Farther Lands

All Rights Reserved ©

Summary

¿Que pasaría si pasaría si mezclas un battle royal, juego de cartas de invocación y un poco de dominio y sumisión? Farther Lands. Rachel Frost, una chica en su último año de universidad se ve envuelta en una competencia en dónde su vida correrá peligro y deberá combatir en duelo en un juego que no ha tocado desde hace diez años. Por suerte, no estará sola, Alyson Pavlov estará a su lado como su compañera o, mejor dicho, como su carta del triunfo. Sin embargo, el estar tanto tiempo juntas podría desatar algo más pasional y carnal entre ambas, después de todo no dejas a solas a una alfa y una omega sin que una de ambas partes caía en los instintos de la otra. ¿Podrán sobrevivir a este torno y, aún más importante, la una a la otra?

Genre
Lgbtq
Author
AreiaNight
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Era otro día de universidad para Rachel, una joven omega cuyo crespo cabello negro revoloteaba por su espalda mientras caminaba a su salón de clase, movía la cabeza al ritmo de la melodía de sus audífonos. Al entrar notó que varios de sus compañeros rodeando una de las mesas compartidas, en el centro del éste pequeño círculo habían dos chicos, ambos con un mazo de cartas cada uno y por lo que Rachel podía escuchar estaban en medio de un duelo. La chica simplemente se quitó uno de sus audífonos para escuchar mejor y entonces logró percibir el alboroto, sin más se volvió a colocar su audífono y se sentó en su lugar a esperar que el profesor de turno llegara.

Todos conocían aquel juego, debías vivir bajo una roca si no era así. Farther Lands. El gran juego que todos morían por probar, de ser una actividad de nicho de repente se volvió un fenómeno global el menos de tres años, no solo con competencias mundiales, sino que su sistema podía llegar a ser tan complejo que ser un buen jugador podría abrirte puertas a buenas instituciones o inclusive llegar a ser uno de los jugadores de élite que entretenían masas. Rachel había jugado en su momento, no iba a mentir, inclusive tenía un mazo olvidado en algún lugar de su habitación, pero en el momento en el que aquel juego dejó de lado el ingenio y se concentró en quién tenía la carta más poderosa le dejó de interesar.

Mientras escuchaba los gritos de sus compañeros, su mejor amigo, un chico alfa alto con una sonrisa encantadora que era el deleite de las chicas, se acercó para sentarse a su lado. Junto a él se podía ver su pequeño mazo de cartas que siempre llevaba con sigo, Michael no solo era una cara bonita, sino un jugador nato que estaba apuntando a volverse uno de los mejores jugadores del mundo y Rachel sabía que lo lograría, su padre tenía una pequeña empresa que le permitía tener acceso a las cartas más recientes y contactos que podrían llevarle tan lejos como él quisiera.

— Buenos días, Rachel —. Saludó el joven de cabellera roja, sus rizos coquetos revoloteaban por todos lados cuando movía la cabeza. — Mich, ¿qué te trae por aquí? Usualmente te saltas las horas matutinas para entrenar —. Michael solo soltó una pequeña risita. — Lo sé, pero hoy es un día especial. Hoy sale la nueva expansión de Farther Lands. — ¿Y...? Sabes que no juego eso desde hace años —. Rachel miró a su amigo esperando de una vez que le dijera lo que ella sabía que iba a preguntar. — ¿Quieres venir conmigo? Podemos saltarnos la clase de historia e ir al centro de distribución, tengo un acceso para dos personas.

La joven de ojos miel sopesó un poco la idea, usualmente historia era de las clases que más le aburría, no porque no le gustara la materia, sino que su profesora se la pasaba hablando de todo menos de lo que debería.

— Supongo que puedo acompañar tu linda carita a buscar tus cartitas, pero después vamos por algo de comer que hoy salgo hasta las cinco. No todos somos súper estrellas con futuros prometedores —. Accedió finalmente Rachel haciendo reír a su mejor amigo. — ¡Hecho! — Michael extendió su mano estrechándola con la de Rachel.

