Waiting For You, Two Shots Larry Stylinson

Summary

Harry es un omega tierno, que ama a los cachorros. Sin embargo, y como una broma del destino, tiene problemas hormonales que le impiden lograr el embarazo. Conocerá al alfa de sus sueños, con quien compartirá un camino lleno de altibajos. Dos capítulos, Omegaverse, Harry Omega/Louis Alfa, Sin Smut.

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Buscándote


Todo estaba tranquilo esa mañana de octubre en la guardería “Rayito de Sol”, que se encontraba ubicada en el centro de la hermosa ciudad de Plymouth. El clima era agradable, sobre todo dentro del lugar, que tenía la calefacción encendida en una temperatura perfecta. Los bebés, eran 15 en total, estaban dormidos.

La guardería funcionaba de lunes a viernes, desde las siete de la mañana hasta las siete de la tarde, y tenía dos turnos. Era la única de la ciudad, por lo que era muy solicitada, porque cuidaba a los bebés de aquellos omegas que debían ir a trabajar y no tenían redes de apoyo para que los ayudaran a cuidar a sus cachorros.

Zayn, el dueño, estaba en su lugar de trabajo durante los dos turnos. Amaba ver a esos pequeños e indefensos bebés, aunque su aroma de alfa a lino y bergamota no ayudaba mucho, intentaba cooperar en lo que más podía.

Uno de sus trabajadores, era su gran amigo Harry, un precioso omega con aroma a té y leche tibia, y era el preferido de los niños. Apenas llegaba a su turno, los bebés solo con él se dormían, y estaban tranquilos.

Se conocían hace catorce años, cuando estudiaban una licenciatura en enfermería infantil en la universidad local. Luego de eso, trabajaron en consultorios y centros médicos, hasta que los padres de Zayn murieron en un accidente y le dejaron su herencia a su único hijo, al que amaban con su vida.

Para Zayn fue el golpe más terrible de su vida, porque adoraba a sus padres y la relación tan hermosa que habían construido. Es más, el dolor de su pérdida era una constante en su vida, y lo había afectado de tal manera, que se sentía incapaz de formar una familia y por lo tanto, de buscar a un omega. Se había obligado a vivir en soledad, y era algo que en un principio le costó, pero que ahora le gustaba mucho. Se había acostumbrado a sus tiempos, a sus rutinas, a su vida calmada. Harry era su único amigo, porque también le costaba crear vínculos de amistad. Quizás, inconscientemente, tenía miedo de perder a quienes llegaban a su vida, y por eso era más fácil mantenerse lejos de las personas.

Ser amigo de Harry se sintió natural. El aroma del omega era una tentación para cualquiera que buscara consuelo. Los años lo llevaron a conocerlo más que a sí mismo, y podía notar cómo ahora, la melancolía se había adueñado de la mirada de su mejor amigo.

Era Harry, un omega reflexivo y tremendamente tierno. La dulzura se escapaba por cada uno de sus poros, y eso era indiscutiblemente, señal de que sería un buen omega, que podría tener todos los cachorros que deseara su alfa. O eso pensaban los que había conocido Harry. Eran hombres que buscaban básicamente una madre que cuidara a sus hijos en el calor de una casa, siendo un omega sumiso que no reclamaría por cualquier motivo.

Pero Harry, a pesar de ser el omega más dulce y tierno, tenía muy claro que él no era ese tipo de omega. ¿Quería tener cachorros? Por supuesto, los amaba, por eso trabajaba con ellos. ¿Quería ser sometido y dedicar su vida a su casa? No, claro que no. Quería el equilibrio, el poder desarrollarse en un trabajo y a la vez dedicarse a su familia. Solo que la última parte, no había resultado.

Llevaba cuatro relaciones fallidas. A sus 34 años, había descubierto que la paternidad, al parecer, no sería parte de su vida. Con cada una de sus parejas buscó el embarazo, pero nunca pudo lograrlo. Pasó por varios doctores, muchos exámenes, muchas pruebas de embarazo y muchas horas de llanto. Hace un mes, y ya aburrido de la incertidumbre, y por varias recomendaciones, encontró un ginecólogo experto en infertilidad, y junto a él habían creado una ficha muy completa de su caso. Agregó un par de exámenes, y el resultado fue concluyente. Tenía serios problemas hormonales.

Durante sus celos, las hormonas que ayudaban a concebir, no eran las suficientes o eran de mala calidad, lo que evitaba el embarazo.

Llevaba soltero varios meses, y sus celos no aparecían cuando debían. Se habían desregulado, debido a la falta de una pareja. De todas maneras, estaba tomando vitaminas y hormonas que intentaban regularizar todo, pero no podían esperarse resultados ni hacer seguimiento hasta que Harry encontrara pareja. Y el omega, en ese momento, lo veía como algo muy lejano. La tristeza se había adueñado de su corazón, y no tenía ganas de salir ni de conocer a alguien. Se dedicaba a soñar que esos pequeños cachorros que cuidaba, eran parte de su vida. Por eso los cuidaba con tanto amor y dedicación.

Harry era el único que tenía un turno diferente, porque no tenía mucho más que hacer y lo disfrutaba. Entraba a las nueve de la mañana y salía a las seis de la tarde. Almorzaba todos los días con Zayn, lo que los había unido mucho más.

—Ayer fui con el doctor. Me cita cada dos semanas, como sabes, para ir repitiendo los exámenes de sangre. Estoy agotado.

—Me imagino lo difícil que debe ser, pero piensa que en algún momento verás los frutos de tanto esfuerzo.

—¿De verdad lo crees?

—Estoy seguro.

—Ojalá así sea... Estoy cansado, no debería ser tan difícil.

—Por algo pasan las cosas, lo importante es que te estás cuidando, que estás haciendo algo al respecto. Y sé que puede ser más difícil aún, pero no puedo dejar de preguntarte si no has pensado en adoptar...

—Lo pienso todos los días, pero para hacerlo necesito una relación estable, y tampoco la tengo... Los alfas que han estado conmigo me han dejado por no poder tener cachorros, no creo que exista alguien cuyo sueño sea adoptar...

—Lamentablemente tienes razón. Por lo menos los alfas de nuestra edad, y mayores, tienen una visión más extrema de las cosas. Quizás necesitas un alfa más joven.

—¿Un alfa más joven? No, gracias. No me imagino un alfa más inmaduro.

—No tiene por qué serlo. Puedes llevarte alguna sorpresa, —afirmó Zayn.

—¿Y tú? ¿Andarías con alguien más joven?

—Por supuesto. Me daría lo mismo la edad, lo que pasa es que no tengo ganas de estar con alguien. De solo pensar en tener que salir, conocer a alguien, y empezar desde cero... Me da una flojera horrible, no me dan ganas que llegue alguien a revolucionar mi vida.

—¿De verdad no te gustaría? —Preguntó Harry.

—De verdad. Creo que decidí muy conscientemente que la soledad será mi única compañera hasta el día de mi muerte.

—Me dan escalofríos al escucharte hablar. Es un poco tétrico, y te puedo jurar, que te vas a tragar tus palabras.

Zayn se largó a reír. —Volvamos a trabajar mejor, hay mucho que hacer.

—Sí, vamos.

La tarde pasó en medio de lo de siempre. Pañales, llantos, mamaderas, cambios de ropa, comidas, paseos en brazos, estímulos y juegos.

Al llegar la hora de salida de Harry, fue como siempre a despedirse de su jefe.

—Ya me voy. Te quería avisar que Martina al parecer está con algo de fiebre, para que le avises a su papá cuando venga por ella.

—Bien, y yo también quería decirte algo.

—¿Qué pasa?

—Sé que no debería aceptar ningún bebé más, pero...

—Tu noble y puro corazón no pudo soportarlo y mañana llega un nuevo cachorro, ¿es eso?

—Así es... Lo siento, pero es un favor especial. Es el nieto de una prima de una de las amigas de mi mamá y ya sabes, lo de siempre. La chica estudia y trabaja, fue mamá hace apenas tres meses y no puede seguir perdiendo clases y trabaja sin contrato, por lo que si no trabaja, no tiene sueldo.

