001
Despedidas.
Las despedidas no son mi fuerte... y eso que crecí acumulando recuerdos como si fueran estampitas.
Una persona más sensible que yo, es mi abuela Erica. Su mirada benevolente es mi debilidad y la de mi abuelo, aunque bastante más serio siempre ha sido un hombre afectuoso y a consecuencia muy dulce. Ahora ambos parecen tristes y demasiado emocionados. Irme de su ala es muy difícil, pero con lo que me costó entrar a esa bendita facultad, las lágrimas valen la pena.
— Recuerda llamar, comer bien y estudiar mucho.— se ve hasta más emocionada que yo y vaya que está difícil, me hace extrañarla y todavía ni me voy de la estación. Mi abuelo al contrario parece haber chupado un limón.
— y si algo te molesta podés volver cuando quieras. — mi abuela lo codea de una manera muy poco disimulada con su mirada desintegradora.
— ¡Germán no le bajes los ánimos! Mejor ve a buscar sus maletas. como siempre regañándolo, realmente los voy a extrañar. Puedo sentir los ojos aguados, mis labios contraerse al igual que mi nariz.
— Abu te voy a extrañar demasiado... — cierro los ojos, cuando los vuelvo a abrir ya estoy entre esos mismos brazos que me criaron junto con esa sonrisa tan amable y llena de nostalgia. Mi mundo vuelve a su eje.
— No llores ahora, te queda todo el viaje para eso... mejor nos apuramos antes de que te deje el tren. — toma mis hombros con mucha convicción, recordándome que debo hacer, como siempre.
— ¿Nos vamos? — mi abuelo aparece muy confundido con las maletas y unas cajas. — ¿Estás bien? No pasa nada si te quieres quedar — de nuevo percibo su expresión de preocupación, semejante a la de un cachorro mojado.
— Nop, estoy bien — le quitó una de las cajas, dejando un beso en su mejilla.
Los tres caminamos parloteando, mi abuela regañando a mi abuelo y yo riéndome. Lo habitual.
Abrazo por última vez a mis queridos abuelos, quisiera quedarme, pero sería tirar su esfuerzo y el mío por la borda.
Me despido de ellos con la mano antes de subir, el tren avanza y por la ventanilla los observo despedirme con muchas lágrimas.
Realmente espero no decepcionarlos... aunque capaz lo hago en el primer parcial.
{♡•♡•♡}
Apenas llego y ya me estoy congelando, ¿Por qué carajos hace tanto frío? Ni siquiera recuerdo si traje abrigos suficientes.
La llovizna se cuela por el cuello de mi abrigo. Las pestañas me pesan, las gotas dificultando mi visión de la terminal llena de pisadas apresuradas y charlas que se oyen de fondo. Respiro una vez y siento que el frío me perfora como si me hubiera tragado un clavo, debo parecer un chihuahua temblando en una esquina.
Entre tanta gente corriendo abrazar a sus familiares y amigos, quedo yo, que no tengo ni idea de como voy a llegar a la facultad y de ahí al pequeño departamento que encontré en internet.
— Hola, disculpa ¿Eres Aurora Lane? — una mujer de unos cuarenta y tantos pelinegra, interrumpe mis quejas internas, a pesar del mal humor no me gustaría desatarme con la mujer,que parece amable, tiene un brillo particular en la mirada, algo parecida a la picardía de un niño que acaba de darle chocolate a su gato.
— Sí, soy yo, ¿Por qué pregunta? — ya con los humos más bajos me causa nerviosismo, no tengo idea de quién es esta mujer. Siendo sincera no es mi culpa desconfiar, mi abuelo se concentró en pasar toda la semana anterior contándome sobre secuestros y desapariciones.
Morirme en mi primer día en la ciudad sería el peor chiste de mi vida.
Además de mi cara empapada ahora me sudan las manos de los nervios, mi corazón retumba como si estuviera preparándome para correr un maldito maratón.
Que dramática eres Aurora, calma los nervios.
