Chapter 1
- Q800, viera que me urge, ya tengo varios que han venido a verlo - y de inmediato se llevó las manos al bolsillo. Hice una mueca con los labios, no podía pagar más y al menos tendría una tienda al frente y no tendría que caminar mucho. Entiendo que venir de lejos a arreglar asuntos de alquiler debe ser tedioso.
No era como la habitación anterior pero ya me estaba ahorrando bastante. La transferencia fue rápida, envié el comprobante y listo. Podía comenzar a vivir allí. No es que tuviera muchas posesiones, pero lo poco que tenía era de mi orgullo, siempre me dijo mamá que debía tener una estufa, así que, a pesar de no saber cocinar y contar solamente con un vaso plástico y dos platos marrones como vajía, la pequeña estufa de dos hornillas era mi ser más preciado. Un cajón de madera que usaba de mesa de noche, un reloj viejo que aun me despertaba la alarma y el espejo roto que me ayudaba con la afeitada. Listo, mi habitación estaba armada.
Pase comprando tortillas y salchichas, no podia faltar la gaseosa y unos pastelitos con el manjar más duro que había probado. No era delicado al comer. Me consideraba robusto, el hambre siempre era mi punto débil, así que cualquier cosa era buena para calmar el apetito, ya estaba acostumbrado a sobrevivir con lo que encontrara a mi alcance.
Esa noche me sentía realmente animado, la habitación era muy clara, la pintura blanca me daba esa energía como de poder levantar dos muros de concreto como los levantados dos semanas atrás. Listas las botas, el pantalón de doble forro y mi eterna playera roja con mil manchas de pintura de todos los rótulos que había colocado. El programa de canto había empezado, ya había dado inicio el concurso que nunca llegaba a ver el final. Suspiré profundo, el día domingo había llegado a su fin. A pesar de la claridad de la habitación se encerraba un calor del demonio, nunca me acostumbre a dormir en calzoncillos, crecer a las faldas de un volcán te deja suficiente trauma de salir corriendo por un temblor. Abrí la ventana, no me importaba la gente del balcon de enfrente y menos que vieran mi locura para dormir, comencé emocionado a ver la tv, al instante de poner la cabeza en la almohada sabía que sería otra cosa, tratando de mantener los ojos abiertos, me venció al final. Un sueño profundo me golpeó cual mula de mi abuelo pateaba las gallinas. No se en que momento termino el concurso, tampoco me enteré del momento que comenzó a caer la brisa. Solo sabía que era muy tarde. Apague el televisor, acostado de lado viendo a la ventana. El aire me golpeaba la nariz, podía sentir como se erizaban todos los vellos de mis piernas, costumbre mía enrollarme en la sabana y al amanecer tener esta bajo la cama, nunca me podía explicar como pasaba esto. El aullido de los perros de enfrente me colmaban los oídos. Entre abría los ojos y sentí, sí, sentí que algo topo la cama, la vibracion de la misma me hizo abrir los ojos de par, en ese instante el peso de algo se acomodo a la par mía justo detrás de mi. En ese momento no reaccioné. Como pensando estar soñando, mire a la ventana, todo obscuridad. Cerré los ojos. Mi cansancio era demasido. Pero puedo jurar que alguien estaba acostado a la par mía.
El grito de la vendedora de fruta me despertó, los bananos y las piñas eran anunciados a todo pulmón. Fue de golpe. Abrí los ojos, mi primera reacción fue ver justo al lado. Levante la almohada, la sabana. Coloque la mano sobre la cama justo al lado mío. Nada. Sentía ese malestar que algo había pasado y no estaba seguro de qué. Pensé en los pastelitos tiesos que me había comido. Recordé nuevamente esa sensación. Algo se acostó junto a mí. Un sueño talves. Salí a bañarme, el anciano de la habitación de al lado me hizo señas que ya había terminado. Su toalla de la bandera de los estados unidos me gustó. Sentí su mirada arrugada viendo de pies a cabeza. Claro, soy el nuevo. Un par de guacalazos de agua fría bastaron para regresar a la realidad. No sabía si debía poner a llenar el tonel azul de nuevo, ya no tenía agua. La gente de las demás habitaciones de seguro también se bañaban.
Una fila de pan con frijoles y un atol de elote me esperaban en la venta de la esquina, solo de imaginar la zanja que tocaba escarbar me hizo pedir una fila más de panes con jamón. El lugar no era tan malo. Tenía la tienda enfrente, un puesto de desayunos justo en la esquina y la parada del bus al costado. Las demás cuadras se veían tranquilas. A pesar de ser una casa grande y la mayoría de habitaciones ocupadas se respiraba bastante tranquilidad, nada más que reclamar, el ladrido de los perros y los gatos por las noches era algo que sabía no me iba a incomodar. Estaba contento con la ventana que dejaba entrar el aire directo a mi cara al dormir.
