Capítulo único
Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Nota: Este día pues es algo emotivo, aunque con humor, que no es novedad si me has leído antes. Pero si te gustó, no olvides dejar un comentario y voto :3
Bill soltó un suspiro resignado, en lo que abría su cerveza para beberla, con Georg mirándolo.
—Ya suéltalo, Bill, que esta reunión no es sólo por confraternizar entre los cuatro, ya vi que tanto Marcus como tú dejaron de seguirse en redes, ¿qué pasó? ¿Por qué terminaron? —cuestionó Georg, en lo que sorbía de su propia cerveza.
Bill volvió a soltar un suspiro.
—Me terminó por el mismo motivo que dijeron mis novios anteriores, que supuestamente tengo una fijación enfermiza con mi gemelo —respondió Bill, poniendo los ojos en blanco ante lo absurda de aquella declaración, él no tenía una fijación enfermiza con Tom, claro que no.
Georg arqueó una ceja, sonriendo divertido. —¿Y la novedad?
—¿Qué? —cuestionó Bill, frunciendo el ceño.
—Que es cierto, tienes una fijación enfermiza con Tom —aclaró Georg, y Bill puso expresión de espanto, el castaño se rió más—. No te hagas sorprendido, Bill. Saca tu línea observando a tus exs… Es decir, Marcus tiene un piercing en el labio, mismo lado que Tom, y también expansiones en las orejas.
—Eso no tiene nada que ver, yo mismo ahora tengo piercings en el labio, es decir, en la actualidad cualquiera puede tenerlo, yo me fijé en Marcus porque congeniamos bien desde el inicio —arguyó Bill.
Georg bufó. —Ay, por favor, te fijaste en él cuando estábamos en una firma de autógrafos y él estaba haciendo cosplay de Tom.
Bill boqueó sonrojándose.
—Eso no tiene nada que ver, simplemente que me cayó muy bien —se defendió Bill.
Georg puso los ojos en blanco. —Antes de Marcus fue… Ya ni me acuerdo el nombre, pero igualmente, usaba trenzas africanas, pero en rubio, y tenía ropa de rapero… Siempre varían tus exs de acuerdo al estilo de Tom, antes eran muchachos con rastas, o rubios, o que se parezcan a Tom más que a ti, por más que sean gemelos buscabas eso, rasgos redondeados, o cualquier característica mínimamente parecida, así que no es novedad de que te digan eso, porque sí, es verdad, Bill.
Bill miró hacia los lados, como esperando que Tom con Gustav salieran de la nada, aunque sabía que estaban en el patio fumando un cigarrillo, sintiéndose paranoico al analizar lo que le decía Georg.
—¿Entonces estás diciendo como si nada que me gusta mi hermano? —inquirió Bill, procesándolo, soltándolo en voz baja, aunque el castaño sí pudo oírlo, y Georg se alzó de hombros.
—Pues sí, es más que obvio que te gusta Tom, Bill, sin importar que sea tu gemelo, y digo, ¿qué importa? Mientras lo mantengan oculto de la prensa, ambos son adultos de veinte años, no es como que puedan embarazarse, mientras sea consensuado, ¿qué más da? No hay un daño real, sólo les compete a ambos —soltó Georg con normalidad pasmosa, y Bill… Parpadeó sorprendido ante ello.
“Mierda, me gusta mi gemelo”, pensó Bill, analizando que sí, que sus exs se parecían de algún modo a ambos, aunque más a Tom, específicamente en él, ya fuera por sus estilos o lo que fuera… Cómo es que sus exs siempre le repetían lo mismo, que al inicio era un:—Aww, qué tierno que sean tan unidos pese a la edad que tengan.
Que progresivamente se volvía un: —Son demasiado unidos para la edad que tienen, no son siameses, no deberían vivir juntos, y tu pareja soy yo, no Tom.
Porque Bill solía hacer desplantes en ocasiones a sus novios por su gemelo, pero es que él sí se los había dicho antes, de que pues Bill realmente era muy unido a Tom, que si Tom lo necesitaba, él iba a ir a su llamado, incluso si aquello significaba dejar a alguno de sus novios por a o b motivo. Tom hacía lo mismo con él, ya que siempre habían sido “su persona”, su alma gemela, el soporte el uno del otro, por lo mismo es que sus parejas debían tenerlo bien en claro, de que si bien estaban con uno, era aceptar sí o sí que venían como “en paquete”, sólo que Bill… No se había percatado precisamente que sus exs tenían razón, que esto no era tan “sano”, porque Bill amaba a Tom, sí, definitivamente, porque era su hermano pero… A veces sabía que al tener sexo no siempre pensaba en sus exs…
Y Georg estaba ahí como si nada diciéndoselo, animándolo al respecto, en lo que Bill supuestamente estaba lidiando con la pérdida por su relación de unos meses con Marcus.
