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Caprichosa es la vida, que te regala claridad cuando buscas refugio en la tranquilidad y el anonimato que ofrece la oscuridad.
Sin anhelo alguno de obtener confusiones pasionales, la vida puso frente a mis ojos un par de ojos marrones que brillaban intensos.
Una sonrisa pura y luminosa, junto a un cabello castaño ondulado que flameaba al compás del viento, transmitía una sensación de libertad que solo podía interrumpirse si a ese hermoso pelo se le formaba un nudo.
Palabras cruzadas salieron de una y otra boca, aunque parecían vacías: fueron nuestros ojos los que sostuvieron el verdadero diálogo, y nuestros gestos los que revelaron lo que en realidad queríamos decir.
Su juventud invitaba a proyectar. Sus pupilas, radiantes, parecían la puerta de un universo paradisíaco; su sonrisa fresca me insinuaba que la distancia entre nosotros no coincidía con lo que sentíamos.
Yo, que solo soy un hombre, hice lo que pude. Intenté no ser arrastrado por ese caudal de ilusión, por esa corriente de deseos e ideas que invadían mi ser. Pero al cabo de unos minutos decidí no batallar más. Mi cuerpo ardía… y en ese instante solo pensé en sumergirme, sin miedo a dónde pudiera llevarme esa corriente desbordada