El Laburo puede esperar...
Empieza a trabajar en casa desde la noticia de que su marido está embarazado.
Otra vez.
Siempre usa protección, es solo que su cría más juguetona encontró los preservativos. Y con una aguja...
De solo recordarlo.
¡Ay! Duele.
—¡Feliz día del padre! —Su omega con una sonrisa le entrega una pequeña caja.
Bastante bonita con un listón que claro el beta expectante la abre.
Una prueba de embarazo.
Positivo.
—A este paso voy a mudar de pelaje, otra vez.—Las crías recientes, que son gemelas apenas tienen ocho meses. —Omega. —Lloriquea.
Bueno, el resto es historia.
—Cachorros. —Acomoda la laptop encima de una mesa. Instaló una pequeña habitación para su persona, dedicada exclusivamente al trabajo.
Trabajo que tiene pendiente desde ayer. No es alguien que le guste dejar las cosas a medias, pero su familia lo necesitaba.
Jaiden lo quiere para que le expliqué un teorema de Pitágoras. Su muchacha es igual de exigente que él.
Bastante dedicada a su estudio. Tanto que esa dedicación se vuelve exigencia y termina en vela con la luna. Inevitablemente, el omega no para de decir que eso seguro lo sacó de su esposo.
Claro. Cucurucho es un consternado con la responsabilidad. Sin embargo, el dientón no se queda atrás.
Si de resentidos hablamos.
El vengativo y gay de Doied lo es.
Continuando con las necesidades de su camada:
Nacho lo necesita para armar un cuento. Ese niño ya a sus siete años garabatea en los cuadernos (anteriormente en las paredes) diversas historias.
Creativas. Coloridas, especialmente eso. La cría tiene la maña de agarrar todos los marcadores (no lápices, no colores) y escribir con eso mismo en las hojas.
Plasma cada cosa que se le venga en gana. Si ve un perro: dibuja un perro con alas.
Ese toque que siempre les pone a sus dibujos: unas alas.
Finalmente, con sus dos crías últimas (del momento) ya tienen un año y un par de meses. Quienes ya crearon su propio lenguaje, el beta intenta recordar (incluso tiene una libreta exclusiva para ello) esa dichosa creación.
Reconoce que ellas tienen una fascinación con la letra "p", lo meten en todo. Hay excepciones, cuando Holly (la menor por minutos) está molesta con su hermana Lía usa la "d".
Apoyarse de la "d" es tan Doied.
Detalles, pequeños detalles que el padre de está camada se mantiene al pendiente.
Que como todo ser humano tiene responsabilidades, aparte de sus crías. Tiene que laburar, sino ¿Cómo va a comprar más libretas?
Honestamente, las libretas son su lenguaje. Escribir lo es.
Le es más fácil comunicar y transmitir sus ideas a la hora de transcribirlas a papel con la pluma. Confiesa que en secreto está imitando la técnica de su cachorro, escribir con marcadores. Es divertido.
Resalta.
—He caído por completo.— Nota que en su reloj ya marca las cuatro de la tarde. Se supone que esté día es para laburar. Y, terminó armando una extensa presentación sobre su camada.
Con un aroma igual de débil que sus feromonas. Sin voz de mando o un papel como líder dentro de una manada.
Un matrimonio entre un omega y un beta es algo extraño. Es bastante criticado por su dinámica. Se supone que un omega nace para un alfa, así viceversa.
El omega necesita de feromonas fuertes (que precedan de un alfa) y un aroma que conforte por completo. Cabe mencionar que una marca, la cual forma los famosos vínculos emocionales a través de este lazo invisible. Todo esto dejando atrás el más grande detalle: el celo.
La afamada época de apareamiento, donde estos superficiales eventos se unen para llegar al clímax de la reproducción.
Olvidamos por completo que el moreno no es alguien precisamente común. Que esté casado con un beta es el menor de sus rarezas.
—Toc, toc. —Hablando del rey de Roma.
—El burro que se asoma.—Deja la portátil a un lado. Ni un párrafo empezó.
—¿Qué? ¿¡Qué verga acabas de decir, pendejo!?—Empuja la puerta. Omega en cinta detectado.