¿Cómo se lidiaba con una situación así? Bill se ponía a analizarlo, el que si bien nunca lo había confesado, aunque fuera para su fuero interno, el que era cierto, que sí, le gustaba su gemelo, pero esto era ilegal, realmente podrían meterlo a la cárcel por ello… Si es que se enteraban.
¿Bill realmente estaba planteándoselo? Ni siquiera podía pensar en decírselo a Tom, porque se le caía la cara de vergüenza, y eso que ellos se decían absolutamente todo, pero… No a ese nivel, de decirle a Tom: —Tom, me metí con chicos que se parecen a ti, y pensé en ti cuando me los follaba.
No era así de sencillo, ¿verdad?
¿Y si Tom pensaba que era un jodido enfermo? Tendría toda la razón del mundo, Tom ni siquiera era gay… Bill sentía que estaba en plena crisis existencial en su sala, frente a Georg que bebía con calma su cerveza.
Pero ni Georg ni Bill sabían que en realidad Tom y Gustav estaban cerca de la mampara del patio, por lo que habían oído toda la conversación que creían privada.
El de trenzas tenía la cara a cuadros por lo oído.
“Oh, joder le gusto a mi gemelo”, pensó Tom, que si bien Bill no había aceptado como tal el asunto, era más que obvio que sí.
—¿Escuchaste eso? ¿Puedes creerlo? —cuestionó Tom en voz baja a Gustav, quien soltó una bocanada de su cigarrillo.
—¿Y dónde está la mentira o sorpresa en ello para ser imposible de creer? Ambos se gustan, ¿no? Es más que obvio —respondió Gustav con sencillez.
—¿De qué carajos hablas? —interrogó Tom, mirando escandalizado a su compañero de banda y amigo, en lo que absorbía otra calada de su cigarro, superado por sus nervios.
—Pues eso, que es evidente, Tom. Tanto tú como Bill tienen una fijación enfermiza el uno con el otro. Si bien no te has metido con mujeres que se parezcan a tu hermano, a diferencia suya, sí has truncado todas las relaciones de Bill —explicó Gustav.
—¿Qué? ¿Yo arruinar las relaciones de Bill? —interrogó Tom en tono indignado, frunciendo el ceño.
—Pues sí, es lo que hiciste con Marcus, ¿no? —preguntó Gustav, aunque en sí estaba afirmándolo.
Tom boqueó sonrojándose. —Es que Marcus era un interesado… Era más que obvio que sólo quería a Bill por lo que podía comprarle, era un jodido fanático, ¿qué mierda podemos esperar de alguien así? —increpó el de trenzas.
Gustav rodó los ojos. —Y por eso le dijiste a Bill que lo viste salir con alguien más, y Bill creyéndote sin pruebas. Pero no es el primero… Si es por dinero, ¿por qué también lo hiciste con Leo? Si él le pagaba todo a Bill, dándole regalos caros, sin ser un cosplay tuyo, ni fan de la banda, e igualmente, ¿qué hiciste? Le pusiste una tanga de elefante en la maleta, que Bill pensó que era de un amante, ¿no? —inquirió el baterista.
—Es que… Leonardo era un hombre materialista, todo frío, no merecía a Bill —arguyó Tom a la defensiva, que sí, había hecho eso, que le sorprendía que Gustav lo supiera, es decir, era más que evidente que había sido más perspicaz que su gemelo para saberlo, así que no tenía sentido negárselo.
—Ninguno merece a Bill para ti, Tom. Por eso siempre arruinas sus relaciones, porque estás igual de obsesionado con Bill, que Bill contigo. El único hombre que sería perfecto para Bill serías tú, según tus propios estándares —acotó Gustav.
Tom se puso a analizar sobre ello… ¿Eso es lo que pensaba? ¿Realmente es lo que tenía en mente? ¿Qué todos los exs eran malas copias suyas y que Bill debería estar con él? Porque sabía que cada uno de los exs de Bill tenían algo parecido a él… Y siempre le daba rabia que Bill tuviera malos gustos en el sentido no de que se parecieran a él, sino que ninguno era él.
Oh… Con que eso era.
