Capítulo único
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Nota: Este día estuvo bien largo… Y turbio, así que, recuerden, el incestember es… Todo incesto, sólo que en este no son hermanos… Sólo digo eso… Si les gustó este degenere, no olviden dejar un voto y comentario ;)
Tom estaba en el cuarto año de la carrera de Comunicaciones, sólo que en sí, por ser uno de los más destacados de su clase, había sido escogido pasar hacer la pasantía en la empresa de MDLA, que se dedicaba a diseño de ropa, modelaje entre otros, con su CEO Bill Kaulitz, el hombre de cuarenta años, rubio de cabello largo, con barba, y piercings, siempre enfundado en sus trajes elegantes, Tom Trümper no podía decir que no lo admiraba, e incluso deseaba, por más que él apenas tuviera veintidós años, el mayor le provocaba muchas fantasías, no podía negárselo a sí mismo, siempre le habían gustado los hombres mayores, desde que apenas era un adolescente, y aquello le había dado muchos problemas.
Ya que evidentemente Tom con dieciséis años teniendo un crush con hombres que le doblaban la edad era un asunto de cuidado, por lo mismo es que su mamá lo tuvo que jalar de las orejas o del cabello cuando lo descubrió besándose con hombres que evidentemente querían tomar partido de un jovencito bello, atractivo y que no sabía nada del mundo, ni de cómo si un hombre adulto que le doblaba la edad no tenía ninguna intención buena con un menor de edad, que muchos eran casados, y le mentían a Tom, así que la pobre de su madre tuvo que lidiar con muchos dolores de cabeza por culpa de sus problemas paternales. Es que el haber crecido sin padre ni ninguna figura paterna como un tío, o quizá un abuelo, porque no era cercano a él, es que realmente le chocó en parte, no sabía por qué, pero a Tom siempre le gustaron hombres mayores, ya que si eran de su edad, inmediatamente los descartaba, y ni hablar de menores, no, Tom siempre quería alguien que pudiera enseñarle cosas, aunque también simplemente lo usaban como alguien ingenuo de quien sacar partido.
Por lo que sabía Tom, sí tenía más familia en otras partes de Alemania y otros países, sólo que… No los conocía ni habían formado parte de su vida, así que Tom sólo consideraba a su mamá y su nonna su familia nuclear.
Con el paso del tiempo tuvo que aprender que en realidad pues los hombres mentían mucho, a pesar de que él mismo lo era, sólo que las mentiras de Tom aplicaban más para ocultarle cosas a su mamá o nonna, que para realmente mentirle a un interés amoroso, incluso con sus amigos, no les mentía, él siempre era muy sincero. Pero comenzó a comprender que a veces era mejor estar solo que mal acompañado, porque Tom lo sabía, que si lo buscaban era sólo para coger, y que si él quería una relación, creyéndoles cuando le decían que sí, querían algo serio, luego se enteraban que ya estaban en una relación, o que lo engañaban con alguien más, porque simplemente lo invitaban a “citas”, donde después de comer, iban a tener sexo, y ya. Era como si Tom fuera una prostituta a la que le pagaban con comidas o regalos que ni siquiera eran lo suficientemente caros para ser intercambiados por sexo, y él no quería eso, porque no buscaba sexo casual, quería tener una relación y no ser usado sólo porque era atractivo y sexy, que hasta le pedían perdón con la intención de una reconciliación porque “apretaba rico” o tenía “labios gruesos que la chupaban bien”, no, Tom no quería ser reducido a un trozo de carne.
Cuando tuvo la oportunidad de trabajar en MDLA, evidentemente Tom aceptó de inmediato, secretamente deseando poder ver al señor Kaulitz, aunque bueno, siendo sinceros, ¿qué probabilidad habría de que un pasante viera al jefe? O eso creía el muchacho de cabello negro largo en ondas.
Pero una vez que empezó a trabajar como pasante, es que Tom se llevó una gran sorpresa cuando realmente vio a Bill Kaulitz en persona, donde le dijeron que tenía que llevarle su café, y claro, ya Tom estaba habituado a estar sacando copias, llevar correspondencia, café y cosas que no estaban relacionadas con su carrera, aunque no se quejaba, también le daban oportunidad de dar algunos aportes para ideas de publicidad, y realizar fotografías, no en sesiones de fotos, pero sí para empleados para su fotocheck.
Esa clase de cosas era lo que tenía que lidiar como pasante, ser más bien el asistente de todos e igualmente el tener como referencia haber tenido una pasantía en MDLA, le sumaría mucho peso a su hoja de vida, sirviéndole cuando terminara la carrera y empezara a buscar un empleo, porque si bien existía la posibilidad de conseguir un contrato en MDLA al finalizar la pasantía, Tom no quería hacerse muchas ideas, más que nada para no ilusionarse, aunque sí fuera algo que él deseara, sólo que no contó con que también tendría el honor de asistir al CEO.
Así que Tom tragó saliva nervioso, en lo que se iba a comprar los cafés, ni siquiera podía ir simplemente a Starbucks que estaba al frente, porque su jefe tomaba de una cafetería de especialidad, y claro, él lo entendía, lo bueno es que le dieron una tarjeta para realizar el pago, porque cuando le tocó pagar, sí se quedó sumamente sorprendido del alto costo por un par de cafés. Evidentemente Tom con lo que recibía por su pasantía, y lo que buenamente ganaba en algunos trabajos para universitarios que hacía, no le daba como para permitirse tomar algo así, es más, él pues agradecía que al menos la casa la tenía a su nombre como herencia, y que bueno, si bien Tom tenía que encargarse de pagar los servicios y arbitrios, en realidad, sí podía hacerlo porque alquilaba un par de cuartos de su casa, y con el pago de los inquilinos pues se ayudaba y ya su sueldo, y demás servía para sus propios gastos.