—No me des tantas explicaciones, tú eres el jefe y sabes que siempre estoy listo para cuidar más bebés.

—Gracias amigo, nos vemos mañana.

—Nos vemos, te quiero.

—Y yo a ti.

Harry caminó a paso lento a su departamento, y en el trayecto pasó a comprar pan y huevos; también algunas frutas. Llegó a darse una ducha, y a las nueve en punto se tomó su medicamento para regular sus hormonas. A las diez se acostó a leer, después de haber cocinado y doblado una ropa que tenía sobre el sofá. No tuvo ganas ni energía de ir al gimnasio, solo quería desplomarse en su cama de manera indefinida.

Pensó en llamar a su mamá, pero sabía que hacerlo significaba un mal rato y un dolor extra y gratuito. Lissa le había hablado un par de veces de lo vergonzoso que era no ser abuela a su edad y que él debía buscar a cómo diera lugar, un embarazo que llenara ese espacio vacío en su vida, después de que había enviudado.

Y Harry no estaba listo para esa conversación, porque ¿qué podía decir al respecto? Nada, solo silencio. Las últimas veces que habló con Lissa, terminó llorando, sintiéndose más solo de lo normal. En vez de encontrar consuelo, se estrellaba contra el reclamo de su madre.

Se durmió temprano y profundamente. A las siete de la mañana en punto, sonó la alarma y de inmediato Harry fue a meterse bajo el agua caliente para despertar bien. Salió de la ducha y se secó vigorosamente con su toalla favorita. Luego se vistió y se preparó el desayuno. A las ocho se estaba tomando sus vitaminas, junto a un vaso de agua. Lavó sus dientes y preparó su mochila, y media hora después, salió camino a la guardería. Cuando llegó, de inmediato pasó a saludar a Zayn y después a su rutina de siempre. Revisar a los bebés, que estuvieran todos bien, pero Martina seguía con algo de temperatura. Afortunadamente, su padre omega había dejado medicina para la pequeña y podía vigilarla como mejor lo considerara.

Mientras eso sucedía en la guardería, a unas pocas cuadras de allí, en un bufete de abogados, se encontraba el padre de Martina, un omega muy sacrificado, que tenía dos trabajos y además, iba a estudiar de noche con la venia de sus profesores que no le ponían problema por ir con su bebé. Estaba en una pelea judicial con el alfa padre de la niña, ya que después de separarse debido a una infidelidad, no estaba recibiendo ningún pago por manutención. El alfa pensaba que ya que el omega se quedó con la custodia completa, debía arreglárselas solo.

El abogado a cargo, Louis Tomlinson, alfa con aroma a madera de oud y vainilla negra, revisaba en ese momento los papeles que le presentó el omega.

—Lamento que hayas tenido que pasar por esto, pero vamos a ayudarte.

—No... es decir, vine aquí porque me dijeron que me podían asesorar, pero yo no tengo cómo pagar sus honorarios.

—No te preocupes de eso. Cuando ganemos la demanda, puedes pagar en cuotas, y además, podemos hacerte un buen precio por nuestro trabajo. Esta demanda es de las más fáciles, porque la infidelidad de quien fuera tu alfa, es el agravante número uno, y el que él se haya desligado de la niña de esa manera, es el otro agravante. En menos de un mes esto sale a tu favor.

—¿De verdad? Pero... Había preguntado en otro lugar, y me dijeron que se demoraría muchos meses...

—Porque te cobran por mes. Mientras más se demore el proceso judicial, mejor para ellos y peor para ti. Tranquilo, mañana a primera hora voy a presentar tu caso, ¿te parece bien?

—Sí... Muchas gracias...

—No te preocupes. Aquí está mi número, puedes llamarme cada vez que lo necesites.

—En serio, muchas gracias. Debo irme, ya se me acaba el tiempo que me dieron en mi trabajo, permiso.

Louis vio salir al omega con tristeza. Eran tantos los casos de infidelidad, de violencia, de abandono de los hijos, de falta de responsabilidad de alguno de los padres, que ya no le sorprendía.

A la hora de almuerzo, se encontraban en la oficina de abogados, Louis, su amigo y socio Liam, esperando a otro amigo de nombre Niall.

Habían improvisado una mesa para comer, en medio de algunas carpetas y papeles. No querían salir, hacía mucho frío ese día, y en la oficina estaban calientes y cómodos. Niall venía desde su propio despacho de abogado, donde veía causas económicas.

—Me estoy congelando, —saludó Niall, alfa con aroma a naranja y menta.

—Pasa y ponte cómodo, —dijo Louis.

—Ya tenemos todo listo. Vamos a comer una pasta al pesto deliciosa que preparé temprano, —contó Liam, omega de fresco aroma a hierba recién cortada.

—¿Y? —Preguntó Louis, comiendo con ganas. —¿Cuándo nos vamos a fusionar?

—Es una ridiculez que cada uno pague un arriendo, muy caro por lo demás, en vez de pagar solo uno y poder tener un mejor departamento de los que tenemos, —afirmó Liam.

—Hagámoslo este fin de mes. Voy a necesitar ayuda, porque i hermana, como ya les había contado, tuvo un bebé hace tres meses, y necesita volver a estudiar, y encontró una guardería donde pueden cuidar a mi sobrino. Pero hay días, que por sus prácticas, me va a tocar retirarlo a mí. Y estando solo en la oficina se me hace imposible. ¿Hay algún problema con eso? —Preguntó Niall, con algo de temor.

—¿Con qué? ¿Con un bebé? ¿Estás loco? Sabes que amamos a los cachorros, —aseguró Louis.

—Sí, no hay problema. Pero ya decidamos bien cómo lo vas a hacer, porque hay que avisar a los arrendatarios, buscar el nuevo lugar, hacer una oferta y ya saben, todos los trámites que significa movernos, —pidió Liam.

—Hay una oficina a tres cuadras de la universidad, muy a la vista, en un primer piso. Pero quizás es muy grande. Tiene cuatro piezas grandes y dos baños.

—Da igual si es grande, lo importante es saber cuánto cuesta. Mientras más grande, mejor. Podemos tener un pasante, y eso nos sirve a todos, —comentó Louis. —¿Tienes el número?

—Sí, lo anoté. Te lo mando por mensaje. Esto estaba delicioso, cada día cocinas mejor. ¿Hay postre? —Preguntó Niall, sonriendo. —Tu alfa va a ser afortunado.

—Compré una tarta de nueces, la voy a repartir, —dijo Liam. —Y no hables de alfas, cada día me desilusionan más.

—Pero amigo, ¿me vas a decir que ya no quieres una familia?

—No es eso... Es solo que me parece cada vez algo más complicado. Me gusta mucho mi vida en este momento, y no tengo tiempo para conocer a alguien.

—Es cierto, —reafirmó Louis. —Estamos con muchos casos, nos hemos tenido que quedar varios días hasta más tarde y espero que sigamos así. Hemos podido ayudar a muchas víctimas, y es la mejor retribución que podemos tener.

—Sí, es verdad. Al parecer no hay enamoramientos en el horizonte, —confirmó Niall. —Bueno chicos, me voy. Muchas gracias por la comida, y nos vemos el sábado en el bar de siempre.

Se despidieron con un pequeño abrazo y volvieron a sus trabajos.

Al día siguiente, y tal como lo había prometido Louis, presentó la demanda en contra del alfa padre de Martina, y otras dos de diferentes clientes.

A esa misma hora, en la guardería, andaba todo tranquilo.

A primera hora, había llegado el nuevo cachorro de nombre Noah. Un precioso bebé de tres meses, que enamoró a Harry y a los otros cuidadores. Su mamá era una bonita omega que estudiaba medicina.

Una semana después, Chloe, la madre de Noah, no podía ir a buscar a su cachorro y le pidió a su hermano Niall que fuera por el bebé.

