Capítulo único
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Nota: día 19, me pregunto cómo es que he llegado tan lejos jajaja, no es como tal un songfic de la canción de Vocaloid pero sí tomé partes de ella. Si les gustó no olviden dejar un voto y comentario :3
A Bill y Tom les gustaban las fiestas, el ruido, baile, e incluso el alcohol, aunque fueran menores de edad, pero no las fiestas familiares, no en su casa, no… Porque aquello significaba adultos bailando terriblemente, soportar que tías les jalaran los cachetes, que pues no pudieran beber para que su madre no quedara mal y… Soportar a otros familiares, al punto de que tenían la casa abarrotada de gente entre sus primos, tíos, y demás familiares con la bulla al máximo, así que no era una fiesta jovial con adolescentes o hasta universitarios, que fuera divertida, no, era un sitio atestado de gente, que olía mal, se oía peor, y dónde Bill y Tom fueron lanzados a la habitación de Bill, porque en la de Tom estarían sus primos.
Ni siquiera se lo preguntaron, simplemente los lanzaron dentro sin darles opción alguna a refutar.
Bill miró con fastidio a Tom y se echó en la cama.
—Pues tú ve dónde dormirás, porque aquí no entramos los dos —masculló Bill, con el ceño fruncido, porque ya no compartían cama desde que eran niños, ya tenían dieciséis años para tener que hacerlo.
Tom también frunció el ceño, pero se echó en la cama, empujando a Bill.
—Sí entramos si nos acomodamos —avisó Tom, en lo que le daba la espalda a Bill, ambos dándose la espalda en lo que uno empujaba al otro—. No seas pesado, sí entramos apretados pero lo hacemos.
—Es mi cama, no me jodas, duerme en el piso —masculló Bill, en lo que intentaba hacer que Tom se saliera de su cama, y el de rastas hacía también su lucha para evitar caerse.
—¡No estoy aquí porque quiero, nos han encerrado dentro, imbécil! —se quejó Tom, dándole un codazo a su gemelo, quién gimoteó de dolor, y le dio otro codazo en venganza.
—¡Imbécil tú! —gritó Bill de vuelta.
Estuvieron dándose codazos hasta que finalmente, Tom se cansó y se giró, jalando a Bill para que también se diera la vuelta.
—¿Por qué estás tan insufrible? Somos hermanos, nada te cuesta que durmamos como antes, no necesitamos estar abrazados como cuando éramos niños, sólo dormir aquí. Yo estoy cansado y tú igual, afuera siguen de fiesta, ¿por qué tienes que actuar así en este momento? Justamente cuando se trata de compartir espacio o algo te pones así, Bill. ¿Tanto te molesto? —inquirió Tom mirándole con dolor, pero no a nivel físico, sino por la actitud de Bill que le daba un malestar, cómo de alguna forma se habían distanciado con el paso de los años, olvidando lo unidos que eran desde niños, sin mencionar que el cariño que siempre se habían tenido.
Bill lo miró con intensidad, como con algo guardado dentro suyo, algo que no se atrevía a vocalizar.
—Lo olvidaste, y eso es lo que me hace odiar cada cosa que implique estar cerca de ti cuando estamos a solas, principalmente cuando estamos en una cama —dijo Bill tajante y Tom frunció el ceño, sin entenderlo.
—¿Olvidar qué? —cuestionó Tom y Bill lo empujó nuevamente, intentando que se cayera de la cama, pero el de rastas se aferró a los hombros del menor.—¡Basta, dime! —exigió el rubio.
—No tiene sentido hacerlo si ya olvidaste todo, eres un imbécil, Tom —mencionó Bill dolido, y Tom se estaba exasperando porque en realidad no entendía nada.
—¿De qué carajos hablas, Bill? ¿Qué cosa olvidé? Tú eres quien siempre se olvida de todo, de los códigos que hacíamos en nuestro propio idioma, de los toques especiales de puerta, de cada fecha que dijimos —masculló Tom, porque él era quien se acordaba de todo, y Bill siempre era el que olvidaba, ¿qué cosa podría haber olvidado Tom?
Bill apretó los labios en una fina línea.
—Pero no me olvidé de lo que nos juramos cuando teníamos cinco años —soltó Bill con veneno en la voz.
Tom parpadeó confundido, analizando lo dicho por su gemelo, ¿juramento a los cinco años?
Ellos siempre habían sido muy unidos, el soporte para el otro, a los cinco años aún dormían juntos. ¿Qué cosa se habrían dicho a los cinco años que fuera tan importante? Ya habían pasado nueve años de ello…
Tom volvió a ver a Bill, y fue como si su mente hiciera un corto circuito cuando observó los ojos de su gemelo, como un recuerdo, quizá mediante la conexión que tenían, es que vinieron las memorias de aquella noche…
Bill y Tom estaban en la cama con sus escasos cinco años, luciendo completamente iguales, en lo que se abrazaba uno al otro.
—A veces quisiera que fuéramos personajes de cuentos o de películas —comentó Tom de cinco años.
Bill levantó su cabeza y vio a su gemelo.
—¿Sí? Yo también —respondió Bill, sonriéndole a su gemelo.