—Son unos ridículos los dos, la verdad —farfulló Gustav, en lo que tomaba del brazo al menor, y entraban a la sala, soltándolo allí—. Georg, vamos a seguirla en mi casa, tú y yo —ordenó el baterista y el castaño asintió, levantándose para salir ambos de la casa de los gemelos.
Tom se quedó ahí de pie en lo que Bill estaba sentado, ambos pálidos y con expresión de sorpresa al oír la puerta cerrarse.
—¿Qué parte escuchaste…? —quiso preguntar Bill, tragando saliva, en lo que Tom se ubicaba sentándose a su costado.
—Lo suficiente —respondió Tom a su hermano.
—Yo… Mierda, ok. Por favor, déjame explicártelo, Tom, no quiero que pienses que soy un jodido enfermo, ni siquiera fui consciente de ello, yo es que… —Bill estaba intentando justificarse de forma atropellada, por lo que antes de seguir hablando, Tom acortó la distancia entre ambos y lo calló con un beso, haciendo que Bill tuviera la boca abierta, al igual que sus ojos, pero rápidamente correspondiera al gesto, sintiendo los labios de Tom moverse contra los suyos, y su lengua colándose en su boca, por lo que terminó por suspirar pero con ganas de más cuando el de trenzas se separó de él, dejándolo con los labios entreabiertos y hecho una trompa en su dirección—. ¿Por qué hiciste eso? —preguntó Bill, aún sintiendo el sabor de los labios de su gemelo en los suyos, y cómo es que un beso le remeció por completo desde adentro, haciendo que no se sintiera enfermo ni nada, era… Algo que apretó su pecho, y lo sorprendió, haciendo que se olvidara hasta lo que iba a decirle a Tom.
Tom se relamió los labios. —Para comprobar algo —respondió el mayor.
—¿Qué cosa? —cuestionó Bill, parpadeando confundido hacia su gemelo.
—Número uno, que te gusto, porque me correspondiste de inmediato, y número dos… El sabor de tus labios —respondió Tom observándolo con fijeza y brillo en sus orbes.
—Déjame comprobar algo a mí —pidió Bill, tomándolo por la mano, y Tom asintió, en lo que el más alto lo llevaba en dirección a su habitación, besándolo nuevamente pero ahora por la iniciativa del de cabello corto, acariciándole con sus pulgares sobre su cuello, haciendo que la piel de Tom se erizara bajo su contacto, en lo que Bill lo empujaba contra la cama con suavidad, al hacer que el de trenzas chocara contra el borde de su colchón, con la parte trasera de sus rodillas, haciendo que Tom quedara de espaldas sobre el colchón del más alto.
No hubo necesidad de palabras, ambos empezaron a desnudarse ante la atenta mirada del contrario, en lo que Bill sacaba el tubo de lubricante de su cajón para ponerse entre las piernas de Tom, quien las abrió para recibir a su gemelo, quien volvió a besarlo, pero no sólo saboreando sus labios, no, sino que Bill frotó su cuerpo sobre el de Tom, haciendo que sus miembros se friccionaran entre sí, por lo que ambos empezaron a soltar exclamaciones de sus labios, desconociéndose en el sentido de que no sabían quién emitía tal o cual sonido, por más que sus voces fueran diferentes, en algún punto, sus gemidos sonaban parecidos, pero Bill sabía… Que no era suficiente el sólo sentirse piel con piel, con su virilidad latiéndole con fuerza, sobreestimulada por la sensación de la dureza de su gemelo, no, Bill añoraba más, por lo que comenzó a saborear a Tom no sólo en sus labios, que eran por completo deliciosos, por más que fueran “iguales” a los suyos, Bill no los sentía así, o quizá era una parte narcisista suya, pero era Tom… Tom era distinto, tan unido a él, pero al mismo tiempo otra persona, por lo que fue a su cuello, saboreando la sal del de trenzas, quien se estremeció al sentir cómo aquella lengua que al inicio serpenteaba con timidez, luego se volvió una succión fuerte y demandante, por lo que Tom empujó su pelvis contra la de Bill, en lo que ponía los ojos en blanco, porque si bien había tenido amantes que le dejaban chupetones en el cuello, nunca había sido algo así, el de trenzas sabía que era porque era Bill.