Niall, muy diligentemente fue a buscar a su sobrino y aprovechó de conocer el lugar y a quienes trabajaban ahí. Se fue con Noah muy contento hacia su departamento, porque ese día no tenía mucho por hacer. Pero tres días después, Chloe tuvo una demora en su práctica y llamó a Niall, quien no podía ir a buscarlo. Habló con sus amigos, y Louis junto a Zayn decidieron ir por el pequeño cachorro.

Chloe avisó en la guardería de que irían estos dos chicos por su hijo, temprano, y no hubo mayor problema.

Louis estaba esperando a que le llevaran a Noah, mientras Liam iba a hablar con Zayn para registrarse como sub apoderados del pequeño y facilitar las cosas para futuras ocasiones.

Liam golpeó la puerta, y escuchó la voz más hermosa del planeta decirle que pasara. Con algo de temor, abrió la puerta y su aroma a hierba recién cortada estalló por mil. Frente a él, el alfa más maravilloso que vio jamás, y que olía a cielo. Lino y bergamota se metieron por sus fosas nasales y provocaron un corto circuito en su cerebro.

—Hola, soy Liam... —Se presentó. —Soy amigo de Niall, el hermano de Chloe, madre de Noah...

—Hola, —sonrió Zayn, prendado de la misma manera de Liam. —Pasa, siéntate, por favor. Esto es rápido, solo es una formalización de que tú y tu amigo se hacen responsables de Noah desde el momento en que salen de la guardería.

—¿Mi amigo también debe venir a firmar?

—Sí, ojalá ahora mismo, para que podamos terminar con los trámites. Mañana puedo buscar una notaría para legalizar los papeles.

—Puedo llevarlos yo mismo. Soy abogado y trabajo con una notaría de confianza, donde me pueden acelerar el trámite.

—Sería maravilloso...

—¿Puedo invitarte a salir? —Preguntó Liam, sin temor.

—No... Creo que no está bien...

—¿Por qué no?

—Porque... Eh, mmm, ¿no lo sé? —dijo Zayn riendo. La verdad estaba encantado. —¿Y a dónde me vas a invitar?

—Donde quieras. Un café, una cerveza, un helado, al cine, a patinar sobre hielo, a la nieve, a Barcelona, a hacer parapente...

—Creo que por esta vez, me quedo con un café.

—Gran decisión...

Se quedaron afinando detalles de los papeles y su cita, mientras Louis seguía esperando por Noah.

De pronto quedó sin palabras. Vio a un omega, con un bebé en brazos y su corazón se derritió por completo. Sus piernas temblaron, su mente quedó en blanco, sus brazos se sintieron vacíos y en su retina solo la imagen hermosa y perfecta frente a sus ojos.

—Disculpa la demora... —Intentó hablar Harry, pero había quedado prendado del alfa frente a él. —Lo siento, yo... Noah se ensució y tuve que cambiarlo...

—Cásate conmigo, —pidió Louis.

—Claro que sí... Digo, no, es decir, ¿qué?

—Perdón...

—¿Te sientes bien? —Preguntó Harry.

—Mejor que nunca, soy Louis.

—Me llamo Harry, mucho gusto... Este es el bolso de Noah, y aquí está este guapo bebé.

—Gracias, ¿estuvo bien?

—Sí, ningún problema...

—¿Quieres salir conmigo?

Harry se sonrojó y sus labios temblaron. —Sí...

Louis casi bota a Noah de la emoción.

Estaban solo así, mirándose, cuando llegó Liam corriendo para buscar a Louis.

—Tienes que ir a firmar unos papeles con mi futuro novio, —explicó sin darse cuenta de la presencia de alguien más.

Harry sonrió al escucharlo.

—Voy... Quédate con Noah...

—Puedes tomar asiento, así no te cansas, —ofreció Harry a Liam.

—Gracias, perdón, no saludé.

—No te preocupes, soy Harry y supongo que eres Liam. Zayn me dijo que vendrían por Noah.

—Sí... ¿Eres amigo de Zayn?

—Mejores amigos.

—¿Y escuchaste lo que dije?

—Por supuesto.

—Ay Dios, qué vergüenza...

—No te preocupes, de hecho me encantaría que Zayn tuviera un novio.

—¿De verdad?

—Sí, le haría muy bien.

Se quedaron conversando sobre Noah, mientras Louis ya estaba firmando los papeles.

—Me dijo Liam que podían llevarse los papeles a una notaría.

—Sí, no hay problema, me los llevo y los traigo mañana mismo.

—No hay apuro, pueden hacerlo con calma.

—Mientras antes, mejor... ¿Puedo preguntarte algo?

—Lo que quieras.

—¿Conoces bien a Harry?

—Somos mejores amigos hace muchos años.

—Dime a dónde lo invito... ¿A cenar? ¿A bailar? ¿Por un café?

—Invítalo a una cafetería. Le gusta mucho el té, y los pasteles muy dulces. Luego llévalo a caminar, excepto si hace frío. En ese caso, busca algún museo que tenga una temperatura agradable.

—Gracias, —dijo Louis, con su mejor sonrisa.

Salió del lugar flotando, pero cuando llegó junto a Liam, Harry ya no estaba.

—¿Dónde se fue? —Preguntó, ansioso.

—Unos bebés estaban llorando, y tuvo que irse.

—Pero no le pedí su número...

—Yo lo tengo, no te preocupes. Mi querido amigo, creo que nos llegó el final de nuestra soltería.

—Que así sea, Liam... Creo que me enamoré... ¿Sentiste su aroma? Creo que puedo morirme de todo lo que sentí...

—Me pasó igual con Zayn...

—Fue verlo y saberlo, —confirmó Louis.

Se miraron, y luego miraron a Noah, que dormía profundamente. Estaban felices.

Harry estaba terminando de hacer dormir a uno de los bebés, cuando apareció Zayn en la sala.

—Dime que no fue un sueño...

—No lo fue... —contestó Harry con su ternura de siempre. —Ha sido lo más real que me ha pasado en mi vida.

—Me cayó muy bien Louis, es un alfa firme y enigmático, pero también muy dulce.

—¿Y qué me dices de Liam? Hay pocos omegas tan seguros.

—Creo que lo que más me gustó, fue lo sencillo que es.

—No seas mentiroso, estoy seguro que te lo devoraste con la mirada...

—Sí, pero es... ¿Lo viste? Liam es un omega completa y absolutamente hermoso.

—Lo es, muy atractivo, tiene una sonrisa muy bonita.

—Ojalá vengan más veces a buscar a Noah, —dijo Zayn muy contento.

—Sí, y ojalá que sepan cuidarlo. Dudo que sepan cómo hacerlo.

—Pero supongo que por algo los autorizaron a venir por él.

—Espero que estén bien los tres.

Liam llevaba el bolso, y Louis al bebé.

Llegaron a su oficina, y Noah despertó. Desconoció los aromas, y se puso a llorar con fuerza. Louis y Liam se miraron con horror.

—¿Qué debemos hacer? —Preguntó Liam.

—Busca en el bolso la mamadera o algo así, quizás tiene hambre. Voy a revisar si ensució el pañal.

Mientras lo hacían, Louis comenzó a cantar una antigua canción de cuna que al parecer, le sirvió al cachorro para tranquilizarse. Estaba limpio y seco, por lo que Louis lo tomó en brazos, lo acunó y paseó con él.

—Hay una mamadera llena.

—Hay que entibiarla, pero no sé cómo.

—Voy a buscar en Google.

Luego de buscar en varios sitios, llegaron a la conclusión de que debían poner la mamadera dentro de una olla con agua, por un momento corto. No era la idea que se calentara demasiado, solo un poco para que fuera perfecta al paladar del bebé.

Louis la probó en la mano, y la encontró a buena temperatura. Se la ofreció al cachorro, quien de inmediato se aferró a la mamadera. Tomó la mitad, y luego de eso, Louis como todo un experto, puso un pañal de género en su hombro, y puso a Noah para sobar su espalda con delicadeza.

Luego de eso, el pequeño se durmió profundamente y una hora después, llegaba Niall a buscarlo.