Dos horas después, el par de amigos ya estaban en camino al centro de distribución de las cartas Farther Lands, un edificio alto y excéntrico que se alzaba en la parte rica de la ciudad, un lugar que Rachel solo visitaba cuando iba con Michael. En la punta se podía observar un gran para rayos que según tenía entendido usaban como energía de soporte cuando había alguna falla eléctrica o simplemente cuando necesitaban más energía.

Una vez en la entrada, Rachel pudo distinguir el característico logo de Farther Lands, un círculo cruzado con varias flechas en todas las direcciones y las iniciales “F.L” en el centro indicando que aquel lugar era parte de la franquicia oficial. Observó los alrededores y pudo ver a varios promotores corriendo de un lugar para el otro junto con una gran fila esperando a que las puertas se abrieran, sin mentir, Rachel había contado más de ciento cincuenta personas esperando a que abrieran. En ese momento agradecía estar con Michael que tenía contactos para evitar aquella espera o de lo contrario no hubiese dudado en darse la vuelta y dejar a su mejor amigo ahí tirado, si Rachel carecía de algo era paciencia.

Siguío a su amigo a la entrada y éste mostró su credencial como jugador en entrenamiento junto con unos mensajes en su celular, en cuestión de minutos ambos estaban adentro y en una pequeña sala de espera. Mientras Michael hablaba con los encargados para que le entregaran la caja de cartas que le habían prometido, Rachel observó una de las pantallas y notó algo que le llamó la atención. Estaban promocionando un nuevo dispositivo que no solo prometía una experiencia sensorialmente superior a lo establecido al momento de jugar, sino que también traería a la vida a todas aquellas criaturas que se usaban para jugar y así hacer los enfrentamientos más impactantes y espectaculares.

— ¿Interesada? — Escuchó la voz de Michael a la distancia, el chico se encontraba recargado en la mesita del recibidor esperando sus cartas. — No realmente, pienso que será algo así como realidad aumentada que, debo decir, no es lo mejor del mundo —. Contestó la chica de cabello azabache encogiéndose de hombros. — No creas, han estado trabajando en eso por años. Tengo ganas de probarlo. — Y están de suerte, tenemos algunos disponibles para venta anticipada —. Habló una tercera persona haciendo que ambos chicos voltearan a ver al dueño de aquella voz. — Soy el doctor Kirpal, líder investigador y supervisor de este centro de distribución. Tú debes ser el joven Michael Liu. — Sí, creo que mi espónsor, el señor Mathon, le habló de mi. Vine por el nuevo paquete de expansión que saldrá hoy. — Ah, si, Mathon y yo hemos sido amigos desde que estábamos en la universidad, me dijo que tenía una joven promesa bajo su ala —. Asintió el doctor Kirpal mientras iba detrás del mostrador no apartó la vista de ambos jóvenes. — ¿Y usted, señorita? — Rachel, Rachel Frost —. Se presentó Rachel no tan eufórica, cosa que llamó la atención del hombre logrando hacer que soltara una sonrisita. — Supongo que no eres tan fan como tu amigo. — Solía jugar cuando estaba en la secundaria, dejé de hacerlo cuando se volvió un juego de pagar para ganar. — ¡Rachel! — Le reprendió su amigo, pero el hombre soltó otra risita. — No, está bien. Yo aún recuerdo cuando cualquiera podía hacerse de estas cartas... hasta que el costo de producción incrementó.

Algo en el tono en el que el doctor había dicho eso hizo que algo en Rachel se sintiese extraño, como si ocultase algo, pero decidió no hablar, no por el momento al menos. Sin más, el hombre sacó dos cajas grandes de cartas y las puso en la tarima del mostrador.

— Aquí tienes, dos cajas de nuestra reciente expansión edición coleccionista con variantes y algunas cartas de mana extras.

