Capítulo único
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Nota: día 14 y salió cortito jajaja, con ellos jóvenes e insufribles, buscando cualquier excusa para tocarse. Si les gustó no olviden dejar un voto y comentario :3
Tom desde siempre le había gustado molestar a su gemelo, no lo sabía por qué, es decir, no eran molestias como las que recibían en la escuela, no, de esa clase, eran bromas inocentes, para tener la atención de Bill… El único problema es que luego Bill se enojaba, y en realidad me divertía hacerlo enojar, porque se ponía rojo y fruncía el ceño, sin embargo, Bill no sólo gritaba o le reclamaba sino que lo golpeaba.
Desde pequeños era que Bill siempre había sido muy de tocar, cuando se reía tocaba a Tom, cuando se enojaba también, era como si Tom fuera una extensión suya, en sí, también era de tocar a otras personas, pero más a Tom, y entonces se daban problemas entre ambos porque Tom lo molestaba, y Bill le pegaba por fastidiarlo. Pero también que Bill a veces lo tocaba innecesariamente cuando en ocasiones Tom estaba muy ensimismado dentro de su cabeza y Bill estaba allí, jalándole del cabello, o pellizcándole en el lóbulo de la oreja.
—Basta, deja de tocarme —se quejaba Tom cuando tenían ocho años.
—Oblígame —soltaba Bill en tono desafiante, y terminaban pegándose hasta que su madre los separaba.
Y ya se hizo costumbre, que Tom y Bill acabaran peleándose siempre, haciendo que Charlotte se desesperara, en la escuela de igual modo lo hacían, aunque si alguien quería meterse se iban contra ellos, porque se defendían de otros por más veces que se golpearan, hasta dejarse marcas, no dejaban que nadie le buscara hacer daño al otro.
Cuando empezaron con Black Questionmark, con Bill peleándose con Tom por fallar en algún acorde, precisamente cuando conocieron a Georg y Gustav, formando así Devilish, es que los mayores estaban habituados a las peleas de los gemelos.
Porque nunca pararon, cuando ya tuvieron el contrato con Sony, y dejaron de ser Devilish para convertirse en Tokio Hotel, es que… Georg, se sintió superado por esta situación.
—Ustedes tienen catorce años, camino a los quince, deben comprender que tenemos esta oportunidad de salir adelante, haciendo lo que nos gusta sí pero también no por ello meterte menos seriedad. Yo también soy joven, pero soy mayor que ustedes, no por eso digo que soy más maduro ni nada, sólo que… Tienen que arreglar sus problemas y bajarle a su agresividad, porque entiendo, es normal pelearse con su hermano pero no pueden estar agarrándose a golpes todo el tiempo, en serio, piénsenlo bien, chicos —habló Georg, que él también tenía dieciséis años camino a los diecisiete, y como el mayor sentía algún tipo de responsabilidad.
Bill y Tom dejaron de golpearse y se pusieron a reír.
—¿Y ahora qué dije de gracioso? —cuestionó Georg arqueando una ceja.
—”Yi sii miyir qui istidis” —repitió Tom haciendo caras graciosas, en lo se enroscaba una rasta en su dedo, sacando pecho intentando lucir más musculoso.
Bill se puso a reír más. Gustav suspiró y Georg puso los ojos en blanco.
—Ay, ya, mátense entre ustedes —soltó Georg.
…
Pero el tiempo pasaba y ellos seguían, claro, no todo eran problemas entre ambos, no, la verdad es que tanto Bill como Tom se amaban mucho, y tenían momentos donde sí se abrazaban y reconfortaban, principalmente al estar lejos de casa, siempre habían sido el refugio el uno del otro, porque mamá les había pedido desde niños que ni se aferraran a ella, porque podría morir en cualquier momento, así que tanto Bill como Tom sabían que la persona más importante en sus vidas, eran ellos, a quienes más amaban, pero también quién más detestaban.
Cuando tuvieron dieciséis años, estando ambos con el apogeo del hit de Durch den monsun, y con su álbum debut Schrei, ahora con contrato de Universal, es que tuvieron una pelea especialmente fuerte luego de ensayar, con Bill y Tom dándose puñetazos y jalándose el cabello, porque Tom le escondió el maquillaje a Bill, y Bill le rompió un par de las uñas de guitarra a Tom en venganza.
—¡Ya basta, carajo! ¡No pueden estar sin tocarse un sólo minuto! ¡Dios, parecen unos recién casados en su luna de miel pero en vez de coger se agarran a golpes! Incluso nosotros tenemos que darles privacidad para que no nos caiga nada encima —vociferó Georg, ya cansado de Bill y Tom, él ya tenía dieciocho años, Gustav diecisiete, y los gemelos dieciséis, igual de insufribles que siempre.