Igualmente Tom siempre llevaba su termo con café, que no era pasado, sino el instantáneo, a veces por lo mismo es que terminaba comiendo sopas instantáneas, fideos con atún enlatado o incluso atún con galletas, y si tenía suerte huevo que luego estaba muy caro, por lo que si era delgado porque era estudihambre, y trabajaba, ya que cuando su mamá aún vivía sí era de comer sus tres comidas completas, porque aparte su mamá era quien cocinaba, y ahora que su madre había muerto pues ya consideraba que no era tan “necesario” comer sus tres comidas diarias, y que cocinar algo más elaborado no era siempre posible, cuando podía comprar verduras y proteína que no fuera huevo o atún enlatado para hacer algún guiso, los hacía los domingos, cocinaba para varios días, y lo metía al congelador, para sólo calentarlo cuando le correspondiera, pero eso era como una vez al mes.
Cuando terminó de comprar los cafés, regresando nervioso al edificio, es que subió el ascensor, hasta el piso número catorce, tragando saliva al abrirse la puerta, caminando hacia la oficina del CEO, observando la puerta con el nombre de su jefe, por lo que tocó, ya que precisamente la secretaria del señor Kaulitz no estaba y por eso lo llamaron para que fuera por su café.
—Pase —escuchó la voz del hombre mayor desde adentro, y abrió la puerta, fijándose que el rubio estaba tecleando en su computadora, con su traje tan elegante y fino que no se comparaba para nada con lo que Tom mismo estaba usando en este momento.
—Buenos días, señor Kaulitz —habló Tom, acercándose, titubeando si poner el envase con los dos cafés en su mesa o primero preguntárselo—. Le traje sus cafés —acotó, y su jefe lo vio de reojo, dejando de teclear al fijarse bien en él.
—Buenos días, ¿eres el pasante, cierto? —inquirió Bill, girándose en dirección al menor, con Tom asintiendo.—Déjalo ahí, por favor —soltó el rubio señalando a un lado de su escritorio, y Tom obedeció, acomodando el envase.
—Sí, soy el pasante, señor Kaulitz —respondió Tom.
—¿Trümper, verdad? —cuestionó Bill, en lo que sujetaba uno de los cafés, sorbiendo un poco, y Tom asintió.—Me gustaron algunas de sus propuestas —mencionó el rubio, para volver a beber—, siéntate, por favor —pidió el CEO, aunque su tono en sí era demandante sin esperar una negativa incluso si tuviera el “por favor”, Tom tragó saliva porque de por sí no esperaba conocerlo, ni mucho menos que hubiera leído sus propuestas, o que le hablara de esa manera que sólo hacía que quisiera que el mayor lo empotrara contra su escritorio y se lo follara o diera órdenes pero en un contexto sexual, porque claro que quería tener una relación seria y que no lo vieran sólo para tener sexo, pero si Bill Kaulitz quería verlo como un trozo de carne, pues a Tom evidentemente no le molestaba, porque era Bill Kaulitz y no un imbécil cualquiera—. Joven Trümper, ¿sí le dijeron que dependiendo de su desempeño cabe la posibilidad de que le demos una plaza y contrato aquí? —inquirió el mayor.
—Sí, señor. Me informaron sobre ello —contestó Tom.
—Pues al revisar sus propuestas, que fueron sumamente interesantes, y de hecho aprobé algunas para el área de publicidad, es que también investigué un poco sobre usted, notando que también tiene buenas recomendaciones de sus profesores, y muy buenas calificaciones. Creo que realmente su perfil da para realmente darle un contrato, que como estaría comenzando y terminando la carrera, pues podría empezar como mi asistente, aunque tendría diferentes funciones más orientadas en su profesión, sólo que bajo mi supervisión —explicó Bill, en lo que lo miraba fijamente, y Tom tragaba saliva, porque el mayor tenía una mirada penetrante realmente, y notó cómo el rubio lo observaba de arriba abajo—. Lo único que sí tendría que cambiar su vestimenta, algo un tanto más formal —acotó el rubio, y Tom se sonrojó, porque en sí él era más de usar ropa casual no formal, así que estaba en este momento con pantalones de mezclilla que sí eran suyos, una camisa a rayas que todavía se sentía más avergonzado porque la tenía fuera de su pantalón, junto con una corbata que ni combinaba y un saco que le quedaba grande porque no era suyo, sino de su abuelo que ya tenía muchos años de fallecido, así que era una mezcla variopinta de estilos que lo hacían lucir totalmente inadecuado.
—Ay, sí, discúlpeme, señor Kaulitz, es que no tengo trajes, así que digamos que tuve que improvisar algo para poder venir a la pasantía —respondió Tom avergonzado.
—Lo entiendo, sí, usted tiene veintidós años según su expediente, y según tengo entendido, no siempre le piden ropa formal para las exposiciones, ¿cierto? —cuestionó Bill.
—No, sólo nos piden sport elegante —contestó Tom, porque era cierto, cuando tenía que hacerlo en la universidad sólo le pedían camisa con jeans, nada muy formal, y por lo mismo es que su corbata y saco eran de su abuelo.
—Nada que no tenga solución —arguyó Bill—. Usted tiene buena presencia, con unas ropas adecuadas, que incluso sé que debemos contar con prendas de colecciones anteriores que serían de su talla —mencionó el rubio—, así que eso sería lo de menos, como le digo, joven Trümper.
Tom iba procesando lo dicho por Bill, no sólo el que estuviera adivinando su talla por verlo, que hacía que se sintiera halagado por ser objeto de su escrutinio, sino que realmente iba a poder trabajar para el mayor.
—Oh, sí, señor. Me sentiría muy honrado de trabajar para usted —masculló Tom, observando a Bill.
—Me da gusto, joven Trümper, porque precisamente empezaría a trabajar exclusivamente conmigo, si usted acepta, desde ahora, al menos en el tiempo que termine la pasantía, para después hacerle firmar contrato —ofreció Bill, entrecruzando sus dedos a la expectativa de la respuesta de Tom.