—¿Cómo se portó? Perdón por llamarlos a última hora, espero que no hayan tenido problemas.

—Al contrario... Jamás podríamos agradecerte lo suficiente...

—¿De qué hablas?

—Nos enamoramos... Louis de Harry y yo de Zayn...

—¿Qué? ¿Enamorados? ¿En serio? Bueno, la verdad no me extraña. Me acordé de ustedes cuando conocí a los chicos de la guardería, pero no pensé que sería tan rápido.

—No hay tiempo que perder, —suspiró Louis. —Yo, te lo juro, le pedí matrimonio... Soy un tonto, qué va a pensar de mí...

—¿Lo hiciste? ¿En serio? —Preguntó Liam, riendo. —Yo no llegué a tanto.

—Jamás imaginé que ustedes, solteros irremediables, encontraran en un lugar tan extraño el amor.

—Tampoco nosotros... Así es que, si necesitas más ayuda con Noah, por favor avísanos.

—Lo haré, no se preocupen... Aunque es poco probable, sobre todo después que nos mudemos a la otra oficina... Porque, ¿nos vamos a mudar?

—Sí, no hemos podido hablar de eso, pero llamé y podemos mudarnos cuando queramos. El precio es excelente, porque necesitaban arrendarlo rápido. Solo tenemos que decidir qué día lo haremos., —informó Louis.

—Hagámoslo este fin de semana. Por suerte estamos cerca, hay que buscar un camión de mudanza.

—Tengo un amigo que se dedica a eso, —dijo Niall. —Lo llamo y empezamos la mudanza el sábado a mediodía, así tenemos un poco de tiempo para ordenar tantos papeles.

—Me parece... ¿Te llevas a Noah a tu departamento?

—Sí, mi hermana vive a dos cuadras de mí.

—¿Te llevo? —Ofreció Louis. —Creo que por hoy terminamos, no tengo cabeza para trabajar más, necesito pensar en Harry tranquilamente.

—Te entiendo, me pasa igual, —afirmó Liam.

—Entonces, llévame.

Salieron los tres del edificio, y Louis pasó a dejar primero a Niall, y luego a Liam.

Una vez en su departamento, que siempre le pareció perfecto, ahora encontraba vacío. Solo conocer a Harry le dio color a su vida. Se cambió la ropa por una más cómoda. Su traje y corbata le estaban asfixiando, necesitaba respirar y moverse con más soltura.

Se quedó pensando en lo que había sucedido ese día, mientras a unos veinte minutos, Harry hacía lo mismo.

El omega estaba en una lucha feroz. Nunca conoció a alguien que le provocara tanto con su sola presencia, que lo dominara por completo solo con su aroma, a quien le daría su vida y su sonrisa. Pero tenía miedo, mucho miedo de que una vez más se repitiera la historia. ¿Y si Louis quería formar una familia y tener cachorros? ¿Y si nuevamente no pudiera lograrlo? ¿Y si, otra vez, tuviera que pasar por una desilusión...?

Pero, ¿y si Louis fuera diferente? ¿Si lo amara tanto que no le importara no poder tener hijos? ¿Y si quisiera adoptar un par de cachorros ruidosos? ¿Y sí ese alfa de hermosos ojos fuera su para siempre?

Harry suspiraba en su cama, abrazado a un gran conejo de peluche que se había comprado hace unos meses y que lo ayudaba a sentirse menos solo en medio de su cama, que siempre le ha parecido fría y demasiado grande.

¿Cómo sería acurrucarse entre los brazos de Louis? ¿Besarlo y morder sus labios? ¿Acariciar su pelo, desordenárselo y dejar que su aroma lo envuelva? ¿Entrelazar sus manos?

Quería, quería con todas sus fuerzas que las cosas funcionaran, que Louis sí lo llamara y le dijera de salir por un café, aunque prefiere el té... Que pudieran ir a caminar para conocerse un poco más, para saber si son lo que el otro espera y necesita. Quería que hiciera frío y que se escondieran en un museo, y que Louis quisiera cobijarlo en su pecho, y marcarlo con su aroma como una burbuja.

Estaba soñando despierto, cuando sonó su celular con una notificación de mensaje.

“Hola, ¿cómo estás?”

“¿Quién eres?”

“Perdón, soy Louis :D”

“Lo sé, solo quería molestarte un poco. Estoy bien, un poco agotado, pero nada de otro mundo. ¿Tú? ¿Cómo les fue con Noah?”

“Lo de Noah fue un poco caótico, era mi primera vez con un bebé tan pequeño y Liam tampoco tenía experiencia, pero logramos entregarlo sano y salvo. Yo estoy bien, pensándote mucho...”

“También te he pensado... ¿Un poco de manera obsesiva?”

Louis sonrió grande. “¿Tienes tiempo de vernos el sábado después de almuerzo?”

“Sí... ¿Dónde nos juntamos?”

“Prefiero que me des tu dirección, y voy por ti... ¿Está bien?”

“Lo está... ¿A las cuatro?"

“Perfecto”.

“Nos vemos Louis... Gracias por enviar el mensaje, pensé que solo yo lo había sentido...”

“No te imaginas cuánto tiene de real esto...”

Harry ya no contestó, no podía. Sus dedos no respondían.

La semana terminó con tranquilidad. El sábado a las ocho de la mañana estaban ya Liam y Louis en la oficina, terminando de ordenar y guardar las muchas carpetas con casos archivados y que llevaban en ese momento. Además de todo lo demás, los computadores, artículos de oficina, cuadros, las cosas de la pequeña cocina y del baño.

A eso de las once y media estaban listos, esperando el camión que llegaría en cualquier momento, ya que Niall se había desocupado antes y por lo mismo, adelantó con su amigo la llegada del camión.

A las doce ya estaban descargando, y a las dos ya estaban terminando de ordenar lo más importante.

—¿Almorcemos? Yo invito, —ofreció Liam.

—¡Por favor! —Gritó Niall dramáticamente. —Estoy muriendo de hambre.

—¿Pedimos o vamos? —Preguntó Louis, calculando cuánto tiempo le quedaba disponible.

—Pidamos, no quiero moverme... —Se quejó Niall.

—¿No es mucho drama, Niall? Voy a pedir... ¿Pasta o pizza?

—Pizza por favor, —dijo Louis.

—Lo que sea, todo me gusta.

—Pizza entonces.

Se quedaron esperando los quince minutos que se demoró en llegar la comida, y a eso de las tres, se despidieron.

Louis rápidamente se fue a su departamento, se bañó y se vistió muy sencillo de un sobrio color negro, con una chaqueta verde oscuro y zapatillas. Salió con tiempo, y pensó en pasar a comprar el ramo más grande de flores que encontrara, pero no sería él. Se decidió por un ramo pequeño, pero lleno de colores.

No iba nervioso, solo muy ansioso de ver y estar con Harry un par de horas.

Tocó el timbre en el departamento número 814, y esperó.

Pronto apareció un Harry que se veía más hermoso aún que el día de la guardería.

—Hola, —saludó Louis, sonriendo. —Te traje esto...

Extendió su mano y ofreció el ramo, que Harry tomó muy feliz.

—¡Gracias! Son hermosas. ¿Quieres pasar mientras las pongo en agua?

—Sí, gracias.

—Adelante.

Harry se dio media vuelta y fue a la cocina. Buscó un florero de vidrio que tenía guardado en un mueble, y lo llenó de agua fresca. Colocó las flores y las ordenó. Luego llevó el florero a la mesa de centro y lo dejó ahí.

—¿Estás listo?

—Solo me falta ir por mi abrigo, ya vengo. —Caminó por el pasillo y volvió en seguida, con un abrigo negro en el brazo. —Vamos.

—Eres muy lindo, —dijo Louis mientras esperaban el ascensor.

—Gracias, pero el lindo eres tú... Me encantan tus ojos, pero también tu pelo y tu nariz, —confesó mientras sus ojos estaban perdidos en los labios de Louis.

—Si puedo decirte algo, —susurró Louis, —es que no sé cómo voy a mantenerme lejos de ti...

