PRÓLOGO
Me siento fuera de control, como si fuese a colapsar si continúo en el mismo lugar durante tres segundos o más. Algunos dirán que los días más tristes e inefables son los domingos, pero por experiencia propia puedo decir que ese atributo se lo lleva el jueves. Jueves, durante años han sido mis días menos esperados de la semana, y claro que hoy no es una excepción. Llevo un par de semanas pensando en cómo escapar de aquí, he revisado cada paso de mi “elaborado” plan con la finalidad de que no haya un solo contratiempo, podrán decir que soy un ser psicorrígido y perfeccionista, pero es imposible no serlo si incluso mi nombre hace justicia a este pequeño rasgo de mi personalidad.
Trato de convencerme de que es completamente normal hablar con mi conciencia como si se tratara de un segundo ser en mi interior, sin embargo, un gran número de personas me dicen que eso es completamente imposible o que es un efecto secundario de mis medicamentos de toma diaria, elijo no creer lo que dicen, porque no confío en ellos, ya que, con el tiempo se aprende a desconfiar y así está bien, “así nadie puede herirte”, es lo que me repito una y otra vez cuando alguien intenta tener algún tipo de contacto conmigo. Es imposible volver a confiar, me niego a hacerlo.
De acuerdo, quizás exagero un poco ¿o no lo hago? bueno, Kilian cree firmemente en que las personas debemos aprender a comunicar de forma eficiente las cosas que sentimos, de lo contrario el tiempo, las circunstancias e incluso el destino jugarán en nuestra contra. No hace falta mencionar que he estado haciendo caso omiso a esas recomendaciones, por eso me encuentro en este lugar tan frío, oscuro, silencioso y sin compañía, haciendo de este jueves un día más y no un día menos.
*Flashback*
-De acuerdo, de acuerdo, solo pienso darte la razón porque es tu cumpleaños, no te acostumbres -dijo entre risas- Hmm, solo quedan ocho horas y este jueves terminará, ¿tienes algo en mente? aún podemos hacer de este día uno de los mejores.
-Creo que tengo una brillante idea, pero para eso debo traer algunos libros de mi estantería, ¿estás de acuerdo? -Sonríe, no podía creer que realmente se estaba divirtiendo al recoger hojas que habían caído de los árboles, sí, definitivamente otoño era su estación favorita.- Vamos, conoces el camino.
Al llegar, esperaban encontrarse con el lugar bello y acogedor que siempre había sido, pero había algo diferente en el, incluso la temperatura parecía haber sufrido un cambio extrañamente drástico. Y ahí estaba, no podían creer lo que estaban presenciando, en ese momento no sabían si hubiese sido mejor posponer esta escena quedándose un rato más recolectando las hojas que habían dejado caer al quedar estupefactos, o haber llegado antes y así evitar que aquella situación ocurriera. Era imposible reaccionar ante aquella escena, las esperanzas habían caído al suelo junto con las hojas que fueron testigas del último cumpleaños feliz.