Tom quería sonreír sólo ver a su hermano hacerlo, de no ser que su pensamiento no era tan feliz como el que quizá estaba teniendo Bill.
—En los cuentos siempre los protagonistas viven felices por siempre —acotó Tom.
—Oh, pero ya soy feliz contigo, Tomi —arguyó Bill, haciendo un puchero.
—Sí, pero me refiero juntos por siempre, siendo felices y comiendo perdices —recordó Tom.
Bill abrió su boca formando una “o”, al comprender a lo que se refería su gemelo.
—Pero yo puedo ser tu príncipe, tu caballero para amar, Tomi —acotó Bill, acariciando las mejillas de su gemelo, apoyando su frente contra la de Tom.
—Los hermanos no pueden… —quiso aclarar Tom, pero Bill le puso el dedo índice sobre los labios, chistándolo.
—Nosotros no somos como los hermanos normales, Tomi. Así que esas reglas no son para nosotros —aclaró Bill.
Tom asintió, sabiendo que sí, que su relación era muy diferente a la de las que tenían otros hermanos.
—Entonces prometamos esta noche que no importa lo que pase, siempre seremos el príncipe del otro —farfulló Tom, y Bill asintió, mostrándole su meñique.
—Por la garrita —dijo Bill, y Tom apretó su meñique con el de su gemelo.
—Por la garrita —cedió Tom.
Tom volvió a su presente, siendo consciente de que luego les hicieron dormir en camas separadas, y que con ello, conforme iban creciendo, olvidaron aquella promesa, al menos Tom, porque pues sí salieron con otras personas, ahora Tom notando que básicamente Bill se enojaba cuando él empezó a salir con chicas, que desde ese punto es que lo trató diferente.
Habían hecho una promesa de ser el príncipe del contrario…
—Yo… Perdóname, Bill. Lo olvidé —masculló Tom, sin interesarle el cuestionarse lo evidente, de reclamarle el que hubieran sido niños, que el cometer incesto estaba mal, no, porque seguían manteniendo la premisa de que ellos no eran como los otros hermanos, ni nunca lo serían—. Déjame recompénsartelo y ganarme mi estadía en tu cama esta noche —susurró para poner la mano sobre el pecho de Bill, haciendo que el de cabello negro quedara de espaldas en la cama, en lo que Tom le bajaba los pantalones y ropa interior a su gemelo, liberando el pene de Bill, quien lo tenía flácido en ese momento porque precisamente no estaban haciendo nada de connotación sexual.
Bill en realidad estaba esperando más bien algo de carácter emocional, porque se había sentido celoso y dolido de cómo Tom había sepultado aquel juramento, pero… Su gemelo no le dio tiempo de procesar nada cuando el de rastas sujetó su miembro para metérselo a la boca, haciendo que Bill jadeara y empezara a endurecerse dentro de los labios del rubio, por lo que sujetó las rastas de Tom, en lo que empujaba su pelvis contra la boca de su gemelo, observando cómo Tom subía y bajaba por encima de su polla, en realidad Tom nunca lo había hecho antes, estar con un hombre, pero de todas formas, se sentía muy comprometido con la idea de obtener el perdón de su gemelo, así que se dejó guiar por Bill, en lo que continuaba chupándolo, sin sentir asco alguno porque fuera una verga en su boca, porque al final de cuentas era Bill, y nada de él podría hacerlo sentir desagrado.
Tom no era el mejor con las palabras, era más de acciones, así que por ello es que creía mejor demostrarle cuánto lo amaba de aquella forma a su gemelo, en lo que empezaba a relajar la garganta, para dejar que Bill siguiera penetrándolo en la boca, haciendo que su miembro despertara en sus propios pantalones, haciendo que se cuestionara cómo el estar casi atorándose y lagrimeando por aquella mamada, podía ser algo que lo empezara a encender, tal vez era porque era Bill… Y el sentirlo tan presente, con el aroma desprendiendo de su sexo, o su sabor, o el saber que quien latía en su boca era él… El conjunto de todo, hizo que Tom estuviera masturbándose mientras seguía haciéndole el oral a Bill, a su gemelo, su todo.
Bill adoraba la sensación cálida y húmeda de la boca apretada de Tom, y cómo sus rastas eran suaves al tacto, y al jalarle de ellas, se hundía más en su gemelo, haciéndolo blanquear los ojos por lo intenso que era.
Bill jaló a Tom con fuerza de sus rastas para sacarle la dureza de la boca, observándolo acezado en lo que recuperaba el aire.
—Creo que necesito más que esto para darte mi perdón y pase para que duermas conmigo —barbotó Bill con los ojos enfebrecidos y Tom lo miró confundido, cuando el de cabello azabache lo jaló hacia su rostro, besándolo, en lo que el de rastas le correspondió al gesto, haciendo que Bill se saborease a sí mismo en la boca de Tom.
Antes de que Tom pudiera procesar del todo lo que Bill quería decirle, es que sintió cómo su gemelo bajó su otra mano, colándola debajo de su pantalón y ropa interior, pasando los dedos por en medio de sus nalgas, y el de rastas soltó un ruido amortiguado por el beso de Bill al estremecerse por la forma en que su gemelo estaba pasando los dedos en aquella zona inexplorada pero altamente sensible.
