sobre el mueble de los pañales y ropita de los gemelos, e imitando lo mejor que puedo la amabilidad que no siento, me ofrezco para cargar a los bebés en lo que ellos toman sus cafés.

Ambos me lo agradecen y los veo acercarse a la bandeja. El Omega da un sorbo al suyo y una sonrisa genuina aparece en mi rostro al verlo gemir gustoso con el sabor. Le encanta el café y el hecho de que no se dé cuenta de lo demás que contiene, me encanta a mí. Comparto mi sonrisa con los bebés en mis brazos y ellos me la regresan inocentemente, confiados de la buena persona que soy. Pero claro que ellos pueden confiar en mí, jamás los lastimaría, no a ellos que son el fruto de mi alfa, porque, independientemente del Omega que los portó en su vientre y dio a luz, ellos, junto a mi alfa, me pertenecen. Beso sus pequeñas naricitas preciosas y me lleno de amor al oírlos reír. Definitivamente son lo mejor de mi día.

Con el Omega encerrado en su habitación, convaleciéndose a sí mismo por los terribles dolores que la medicina ingerida le provocan, y con mi alfa lejos de casa por trabajo, me doy vuelo con mi fantasía de compañero ama de casa que espera a su esposo junto a sus cachorros frutos del amor que se tienen.

Los gemelos me siguen el juego, se portan bien, me escuchan atentamente en todo lo que les cuento y digo. Se dejan bañar, poner guapos y luego los saco a pasear al jardín en su cochecito doble para pasar la tarde en medio de las rosas armoniosamente colocadas alrededor del muro. Mi alfa llega entonces, y lo primero que ve es a nosotros apreciando el atardecer. Una preciosa sonrisa cruza su rostro y camina hacia donde nos encontramos.

—Estoy en casa —dice alimentando mi fantasía y se acerca a cargar a los bebés—. ¿Cómo se portaron?

—Muy bien, alfa, son unos niños excelentes —sonrío y me acerco a acomodar el gorrito de Seok. Mi alfa sonríe, agradecido por mis palabras y gesto. Con adoración lo veo besar sus cabecitas cubiertas y así, con el sol ocultándose en el horizonte, él sonriéndome cálidamente y mi corazón latiendo fuertemente, me imagino nuestro propio cuadro familiar.

Pero entonces, se oye el grito doloroso del Omega en la parte superior de la casa, y mi cuadro se rompe. La cálida expresión de mi alfa se transforma en una de miedo mezclada con preocupación, deja a los niños de vuelta en su cochecito y corre escaleras arriba para ver al estreñido del Omegaducho ese. Mi deber es velar por los gemelos, así que, con calma, me acerco a ellos, los tranquilizo por la abrupta huida de su padre y, una vez calmados, reviso que todo esté bien con sus ropitas, que nada les incomode, para luego emprender camino de regreso a su habitación.

Oigo al Omega llorar desgarradoramente en la habitación matrimonial y a mi alfa intentar calmarlo mientras llama a emergencias. Me abstengo de virar los ojos por su dramatismo de Omega convaleciente y, luego de dejar a los bebés en sus cunas para que tomen su siesta, me dirijo a dónde están. En el baño de la habitación matrimonial la escena es horrorosa, con sangre por todo el suelo escurriendo de la parte baja del Omega y manchando los pantalones de mi alfa, quien hincado lo sostiene en sus temblorosos brazos. La ira me gana al ver al Omega aferrarse a él con sus asquerosas manos y, a paso firme, lo cojo del brazo, levanto del suelo, separándolo de mi alfa y lo llevo a la bañera, en donde lo aviento, para luego ir por una toalla grande y atorársela hecha bola en medio de sus manchadas piernas temblorosas.

—Aprieta —gruño y él obedece, ya sin lágrimas en los ojos, sólo sorpresa bañando su rostro por mi accionar. Bufando salgo en busca del botiquín, cuando vuelvo le inyecto un antibiótico en la pierna que actúa como calmante y sedante al mismo tiempo.

Mi alfa se encuentra a su lado para entonces, pero viéndose más tranquilo. Cuando ve que el antibiótico le surte efecto inmediato al Omega, relajándolo y mitigando su dolor, me agradece silenciosamente con un asentimiento. Por otro lado, mi cara enojada hace reír al Omega ya relajado y apretarme una mano en confort.

—Tranquilo, cielo, estaré bien —me dice y sólo quiero golpearlo, pero llega la ambulancia y pierdo la oportunidad de hacerlo.

Evidentemente no puedo ir con ellos al hospital, así que, con los gemelos dormidos en su habitación, sólo me queda mirar al matrimonio partir en la ambulancia con los enfermeros que luego, luego, le ponen suero al Omega, y esperar a que mi alfa vuelva con buenas noticias.