Bill siguió chupándolo, pero no bastándole con dejarle una marca en el cuello, es que fue bajando por sus pectorales, dejando mordiscos, lamidas y succión en cada tramo de piel a su disposición, haciendo que Bill fuera plenamente consciente de que este deseo que le nacía desde adentro, aquella ansía de más, era porque era Tom… Que siempre había sido él, que buscaba engañar a su mente, repitiéndose de que alguien tendría que ser especial, lo suficiente para bastarle, que tenía mala suerte en el amor, pero no, todos eran un pobre reemplazo de Tom, ninguno era su gemelo, y ahora, al chuparle la cadera en lo que acariciaba la erección del de trenzas, que era tan similar a la suya, escuchándolo jadear bajo suyo, lo sabía, siempre había sido Tom, que era cierto, que tal vez estaba enfermo, pero no le interesaba, y si Georg, y ahora Gustav, le daban la venia, pues… Tom le correspondía, aunque no lo hubiera dicho, no habían tenido un momento de confesión como tal, más allá de la realización de que ambos sentían algo por el contrario, pero no era necesario.
Bill mordió el muslo interno de Tom, quien siseó, con su pene dando un bote contra su vientre, en lo que el de cabello corto sonreía, para levantarse volviendo a besarle los labios, en lo que diestramente abría el lubricante, echándose una cantidad del líquido sobre sus dígitos, buscando aquel lugar debajo de los testículos de su gemelo, preguntándole con los ojos, mediante su conexión, y Tom lucía temeroso, pero enredó sus dedos en el cabello corto de Bill, besándolo, jugando con su lengua, y Bill lo supo, que era una respuesta no verbal, que lo alentaba a seguir, incluso si aquella fuera la primera vez de Tom con un hombre, no iba a resistirse a ello, dejándose hacer por su gemelo, es más, anhelando que lo hiciera, porque lo sabía, lo supo desde antes.
Ellos se tenían la confianza suficiente para hablar de sus hazañas sexuales, incluso del sexo insatisfactorio, así que Tom sabía que su hermano tenía una marcada preferencia por ser el activo en sus relaciones, que pese a que su look tuviera más accesorios femeninos, e incluso Bill mismo compraba prendas en la sección de mujeres en más de una ocasión, teniendo muy en claro la actitud de David Bowie, quien era el ídolo de Bill, pues su gemelo era un gay activo, que en rara oportunidad era el pasivo, y que entonces Tom sabía que sus exs fueron pasivos de Bill, los mismos que se parecían a él, así que en esta situación, Tom tendría que ser el pasivo, y la idea no lo desagradaba, por más que no hubiera estado con un hombre antes, la realidad del asunto, es que sí estaba un tanto familiarizado con el tema, porque una chica al hacerle una mamada le metió los dedos, y Tom se corrió no por la succión de los labios de la muchacha de turno, no, sino porque ella le tocó la próstata, lo que dio pie a que Tom mismo hiciera su propia investigación en privado al respecto, según él no pensando en nadie al hacerlo, pero ya era consciente de que sí tenía a alguien en mente todo el tiempo.
Así que cuando Bill le metió los dedos, y Tom se relajó con más facilidad de que la que se esperaba de un chico virgen, Bill tuvo preguntas que se las haría después, en lo que empezaba a hurgar en su interior, buscando dilatarlo, abriéndolo desde adentro, en lo que rozaba el punto sensible de su gemelo con sus dedos, haciendo que Tom soltara suspiros en lo que tensaba los músculos de sus piernas, apoyando su brazo sobre su frente, en lo que tenía los labios entreabiertos, con la manzana de Adán subiendo de arriba abajo, luciendo tan frágil y excitado, como cuando Bill lo veía en los conciertos tocando la guitarra, sólo que ahora no era Tom quien usaba los dedos para formar las más hermosas melodías, sino Bill, que no sabía tocar ningún instrumento pero estaba haciendo que el cuerpo de su gemelo, que su interior sensible fuera el mejor instrumento que pudo haber deseado aprender a entonar.
Cuando Tom estaba más que apto para más, ya que su interior se tragó sus cuatro dedos, en lo que empujaba su trasero contra ellos, es que Bill tenía la garganta tan apretada, al igual que su erección que estaba bañada en preseminal, goteando deseosa por reemplazar sus propios dedos, para percibir aquella estrechez alrededor de su necesitada virilidad que quería fundirse dentro de Tom.