—¿Cómo ahora mismo? ¿Sería su asistente ahora mismo, señor Kaulitz? —interrogó Tom señalándose a sí mismo.
Bill apretó sus labios en una fina línea, resistiendo las ganas de reírse del menor, que lucía muy confundido y adorable.
—Sí, joven Trümper, si es que no tiene problema alguno —respondió Bill.
—¡Oh, no, yo estaré encantado de estar a sus servicios, señor Kaulitz! —respondió Tom con efusividad, luego bajó la cabeza, sonrojándose al percatarse de que fue “demasiado efusivo” al alzar la voz.—Disculpe, me emocioné.
—No se preocupe, me agrada su entusiasmo —masculló Bill, ofreciéndole una leve sonrisa, que se notaba amable pero profesional dentro de todo, y Tom se derretía sobre la silla, porque era un sueño cumplido el trabajar para Bill Kaulitz, incluso si todavía no estuviera contratado, sería su asistente, sólo le atendería a él.
Bill empezó a darle indicaciones sobre las labores que tendría, el manejo de su horario, su número personal, correo y demás, el uso del teléfono, entre otros datos, que Tom estaba tomando apunte diligentemente, en lo que sería su nuevo trabajo a partir de ahora… Aquello era un nuevo comienzo.
Con el paso de las semanas, es que Tom ya vestía de acuerdo a su puesto, con las ropas que le entregaron de colecciones anteriores, y estaba con constante contacto con su jefe, que siempre se mantenía muy serio, no en un tono severo ni mucho menos, aunque siempre demandante y dominante, pero… Tom no podía evitar quedarse viendo a Bill, pensando en que le gustaría que el mayor lo viera de otra forma, y… Sí se fijaba que Bill a veces se le quedaba observando, así que sí sentía que no le era indiferente, principalmente Tom confirmó aquello cuando se quedaron hasta tarde en la oficina del rubio.
Tom se estaba mordiendo el labio inferior al observar su reloj de muñeca, normalmente miraría su teléfono, pero podía dar la impresión de que estaba haciendo más que mirar la hora, así que estaba tenso porque él se regresaba en autobús, y por la hora ya había pasado el último.
—¿Algo te inquieta, joven Trümper? —inquirió Bill, haciendo que el aludido lo viera.
—Sí, señor, disculpe, es que por la hora ya pasó el último autobús para mi casa —respondió Tom avergonzado.
—Oh —habló Bill, fijándose en su rolex, notando que, en efecto, se habían pasado de una hora prudente—. Lo siento tanto, joven Trümper. Permítame llevarlo a su domicilio, por favor. Ya que esta demora ha sido por mi culpa —ofreció el rubio, pero nuevamente en un tono demandante.
—¿En serio, señor Kaulitz? ¿No sería una molestia para usted? —increpó Tom, que sabía que pagar un taxi de su trabajo a su casa saldría muy caro, pero temía incomodar demasiado a su jefe.
—No para nada, joven Trümper —le aseguró Bill, y Tom asintió.
Cuando lo llevó a su casa, Bill no se fue hasta observar que Tom hubiera entrado, y el de cabello azabache se sentía flotar entre nubes, porque realmente su jefe le había hablado en el trayecto de su trabajo a su domicilio, siempre con el tono formal, nunca inadecuado, pero… Se repitieron esas ocasiones, muchas veces a la semana, que Bill llevara a Tom a su casa, así que Tom podía aseverar que el hombre mayor no demostraba aquel interés por algo meramente profesional.
Más cuando escuchó que algunos cuchicheaban que el jefe no hacía eso con la anterior secretaria.
Así que por ello es que Tom empezó a ser… Algo sutil, decidido a que quizá su jefe necesitaba un empujoncito para demostrarle que estaba disponible para él. Porque su jefe era soltero, uno de los más cotizados de Alemania, y pues habían rumores de que era bisexual u homosexual, pero nada del todo claro, aunque siempre con la ventana abierta de que sí o sí le gustaran los hombres, y Tom lo sabía, incluso aunque fuera algo no tan evidente, la manera en que lo miraba era con un deseo solapado, ya que Tom había tenido esa mirada sobre él de parte de varios hombres, por lo mismo es que sabía identificarlo.
Tom le sonreía a su jefe, relamía sus labios las veces suficientes para que el mayor lo viera, o batía sus pestañas haciendo que Bill también se le quedara observando un buen rato, cruzaba sus piernas o inclinaba su cuerpo hacia él, hacía que su lenguaje corporal gritara que quisiera que se lo folle, que lo hiciera suyo, pero Bill si bien se le quedaba mirando más tiempo del debido, no decía nada, sólo aclaraba su garganta o se acomodaba la corbata como si le diera calor, y aquello frustraba en parte a Tom. Una parte suya tenía miedo de estar arriesgando la posibilidad de tener el trabajo allí, pero no, Bill no le comentaba que parase o algo, y seguía mencionando la fecha límite para que firmase el contrato con recursos humanos, así que todo seguía igual.
El día que llovió en la noche, Tom no había llevado su paraguas porque el día estuvo soleado, pero Bill le ofreció compartir el suyo, y llevarlo a su casa, aunque no se hubieran quedado hasta tarde. En esta oportunidad, al momento de dejarlo, Bill salió con Tom, para seguir protegiéndolo con su paraguas hasta que estuviera en el umbral de su puerta, sin embargo, el menor se tropezó por el piso mojado, torciéndose el tobillo.
Bill, sin importarle mojarse, dejó su paraguas, y se acercó a Tom, quien estaba en el suelo con expresión dolorida.
—¿Puedes ponerse de pie, joven Trümper? —inquirió Bill, quien estaba mojado, en lo que miraba a Tom.
—No, señor —gimió Tom de dolor al momento de apoyar su pie en el suelo, por lo que el rubio lo cargó, con el de cabello negro aferrándose a sus hombros delgados, en lo que abría la puerta con Tom en brazos, ya que sí había metido la llave y se resbaló precisamente al girarla.