—Nada. ¿Feromonas?— Descansa la espalda contra el respaldo. Debe cambiarla por un mueble, no quiere estar el día del parto con dolor de espalda.
Jura mentalmente que va lo cargará.
Esta vez no se va a desmayar. La única vez que tuvo una cría y no se desmayó: Solo fue con Jaiden.
La única planeada. Es que cuando ya la conoce, la ave ya tiene casi nueve años.
—Solo vine a ver a mi marido. ¿Qué ya no puedo? —De pie, el preñado se queja.
—Estoy trabajando.
—¿Ahm?—Veloz se acerca. —Ni una sola palabra aquí, ve. —Alza una ceja. —¿Qué andabas pensando, osito? Cuando no agarras pala es porque andas pensativo. —Reflexiona.
—En ti.
—Ya no tenemos veinte. Ese truco ya no te funciona. —Aprovecha la ausencia de responsabilidad (y consternación) laboral de su marido para sentarse en su regazo.
Después del nido, esté es su sitio preferido. Puede marcar a gusto con su aroma a lo suyo.
—Te pareces a Dorito.— Aparte de tener su casa llena de mocosos. Está un gato y unos pájaros (de Jaiden). —¿Vas a ronronear?—Con suavidad rodea el torso de su esposo.
—Las garras te saco, pendejo. —Rueda los ojos. —Solo vine porque no paraban de patear, me duele un vergo. —Se soba el vientre.
—Ya. Lo sé. —Recuerda que en el anterior embarazo: Los síntomas fueron para él.
Por cierto, gemelas.
Un bebé ya es un caos. Imagínate dos.
—Qué pena que está vez no te haya tocado los síntomas.— Se queja Doied. En su ya mencionado embarazo: hizo la de gozar. —A la próxima caerás en cama, osito. —Promete mientras acaricia su vientre.
—¿Próxima? Omega, de verdad harás que me quedé calvo.
—Ya, ya, relaja la panza. Qué por eso eres un oso. Muda de pelaje.— Acurrucado con dolores, pero jodiendo a gusto.
—Como si fuera tan fácil. —Lo hace sonar así. —¿Dónde están las gemelas? — Raro es cuando el de anteojos no está con esas chiquillas.
Jorgito está jugando con ellas. —Dejo al pobre suero a cargo.
Al palo con una bolsa no le hace gracia cuidar a esas dos.
Es horrible.
¿Cuándo aprendieron a caminar? Lo peor: ¿¡A crear su propio idioma!?
Ya el pobre suero no logra comprender si lo están insultando o qué. Cual le toca inmóvil estar y ser usado como una simple barra que colgarse.
Colgándose como si fueran monos.
—No me cambies el tema, pendejo. Diga, ¿por qué anda muy pensativo? Eh. ¿Qué ocultas? —Agarra la adorable cola de su marido, apretándola para dar peso a sus palabras.
—Confidencial. —Desafiante alza una ceja.
—Mis huevos, cabrón. —Continúa asfixiando la sensible cola. —Así me siento a diario. Pinche pendejo que no revisa los condones, todo es tu culpa. —Indignado.
—Recuerdo que te di la opción de abortar, genio.
—¿Esta es la parte donde debo decir un discurso provida?
—¿Qué? No. —Ríe. Extraño.
Uf. Qué día.
Recordar en un par de minutos todo lo que está viviendo...
Ha cambiado.
—Du, du, du. —Tararea sonriente. —Mira nomás, ya te ríes todo bonito, todo libre. —Es distinto.
—Contigo es imposible, payaso de medio tiempo.
—Ja' postal de Oso Bimbo.
—Esperaba algo mejor del gran y poderoso Doied. —Alguien se puso a ver ponys de colores humanizadas.
—A ti te mama que te insulten, wey. —Clava sus pequeños colmillos en el cuello del beta. Al mismo tiempo que su aroma sigue esparciéndose en la habitación. —Labura.
—Se el ejemplo.
—Cargo a tus bastardos.
—Excusas, excusas. Cuando uno quiere trabajar hasta sin mano lo hace.
—Hasta acá el perfil de bastardo explotador.
—Descansa. —Sarcástico abraza a su esposo.
Ya conoce a Doied.
Sacarlo de su regazo es como un trámite a la fiscalía.
En especial si está en cinta.