Harry se sonrojó, pero sonrió.

Llegaron al estacionamiento y Louis abrió la puerta de su auto para Harry, y luego se sentó. Manejó por casi quince minutos en silencio, se había puesto muy nervioso sin entender por qué, pero lo consolaba notar que Harry no estaba mejor.

Se detuvo en una calle con poco tráfico, y estacionó.

—La cafetería a donde vamos no tiene estacionamiento, —explicó. —Pero está aquí a la vuelta.

—Nunca he venido por un café por este sector...

—¿Has escuchado hablar de “Rhubarb & Mustard”?

—Claro que sí... Espera, ¿vamos ahí?

—Sí, ¿por qué?

—Siempre escuché de lo bueno de su café, pero nunca algo del té... ¿tendrán?

—Vine ayer y vi la carta. Te aseguro que te vas a sorprender.

—¿Viniste ayer? ¿A ver la carta?

—Sí, ¿por qué?

—¿No te das cuenta de lo dulce que fue eso?

—Es lo mínimo que te mereces... —dijo tomando la mano de Harry, y besándola, sin dejar de mirarlo.

El corazón de Harry lo alertó de que se había saltado un latido, pero que estaba preparado para soportarlo si el motivo se llamaba Louis.

Entraron y eligieron una mesa al medio del lugar, y en seguida les llevaron la carta, y sí, Harry se sorprendió.

—No puede ser... Nunca podría probarlos todos...

—Hay varios que venden en hoja, para preparar en casa. Pedí recomendaciones y me hablaron de tés negros como el Assam (robusto), el Darjeeling (delicado y afrutado), y el Keemun (potente y dulce), —contó Louis, leyendo la carta.

—Tengo tantas ganas de abrazarte... Nadie se preocupó tanto de una taza de té para mí...

—Si pudiera haría más... Pero este lugar es muy caro, no me alcanza para comprarlo.

Harry se puso a llorar despacio, se sentía demasiado visto, vulnerable y frágil. Se tapó la cara con las manos. —Perdón...

—Nunca te disculpes conmigo, por ningún motivo, —dijo acercándose y arrodillándose a su lado.

Quitó con delicadeza las manos de la cara de Harry y secó sus lágrimas con extrema dulzura.

—Gracias...

—No tienes que darlas... En serio...

Louis volvió a su lugar, sin malestar, siempre siendo sencillo, y sin poder creer lo tierno que era Harry, y lo fácil que era leerlo y entenderlo.

—Creo que me voy a decidir por Keemun, me gustan las cosas dulces.

—Yo prefiero, por esta vez... Assam. ¿Vamos a pedir algo para comer?

—Sí, yo quiero wafles con pasta de avellanas dulces... Se escucha delicioso.

—Estoy seguro de que lo es. Yo voy a pedir... Una porción de torta de hojarasca.

Louis llamó al mesero, hizo el pedido, y por mientras se dedicó a mirar sin ningún pudor a Harry.

—¿Por qué me miras así?

—Quiero grabarme cada milímetro de tu rostro...

Harry no fue capaz de mantenerle la mirada. —Me estás poniendo nervioso.

—Lo siento, pero es la verdad. Mejor cuéntame de ti.

Harry se quedó sin aliento. Era momento de la verdad, y la posibilidad de que todo se fuera a la basura era enorme.

—Soy hijo único. Perdí a mi papá hace un par de años y la relación con mi mamá va de mal en peor...

—¿Por qué? —Preguntó Louis, muy interesado.

—Porque no le he dado nietos...

—Pero eres muy joven aún, ¿cuál es el apuro?

—Tengo 34... Sí, aunque te sorprendas... He tenido cuatro relaciones importantes, y las cuatro veces me dejaron por no ser capaz de embarazarme...

—¿Hay alguna razón para que eso pase?

—Sí... Después de pasar por muchos médicos, encontré a mi ginecólogo, y descubrió que tengo serios problemas hormonales. Durante mis celos, mis hormonas de embarazo son muy pocas o de mala calidad...

—Debe ser duro para ti... ¿Cómo te sientes con eso?

—Me destruye... Amo a los cachorros, por eso trabajo con ellos, por eso estudié enfermería infantil y todos mis cursos van enfocados a la primera infancia.

—¿Y la adopción?

—Para mí es una hermosa opción, pero no para los alfas que estuvieron conmigo.

La cara de Louis era de perplejidad. —No puedo creerlo... ¿Qué clase de alfas eran?

—Supongo que simplemente su necesidad de tener descendencia era muy grande. Además querían que me quedara en casa, no les gustaba que trabajara... Creo que ahora que puedo mirarlo desde otra perspectiva, me siento mejor. No sé qué hubiese sido de mí de haber tenido hijos con alguien así.

—Hubieses terminado separado y haciéndote cargo solo de un bebé... Lo veo todo el tiempo, y es algo que no debería suceder.

—Eres abogado, ¿verdad?

—Sí, con Liam nos dedicamos a representar víctimas, sobre todo de violencia de pareja, económica, contra los hijos, temas de manutención... Todo eso, y como te digo, está lleno. Pareciera que cada vez es peor.

—¿Y tienes familia?

—Mis padres y mi hermano menor viven en Londres, pero no nos llevamos mucho. Son un poco de la idea de tu mamá. Piensan que a mis 29 años ya debería tener una gran familia, y trabajar menos.

—¿Y tú que piensas de eso?

—Que los tiempos siempre son perfectos. No te conocí antes por algo, y en cambio ahora puedo pensar en una familia.

Y Harry se quedó sin palabras.

Estaban tan concentrados hablando, que no se dieron cuenta de que les habían llevado sus pedidos, y se los habían terminado, hasta que llegó a sus oídos la voz del mesero.

—¿Puedo ayudarlos en algo más?

—Sí, —dijo Harry. —¿Puedes traerme otro té?

—¿Alguna variedad en especial?

—Puede ser un té negro simple, por favor, y un sándwich de queso.

—En seguida. ¿Algo más?

—Yo quiero un café irlandés, gracias.

—Permiso.

Una vez que el mesero les llevó el nuevo pedido, volvieron a conversar.

—¿Siempre eres tan directo?

—Siempre. Por algo soy abogado, me gusta siempre ir al centro de todo, no darme vueltas, y si se trata de ti es peor. Me estoy dando cuenta de que estoy actuando un poco intensamente.

—Lo haces, claro que sí... Pero, ¿sabes? Es algo que me gusta mucho, me hace sentir bien...

—Qué bueno, porque no pienso dejar de hacerlo.

Terminaron de comer, y salieron del lugar, con Louis llevando una bolsa llena de diferentes cepas de té para Harry y una nueva tetera para prepararlo. Harry intentó pagar, pero Louis fue enfático en recordarle que él había sido el de la invitación.

Caminaron, y la tarde estaba agradable. Estuvieron paseando por cerca de dos horas, conversando de todo sin parar, riendo y descubriéndose. Cuando comenzó a oscurecer, y las luces de los bares y restaurantes iluminaban las calles de piedra, decidieron que era tiempo de volver.

—¿Seguro que no quieres pasar a cenar? Podemos comer algo rápido por ahí.

—Mmm, sí quiero... Pero solo si me dejas invitarte.

—Pero ¿por qué? Esta invitación para salir es completa, no solo una taza de té. Incluso si quisiéramos irnos ahora mismo a Venecia, yo invitaría.

—¿Te gustaría ir a Venecia?

—Me gustaría recorrer el mundo a tu lado.

Harry no pudo evitarlo, y se abrazó a Louis, sorprendiéndolo.

Y no solo lo abrazó, lo marcó con su aroma a té y leche tibia, pero con un ligero toque de miel, que activó las alertas en el cuerpo de Louis, que reaccionó posesivamente tomando a Harry por sus caderas.

—¿Sabes que eres muy dulce? —Preguntó Harry.

—¿Sabes que eres muy tierno? —Respondió Louis, casi al borde de llevarse al omega a su departamento. ¿Sería muy pronto? Sentía que se le estaba haciendo tarde.