Seguidamente, el doctor sacó otras tres cajas. Dos de ellas eran aquel aparato que prometía traer las cartas a la vida y la última una caja vieja, de las primeras ediciones que se hicieron cuando el precio había incrementado. Rachel recordaba aquella colección con cierta apatía, fue la primera colección que había mandado por el caño el ingenio y ahora el que podía pagar por la mejor carta ganaba.

— Tenemos estos dos extras, pueden tomarlos, cortesía de la casa —. Sonrió Kirpal. — Este mazo ya no se venderá, así que supongo que podría tener un mejor dueño.

Michael tomó el mazo y frunció en ceño.

— Éste es un mazo oscuro, yo solo juego con mazos de luz y de sabiduría —. Sin más, se lo pasó a Rachel. — Tu jabas con este, ¿no? — Bueno, sí, mi mazo principal era un mono-oscuro —. Confirmó la chica tomando el pequeño paquete con el símbolo de una sombra rodada de morado y negro que marcaba su tipo de energía. — Pero eso fue hace años, ¿para qué quiero esto? — Quizá con esto podemos volver a jugar de nuevo, no es competitivo, pero puedo usar uno de mis mazos viejos y divertirnos como antes.

Rachel miró el mazo, algo en éste era diferente, como si la llamara. Su cuerpo se estremeció ligeramente, pero la idea de dejarlo no parecía ser tan apetecible como ella pensaba. Quizá era nostalgia, quizá simplemente extrañaba jugar con Michael, cualquiera que fuese la razón solo pudo suspirar.

— De acuerdo, me lo quedaré. — ¡Excelente! — Sonrió Michael.

Con una sonrisa enorme, ambos chicos se despidieron del doctor Kirpal y salieron de la pequeña sala en donde estaban con las cajas que les habían dado. Al momento de marcharse, las puertas del local se abrieron y vieron como una estampida de gente entraba sin control gritando y exigiendo las nuevas cartas. Rachel sintió algo de pena por los encargados de aquel lugar, sobre todo cuando una chica empezó a gritarles de porque se tardaban tanto en atender a pesar de los cinco empleados estaban ocupados y dando lo mejor de ellos. Desde que Farther Lands se volvió prácticamente un reflejo de tu estatus social las cosas eran un caos.

El par de amigos se encaminó a un puesto de hamburguesas cercano y tras una buena comida para recuperar energía, Rachel y Michael decidieron que era momento de separase. Michael tenía que abrir todas las cartas nuevas y armarse un nuevo mazo para poder competir en las próximas temporadas de la liga de Farther Lands y Rachel tenía que estudiar para un examen de ciencias sociales que debía aprobar o de lo contrario su beca correría peligro. Así que sin más, los amigos se abrazaron haciendo que varias chicas miraran con desdén y envidia a Rachel, después de todo era muy extraño ver a una omega ser así de cercana con un alfa sin que ambos fuesen pareja.

La noche había caído más pronto de lo que Rachel imaginaba, en su dormitorio solo se encontraba ella, su compañera de cuarto había decidido ir a ver a su novio y pasar la noche con él. Mientras la joven seguía con la nariz metida en varias tesis que debía estudiar y analizar para su próximo examen, el pequeño paquete de cartas que no había abierto junto con el aparato que le habían dado seguía intacto a su lado. Ya había pasado por su mente varias veces el pausar para abrir los paquetes que tenía, pero siempre lograba convencerse de que podía esperar. Sin embargo ahora, con casi la mitad de los documentos leídos, la tentación era más grande.

Rachel observó de nuevo los paquetes por unos segundos más y gruñó ligeramente, algo inusual en una omega con ella. Primero decidió abrir el artilugio que tanto promocionaban, con cuidado agarró un cuter que mantenía en su cajón y cortó la tira negra de cinta adhesiva, separó las solapas y ahí estaba un artefacto parecido a un reloj inteligente con pantalla algo más grande y por lo que decían las instrucciones, solo bastaba con pasar la carta sobre la pantalla para que éste hiciera su trabajo de traer las cartas al mundo real. La chica no pudo evitar soltar una risita ante tremenda premisa tan absurda.