Tom sintió todo su cuerpo estremecerse al ser cargado por el mayor, quien lo acomodó en el sillón, ambos mojados por la lluvia, y viéndose fijamente, con Bill tomándolo por el pie con delicadeza, sacándole el zapato, en lo que veía la inflamación en su tobillo.
—¿Le duele aquí, cierto? —cuestionó Bill, sin tocar la zona pero señalándola, Tom asintió.—Podría ser un esguince, ¿puede girarlo? Para verificar que no se trate de una fractura.
Tom intentó mover el tobillo, pudo hacerlo pero siseó de dolor.
—No es fractura, pero sí está imposibilitado de poder realizar movimientos con fluidez —acotó Bill, sin soltar aún a Tom de su pie—. Tendré que llamar a un médico para que venga a atenderlo luego de que pase la lluvia, joven Trümper, no puedo permitir que se quede solo —sentenció el rubio, y Tom se mordió el labio inferior, con el corazón latiéndole acelerado.
—¿No sería mucha molestia, señor Kaulitz? —interrogó Tom, y Bill observó al menor, que tenía el cabello negro mojado, el rostro igual, y la forma en que la camisa blanca se le pegaba al cuerpo, incluso transparentándose un poco porque no tenía una camiseta sin mangas interna, como las que la mayoría usaba dentro del traje, incluyéndolo.
Tom igualmente estaba viendo al hombre rubio con barba, que mojado, lucía incluso más apetecible, porque el cabello lo tenía más alborotado, y Tom quería ser las gotas que se quedaban en todo su rostro, labios e incluso su cuello, sintiendo que se le secaba la garganta por ver al mayor, así que acercó inclinó más su cuerpo hacia el mayor, que seguía sin soltarlo del pie, y lo veía con fijeza.
—No… No la sería —respondió Bill, recién pudiendo hablar, en lo que notaba cómo el menor se le acercaba peligrosamente al rostro—. Joven Trümper…
—¿Sí, señor Kaulitz? —cuestionó Tom, sin dejar de verlo pero tampoco de acercarse, Bill tragó saliva cuando podía sentir el aliento del menor sobre su rostro, que poseía esos labios tan llenos y hermoso rostro que lo tenía enloquecido.
—Yo soy su mayor… Y su jefe, podrían pensar que estoy abusando de mi posición para aprovecharme de usted —aclaró Bill, cuando Tom tenía sus piernas alrededor del mayor, y sonrió de medio lado.
—Sólo son dieciocho años, señor Kaulitz, y no está aprovechándose de mí… Se lo aseguro —acotó Tom, relamiéndose los labios al sujetar por las solapas a su jefe.
Bill tragó saliva, con sus ojos dilatándose al tener al menor a escasos centímetros de distancia, pudiendo besarlo, y añoraba hacerlo…
—Apenas eres un pasante que no ha terminado su carrera, yo soy un hombre cuarenta años, joven Trümper, su jefe… —intentó razonar Bill, en lo que Tom seguía acercándose hacia él.
—Soy un adulto, señor Kaulitz, completamente capaz de tomar mis propias decisiones a mis veintidós años, si usted me dice que no, lo entenderé y respetaré, pero no me está alejando, y repite lo mismo de que es mi mayor, algo que en verdad no me desanima, señor, porque siempre lo he admirado, y el que sea mayor sólo quiere decir que tiene más cosas que enseñarme —arguyó Tom, relamiéndose los labios nuevamente, casi rozando los de Bill por la cercanía.
Bill gruñó ante ello, sintiéndose muy deseoso por el menor, por lo que lo tomó por la quijada, observándole con fijeza.
—Si hacemos esto, tendrá que ser con lentitud, joven Trümper… Y bajo mis términos. Todo será fuera de la oficina, porque nadie puede enterarse —advirtió Bill en lo que mantenía su agarre férreo en la quijada del menor, quien asintió con sumisión—. Esta es la primera vez que hago algo así, jamás me he metido con alguien del trabajo, y mucho menos con alguien tan joven, así que… Por lo mismo no quiero apresurarme. He sido muy dedicado a mi trabajo y carrera por años, y si voy a transgredir mis principios, quiero conocerlo mejor, no sólo acostarme con usted como si nada, quiero saber quién es Tom Trümper fuera de la oficina como pasante, más allá de ese joven atractivo estudiante, conocerlo como persona, como hijo, como ser humano —acotó el rubio y Tom asintió, sintió cómo su corazón latía acelerado, incluso si en ese momento Bill lo tenía agarrado fuertemente por la quijada, él sólo se excitaba más, porque si bien le tenía muchas ganas a su jefe, él también le estaba ofreciendo algo que no era casual, algo serio, y aquello hacía que Tom se sintiera aún más ansioso y deseo por el mayor—. Respóndeme verbalmente si entendió lo dicho, joven Trümper.
—Sí, señor —soltó Tom con voz apretada, y Bill soltó la quijada del menor, para besarlo, haciendo que Tom jadeara en el beso, al sentir los labios llenos con piercing en cada extremo de su jefe, la vigorosidad con la que se pasaba su boca por encima del menor, y la forma en que Tom entreabrió sus labios, recibiendo la lengua de Bill, sintiendo el piercing del músculo de mayor, que dominaba en aquel ósculo, con Tom entrelazando sus manos detrás del cuello de Bill, jadeando contra la boca del mayor, sintiendo cómo su vientre de apretaba, en lo que disfrutaba la lengua recorrerle, intentando seguirle el ritmo, sumamente enloquecido por un beso, ni siquiera Bill estaba tocándolo…
Bill posó sus manos sobre los muslos de Tom y el menor le mordió el labio inferior, haciendo que se separaran por aire.
—Lento, joven Trümper —repitió Bill, con el brillo de su propia excitación en sus orbes, Tom volvió a asentir con sumisión y sus ojos de cierva con chocolate derretido en ellos.
—Sí, señor Kaulitz —respondió Tom.