La mujer que, ahora, me derrocha desconfianza me analiza con la mirada antes de sonreír con amabilidad — soy Esme, amiga de tu abuela, ella me mandó a buscarte. — cruza su brazo alrededor de mis hombros con mucha confianza — No quería que su linda niña se perdiera en la ciudad, así que te 4 llevare a tu universidad. — deja unas palmadas en mi espalda dirigiéndose a un bonito auto rojo, voltea hacia mí al notar que no estoy a su lado.
— Apúrate niña, trae esas cajas antes de que te roben.
vuelvo a mí misma tomando las cosas con algo de torpeza, la risa de Esme se hace notar a mi lado, la veo alzando algunas cajas. Si soy sincera su risa no podría denominarse hermosa, es más como un globo desinflándose, aun así, me causa mi primera carcajada del día.
{♡•♡•♡}
— ¡Hijo de puta, no me grites!
Okey... se me hace que idealice un poco bastante la ciudad.
Esme parece que saldrá por la ventana para matar al hombre parado al lado de la puerta, también, muy enojado. Resulta que este hombre estúpido y bucéfalo, en palabras de Esme, acaba de sacar volando el espejo del bonito auto y pues se la devolvimos.
Se escucha un golpe seco en el capó del auto junto a un rebote, el hombre de barba grasienta acaba de tirar su cerveza en el capó del auto.
Dios, iluminalo o eliminalo.
Antes de que lo haga Esme
Los ojos de Esme ahora se ven profundamente mortíferos, él parece percatarse de su muerte, pobre tipo, hasta a mi se me pusieron los nervios de punta.
El estruendo de la puerta del piloto siendo cerrada me indica que habrá tormenta, más los insultos creativos que salen como balas de la boca de la mujer pequeña que acaba de casi desarmar el auto de un portazo, y como cereza del pastel, unas luces rojas y azules a lo lejos hacen que quiera arrancarme los pelos.
Debería fingir que me secuestraron.
Esme maldice en murmullos con la radio medio alta, mientras limpia una y otra vez el visor del auto con impaciencia.
—pedazo de tarado...— si no fuera por la tensión del momento me estaría riendo a carcajadas de su enojo. Al final estuvimos una hora varadas en la avenida, hasta que llamaron a la policía, el resultado, el tipo era más alcohol que sistema nervioso. Aunque su aliento penetrantemente asqueroso a cerveza muy probablemente me eliminó futuros resfriados.
Algo que me tomó por sorpresa es la habilidad de Esme con la policía, realmente es convincente, puedo decir que sería una buena abogada. Aún recuerdo al pobre policía con cara de asustado, tal vez era su primera patrulla, pobre.
{♡•♡•♡}
—¿Qué vas a estudiar niña? — su postura hace un intento por relajarse, sus dedos buscan bajarle el volumen a la radio, sentí su suspiro profundo, como si tratase de sacar todo de su mente.
— Criminología, el tema de nadar en la mente de los criminales es... personal para mí. — no puedo evitar desbordarme un poco. Respiro profundo, hago puños de mis manos hasta que los nudillos se tornaron blancos, mi nariz se contrae junto con mi entrecejo, todo pasa a segundo plano, no puedo escuchar más allá del bombardeo de mi corazón, junto con el nudo en la boca del estómago.
La imagen de esa sonrisa cálida y tan triste invade mi mente como una flecha...
Esme parece notar mi repentino cambio de humor, siento su mirada lejana pero penetrante, hago contacto visual con ella, en vez de la mirada juzgadora o confundida que me esperaba, sus ojos reflejan pura condescendencia, una capa de brillo cubierta de dolor, como si fuera a romper a llorar. me deja desconcertada.
— Wou, que carrera más pesada elegiste, para mí tenías más pinta de estudiar letras— vuelve en sí limpiando sus ojos aguados cerrando el contacto visual, puedo identificar su voz cortada y ahogada al decir eso. Parece recomponerse.
En el silencio casi hipnótico que queda en el aire, mi mente repasa la escena de sus ojos una y otra vez, mi piel se eriza, como si acabara de descubrir un secreto.
—Supongo... hay mucho que me gustaría entender— sale como un murmullo ligero. Mis labios forman una línea, clavo mis ojos a mis manos como si no existiera nada más interesante.
Hay mucho que me gustaría entender...