Dejó de lado el artefacto y se concentró en el deck que le habían regalado cuando fue a acompañar a Michael. Con cuidado lo tomó entre sus manso y la abrió sacando las cartas, lo primero que vio casi le dejó sin aliento. Una mujer de cabello negro, ojos púrpuras y un vestido largo del mismo color que su cabello. Conocía esta carta, cuando aún jugaban siempre deseó tenerla entre sus manos, la maestra de la muerte y domadora de demonios, Alyson Pavlov.

Con delicadeza acarició el rostro de la que alguna vez fue su crush y soltó una risa irónica, ¿quién diría que después de tantos años la tendría en sus manos? Con cuidado, se paró sin soltar la carta y se acercó a uno de sus cajones de su mesa de noche, abrió uno de éstos y ahí estaba el mazo que por tantos años jugó. Un mazo oscuro repleto de demonios cuya estrategia era hacer pactos con éstos para drenar la vida de su oponente y ella ganar puntos extras. Era un buen mazo hasta que obviamente dejó de ser viable y ahora cualquier carta fácilmente podía hacer que su estrategia fuese contrarrestada. Aquel mazo era perfecto para Alyson.

— ¿Quién lo diría, huh? — Se dijo a sí misma tomando su antiguo mazo y regresando a la meza para observar el resto de cartas.

Después de un rato leyendo los efectos, los contratos de los nuevos demonios e investigando un poco, creó un mazo ideal para Alyson, uno que usara sus habilidades como base principal.

— Listo, creo que con esto podré jugar al menos con uno de los viejos mazos de Michael y tener una mínima oportunidad —. Se dijo a sí misma la chica feliz. — Ahora, ¿cómo funcionará esto?

Rachel observó con cierto interés el aparato en forma de reloj y de nuevo a su mazo, ¿qué más daba si solo lo probaba para ver como funcionaba? No había nadie y si era la experiencia de más pena aneja de la vida al menos solo estaría ella de testigo. Así que en un arrebato de determinación, tomó el reloj y lo puso en su muñeca. De inmediato, el artefacto emitió un pitido y se activó, sintió como automáticamente se ajustaba a su muñeca y le sorprendió ver que de inmediato le lanzaba sus estadísticas de puntos de vida, pero lo que le llamó la atención fue algo llamado “fidelidad”, ¿quizá una nueva mecánica que no conocía?

Con cuidado, la chica tomó su mazo y empezó a pasar las cartas para elegir con cual sería su primera prueba, al inicio quizo usar a un demonio menor que solo le costaba cinco manas y como tenía acceso a sus cartas de recarga de mana, no sería complicado agregar lo necesario. Aquello le dio una idea, buscó la carta de Allyson y vio que necesitaba seis manas para poder invocarla, lo pensó un momento y buscó seis cartas de mana oscuro, las pasó por la pulsera y vio como éste registró todas las cargas de mana. Podía hacerlo.

Suspiró profundamente, eso era una locura, ¿qué era lo que podría pasar? ¿Que un mal holograma se presentara y dijera la frase más penosa de la vida? Podría vivir con eso. Así que sin más, tomó la carta de Alyson y la pasó sobre su reloj. De inmediato, de éste salió un haz de luz que empezó a formar la figura de aquella mujer que estaba ilustrada en su carta. Cuando la luz desapareció, Rachel casi se cae de espaldas, lo que tenía enfrente no era para nada un holograma mal hecho, las luces de su habitación rebotaban en aquella piel pálida, eso ojos morados eran demasiado humanos y la tela de su vestido era demasiado real.

— ¿Quién eres tú? — Esa voz, casi podía escuchar a su omega ronronear con aquella voz dominante e imponente —. Habla, campesina, o de lo contrario te haré hablar.