—Ahora —habló, aún manteniendo acariciándole los muslos por encima del pantalón—. Llamaré al doctor para que lo atienda —comentó Bill, en lo que sacaba su teléfono, para hacer una llamada.
Tom soltó un suspiro, para morderse el labio inferior, aún sintiendo el sabor de la saliva del mayor, cómo es que Bill era tan serio, tan moralmente correcto, y Tom… Bueno, lleno del ímpetu y deseo de un joven quería que se lo follara ahora mismo, pero tenía que esperar, incluso aunque ambos tuvieran un bulto en sus pantalones, Bill lo haría esperar, y Tom obedecería, aunque dentro suyo quisiera simplemente seducirlo hasta que lo inclinara sobre el escritorio de su oficina y se lo follara duramente allí. Pero el mayor le había dado órdenes, y a Tom le tocaba obedecer.
Después de que Tom fue atendido por el médico, dándole analgésicos, ejercicios que tendría que realizar y reposo, es que Bill le dio unos días libres evidentemente, aunque de igual manera iría a visitarlo.
Por lo que aquella manera es que empezaron su relación a escondidas, aunque no pasaban más que de besos, Bill realmente le preguntaba sobre su vida.
—Yo soy hijo único, no tengo hermanos. Crecí con mi madre y mis abuelos, pero él murió cuando era muy niño, y no era cercano a él, mi nonna también murió hace seis años, y mi mamá hace tres —contó Tom al mayor.
—Realmente lo lamento, Tom. Por eso es que vives solo fuera de tus inquilinos —comentó Bill, y Tom asintió—. ¿Nunca conociste a tu padre? —inquirió.
—No, no supe de él nunca, ni siquiera sé su nombre, mi mamá me tuvo a los diecisiete años, y lo único que sé es que mi padre fue un imbécil y ya —relató Tom, alzándose de hombros.
Bill pensaba lo irresponsable que habría sido el padre de Tom para simplemente abandonarlo, no entendía cómo podían existir personas así. Evidentemente Tom era producto de un embarazo adolescente, y claro, entendía que aquello era difícil de manejarse, y más cuando no se tiene los medios, pero era algo tan bajo que sólo se desentendieran como si nada.
—En mi caso no poseo hermanos, mis padres siempre fueron muy estrictos conmigo desde que era muy joven —relató Bill—. Por lo mismo me pidieron que viaje al extranjero para asegurarse que recibiera educación de primera, no bastándole el que pudiera estudiar aquí en la mejor universidad de Berlín —terminó por decir el mayor, sonriendo nostálgico, porque gran parte de su juventud fue dictada por sus padres, donde no tenía oportunidad alguna de decidir algo por sí mismo, renunciando a muchas cosas y personas, por sus padres.
Lejos de casa es que decidió seguir estudiando Gestión empresarial, sí, pero a la par, estudiando Diseño de modas, por lo mismo es que al graduarse, empezó una empresa, pero de moda… Algo que hizo enojar a sus padres, pero Bill les mostró su título, que había estudiado lo que le pidieron, y sería un empresario, sin embargo, no de lo que ellos quisieran, sino de lo que él mismo quería, así empezando MDLA, y haciendo que como jefe, todos lo obedecieran siempre, permitiéndose ser él mismo, dejándose crecer el cabello, tiñéndoselo de rubio, haciéndose perforaciones, tatuajes y dedicándose a su trabajo, teniendo ocasionalmente una que otra relación, que no siempre funcionaba porque no entendían su pasión por su trabajo, o su manera de manejarlo todo, bajo su dominio y control, porque sí o sí quería que ser quien dominara, y pues la mayoría buscaba un equilibrio, pero Bill no estaba para darlo, y cuando sólo era por interés, él los dejaba de lado.
Bill solía salir con personas de su edad, no menores, o si lo eran, no por casi veinte años, sino por cinco o máximo diez, así que Tom estaba resquebrajando sus propios principios, desde el punto en que Bill no mezclaba negocios con placer, ni mucho menos se metía con alguien así de joven, aunque el menor no demostraba interés en lo material, y sí estaba muy dispuesto a ceñirse a sus órdenes, respetando el que no tuvieran intimidad hasta conocerse mejor, y también manteniéndolo profesional en el trabajo.
Tenían citas en lugares exclusivos y privados, más que nada para no ser vistos por la prensa, y mantenían aquellos besos que sólo los dejaba con ansías de más.
Bill realmente estaba muy interesado en Tom, y era algo mutuo al parecer, porque conforme se iban conociendo más, es que el mayor quedaba encantado con el muchacho, y pronto ya firmaría el contrato que lo haría oficialmente su asistente, en lo que formalizaría su titulación.
Requerían la firma de Bill para ver el contrato de Tom, por lo que Sara Alviti, su encargada de Recursos Humanos, fue a la oficina del jefe.
—Sí, señor, faltaría firmar los expedientes de Trümper —comentó Sara, extendiéndole el folio a Bill, quien revisó los documentos, paralizándose un momento.
—¿Estos datos están bien llenados? El apellido no corresponde —arguyó Bill con la garganta seca.
—¿Cuál disculpe, señor Kaulitz? —inquirió Sara.
—El apellido de la madre de Trümper —comentó Bill.
—Oh, sí, nos dijo que no comparte el apellido de su madre por un problema con el abuelo no queriendo que piensen que era su hijo, y por eso lleva el apellido de soltera de su abuela —respondió Sara—. Pero fuera de ello, todo está conforme, señor Kaulitz.
Bill tragó saliva. —¿Siguen pidiendo pruebas de sangre para los contratos, cierto? —interrogó el rubio con el semblante mortalmente serio.
—Sí, señor —contestó Sara—. Ya le tomaron la muestra de sangre —acotó.
Bill firmó los papeles y se los extendió a su trabajadora.
—Eso es todo, señorita Alviti, tengo un pendiente, si me permite, por favor —soltó Bill, y Sara se retiró.
Con Bill levantándose después, en lo que veía a su novio en su oficina al salir de la suya.