Harry se separó solo un poco, y acercó su rostro al del alfa, solo para acariciar sus mejillas con las propias, en un lento y suave vaivén.

Se quedaron así por varios minutos, amando la sensación de estar tan cerca.

—¿Podemos vernos mañana? —Preguntó muy suavemente, Louis, para no romper con el momento.

—Déjame invitarte a almorzar...

—¿En tu departamento?

Harry comenzó a reír. —No, en mi departamento no.

—¿Por qué no?

—¿No es demasiado rápido?

Louis se separó un poco más, para buscar la mirada de un Harry completamente avergonzado.

—¿De verdad crees que lo es? ¿Por qué siento que no necesito conocerte más?

—Siento lo mismo... Pero para serte muy sincero, tengo miedo.

—¿De mí?

—De no poder darte lo que necesitas.

Louis se quedó en silencio unos momentos. —Lo único que necesito de ti es que estés conmigo porque así lo quieres. Todo lo demás se puede conversar, todo se puede solucionar, a todo le podemos dar una vuelta...

—¿Estás muy seguro de eso?

—Lo estoy.

—Entonces, no voy a invitarte a almorzar...

—¿No?

—¿Y si desayunamos juntos?

—No entiendo.

—En mi cama...

Harry no podía creer lo que había dicho. Se separó por completo de Louis, y se dio media vuelta para irse. Estaba muy, muy avergonzado.

—No te vayas... Harry...

—No sé qué me pasó, discúlpame y olvídalo, por favor.

—Ven, déjame abrazarte otra vez... No te preocupes, no hay nada que disculpar. Tomemos esto con un poco más de calma, ¿sí? Perdóname a mí por ser tan intenso a ratos.

—Tengo mucha vergüenza, ¿me llevas a mi departamento?

—Vamos...

Louis lo tomó de la mano, como si estuviera acostumbrado y llegaron hasta el auto. Louis manejó tranquilamente, sin molestar a un Harry que seguía sin mirarlo.

Al llegar, Louis se apresuró a bajarse para abrir la puerta de Harry, y lo acompañó hasta su departamento. Le entregó la bolsa con las variedades de té, y espero a que Harry las llevara a la cocina.

—Prométeme que vas a estar bien, ¿sí? —Pidió Louis.

—Sí, pero es que es difícil... Lo siento mucho, en serio, jamás me pasó algo así, y ahora vas a creer que soy un tonto...

—No lo creo, te lo juro. Por el contrario, me encanta que seas tan genuino, es parte de tu ternura. ¿Vamos a ir a almorzar mañana?

—Sí.

—Déjame venir por ti...

—¿No puedes subirte a un taxi?

—Puedo, pero tengo mi auto y así andamos más cómodos.

—Bueno... ¿A las doce y media?

—A esa hora estaré aquí... Gracias por esta tarde, lo pasé increíble, no me gustaría despedirme, quisiera estar siempre... Mejor me voy, —se interrumpió sonriendo.

—Hasta mañana...

Harry cerró la puerta en medio de un suspiro.

Se quitó su abrigo y sus zapatillas, y se sentó en su cama. Las cosas no habían salido como esperaba, se daba cuenta de que Louis le provocaba muchas más cosas de las que imaginaba y entendió que no podía confiar en su cordura. Le hubiera gustado atreverse a pasar la noche con Louis en su cama, pero algo pasó en su interior que transformó toda su decisión en vergüenza.

Tontamente, pensaba, que avanzar rápido significaría que Louis no lo tomara en serio, y fue cuando entendió que realmente, estaba muy dañado. Que cada una de sus relaciones dejó una marcada huella en su cuerpo y en su mente. Y aunque Louis había reaccionado de la mejor manera posible a sus miedos, seguía teniendo dudas.

Y pese a eso, no podía dejar de sentir en su estómago esa presión deliciosa de la incertidumbre; no dejaba de recordar cada momento y cada detalle de lo vivido esa tarde. Soñaba con estar envuelto en los brazos de Louis cada día, despertar entre ellos, dormirse de la misma manera. Tener para siempre y solo para él, la mirada tierna y dulce del alfa, sus manos mimando su cintura, sus labios recorriendo sus mejillas. Suspiraba abrazado a su conejo, sonriendo hasta dormirse.

Mientras tanto, Louis llegaba a su departamento completamente exhausto. La mudanza de la mañana había sido demasiado esfuerzo físico, y la tarde cerca de Harry terminó de agotarlo.

Llegó directo a recostarse. Prendió la televisión y la dejó en un canal de cocina. Acostado sobre su espalda, con las manos detrás de su cabeza, pensaba en Harry. ¿Cómo era posible que un omega fuera así de tierno, de dulce y perfecto? ¿Cómo era posible que alguien con esas características estuviera soltero? ¿Por qué alguien como Harry tenía que tener problemas para tener cachorros?

Tenía muchas preguntas, pero solo una certeza. Quería a Harry en su vida, quería formar una familia con él. Le daba lo mismo el origen de los bebés, los quería en su vida. Jamás sería un impedimento para amar a Harry, al contrario. Solo era un motivo más para mimarlo y amarlo.

Deseaba con cada una de sus células poder llamarlo suyo, marcarlo, poder llevarlo de la mano por todo el mundo sabiéndolo propio, y que de la misma manera Harry sintiera lo mismo. Nunca fue un alfa posesivo, hasta que vio a Harry ese día con Noah en brazos. Supo que podía volverse el más intenso y difícil si se trataba de que alguien, incluso el viento, intentara tocar a su omega.

Pero es que Harry era demasiado.

Y Louis simplemente lo necesitaba.

El día domingo, a la hora acordada estaba Louis tocando el timbre en el departamento de Harry.

—Hola... ¿Cómo es posible que estés más lindo que ayer? —Saludó Louis, haciendo sonreír a Harry.

—Hola...

—¿Estás listo?

—Lo estoy... ¿vamos?

—¿Podrías darme un vaso de agua? Tengo la boca seca... ¿Por favor? —Pidió el alfa.

Y a Harry se le ocurrieron muchas maneras de solucionar ese terrible problema, y en ninguna había un vaso con agua.

—Claro, pasa.

Louis se sentó en el cómodo sofá mientras esperaba. Harry volvió con el agua, que Louis se bebió de un sorbo.

—Gracias.

—¿Necesitas más? ¿Puedo ayudarte de otra forma?

Louis desde el sofá, miraba los labios de Harry, deseándolos. Pero jamás imaginó, ver al omega acercarse peligrosamente, y subirse sobre sus muslos descaradamente, pero con sus ojos tímidos y un ligero temblor en sus manos, que se enredaron en el cuello del alfa.

—¿De qué otra manera me puedes ayudar? —Preguntó Louis, susurrando.

—Mmmm, conozca una forma, —contestó acariciando la nuca de Louis con las yemas de sus dedos.

Se acercó y sin dudar ni un solo micro segundo, lo besó.

Todo lo que estaba a su alrededor, y diez mil kilómetros más lejos, desapareció de la faz de la tierra para los dos. Una emoción los recorrió de pies a cabeza, un calor se instaló en sus estómagos y sus manos por fin se sintieron llenas.

Era un beso increíble. Sincronizaron de inmediato sus movimientos, como si estuviera ensayado, como si lo hubiesen estado esperando durante toda su vida, como si el tiempo fuera perfecto.

Las manos de Louis sin pudor acariciaban todo a su paso, desde la espalda hasta los muslos de Harry, apretando y rasguñando suavemente.

Apenas terminó ese primer beso, Harry escondió su cabeza en el cuello de Louis, aspirando directamente desde la fuente de olor, ese aroma delicioso a madera de oud, que estaba lleno de notas de benjuí, excitando a su lobo, y haciendo explotar su propio olor.

—¿Quieres más agua? —Murmuró Harry, sin salir de su escondite.

—Te quiero a ti...

Todo el cuerpo de Harry se estremeció, y su mente se apagó por un par de segundos. ¿Qué debía hacer? ¿Solo dejarse llevar? ¿Era tiempo de arrepentirse y devolver los pasos?