Bill invirtió los papeles, haciendo que Tom estuviera debajo suyo, casi arrancándole los pantalones y ropa interior, en lo que ambos estaban acezados, con Bill con la erección imposiblemente hinchada y sensible por la mamada previa… Igualmente Bill, pese a ser un adolescente hormonal, es que sabía que esto requería más preparación que porque el ano no estaba listo para algo así, así que le metió los dedos en la boca a Tom, sacándolos y volviendo a introducirlos, con el de rastas chupándolos, en lo que Bill mismo se aseguraba de que quedarán bien empapados, para después sacarlos y bajarlos en dirección al culo de su gemelo.
Tom soltó un grito al sentirlo meterle los dígitos, pero Bill le puso la mano en la boca, chistándolo, en lo empezaba a moverlos en su interior.
—Que haya bulla afuera no quiere decir que debamos abusar, así que cállate… —ordenó Bill observando a Tom, quién se removía frente a los roces de su gemelo, aún con la mano sobre su boca, entre adolorido y excitado por esta nueva sensación.
Tom estaba temblando, con Bill aún entre sus piernas, abriendo su interior con sus dedos, su polla latiendo para ser atendida, y la cama cediendo ante los movimientos…
Cuando Bill sacó los dedos, habiendo dejado que no sólo latiera su erección sino también su interior, porque en algún punto de roces inexpertos estaba tocando algo dentro de Tom que lo hizo enloquecer, es que el de rastas estaba sumamente descontrolado, queriendo más, y Bill se lo dio, porque escupió en su mano, masajeando su virilidad, soltándolo también de la boca, para guiar su dureza hacia su hendidura, Bill tomándolo por una mano contra el colchón, en lo que buscaba su boca…
Tom fue besado por Bill, quien empezaba a meterse en su interior…
El de rastas lagrimeaba, sintiendo aquel dolor sí, pero también entregado a su gemelo, quien lo besaba con afecto, acariciando su erección, en lo que seguía naufragando en Tom.
El manto nocturno, la oscuridad de la habitación, el ruido externo, todo camuflaba aquella unión pecaminosa, con ambos con las manos sudadas pero apretadas contra el colchón, hasta que Bill estuvo dentro por completo, mordiéndole el labio inferior a Tom, quien jadeó, y Bill empezó moverse en aquella danza nupcial que estaba prohibida, pero hacía que sus corazones latieran incesantes y entregados a aquel momento, dónde sólo existían los dos, no su mamá, ni su padre, ni nadie, sólo Bill y Tom, fusionados en la calidez de aquella noche, con el aliento cálido y entrecortado, la cama moviéndose conforme Bill entraba y salía de Tom, quien centímetro a centímetro de su gemelo, Bill le cumplía la promesa de ser su príncipe, su caballero para amar…
Tom se corrió contra la mano de Bill, quien se vino en su interior, apoyando su rostro contra el cuello del de rastas, el menor acercó su rostro al del rubio, besándolo con cariño y cuidado, aún manteniéndose en su interior.
Había sido una entrega que era más allá de sus cuerpos, una demostración de amor, dónde el tiempo no existía ni la culpa ni nada.
—¿Entonces me gané el pase para dormir en tu cama? —preguntó Tom, sonrojado, sudoroso y hermoso, aún con Bill dentro, quien se rió contra sus labios.
—Te ganaste mi perdón y un pase para dormir esta noche, pero debes renovarlo cada que quieras volver —masculló Bill, dejándole un beso en la nariz.
—¿Y si no quiero dormir? —cuestionó Tom, poniendo los mechones de cabello negro de Bill detrás de su oreja, amando tanto ver a su hermano sudado encima suyo.
—Pues no tendré problema alguno, Tomi —farfulló Bill, besándole la mejilla y luego en sus labios de forma casta.
—En realidad sí tengo sueño, pero… No quiero que esto se acabe, Bibi —dijo Tom, mirando con fijeza a su gemelo, y Bill lo entendía, no se refería a este momento como tal teniendo sexo, o haciendo el amor, sino a lo qu acababan de hacer, de llevarlo a mantenerse unidos, ya no detestándose al estar juntos, sino… Seguir cumpliendo su palabra, amándose, siendo el príncipe del contrario.
—No se acabará, hemos sellado el pacto hecho por la garrita a los cinco años, Tom. Eso es un juramento inquebrantable, para siempre, para toda la eternidad… —farfulló Bill, saliéndose con cuidado del interior de Tom, quien siseó, en lo que el más alto se apretaba contra su cuerpo.
Tom los cubrió con la sábana, mañana se preocuparían por vestirse y limpiar los rastros de su pecado.
—Buenas noches, Bill —musitó Tom acurrucado junto a su gemelo, como cuando eran niños.
—Buenas noches, Tom —respondió Bill, abrazándolo, en lo que cerraron los ojos.
La noche era oscura y fría, pero para ellos estaba bien, porque se tenían mutuamente.