—Joven Trümper, pídame la tarde libre, necesito hacer unas diligencias de suma urgencia —contó Bill.
—Sí, señor Kaulitz, le liberaré la agenda —respondió Tom, sin comprender por qué Bill lucía tan pálido, en lo que lo veía irse.
Bill se fue al laboratorio de la empresa, sacando la muestra de Tom, y yendo de inmediato a la clínica, totalmente afectado por el descubrimiento que había tenido, y necesitaba aseverarlo, no simplemente suponerlo… No sabía que el nombre de la madre de Tom era Anne Schley, nunca se lo mencionó.
Un nombre que resonó en la mente de Bill luego de muchos años, su novia un año menor, con quien salía a escondidas cuando tenía dieciséis años, porque sus padres no querían que Bill tuviera parejas ni nada, pero Anne… La rubia hermosa de quince años, quien lo cautivó, quien lo abrazaba y daba esperanzas de poder ser libre, de escapar de casa, de no dejarse llevar de lo que le dijeran sus padres, que tenía que alzar su voz, Anne fue su primer beso, quien con su comprensión y amor, hizo que Bill sintiera que podía creer en sí mismo, que tuviera ganas de seguir… Porque muchas veces Bill pensaba en rendirse, pero no, con Anne todo se sentía más fácil, ella lo hacía ver así.
Cuando Bill cumplió diecisiete años, Anne tenía dieciséis, y le dijo que le daría un buen regalo de cumpleaños, que él adoraría… Y es así como tuvieron su primera vez, siempre a escondidas, con Bill aferrándose a sus caderas y ella gimiendo contra sus labios.
Pero al poco tiempo, es que sus padres se enteraron de su secreto, de su relación con Anne, y lo separaron de ella, haciendo que llevara su último año del Gymnasium a distancia, y que también estudiara la universidad allá. Le cambiaron de número, eliminaron su correo e interrumpieron cualquier tipo de contacto que pudiera tener Bill con Anne, y… Bill se rindió, sabiendo que no podría ser libre, que tenía que renunciar al amor, a todo lo que le ofreció Anne, el irse juntos, y ser él mismo.
El amor que tuvo por Anne, lo impulsó a estudiar en silencio Diseño de modas, para que si al menos no tuvo oportunidad de quedarse con ella, porque incluso intentó contactarse después pero recibió una mandada al diablo de la muchacha, y supo que la había perdido para siempre, pero Bill igualmente luchó por su carrera, y por hacer valer su decisión cuando regresó de Francia.
Entonces… El saber que Tom… El joven que lo tenía enamorado, con quien se estaba dando una oportunidad seria de tener algo pudiera ser… Su propio hijo, hijo que tuvo con Anne, su gran amor de la adolescencia, que parió a los diecisiete años, donde él estaba en Francia con dieciocho años, hacía que Bill sintiera que sí o sí debía asegurarse, esperando que sólo fuera una extraña coincidencia, o un caso de nombre homónimo, que Anne Schley fuera una distinta a su Anne.
Cuando dejó las muestras para la prueba de paternidad en la clínica, le pidieron la autorización de la otra parte, y Bill tuvo que pagar adicional para que el proceso se acelere y estuviera hoy mismo y también, para que no fuera necesaria la autorización.
Bill se quedó esperando tenso los resultados, apretando tanto la mandíbula que podría romperse los dientes por la presión, cuando la enfermera le extendió el sobre con los resultados, es que Bill no pudo esperar más, abriéndolo de inmediato, confirmando sus peores miedos. Era el padre de Tom. Y Bill… Tenía que decírselo, no podía seguir con ello, él mismo había repudiado el saber que el padre de Tom se hubiera desentendido de él, y era porque Bill nunca lo supo, jamás supo que Anne había quedado embarazada, evidentemente iba a quedar como un imbécil para su familia, y con ella detestándolo, porque la abandonó sin darle razones, y dejándola embarazada, sola con su hijo.
Se había besado con su hijo, su sangre… Él no pensó en tener hijos, si bien se acostó con mujeres, mayormente prefería estar con hombres, y no planeó tener hijos, ni ahora ni antes.
Bill no sabía cómo sentirse, pero sí le mandó un mensaje a Tom, diciéndole que estaba camino a su casa, y él respondió que lo esperaba.
Ambos aún no se habían acostado, y en parte, Bill se agradecía por ello, porque si bien fantaseó todo el tiempo con poseerlo, besado con tantas ganas, tomándolo por los muslos, las caderas o trasero, pero sin quitarse la ropa, y no más allá de frotarse un rato, sin llegar al orgasmo, por querer realmente esperar a tener más tiempo juntos, y ahora… No podía, no debía .
Cuando llegó a la casa de Tom, este quiso besarlo, pero Bill hizo el rostro a un lado.
—Por favor, debemos hablar —soltó Bill con el mismo semblante serio.
Tom puso una expresión preocupada, pero fueron a su habitación para tener privacidad. —¿Pasó algo malo?
—Tom, tu madre se llama Anne Schley —no preguntó Bill, estaba afirmándolo.
—Sí, mi madre se llamaba así, ¿qué tiene? —inquirió Tom sin comprenderlo.
—Tu apellido no es Schley —siguió hablando Bill.
—No, por eso mismo nunca fui cercano con mi abuelo, él nunca aceptó que mi mamá se embarazara siendo una adolescente, así que mi mamá tuvo que usar el apellido de mi nonna para que no pensaran que yo era hermano de mi mamá —contó Tom.
Bill le extendió el sobre a Tom. —Lee esto —ordenó.
Tom parpadeó confundido, pero sujetó el sobre.
—¿Qué es esto? —cuestionó Tom.
—Léelo —repitió Bill.
Tom abrió el sobre y leyó el contenido, quedándose perplejo. —¿Eres…?
