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El comportamiento de Loey estaba alerta pero relajado mientras observaba a los dos humanos que se acercaban a su perrera. Uno era su entrenador, un humano muy inteligente, y el otro un chico pequeño y rubio. El chico caminaba con la mano apoyada delicadamente en el brazo del entrenador de Loey, y el perro se animó al darse cuenta de que ese humano era ciego. El gran perro pasó de estar acostado a sentarse erguido sobre sus patas traseras.
Los ojos oscuros de Loey se agudizaron cuando su entrenador le habló al chico:
—Creo que tengo el perro guía perfecto para ti, Baekhyun. Se llama Loey. Es un pastor alemán, una raza que hemos comprobado que es ideal para esta tarea. Son inteligentes, fuertes, toman iniciativa y tienen instintos protectores inigualables… y Loey, bueno, él destaca incluso entre ellos. Lleva aquí más tiempo que la mayoría de nuestros perros, pero la verdad es que lo he reservado para el dueño adecuado. Es… especial.
La voz del chico era suave pero entusiasta:
—¿En qué sentido?
—Loey ha demostrado una capacidad extraordinaria de empatía y comprensión, mucho más allá de lo que solemos ver. También ha mostrado una inteligencia, razonamiento y habilidades para resolver problemas realmente excepcionales. Creemos que, a quien elija Loey, se dedicará por completo a esa persona.
—¿A quien Loey elija?
El hombre mayor rió incómodo: Bueno, sí. Me ha dejado muy claro que él elegirá a su humano, y no al revés.
Ya veo, respondió el chico con voz cantarina, cargada de risa, y por fin estaban lo suficientemente cerca para que Loey percibiera su olor. No se parecía en nada al del último humano que su entrenador había traído, que olía a ajo y gatos. Loey no soportaba a los gatos. Aquel hombre había sido rechoncho y robusto, y era obvio que pasaba la vida en interiores. Loey necesitaba un dueño tan activo como él. El chico olía a aire fresco, hierba y un aroma delicioso al que Loey quería acercarse.
Su entrenador se inclinó y soltó el cierre del cajón de Loey. El chico se quedó de pie, tenso e inseguro, mientras el gran perro se acercaba, pero no había tenido por qué temer. Loey nunca lo habría empujado ni saltado sobre él. Era un hábito grosero del que lo habían corregido hacía tiempo. Simplemente, no se hacían esas cosas, y menos con quienes no podían verlo venir. Se movió con lentitud y cuidado para no asustar al pequeño humano mientras lo rodeaba, inspeccionándolo y oliéndolo.
El chico era delgado y joven. Olía limpio y bien cuidado, por lo que mantendría su entorno ordenado. Se respetaba a sí mismo y, por ende, respetaría a Loey. Estaba bien alimentado, con uñas saludables y cabello brillante, pero sin exceso de peso, así que alimentaría a Loey en proporciones adecuadas. Parecía sano y en forma. Olía delicioso.
Sí, pensó Loey para sí mismo, este servirá. Era aceptable en todos los aspectos.
Manteniendo la cabeza alta y el pecho erguido, se sentó a los pies del chico, al alcance fácil de su mano derecha.
— Baekhyun es zurdo.-dijo su entrenador, y Loey se movió para colocarse a la izquierda de Baekhyun.
El chico quedó atónito.
—¿Acaba de…?
El entrenador de Loey asintió. Te lo dije, Loey es especial.
Una mano pequeña buscó con cuidado la parte superior de la cabeza de Loey. Un placer recorrió su espina dorsal al primer contacto de aquellos dedos, y hasta el propio Loey se sorprendió. Disfrutaba que lo acariciaran, aunque solo como recompensa por un trabajo bien hecho, pero no había imaginado cuán placentero podía ser el acto en sí.
El chico se arrodilló para estar a su altura, y aunque era obvio que no podía verlo, Loey apreció el gesto. Manos pequeñas le palparon suavemente el cuello y el rostro.
—Hola, Loey. Soy Baekhyun. ¿Te gustaría venir a casa conmigo? ¿Querrías ser mi perro guía?
La cola de Loey golpeó el suelo dos veces en rápida sucesión. Sí, le gustaría mucho.
Su entrenador pareció satisfecho.
—Bueno, entonces… parece que se ha tomado una decisión.
La mano de Baekhyun recorrió el lomo de Loey, acariciando su pelaje con suavidad.
—Es tan grande —murmuró el chico, maravillado, y Loey se enorgulleció un poco. Era grande, y también muy fuerte.
—Sí, Loey es probablemente uno de los pastores alemanes más grandes que he visto —admitió el entrenador—, pero no hay motivo para preocuparse. También es uno de los más gentiles que he conocido. Loey tiene mucha conciencia de sí mismo, de su tamaño y su fuerza. Te protegerá, pero nunca te hará daño.
Loey apoyó su hocico en el hombro de Baekhyun como afirmación. No sería bueno que su humano le tuviera miedo.
El chico se puso de pie. Chanyeol podía notar que ahora estaba nervioso, aunque no entendía por qué; la decisión ya estaba tomada. Él se iría a casa con Baekhyun. La voz de Baekhyun tembló ligeramente:
—Bueno, supongo que lo único que queda es hablar… del precio.