En seguida el aroma a lavanda con un ligero toque a vainilla le invadió las fosas nasales, una alfa. Jamás había visto una mujer con dicho estatus, sabía que existían, pero era muy extraño de encontrar y ahora una estafa frente a ella. Tuvo que dar lo mejor de si para controlar sus propios impulsos.

— R-Rachel —. Finalmente pudo encontrar su voz la joven. — Soy Rachel. — Rachel —. Repitió su Alyson aquel nombre y sin pensarlo dos veces empezó a rodearla como su de una presa se tratase. — Dime, ¿qué clase de magia usaste para sacarme de mis aposentos y traerme a este despreciable lugar?— No sé, solo usé esto —. La chica alzó su brazo mostrando el el reloj que tenía en su muñeca. — Solo acerqué tu carta y-— ¿Carta? — Preguntó la dama de cabello negro. — ¿Crees que realmente voy a tragarme semejante cosa? Soy Alyson Pavlov, domadora de demonios y reina de las artes oscuras, ¿crees que solo una simple carta podría invocarme?

Rachel en ese momento tomó otra carta, esta vez la de un pequeño demonio que no costaba más de un simple maná. Lo acercó al artefacto de su muñeca y así como había materializado a Alyson, un pequeño ser de escasos medio metro surgió de aquel haz de luz. La mujer de ojos púrpuras frunció el ceño.

— Así fue como te invoqué, sé tanto como tú de como funciona esto, solo sé que al momento de acercar cartas ustedes aparecen.

El pequeño diablito revoloteaba por el lugar mientras Rachel seguía con su explicación, curioso se acercó a Alyson y ésta alzó la mano para simplemente erradicar aquella molestia, pero cuando quiso usar su magia notó que le era imposible.

— ¿Pero que-?

Alyson trató de hacerlo otra vez, pero su magia simplemente no parecía funcionar.

— ¡¿Qué me has hecho?! —. Demandó saber la mujer con un tono peligroso. Rachel supo que debía explicarle las cosas, aunque no sabía como lo tomaría.

— Sé que sonará extraño, pero... huh... —. Con cuidado, la chica le entregó su carta a Alyson. — Eres un personaje de este juego de cartas llamado Farther Lands.

La mujer arrebató la carta de las manos de Rachel y empezó a leer el texto que venía junto a un hermoso retrato de ella.

— Alyson Pavlov, maestra de la muerte y domadora de demonios. Bueno, al menos eso es correcto, aunque yo me podría gran maestra de la muerte —. El tono tan serio que había usado Alyson al decir lo último hizo reír a Rachel, su personalidad era justo como ella la había imaginado y su omega interna ronroneaba aún más —. Siempre que un demonio haga un pacto con el jugador y mientras Alyson esté en el campo de batalla, el jugador puede acceder al pacto demoníaco sin pagar su precio de maná. Si un demonio que no controla el jugador entra al campo de batalla, el jugador enemigo pierde X donde X es la cantidad de fuerza del demonio de vida y el jugador gana esa misma cantidad de vida. Agrega un punto de ataque y resistencia a Alyson por cada demonio que controlas. — Esa es tu habilidad base —. Interrumpió Rachel mientras tomaba otras cartas de su mazo y se las pasaba a Alyson —. Estas son cartas de hechizos, puedo usarlas para agregar más habilidades.

Alyson con algo más de delicadeza, pero con misma cantidad de desdén, tomó las cartas que le estaba ofreciendo Rachel.

— Si una carta llamada Alyson está en el campo de batalla, agrega un contador positivo a cada demonio que controlas.

Otra carta.

— Si el rival fuese a llamar un pacto demoníaco o un encantamiento oscuro, gana esa misma cantidad de vida dónde la vida es igual al coste de maná. Si controlas una carta llamada Alyson, agrega un número igual al maná usado a tu pozo de maná.

Otra carta.

— Puedes regresar un demonio, esqueleto, vampiro o ghoul al campo de batalla sacrificando dos criaturas que controlas, si tienes una carta llamada Alyson bajo tu control, puedes sacrificar dos puntos de vida.