Bill se masajeó levemente le hombría, porque sabía que si se tocaba más iba a correrse, y ubicó la punta de su pene contra la entrada de Tom, empezando a introducirse poco a poco, en lo que Tom siseaba, y Bill lo besaba, acariciándole la dureza, buscando distraerlo del escozor, porque cuatro dedos no era lo mismo que una verga ancha y larga metiéndose dentro tuyo, y Tom chupó la lengua de Bill, en lo que apretaba su interior tanto conforme Bill seguía metiéndosela… Dolía sí, pero al mismo tiempo, quería más, Tom quería más de aquel dolor, porque era Bill, algo por completo nuevo para él, sin embargo, Bill era todo lo que quería, Bill y todo lo que tenía para ofrecerle, por lo que abrazó a su gemelo con sus piernas, empujándose como cuando lo hizo contra sus dedos, y ambos sisearon cuando la polla de Bill llegó a su tope, entrando por completo.
Bill acarició nuevamente la erección de Tom, en lo que se volvían a besar y el de trenzas gemía contra la boca de Bill, relajando su interior, y con ello, presionando sus talones en el trasero del más alto, quien empezó a arremeter en su interior, en un vaivén que hizo que Tom gozara por completo de la experiencia de ser llevado en la nave de Bill…
Bill, que tenía los ojos con el maquillaje corrido, con gotas negras no por llanto, sino por el sudor, en lo que estaba embistiéndolo al mayor, relamiéndose los labios, con el cabello corto despeinándosele conforme seguía batiendo sus caderas con presteza… Tom se aferró a los hombros delgados y huesudos de Bill, sin necesidad de tener que agarrar un par de pechos, no, sólo Bill, en lo que movía sus propias caderas, acoplándose al ritmo de Bill, quien era su guía en esto, y el de trenzas se lo permitía, haciendo que ambos estuvieran en un vaivén incesante, una danza que no compartieron con nadie más… Por más que Bill estuvo con muchos hombres, por más que Tom estuvo con muchas mujeres, o incluso experimentando con él mismo, nadie se le comparaba al contrario…
Cuando el orgasmo les llegó de lleno, haciendo que Tom explotara contra el puño de Bill, bañando ambos vientres con la esencia caliente y espesa, Bill se corrió dentro de Tom, y casi se desplomó sobre él, saliéndose sólo porque sabía que habría un poco de dolor y sensibilidad al ser la primera vez de Tom, pero besándolo con cariño después, en lo que le acariciaba el rostro, las mejillas, juntando sus narices, y viéndolo entre sus pestañas.
—¿Y qué querías comprobar? —cuestionó Tom con la voz ronca después del encuentro intenso que tuvo con su gemelo, observando aquellos ojos sobre él, que eran tan iguales pero, al mismo tiempo, diferentes.
—Que ninguno podía compararse a ti… Que siempre te busqué en otros cuerpos, y otras bocas, parecidas, pero sentirte… Que seas tú quien me abraza con tus piernas, quien me recibe dentro suyo, tú, Tom, sólo tú… Estoy mal de la cabeza, lo sé, y tú igual, pero no me interesa, hacerte el amor fue lo mejor que pude haber sentido —declaró Bill, y Tom se rió, no por burla, sino por nervios ante tal confesión, que hacía que se le escarapelase la piel, había algo en Bill, en la intensidad de su mirada, en cómo se apasionaba por lo que realmente le importaba, como cuando le contaba una de sus ideas para canciones, y reconocía aquel fulgor, aquella fuerza, el amor que le profesaba su gemelo estaba a ese nivel… Incluso más, debió sospecharlo, quizá eran gritos mudos el que le dedicara siempre canciones, o la forma en que lo miraba al cantar In die nacht, como fuera… Ambos se amaban y esto era el comienzo de algo que no sabrían cómo seguiría.
—Pienso lo mismo, Bill… Sentirte crecer dentro mío, y no sólo lo digo en sentido literal sino de todo lo que he sentido desde antes y me negué a admitirlo supongo, me… Has desestabilizado, eres inevitable, ¿sabes? De algún modo esto iba a pasar. Has sido un huracán que deja destrozos a su paso, y yo… Siempre me ha gustado ese desastre —cedió Tom, sin poderle mirar a los ojos, sintiéndose tan expuesto en este punto de fragilidad y vulnerabilidad, Bill lo tomó por la quijada e hizo que lo viera.
— Eres tú, todo lo que soy, y todo lo que fluye a través de mis venas… —canturreó Bill contra los labios de Tom, para luego besarlo, haciendo que ambos cerraran los ojos, a sabiendas que eran el talismán del contrario, de uno vivía en el otro siempre, que sólo en los labios del otro encontraban el refugio, encendían las estrellas en la noche más oscura…
Que sólo entre ellos podían brillar así, sólo por el otro, no por alguien más… No a ese nivel al menos, ya no habrían más barreras, ni mentiras a sí mismos, no, sólo entrega total y absoluta.