—El costo de criar y entrenar un perro guía de primera categoría como Loey es de 42,000
Loey no entendía los números humanos, pero podía sentir la ansiedad que emanaba de su humano.
La expresión de su entrenador se suavizó:
—Pero el costo ya ha sido cubierto.
La voz de Baekhyun denotaba sorpresa:
—¿Q-qué? ¿En serio?
—Sí. Nuestra organización funciona completamente con voluntarios. Entrenar a estos perros es un trabajo de amor. Se entregan gratuitamente a personas que los merecen y que son cuidadosamente seleccionadas. Cuando supimos de tu situación… la muerte de tu madre… supimos que era momento de que tuvieras tu propio perro guía.
Loey podía sentir cómo temblaba la mano del chico, que seguía apoyada en su nuca:
—Pero… debo pagarles algo. No puedo simplemente…
—Se hizo una donación considerable en tu nombre, según lo estipulado en el testamento de tu madre. Esto era lo que ella quería para ti.
Baekhyun se arrodilló para quedar a la altura de los ojos de Loey, su rostro nuevamente al alcance de la lengua del perro. Con cuidado, Loey lamió el líquido salado que corría por sus mejillas. Baekhyun estaba triste, y Loey estaba decidido a que no lo estuviera. Ahora tenía al mejor perro guía del mundo entero. No debería sentir menos que emoción. Baekhyun abrazó el cuello del gran perro, y Loey permaneció pacientemente quieto. Era poco profesional, pero el chico estaba obviamente abrumado de felicidad, y supuso que podía permitirle un abrazo.
El entrenador entonces repasó todo con Baekhyun, explicándole cómo funcionaba el arnés de Loey, cómo Loey lo guiaría y cómo él, a su vez, dirigiría a Loey. Era una asociación. El trabajo de Baekhyun era decirle a Loey hacia dónde ir “izquierda, derecha o adelante” y el trabajo de Loey era mantener a Baekhyun en línea recta, evitando que chocara con cosas. Si Loey no avanzaba cuando Baekhyun se lo ordenaba, su entrenador le explicó que eso se llamaba desobediencia inteligente y probablemente significaba que no era seguro continuar. Loey avanzaría cuando fuera seguro, y solo entonces. La confianza, le dijo a Baekhyun, era clave. Loey sería sus ojos; vería los peligros que Baekhyun no podía percibir. Objetos bajos con los que podría golpearse la cabeza, cosas en movimiento que podrían cruzarse en su camino, bordillos, escalones, baches… Loey lo guiaría lejos de ellos con seguridad. Incluso podía reconocer botones de ascensor y cruces peatonales.
Repasaron todos los comandos de Loey, desde siéntate hasta busca, y Loey mostró sus habilidades con orgullo. Cualquier cosa que su humano necesitara, él era capaz de proporcionarla.
Para cuando salieron del centro de entrenamiento, Baekhyun ya se sentía cómodo con todos los comandos. La mano del joven descansaba suavemente sobre el arnés mientras Loey lo guiaba hacia el auto que los esperaba. Baekhyun subió y Loey lo siguió. Ya había viajado en coches antes y, aunque la experiencia le resultaba emocionante —y sentía la tentación de sacar la cabeza por la ventana para sentir el viento en su pelaje—, eso habría sido muy indigno. Además, Loey seguía empeñado en causar una buena primera impresión. Su humano era afortunado de que Loey lo hubiera elegido, y él estaba decidido a demostrarle cuánta razón tenía. Era un perro excepcional.
Viajó con la cabeza apoyada en el asiento, cerca del regazo de Baekhyun, adormilado y quieto, como le habían enseñado. Cuando su humano permanecía en calma, él hacía lo mismo. De vez en cuando, un bache o un ruido fuerte lo hacían levantar la cabeza para asegurarse de que no hubiera ninguna amenaza. Una vez confirmado que no había peligro, volvía a recostarse.
Los dedos de Baekhyun se entremezclaban con el suave pelaje de su nuca, rascándole ociosamente justo en el punto perfecto detrás de las orejas. Sus manos eran fuertes, pero delicadas. Loey observó al chico por el rabillo del ojo, entrecerrado. Sí, pensó para sí mismo, había elegido bien.
Había escuchado antes la palabra lindo y entendía su aplicación: para cachorros y cosas por el estilo, jamás para sí mismo. Una vez, una niña lo había llamado lindo, y Loey la fulminó con una mirada tan gélida que la pequeña regresó llorando con su madre. No, Loey no era lindo. Pero su nuevo humano sí lo era. Era increíblemente lindo, hermoso, de hecho. Era una palabra que Loey comprendía, pero que ciertamente nunca había aplicado a un humano… solo al tocino.
El perro siempre prestaba atención a los humanos, leyendo sus rostros y cuerpos en busca de señales, pero nunca había observado a nadie como lo hacía ahora con Baekhyun. Su humano era muy atractivo: pestañas largas, piel suave y una boca triste y vulnerable. Loey supuso que esa tristeza venía de estar acostumbrado a ser ciego y estar solo.
Pero Baekhyun ya no estaba solo. Y ya no era ciego, porque ahora pertenecía a Loey, y Loey sería sus ojos. Lo cuidaría.
Te protegeré porque eres Mío, pensó para sí mismo, Mío para proteger.