El día estuvo pesado, pero una ves más satisfecho de encontrar un lugar donde dormir cerca de la municipalidad donde trabajaba de albañil. Ya estaba acostumbrado al trabajo pesado, mis manos con callos y mi piel curtida por el sol dejaban claro mi trabajo. No pensaba estar para siempre trabajando así, pero mi falta de estudios era un inconveniente con el que siempre topaba de frente. Aun no tenía el lujo de terminar los estudios.
Ocho pm, y con hambre para comer cuatro chuchitos de pollo. No queria comer más. El foco titilaba, olvide preguntar que si lo cambiaba me lo descontarian del siguiente pago. No podía permitirme gastos extras, ni la gripa de hacia dos semanas me permieron comprar algo para el malestar. El remedio de mi madre bastó para curarme - un limón con bastante jugo y un puño de sal, todo directo a la boca - recordé con ese sentimiento que solo las mamitas pueden despertar. La rutina para dormir del segundo día comenzó. Lave los dientes, arreglé la ropa del siguiente día, cepille las botas, deje listo en un bote de helado un buen puño de chicharrones, no tenía refrigerador así que estaba pidiéndole a Dios que no se arruinaran. Mire la barba espesa, aun no tocaba afeitar, podía estar así dos días más. Esta ves la ventana quedo cerrada, camiseta y pantaloneta y a dormir. Puse un programa de cocina, solían darme sueño. Y así fue. Abri los ojos, el programa aún continuaba, no debió pasar mucho tiempo desde que me dormí. Sería mejor apagar la TV, me gire al lado derecho, mi posición favorita y dormí.
Los perros ladraba, estaban justo al frente de la casa, podía escucharlos entre dormido. Y nuevamente pasó. Una sacudida en la cama, esta fue leve, sentí el vibrar en mis pies, tenía la vista hacia la ventana, el peso en la colchoneta, justo a mi espalda, algo se acurrucó. Esta ves no estaba soñando, mi estomago se retorció y mi corazón palpitaba rápido. No era un sueño, tenía a alguien detrás. Podía sentir el peso en la cama y peor aun, podía sentir su presencia, alguien estaba ahí. No era miedo o terror lo que sentía, simplemente ahí estaba, detrás de mi. Intente moverme, no pude. Girar el cuello era imposible, mi mente quería girar la cabeza y ver detrás, pero mi cuerpo no obedecia, la espera fue larga, pequeñas gotas de sudor rodaron por los surcos de mi frente, vi pasar el tiempo y de nuevo solamente dormí.
Colgue el pequeño espejo a un viejo clavo que sobresalia, la rajadura del medio no era impedimento para ver bien mi reflejo . Me acosté ensayando la posición que tendría dentro de unas horas. Podía ver la pared blanca desnuda, solo clavos y agujeros de cuadros pasados y mejor aún, el espacio detrás de mí. Nunca había pasado por algo parecido. No me consideraba miedoso. Esta era una sensación de inquietud, pensaba si realmente estaba teniendo pesadillas, todo era tan nítido, podía recordar todo por completo. Ya había pasado situaciones incómodas, o raras, en mi trabajo de albañil había encontrado sinfín de cosas en cada construcción que hacía, muñecos , velas, dibujos, ni mencionar los numerosos frascos de vidrio enterrados con fotografías que habían perdido toda claridad de imagen, siempre se encontraban en los viejos terrenos más alejados de la ciudad. Sabía de estas cosas pero nuevamente las palabras de mamita sonaban en mi cabeza -siempre con Diosito - repetía cuando alguien hablaba de alguna situación sin explicación. Trate de buscar una respuesta o estaba en eso; El cansancio antes de hacerme ver o sentir cosas me hacia quedar tendido en la cama sin quitarme la ropa sucia del trabajo. Mi sueño no era ligero, la cantidad de veces que me habían descontado por llegar tarde al quedarme dormido me aseguraba que mi sueño era demasiado profundo. Ya dos ocasiones y en ambas no pude girar la mirada. Algo me detuvo. No fue miedo. Estaba paralizado pero no aterrado. Esa extraña sensación. Deje todo listo y la posición exacta para no perder ese ángulo detrás. Solo era esperar.