Su piel no mentía, y no podía no escucharla.

Levantó su torso, saliendo del lugar que había hecho su preferido, y sin más, desabrochó lenta y tortuosamente cada uno de los botones de su camisa, sin dejar de mirar a Louis, con sus mejillas completamente arreboladas hasta deslizarla por sus hombros.

Louis tragó con dificultad, su boca ahora sí estaba sedienta, pero Harry lo ayudaría.

Lo sabía.

El omega de inmediato le quitó la polera al alfa, y volvió a besarlo, una, dos, cien, mil y un millón de veces, en una lenta y rápida sucesión. Louis lo abrazó y de un solo movimiento lo dejó acostado en el sofá.

Y quizás no era el mejor lugar, ni el más cómodo ni el más especial, pero lo que sucedió en ese pequeño espacio, fue una oda al amor, fue sublime y lo más verdadero de sus vidas. Se entregaron con toda su pasión, desnudaron cada centímetro de sus miedos y de sus sueños, rasgaron sus pasados y envolvieron su futuro en una nube cargada de ternura.

Desnudos en el sofá, no sentían frío ni hambre, nada que fuera externo importaba. Solo lo hacía la necesidad de tocarse, de seguir amándose, de volver a descubrirse en el otro y de perderse en sus aromas deliciosos que los invitaban a fundirse en un futuro juntos, lleno de nuevas experiencias, de un mundo distinto, de miradas cargadas de azúcar y de besos repletos de miel.

Los dos sintieron temor de hablar. Sabían, con certeza arrogante, que el otro estaba en su misma sintonía, pero verbalizarlo era diferente. Una palabra de más o una de menos podía romper con su hermosa burbuja.

—Sé que puede parecer rápido, y sé que puede que no me creas del todo, pero mi corazón siente que te quiere... —dijo Harry, acariciando el pecho de Louis.

El alfa sonrió, emocionado. —Mi corazón ha empezado a latir solo por ti, ya no le importo yo ni mantenerme con vida...

Harry evitó gritar de la agitación que sintió su alma. —¿Estás seguro de esto...?

—Lo estoy, —contestó sin dudar. —¿Tú?

—Estoy seguro, pero tengo miedo... Me asusta que todo sea tan fácil, que podamos estar así, casi planeando un futuro juntos.

—¿Necesitas tiempo? ¿Qué puedo hacer para que tus miedos terminen?

—Nada en especial... Sé que con los días todo se volverá más real... Pero, ¿no te vas a ir?

—¿Por qué haría semejante estupidez? Harry, te encontré, ¿lo entiendes?

—Lo entiendo, porque también lo siento...

Luego de esa primera vez, las semanas pasaron veloces, hasta completar siete.

Tanto Liam y Zayn, como Louis y Harry, tenían relaciones sin nombre, pero que se habían afianzado mucho más con el día a día, con los mensajes, llamadas y salidas a comer.

Ese fin de semana, donde estaban de “aniversario de conocerse”, Liam le pediría a Zayn ser novios. Y Louis haría lo propio con Harry.

O eso pensaba Harry. Sabía que Louis estaba preparando algo, y lo esperó con todo su corazón. El sábado habían quedado de verse temprano, a eso de las diez de la mañana.

—¿Me vas a decir, por qué estamos desayunando afuera y no en tu departamento? —Preguntó Harry.

—Ya lo vas a saber amor mío...

—¿Amor mío...? —Los ojos de Harry se llenaron de lágrimas, era primera vez que Louis le decía esas palabras tan hermosas.

—Sí, amor mío... Eres mi amor, lo has sido desde la primera vez que te vi, pero ahora puedo decirlo sin que sientas temor...

Harry estaba sin palabras.

Las cosas entre ellos no podían ir mejor. Prácticamente vivían juntos, se llevaban muy bien, y sobre todo, su vida sexual era maravillosa. Habían hablado mucho del tema, de que desde el primer momento buscarían el embarazo de Harry, con ayuda del ginecólogo y el ajuste constante de las hormonas del omega que lentamente se habían ido regulando. Aunque no lo dijeran, tenían expectativas y esperaban que un cachorro llegara en cualquier momento.

Esa mañana, fueron a desayunar a un hermoso salón de té, que estaba escondido en medio de grandes edificios, y que mantenía su ambiente familiar y acogedor, pese al paso del tiempo.

Se sentaron y pidieron. Mientras esperaban, Louis se puso muy serio, asustando un poco a Harry, que a pesar de todo lo increíble de su relación, guardaba una pequeña duda en su corazón, de que Louis quisiera dejar todo. Verlo así, abrió ese miedo, agitando su corazón y su pecho.

—Amor mío... —comenzó Louis. —No te asustes, —pidió al ver la palidez en el rostro de Harry. —Te has convertido en el centro de mi vida, y simplemente me enamoré de ti, de todo lo que eres... Lo mío es más profundo que el deseo, no tiene que ver con tu cuerpo ni con lo que tenemos en nuestra intimidad. Te amo exactamente como eres, con toda tu simpleza y toda tu complejidad, y por eso, porque estoy seguro de esto que tenemos, es que yo, —dijo arrodillándose, —quiero preguntarte si... ¿quieres casarte conmigo?

Y Harry no lo podía creer. Se quedó con la boca abierta, sin poder cerrarla. Estaba conmocionado, jamás esperó una propuesta de matrimonio. Iba preparado para terminar el día siendo el novio de Louis, no su prometido.

—¿Casarnos? —Preguntó, aún incrédulo. —¿Estás seguro...? Digo, no, o sea, sí... Es decir, ¡Sí, quiero!

Louis puso el anillo en el dedo anular de Harry, y luego lo besó, suavemente.

Mientras conversaban, esperando el pedido, Harry pudo notar que Louis no estaba tranquilo, como si quisiera decirle algo más.

—¿Pasa algo? —Se atrevió a preguntar.

—Sí, no es malo, pero amor... ¿Te gustaría que...?

—¿Qué?

—¿Que nos casáramos ahora?

—¿Ahora? Pero... ¿Así, solos los dos?

—Sí...

—¡Me encanta la idea!

—Entonces, —dijo mirando su reloj, —tenemos que correr. ¡Vamos!

De la mano corrieron las tres cuadras que los separaban de la oficina de registro, donde estaban Liam y Zayn esperándolos.

—¿Qué hacen aquí? —Preguntó Harry, sorprendido.

—Necesitan testigos, y aquí estamos, —respondió Zayn, abrazándolo.

Harry miró a Louis con cara de culpabilidad. —¿Cómo sabías que iba a aceptar?

—Porque aunque no me lo has dicho, sé que me amas tanto como yo a ti.

El omega sonrió y se sonrojó.

Apenas habían dicho esas palabras, cuando fueron llamados a una oficina. El trámite fue sencillo y rápido, como todo en su relación.

Salieron más que felices, riendo, de la mano.

—¿Vamos a desayunar para celebrar? —Ofreció Louis.

—Pero nosotros ya desayunamos, —dijo Harry, pensando.

—No amor mío, no comimos... En medio de todo, solo hicimos el pedido, pero no lo llevaron porque ellos también sabían que no desayunaríamos...

—Louis... —Dijo Harry, mirándolo sin poder creer todo lo que había pasado en tan poco tiempo. —Te amo... tanto...

Y sí, Louis se sintió sonrojar. Y esas palabras, completaron y complementaron todo su ser. Había vivido toda su vida esperándolas.

Se besaron en medio de la calle, y luego se abrazaron, para después caminar hacia el salón de té.

—No conocía este lugar, —contó Liam. —Debe ser porque no nos gusta mucho el té.

—Pero hacen un café recién molido exquisito, —informó Louis. —Ya lo van a probar.

Hicieron el pedido, que llevaba trozos de torta especial para los amigos, de chocolate, nueces y manjar.

—No lo puedo creer, ¿lo recordaste? —Preguntó Harry, sabiendo la respuesta. —Te dije que este era mi sabor favorito de torta hace semanas...