Alyson pasó un par de minutos leyendo cada carta que Rachel le daba hasta que finalmente llegaron a la última. La gran maestra de la muerte dejó ir un ligero suspiro aún cargado de cierto desdén.

— Así que básicamente soy una especie de pieza de ajedrez en este jueguito tuyo.

Rachel se dispuso a replicar, pero un destello irrumpió su charla. El cielo nocturno tembló con un crujido extraño, como si se partiera en dos con un potente estruendo semejante a la caída de un rayo. Entre las nubes desgarradas, el rostro enmascarado de un hombre con el símbolo del caos que llevaban las caretas apareció entre luces y retumbes.

— Jugadores de Farther Lands —. Su voz resonó dentro de cada pecho, imposible de ignorar. — Creo que para este momento, se han dado cuenta que las cartas que antes usaban para jugar no son simples pedazos de cartón de colores.El aire se volvió pesado, como si cada palabra hundiera a Rachel y Alyson bajo toneladas de plomo, ambas corrieron a la ventana para poder distinguir mejor al hombre y escuchar atentamente sus palabras.— Cada carta es un vínculo, un contrato con seres de un mundo paralelo que ahora se abre paso hacia el suyo. Y ustedes, los pocos que pueden escuchar a sus compañeros, han sido elegidos.Un resplandor púrpura cruzó el cielo y en la muñeca de Rachel, el artefacto vibró, proyectando el número 3 en su pantalla junto con tres puntos verdes. Anonadada, miró a Alyson preguntando mudamente qué pasaba, pero la gran domadora de demonios por primera vez estaba tan confundida como su nueva compañera.— He dispuesto un reto. Un torneo donde solo los verdaderos duelistas sobrevivirán. Cada uno de ustedes carga ahora un contador. Cada quince días deberán tener un duelo contra algún otro jugador. Si se rehúsan o no pueden encontrar a alguien más que haya sido elegido por mi... sus contadores llegarán a cero, y con ellos, sus vidas.El enmascarado inclinó la cabeza, la capa de tela impedía ver cualquier clase de expresión en éste y su tono neutro no ayudaba en lo más mínimo, parecía un ser onírico.— Tres oportunidades. Tres derrotas y serán absorbidos por la dimensión de Farther Lands, condenados a permanecer junto a las criaturas que alguna vez pensaron eran simples cartas hasta que el último resquicio de su alma se consuma.Rachel sintió que el frío le calaba los huesos, apretando el artefacto con la mano temblorosa contra su muñeca.— Pero no teman... cada victoria reinicia el contador dándoles así otras tres oportunidades. Luchen, sobrevivan y reclamen la oportunidad de enfrentarme a mí, Abyss. Si el elegido logra derrotarme, restaurará la frontera y liberará a todos aquellos que hayan caído en el camino.Su voz descendió hasta convertirse en un susurro glacial que atravesaba la piel.—Si falla... ambos mundos serán destruidos y convertidos en polvo.El eco de su risa retumbó en el cielo hasta desvanecerse dejando a Alyson y a Rachel de nuevo a solas. Ambas se vieron y a pesar de que querían creer que todo aquello era una especie de broma, un truco de sus mentes, el peso del reloj en la muñeca de Alyson con aquellos tres círculos verdes era un recordatorio de que aquello era muy real. Rachel Frost, una joven que había dejado de jugar Farther Lands hacía más de diez años ahora por caprichos del destino y de un ser que iba más allá de cualquier cosa que ella pudiese pensar le estaba condenado a jugar si es que no quería que su vida terminara a la corta edad de veinticuatro años. No solo debía aprender como jugar de nuevo, sino crear un nuevo mazo que pudiese trabajar bien con cualquier tipo de mazo que se le enfrentase. No sabía si se enfrentaría con personas con mejores cartas o que tuviesen más experiencia, lo único que sabía es que su vida dependía de ella y de la mujer que la estaba viendo tan perpleja como de seguro ella se encontraba.