Estaba de espaldas de nuevo, lo que pasara, prefería verlo en el espejo, no quería tener contacto visual directo. Tenía muchas dudas de que pasaría. Espere, mis ojos ya casi se cerraban, agotado por la cantidad de blocks que baje del camion esa mañana, no podía mantenerme despierto. Y sucedió, esta ves pude sentir, aun de espaldas como algo se deslizó por la habitación, directo al borde de la cama, ligero, casi cuidadoso como para no despertarme. Y esa presencia acomodandose detrás de mi. Mi corazón se acelero. El espejo, mi vista se clavo en el. Trataba de encontrar lo que estaba ahí. Mis ojos se saldrían de orbita. Por más que me esforzaba no encontraba nada, la claridad de la calle nos golpeaba directo, fue a propósito dejar la ventana abierta. Era la tercera noche. No podía dejar esto así. Segui buscando a través del espejo, nada, pero ahí estaba. Podía sentir esa presencia detrás. No había miedo, solo duda. Mis manos sudaban, lo iba a hacer, iba a girar, apenas levante la cabeza, un pequeño giro, vi de reojo. No puede voltear más. Totalmente solo. Supuse el cansancio me estaba dañando. Baje la cabeza de golpe. Dormí.
Nada cambio los siguientes días, abría los ojos por la mañana, tomar un baño, café con pan dulce en la venta de la esquina y a empezar la jornada. El trabajo que realizaba me robaba toda la energía posible, levantar muros, botar puertas, arrancar bordillos desde su base y al tener un momento libre, aparecía la sensación de algo inconcluso. Un tema que no terminaba de entender, pasaba algo pero no lo sabía, pero con el pasar de los días fue mucho más fácil de llevar. La sensación de frustración de no poder simplemente ver hacia atrás. Ni siquiera querer ponerme de pie, consideraba era mejor así, lo que sea que llegaba a dormir, parecia no querer estorbar. Pasaron los días y las cosas comenzaron a pasar igual. Caí en la cuenta, compartía la cama con alguien que no conocía y ni siquiera sabía de donde venía. No tenía miedo, la sensación de excitacion qué sentía cuando sucedía, era más por saber qué era, y el no poder actuar en ese instante, que algo no lo permitiera, eso era mi verdadero problema.
Cuando no llegaba a dormir cuando un par de tragos se cruzaban en mi camino, me preguntaba si llegaba ella, "ella", inconsientemente tome la imagen de alguien delicada, una figura femenina con cabello largo al acostarse a la par mía. Me provocaba ansiedad al mismo tiempo tranquilidad, a cierto modo tenebrosa por no encontrar una respuesta a los sucesos, pasaban los días y me acostumbraba a esa compañía de cada noche. Llegaba a pensar que cierto vacío comenzaba a llenarse del simple hecho de saber que esa compañera llegaba a ocupar ese espacio. Un espacio que hacía mucho tiempo me había negado a cubrir. Debe ser por la tóxica que consumió casi 9 sueldos por completo. Prometí jamás volver a cambiar mi forma de vestir y de andar por alguien más. Lo cierto era que me sentía a gusto, no me sentía solo. Me afeitaba más seguido y los baños nocturnos comenzaron a ser diario, inconsciente, me estaba preocupando por oler bien y verme bien, cuidando no incomodar a la compañera.
Caia la brisa de agosto, eran unos días demasiados locos. El aire frío se colaba por los agujeros del pantalón, que aun con lodo y raíces de chichicaste del terreno que limpie por la mañana, me recordaban las ronchas inmensas qué tenía por todas las piernas. Llevaba un mal humor que pocas veces reconocía. El solo recordar los 50 quetzales que alguien se había encontrado lleno de alegría gracias a mi me hacia hervir la sangre, no podía permitirme gastar más que los panes de la mañana y el café de la esquina. Las botas hediondas a lodo y caca de gatos volaron a mitad de la habitación, no tenía ni ánimos de bañarme, total, nadie estaba sintiendo el aroma a trabajo de todo el día más que yo, hacía semanas no había pensado así. Me arroje a la cama, ya casi sería la hora de la visita. Comencé a cerrar los ojos y me deje llevar por lo que mejor sabía hacer. Esa ves ves fue diferente, aun con el cansancio, sentí como "ella" se deslizó por la habitación, llego a la orilla de la cama, pude sentir su silueta de pie a mis pies. No se acostó en el momento, más parecía estar ahí, viéndome. Con la nuca helada, podía sentir esa presencia ahí de pie, simplemente observando. De pronto el movimiento de la cama y como se acostó a mi espaldaa, algo me impedía voltear a ver.