—Mejor, dejémoslos solos, Hagen, y ustedes, esposos recién casados, no rompan nada, y no se arruinen las caras, que luego es difícil que alguien disimule una ceja rota con maquillaje —barbotó Gustav, y Georg lo siguió, dejando a los gemelos solos, con Bill sobre el regazo de Tom, con el puño que no llegó a impactar en la cara de su gemelo.
—¿Nos vemos como un matrimonio? —cuestionó Bill, sintiendo indignación que opacaba la rabia que tenía por su gemelo.
—Pues si fuéramos un matrimonio, tú serías la novia con falda escocesa y cabello de erizo —chanceó Tom riéndose ahora.
Bill, en vez de enojarse se rió también y se salió de encima suyo, echándose al costado de su gemelo, ambos mirando el techo, con sus hombros chocándose.
—¿Por qué siempre peleamos? —interrogó Tom sin ver a su gemelo.
—Porque eres molesto, Tom. Creo que disfrutas hacerme enojar, como si se tratara de un deporte para ti, ver cuántas veces haces enojar a tu gemelo —respondió Bill, tambolireando sus dedos encima de su propio vientre, sin dejar de mirar hacia arriba.
—Bueno, no te quedas atrás, también eres muy molesto, Bill, y siempre eres tosco, incluso más que yo, muchas veces no te respondo a los golpes que sueltas, pero otras veces sí. Incluso cuando no estamos peleando, me pegas, como si realmente fuera cierto lo que dice el resto de que no podemos dejar de tocarnos —masculló Tom, que de hecho, ahí echado al costado de Bill, metió su meñique en el bolsillo del pantalón de su gemelo, casi por inercia, uno siempre se pegaba al otro, y siempre buscaban estar juntos.
—Es más fácil pegarte que besarte —soltó Bill en voz baja.
—¿Qué? —inquirió Tom, queriendo levantarse, pero Bill le apoyó una mano sobre el pecho, haciendo que volviera a su posición.
—No me mires, no me juzgues y olvida lo que dije —pidió Bill con tono de advertencia, aún sin verle.
—Puede ser que yo también quiera molestarte para que me beses, digo, para que me pegues y así tener tu atención… —farfulló Tom en voz baja, sonrojándose.
—¿Entonces no piensas que estoy enfermo? Cómo si no bastara con ser marica, sino también un incestuoso —musitó Bill, sintiéndose frágil en ese punto.
—Pues entonces también soy un marica enfermo porque muchas veces luego de nuestras peleas, me la jalo en el baño porque se me paró por estar tan cerca de ti —confesó Tom, sonrojado a más no poder, aunque agradeciendo que estuvieran solos y que Bill no lo viera al hacerlo, porque sabía que sí, que Bill le irritaba, pero lo amaba y que recibir un golpe suyo, o terminar peleando, era la excusa perfecta para estar tan cerca sin que estuviera mal.
Antes de poder seguir sintiéndose avergonzado, Bill se lanzó sobre él, Tom cerró los ojos por inercia, esperando el golpe, pero lo que sintió fueron los labios de su gemelo impactar sobre los suyos, y abrió los labios por la sorpresa, consiguiendo que Bill colara su lengua dentro suyo.
El de cabello corto empezó a frotar su pelvis contra la de su gemelo, sujetando las manos de Tom, apoyándolas contra el suelo, entrelazando sus dedos, y el de rastas gimió cuando Bill le jaló el labio inferior levemente, sin dejar de mecerse sobre él, haciéndole sentir que él también estaba duro por la previa contienda, incluso sin hablar, podía saberlo, Bill también se masturbaba luego de sus peleas.
Bill mordisqueó la quijada de Tom, y luego su cuello, como buscándole transmitir todo ese daño que daba en golpes, pero en la intensidad del sexo… No, esto era más que eso.
—Te amo, pero te odio, pero te amo, y odio amarte… No odio que seas mi gemelo, porque sé que si fueras alguien más no sería lo mismo… —confesó Bill contra el cuello de Tom.
—Te amo, Bill —correspondió a la confesión de su gemelo, porque Tom lo amaba mucho y se sentía tan ligero al decirlo en este contexto, porque sí se decían que se amaban, pero entendía que en este punto se hablaba de un amor que trascendía lo fraternal, que estaba aunado a lo romántico.
Bill volvió a morderlo en el cuello, con fuerza y saña, pero Tom soltó un grito, que era en parte por excitación, y por el dolor.
Bill lo soltó solamente para desvestirlo de la cintura para abajo, con él bajándose solamente el cierre y bóxers, liberando su erección.