—Sí, soy tu padre, Tom. Anne Schley fue mi novia cuando era joven, yo no sabía que ella estaba embarazada, me separaron de tu madre y mandaron al extranjero, donde no pude volver a contactarme, que cuando lo intenté me mandó al diablo y… Soy tu padre, Tom —barbotó Bill, sintiéndose por completo afectado por ello.
—No lo eres —refutó Tom.
—Tom, es tu sangre, la que te pidieron para la firma del contrato, para descartar enfermedades —arguyó Bill—. También me sacaron una muestra para comparar.
—No, no me refiero a que no lo eres biológicamente hablando, Bill. Me refiero a que nunca me criaste. Padre no es sólo por la sangre, padre es quien cría. Yo me crié sin padre, a ti te conozco hace unos meses, no porque tenga tu sangre me hace tu hijo —soltó Tom con sencillez.
Bill parpadeó confundido. —¿Qué?
—Bill, eres mi novio, no me importa que hayas sido el novio de mi madre, que en realidad no me abandonaste, si no ignoraste mi existencia… No me interesa nada. Mi abuelos murieron, mi madre igual, yo no tengo tu apellido, y el que sepas que soy tu hijo es algo que sólo tú y yo sabemos. Sigues siendo mi novio, el hombre del cual estoy enamorado, y por quien siento admiración y deseo, no te veo como un padre, no puedo hacerlo, por más que lo diga este papel —farfulló Tom con determinación, blandiendo el sobre y luego rompiéndolo frente a Bill, quien se quedó absorto ante ello—. ¿Ves en mí a un hijo o ves en mí a quien soy en realidad? La persona que has estado conociendo este tiempo, Tom Trümper, quien se sinceró contigo, contándole sus metas, sus defectos y todo de sí, tal cual me pediste, yo te he obedecido, Bill. He desnudado mi alma contigo, conociéndonos a profundidad incluso antes de tener algo físico. Conmigo no hay riesgo de que me embaraces porque soy hombre, si es lo que te da miedo, que sencillamente por ello podríamos tener problema alguno, porque legalmente nadie sabe que tengo tu sangre, así que no sería un delito el que tengamos una relación tal cual estamos ahora. No me importa tener tu apellido o que me firmes como padre, no quiero que seas mi padre, ni tener una herencia ni nada, no me importa tu dinero, Bill, ni el reconocimiento ni nada. Sólo me interesas tú, como hombre, como mi novio —terminó por decir el menor, sujetándolo por las solapas—. Mírame a los ojos y dime que no me deseas, que te doy asco porque tengo tu sangre… Dímelo, Bill, dímelo y me alejaré, mantendré nuestra relación estrictamente en lo profesional —pidió el de cabello azabache, con los ojos vidriosos y con firmeza.
—Yo… —titubeó Bill al notar cómo el más bajo lo veía, después de haberlo oído hablar, dejándolo por completo anonadado.
—Dímelo —repitió Tom, presionándose contra Bill, y él tragó saliva, mirando los labios acolchados del menor, y Tom se relamió los labios, tentándolo más, haciendo que se endureciera bajo sus pantalones y Tom lo sentía, porque estaban tan juntos, y el menor también excitado que podía percibirlo a través de la tela.
Bill era demasiado correcto para vocalizar su respuesta… Pero Tom ya lo había captado, por lo que pasó su lengua por encima de los labios de Bill y lo soltó de las solapas, para darle la espalda, pegándose contra el pecho de Bill, en lo que presionaba su trasero contra la entrepierna del rubio, quien siseó, cerrando los ojos, intentando resistirse… Porque sabía que estaba mal…
Pero Bill olía el cabello de Tom, su aroma delicioso que no sólo era su shampoo, sino su propio olor… El mismo que sentía al olisquearle el cuello, y la forma en que se meneaba contra su miembro, haciendo que Bill creciera más dentro de sus pantalones, al sentir las nalgas de Tom con su movimiento de caderas, haciéndolo sisear, en lo que Tom se movía sinuosamente con cadencia… Con lentitud de arriba abajo, batiendo su caderas, quebrándose, en lo que él mismo sentía la urgencia crecer en ambos, tomó las manos de Bill, ubicándolas en sus caderas, en lo que seguía arqueándose contra Bill, y Tom gimió al percibir la dureza de su novio, en lo que apretaba sus nalgas, haciendo que Bill gruñera, terminara por no resistir más aquel nivel de seducción, mandando al diablo su moral correcta, el que tuviera la sangre de Tom, si a él no le importaba, y realmente, nadie lo sabía, que se fueran al demonio todos, su novio… Tenía razón, Bill no se sentía padre de Tom, por más que tuviera su sangre, no lo había criado, y no podría embarazarlo, nadie tendría que saber que era su hijo biológicamente hablando…
Bill sujetó las manos de Tom y lo empotró contra el escritorio, apoyando el pecho del menor contra él, botando lo que estuviera a su paso, en lo que mantenía un agarre de las manos de Tom contra su espalda, inmovilizándolo, haciendo que Tom jadeara porque estaba inclinado tal cual había deseado y soñado.
Bill con la mano libre, bajó los pantalones y ropa interior de Tom, descubriendo su trasero respingón, haciendo que se le secara la garganta ante aquella gloriosa visión… Las piernas de Tom estaban trémulas, y él mismo levantaba el culo, anhelando ser poseído, con Bill fijándose en el borde de la mesa, que tenía una crema para manos, que abrió y dejó que la viscosidad cayera sobre el trasero de Tom, haciendo que se estremeciera frente al frío de aquel gel, y después sujetó con sus dedos aquel líquido espeso, comenzando a guiarlo en medio de los glúteos de Tom, haciendo una presión con ellos por encima del fruncido agujero, con el menor gimiendo cuando Bill le introdujo dos dedos, comenzando a girarlos en su interior, haciéndolo poner los ojos en blanco, en lo que su propio miembro desatendido daba botes al sentir los dígitos de Bill rebuscar en su interior, dilatándolo con presteza, aún manteniéndolo inclinado e inmóvil en lo que salivaba por aquella sensación.