—Y nunca lo olvidaría, amor mío...

—Dios, son tan cursis, —dijo Zayn riendo.

—Jamás imaginé ver a Louis actuar así, —confesó Liam. —Y me encanta.

—Les deseo toda la felicidad del mundo, se merecen que les pasen cosas buenas y lindas. Son una pareja increíble y su historia va a ser igual de increíble, —aseguró Zayn.

—Gracias, por sus palabras, por acompañarnos, por ser nuestros amigos y compartir con nosotros estos momentos tan importantes, —expresó Harry, muy feliz.

—Sí, son parte muy importante de nuestra vida, —confirmó Louis. Así es que propongo un brindis por nosotros, y porque nuestra amistad, y nuestras relaciones, duren para siempre.

Todos levantaron sus tazas y brindaron.

Una vez que terminaron de desayunar, cada pareja se fue por su lado, quedando de juntarse con Niall, como siempre, en su bar preferido en la noche.

Louis y Harry caminaron por el puerto, lentamente, sintiendo el viento fuerte, y frío que apareció a esa hora de la mañana. Se detuvieron en medio de una pequeña playa que empezaba cerca de ahí.

Abrazados, de frente, se miraron y sonrieron.

—Soy muy feliz, —aseguró Harry. —Me haces muy feliz, y amo lo que tenemos, esposo mío...

—Y yo lo soy más, amor...

Harry apoyó su cabeza en el hombro de Louis y se quedaron así por algunos momentos, solo meciéndose muy suavemente, casi con el vaivén del viento que parecía acompañarlos.

—¿Vamos a tu departamento? Aunque, no hemos hablado de dónde vamos a vivir.

—Prefiero que en el tuyo, está más cerca de todo y es más grande... —Dijo Harry frotándose en el pelo de Louis.

—Estás muy meloso amor, ¿estás bien?

—Estoy acalorado... ¿Será que por fin tendré un celo?

—No lo sé, pero por si acaso, vámonos, —dijo Louis, preocupado.

Tomaron un taxi, y en apenas diez minutos llegaron al departamento de Harry.

—Quiero acostarme... Quizás solo estoy agotado, ha sido una mañana muy intensa.

—Es muy probable amor... Déjame ayudarte.

Louis le quitó las zapatillas, el abrigo, y lo acostó. Lo tapó bien con una esponjosa manta y se quedó a su lado.

—¿No puedes acostarte conmigo?

—No estaba seguro de si lo querías. Pensaba empezar a guardar tus cosas en una de las maletas que tienes...

—Dejémoslo para después, ¿sí? Te necesito...

La voz de Harry sonó más grave que de costumbre, y el aroma a té negro con leche tibia, más las notas excesivas de miel, le hicieron entender, que al parecer, sí estaba atravesando su primer celo juntos.

Sus piernas temblaron, algo extraño en él. Harry era en extremo tierno incluso en los momentos más lujuriosos, pero ahora, parecía que su ternura se había diluido en alguna parte, transformándose en otro hombre, uno ávido de explotar entre sus brazos.

Necesitaba estar a la altura, necesitaba saber cómo complacerlo, cómo darle una experiencia de otro mundo, ¿o serían demasiadas sus expectativas? Pronto Harry comenzó a desnudarse y a besar como un loco a su esposo, dando inicio a su celo, el primero junto a Louis, uno después de mucho tiempo.

Fue un fin de semana completo de celo de Harry, con muchos nudos de por medio y por fin, la marca de Louis en el cuello de su omega.

El lunes en la mañana, muy temprano, estaban abrazados y desnudos, aún en su cama caliente, Harry y Louis, besándose, sin ganas de levantarse, menos de separarse; tampoco de dejar de acariciarse.

—No puedo creer que ya pasó el fin de semana... Se me hizo horriblemente corto, —dijo Harry, con su cabeza en el pecho de Louis.

—Tampoco yo, amor... Pero fue increíble que pudieras tener tu celo, y que lo hayamos disfrutado tanto...

—¿No crees que fuimos excesivos?

—Jamás lo seremos... Además de eso se trata el celo, ¿no? De anudarse muchas veces buscando cachorros.

—Sí... En la tarde tengo que ver a mi ginecólogo para contarle y que me pida, otra vez, los exámenes de sangre.

—¿Y es necesario hacerlo tan seguido?

—Sí, alfa... Es la única manera de hacer un real seguimiento a mis hormonas.

—Y estás agotado, lo entiendo. ¿Has pensado en lo que hablamos?

—¿Empezar con los trámites de adopción?

—Sí.

—No he dejado de hacerlo... Pero, ¿estás seguro de quererlo? ¿Ahora? No sé si quiero que sea tan rápido, y sé que son trámites que se demoran, pero alfa, te he tenido tan poco tiempo a mi lado...

—Lo sé amor mío, pero estuve investigando, y en el mejor de los casos, podríamos estar esperando un año.

—¿Tanto? No pensé que fuera así. Entonces hagámoslo...

—Tú tienes que estar seguro, yo simplemente voy a tu lado.

—¿Vas a amar a ese bebé como si fuera tuyo?

—Te lo puedo jurar, amor. Ni un poquito menos, va a ser una extensión de nuestro amor.

—Gracias alfa, te amo...

—Y yo a ti, mi amor...

Alcanzaron a amarse una vez más, antes de tener que empezar su semana. Como Harry entraba más tarde a la guardería, arregló las dos maletas que tenía y las llevó al departamento de Louis. En la noche podrían hacer un par de viajes más, gracias al auto del alfa.

Louis esa mañana, había citado al padre omega de Martina, para darle la resolución de su caso.

—Gracias por estar acá, sé que te cuesta venir por tu trabajo, pero seré breve.

—¿Ya salió el veredicto?

—Así es. Se te otorgó la custodia completa y absoluta de Martina, y cero visitas para el padre alfa. Sin embargo, aunque no pueda verla, se le fijó una manutención de este monto, —dijo mostrando un documento.

—¿Tanto?

—Es lo mínimo por ley. Además, debe pagar de manera retroactiva. Felicidades, ganaste el caso.

—Ohhh, jamás podré terminar de agradecerte... Dime cómo serán los pagos que debo hacer.

—Lee este documento y dime si estás de acuerdo.

—Está perfecto.

—Entonces, firmas abajo, sobre tu nombre y quedaríamos listos.

El omega firmó, satisfecho y feliz. —¿Podría invitarte un café? Para agradecerte...

Louis sonrió con algo de pena. —No, lo siento. Acabo de casarme.

El omega se puso colorado de la vergüenza. —Lo siento, no sabía...

—No te preocupes, no pasa nada.

—Me voy. Muchas gracias, con todo mi corazón.

—Cualquier cosa que necesites, sabes dónde encontrarme. Que te vaya bien.

El omega se fue con rapidez.

El resto del día pasó con normalidad, hasta la hora de la salida, en que Harry fue a buscar a Louis al despacho, como siempre.

—¿Cómo te fue con el ginecólogo? —Preguntó Louis, después de darle un beso cargado de dulzura a su esposo.

—Desde esta semana, tengo que empezar a hacerme exámenes de embarazo. Me dijo que al tener una marca, y al haber tenido un celo, más las hormonas que he estado tomando, debería existir una gran posibilidad de quedar esperando un cachorro.

—¿No es una buena noticia?

—No lo sé... No quiero hacerme expectativas... Ya he pasado por el proceso de los exámenes de embarazo, y sí, las circunstancias eran muy diferentes, pero no sé... —contestó cansado.

—Ánimo amor... Que pase lo que tenga que pasar, estamos juntos en esto, no lo olvides. Apóyate en mí, sabes que puedes hacerlo, ¿verdad?

—Lo sé, —contestó sonriendo con melancolía.

Hicieron su camino en silencio, con sus manos entrelazadas y sus pulgares acariciándose.

Una semana después, Harry se hizo la primera prueba de embarazo, después de llegar del trabajo. Estaban esperando el resultado abrazados, con una pequeña ilusión.