Siempre me apuraba a llegar, me parecía gracioso como al pasar las semanas, inconsientemente ya sabía que no dormía solo, incluso dejaba sin pasador la puerta, imaginaba que tendría complicaciones para entrar, me reía yo solo. Se volvió una costumbre apurarme a llegar, alistar mis cosas y acostarme temprano. No se si estaba loco, casi puedo asegurar que sentía hasta cierto alivio cuando llegaba ella, de una manera me sentía menos solo, no lo comenté con nadie, ni siquiera con Dios, era como si me sintiera más tranquilo de imaginar una compañera. Sí, pensé varias veces que estaba loco, era un asunto muy privado. Me reía de no saber lo que tenia a mis espaldas. Se convirtió en una relación. Yo sabía que llegaba, ella sabía que tenía un lugar. Pasearse por la habitación me hacia pensar que se sentía a gusto ahí. Pensaba en toda la gente que vivió antes en ese lugar. Me preguntaba si también los visitaba o simplemente se pegó a mi de algún lugar. Y contaron las semanas así, mismas preguntas, mismas respuestas. Una relación. Más dudas que respuestas.
Eran las dos am, mis ojos se inmediato al reloj quebrado sobre el cajon de madera. Nada. Estaba solo. No tenía compañía. Me sentí inquieto. Algo faltaba. Mire alrededor, nada. Levante la cabeza, vi tras de mí, puede hacerlo después de meses, pude ver detrás. El espacio vacío. Nada. Escuche los gatos sobre la lámina de la ventana. Escuche la música del cuarto de abajo. Nada más. Estaba completamente solo. Sin eso detrás de mi. Es irónico como lo que nunca viste hiciera falta. Eso me pasaba. Dormi de nuevo. No se cuanto tiempo pasó, minutos o unas horas, no lo sé. En un instante apareció. La reconocí al momento, era Ella. Recorrió la habitación. Sentí la presencia frente a la cama y se acostó detrás de mí. Sentí la sacudida, sentí la compañía. Una ráfaga de frío se colo por la ventana. - Donde estuviste? - Palabra que salió de mi boca como sonámbulo qué no sabe lo que hace. Palabras dichas antes de tener control de mi. Era la primera ves que me dirigia a lo que fuese estaba ahí. Y la respuesta me heló.Una sacudida en la cama. Un gruñido. Ese sonido que cubrio toda la habitación hasta rebotar en mis oídos. Un sonido agudo que hizo temblar mis huesos. Un eco de horror que hizo vibrar hasta mi última gota de sangre. Me habló, un susurro, pude oír el aullido del perro de enfrente. Todo mi cuerpo se paralizó. Sentia los latidos del corazón rezonando en mi cabeza. Entre en pánico, estaba justo detrás de mi, podía sentir que se me acercaba para susurrarme al oído. Mi cuerpo reaccionó, salté de la cama y corrí, abierta la puerta de par en par salí en carrera y no me detuve.Como alma qué lleva el diablo no vi atrás, de un salto crucé banquetas, sentía mi alma salirse por mi boca. Cuadras adelante me desplome en la acera , sudaba helado. Todos los poros de mi cuerpo estaban a flor de piel. Varias voces me preguntaban que paso, - asalto - alcance a escuchar, - borracho - fueron otras frases que alcance a distinguir. No me moví.
Espere más claridad, caí en la cuenta que estaba descalso, solo camiseta y pantaloneta. La puerta aun estaba de par en par cuando volví, mi corazón latía rápido de nuevo, coloque todo en una bolsa para basura, no me preocupe en ordenar nada. Zapatos, playeras, comida, todo dentro de la misma bolsa. Agarre el cajón de madera, guarde el reloj y el pequeño espejo roto. Sea lo que sea que olvidara, ahí se iba a quedar. Llamé al dueño de la habitación, solo mencioné una emergencia grave y debía regresar a mi pueblo, frases cortas y listo. No voltie a ver más. Tome el primer bus que encontré, no sabía a donde iba. Solo debía irme de ahí. No sabía si era real o no ese momento. De cual sueño aun no despierto. Sea lo que sea que había vivido conmigo todo este tiempo, no fue mi imaginación, esa compañía de meses, espero ahí se quedara. Jamás pude voltear a ver. En mi cabeza aun me hacia eco ese sonido, - ¿susurró mi, nombre? El autobús marcó la marcha, una inmensa nube de humo negro quedó detrás. El día seria soleado. Un rumbo sin definir.
Q.