—¡Bill…! —gritó Tom, cuando el mayor torció los dedos, rozándole la próstata, y el rubio volvió a tocarlo.—¡Aaah! —siguió gimiendo en lo que empujaba su trasero contra los dedos de su novio.
—Sshhh… Cállate o tus inquilinos te oirán —advirtió Bill en tono autoritario, abriendo sus dedos en movimientos de tijeras, con Tom apretando su interior, sólo para hacer que Bill se excitara más—. Tom… —soltó en tono de regaño.
—Castígame, papi —jadeó Tom girando el rostro sólo para presionar más su interior, y Bill siseó, esto estaba mal en varios sentidos, y el mayor sólo iba a hundirse más en aquella perversión a seguirle el juego a Tom.
Bill sacó los dedos del culo de Tom, a sabiendas de que no había sido suficiente preparación para su tamaño, pero su novio estaba siendo muy travieso e iría a tomarle la palabra, castigándole, por lo que se bajó el pantalón y bóxer, liberando su erección, apretando nuevamente el tubo de crema para manos, pero ahora dejando caer el líquido espeso sobre su dureza, para embadurnarlo con una mano y luego guiarlo hacia la entrada dilatada de Tom, metiéndosela de una vez, hasta el fondo, haciendo que Tom gimiera más alto, y ahora Bill lo jaló del cabello largo negro, en su dirección, comenzando a embestirlo con rudeza, y Tom boqueó al sentirse así de lleno, repleto de su novio, tan grueso y largo, directo piel con piel, en lo que sentía cómo su cuero cabelludo se tensaba, con sus brazos, y torso apoyado contra el escritorio, pero la cabeza hacia atrás por Bill jalándole del cabello, en lo que salivaba, sintiendo cómo las lágrimas empezaban a salírsele, no por dolor… Que sí le excitaba el leve ardor en su interior, y la forma de ser así de sometido con fuerza, pero no… Era del placer que sentía.
Bill siguió dándole estocadas profundas, directas contra su próstata, haciendo que Tom no se callara, sino siguiera gimiendo sonoramente.
—Ahora tus inquilinos sabrán lo zorra golosa que eres, Tom… —jadeó Bill, apoyando su lengua contra sus dientes, en lo que seguía meciéndose dentro de aquella cavidad apretada, disfrutando del sonido de humedad, el choque de sus pieles, y la presión de estar tan metido dentro suyo, que hasta cuando sus testículos estaban con las nalgas firmes de Tom, que rebotaban contra su pelvis… Bill sentía que nunca había tenido un sexo así de satisfactorio como este, y ni siquiera se había corrido, por más que el interior de Tom poseyera una estrechez única que hacía que viera puntos blancos por momentos.
Era decadente, delicioso, único…
—Soy tu zorrita, papi… ¡Dame más! —exigió Tom, y Bill gruñó porque sintió cómo es que Tom volvió a apretarlo, sólo lo hacía para enloquecerlo, el menor era plenamente consciente de lo mal que era tener esa charla sucia, por lo que Bill jaló más fuerte del cabello a Tom, empujándose aún más dentro suyo, con un vaivén implacable, haciendo que Tom sintiera que sólo se mantenía sostenido por Bill, porque sino se iba a caer totalmente derretido por el placer que estaba recorriéndole… Haciendo que gimiera más alto, en lo que su miembro soltaba preseminal, incluso sin tocárselo, Tom ya sentía que iba venirse pronto.
Bill estaba con su virilidad latiéndole dentro del canal de Tom, disfrutando de cómo se veía el menor, de su espalda baja, sus hoyuelos de Venus dándole las ganas de lamerlo por completo, quería comérselo entero, desnudarlo y hacerlo suyo en la cama, pero ahora simplemente, Tom merecía que se lo follara rudamente contra el escritorio, haciendo que su primera vez juntos, fuera por completo inadecuada… Pero habían esperado demasiado, y ahora mismo, incluso sabiendo que compartían sangre, no bajaba la excitación…
Tom no era su hijo, era un provocador con quien compartía sangre, era su novio que gustaba enloquecerlo… Y Bill lo adoraba.
Bill arremetió un par de veces más hasta correrse en el culo de Tom, con el menor viniéndose después dejando su esencia caer en chorros al suelo, Bill soltó el puño que tenía aferrado a su cabello, y le quitó también la mano que tenía inmovilizadas las manos de Tom, observando con deleite su semen salir del culo apretado del menor, y escurrirse por sus muslos.
Tom se giró acezado, luciendo hermoso totalmente despeinado, con los labios ensalivados, hinchados y rojizos, las mejillas también demostrando su calor, e incluso las lágrimas empapándolas, pero sin atisbo alguno de tristeza o dolor, con la camiseta desarreglada, que Bill se la quitó con brusquedad.
—Voy a probarte de todas las formas posibles, Tom —masculló Bill, sujetándolo por el cuello para acercarlo a él y besarlo, haciendo que se saboreasen mutuamente, frotándose en lo que volvían a crecer por el contacto.
—Cómeme, papi —farfulló Tom en mismo tono pícaro, que hizo que Bill apretara el agarre de Tom en su cuello, haciéndolo gemir nuevamente.
—Eres tan sucio, Tom… —gruñó Bill para volver a besarlo, penetrándole con la lengua, en lo que Tom se excitaba aún más, sintiéndose atravesado en su cavidad por el mayor, con la respiración entrecortada, en lo que Bill lo hacía retroceder hacia la cama, pensando que sí, le daría su apellido a Tom, pero no por ser su hijo, sino por volverlo su esposo, que sólo ese muchacho así de enfermo y retorcido, tan necesitado de su polla, y tan urgido… Debía ser suyo para siempre.
Todavía tenían mucho tiempo por recuperar, ¿cierto? Tom sabía que Bill era biológicamente su padre, aunque para él, Bill sólo era su papi, el cual quería que le dé extra dosis de leche paterna, por todos los años perdidos y en todas sus cavidades.