Ninguno era virgen, igualmente no era el lugar más propicio hacerlo en el suelo de la sala de ensayos, que por suerte no tenía cámaras y estaban solos, no había lubricante ni condones… Tom mismo sabía que era virgen deeselado, pero igualmente dejó que Bill chupara sus dedos, para situarlos en su raja, comenzando a empujar dentro suyo, moviéndose para buscar dilatarlo, y Tom estaba frunciendo el ceño por la incomodidad.
—Duele, mierda, más despacio —pidió Tom, apretando su interior ante la intromisión.
—Si tu culo no es tajador, también relájate un poco o mi pene va a salir con punta fina —refutó Bill, metiéndoselos más dentro.
—¡Pero mi culo no es un vaso con play doh para que los metas así de fuerte! —se quejó Tom, siseando.
—Ay… No seas tan llorón —masculló Bill, pero igualmente escupió en su otra mano y empezó a masturbarlo, haciendo que la erección de Tom volviera a elevarse, jadeando y relajándose más por los roces sobre su miembro—. ¿Ves? Así ya no me aprietas tanto que me ibas dislocar los falanges de tanta presión —acotó el menor, girándolos en círculos, en lo que mantenía un ritmo discorde sobre la polla de su gemelo, tocando sin querer la próstata de Tom, quien soltó un gemido alto—. Uhmn… Te está gustando… —no era pregunta y Tom se relamió los labios con ojos brillantes, y las mejillas encendidas.
Bill le metió hasta tres dedos, ensanchándolo lo suficiente para poder penetrarlo, y luego levantó las piernas de Tom, apoyándolas sobre sus muslos, en lo que guiaba su erección palpitante contra la entrada de Tom, ya habiéndole soltado la polla.
—Ahora tócate para que te relajes mientras entro en ti, Tom —ordenó Bill, y el de rastas asintió, escupiendo su palma para evitar la fricción y comenzando a pajearse, cuando Bill empezó a ingresar dentro suyo.
Había una resistencia sí… Pero Bill lo hizo lento, ingresando con suavidad, por más que quería metérsela de golpe, porque la sensación era deliciosa, estar piel con piel dentro de su gemelo, sin embargo, se mantenía enfocado en el rostro de Tom, quien era hermoso y estaba debajo de él, a quien más amaba, y si bien era tosco, mano larga y le pegara, no por eso lo amaba menos, así que se mantuvo enfocado en su gemelo, que de por sí debía tenerla difícil porque a Bill le dolían las rodillas por estar ahí penetrándolo, no quería ni pensar lo que sentiría Tom al estar apoyado ahí en el suelo mientras se la metían, así que en lo que su gemelo se iba relajando se metió poco a poco hasta estar por completo dentro suyo, apoyando una mano contra el rostro de Tom, y luego bajando para besarlo, empezando a moverse dentro del de rastas.
—Te odio —jadeó Bill contra los labios de Tom.
—Te amo —repuso Tom también con la voz acezada.
—Te odio —gruñó Bill, embistiéndolo más profundo, en lo que Tom gemía al sentir a Bill tocándole su punto de placer, en lo que él mismo se masturbaba con las piernas colgando, apretando los dedos de sus pies dentro de sus medias blancas.
—Te amo —repitió Tom, arqueándose más y Bill gimió arremetiendo más en su interior.
—Te odio —insistió Bill casi sin voz, sin realmente sentirlo, en lo que seguía dándole estocadas y poniendo los ojos en blanco por la sensación apretada de Tom, lo delicioso y único que era, cómo todo parecía ser perfecto si eran los dos.
—¡Te amo! —coreó Tom, viniéndose con fuerza contra su mano, y haciendo que Bill se corriera dentro suyo por la intensidad del orgasmo de Tom, que hizo que se arrastrara dentro del suyo.
Bill se salió con cuidado, viendo los chorros que brotaban del apretado agujero de Tom, el cual también había manchado parte de su camiseta, y estaba con el pecho alzándose y bajando en el suelo, con una expresión exquisita de recién follado con las piernas abiertas.
Bill se echó al costado de Tom, dándole un beso en los labios, apretándolo por la cintura, dejándole besos cortos en la mejilla después, aún aferrado a la cintura del mayor.
—Te amo, Tomi. Pero seguiré golpeándote —dijo Bill, ahora mordiéndole la mejilla y Tom rió.
—Te amo, Bibi. Y está bien, el amor duele —cedió Tom, comprendiendo que Bill nunca iba a dejar de ser tosco y mano larga, pero que él iba a disfrutar de esa misma agresión en su ímpetu en el sexo.
Y con el tiempo entendieron también que si bien ya sus peleas no siempre terminaban en golpes, aunque sí tuvieran muchos gritos, y Bill definitivamente no dejó de darle manotazos y puñetazos aunque no siempre por rabia, a veces sólo en un arranque de felicidad, pero Tom tampoco dejó de molestarlo… Igualmente lo mejor de las peleas eran sus reconciliaciones.