Tiempos de Sangre

All Rights Reserved ©

Summary

Veinte años después de perder contacto por completo, dos amigos deben reencontrarse para enfrentar a una criatura maligna que ha viajado desde su pasado. Un monstruo nacido de sus propios errores.

Status
Complete
Chapters
22
Rating
n/a
Age Rating
16+

I

Mayo 12, 2020

No lograba apartar la mirada de la pantalla de su celular. El pequeño aparato permanecía encendido sobre sus manos, mientras él aún intentaba decidir su próxima acción. Era el momento, y estaba consciente de ello, pero no lograba reunir la valentía necesaria para llamarlo. Eran las ocho de la noche, un momento adecuado para conversar con él, pero aún no estaba seguro de que fuese una buena idea.

Se levantó de su asiento y comenzó a caminar por la casa, meditando en sus adentros lo que pudiese provocar su llamada. Sabía que no se trataba de algo tan grave, pero el nudo en su garganta y su pulso acelerado eran suficientes para hacerlo dudar. Aquel hombre que veinte años atrás era su mejor amigo, ahora vivía una vida feliz junto a su familia, y probablemente ya había olvidado todo aquello que en algún momento los unió. Probablemente ya no le daría importancia a un tema sobre esa época, pero debía llamarlo. Debía recordarle lo que estaba a punto de suceder.

Se acercó a una de las ventanas de su hogar, tomando un poco de aire. El vecindario estaba demasiado tranquilo, como de costumbre. Hacía un poco de frío, pero lo necesitaba. Necesitaba tener un ambiente tranquilo, y el frío siempre lograba relajarlo. Intentó ponerse en el lugar de aquel hombre, intentando imaginar cómo sería su reacción cuando recibiera la llamada. ¿Lo consideraría un demente? ¿Recordaría, siquiera, quién era la persona que lo llamaba? Veinte años sin ningún tipo de comunicación era un largo periodo de tiempo, pero la amistad que ambos mantuvieron había sido tan fuerte que, incluso después de esas dos décadas, recordaba todo con detalle. Él no había olvidado al mejor amigo de su juventud, y esperaba que aquel hombre tampoco.

Conseguir su número de teléfono después de tanto tiempo había sido una tarea difícil. No tenía la dirección de su casa, ni mucho menos la de ninguno de sus familiares. Luego de que ambos recibieran sus títulos universitarios, cada uno tomó su camino, y desde entonces sus vidas se habían separado por completo. Ni una llamada, ni un mensaje. Su amistad se quebró por completo aquel día, en su graduación. Nick sabía perfectamente que eso era justo lo que debía suceder, incluso cuando no lo quería de esa manera. Ya no podían seguir siendo amigos, y aquella separación estuvo bien, pero ambos sabían que en algún momento sus caminos tendrían que volver a encontrarse, y ese momento finalmente había llegado. Unos días atrás, Nick utilizó el nombre completo del chico que alguna vez fue su amigo para buscarlo a través de redes sociales. No fue un trabajo sencillo, pero por medio de vínculos con la universidad, contactos en común, y ciertos detalles más, logró encontrar uno de sus perfiles profesionales.

Michael Grant ahora era el dueño de una prestigiosa empresa de tecnología, tenía una esposa y un par de hijos; una adolescente y un niño pequeño. Nick se encargó de observar las fotografías con cierta nostalgia, pensando en lo mucho que le hubiese gustado acompañar a su amigo en todo aquel camino hacia su éxito. Se veía feliz, y era precisamente por eso que no quería hablar con él. No tenía derecho a arrebatarle eso.

Nick Reed no sentía que su vida fuese tan perfecta como la de Michael. No se dedicaba a una empresa relacionada con el mundo de la física, como hubiese deseado. En su lugar, había heredado el concesionario de autos de su padre luego de que éste muriera, y ahora ésa era su única ocupación. En temas del amor tampoco era el más afortunado. Encuentros de una noche, salidas casuales, coqueteos con chicos de internet, pero nunca nada serio, y por lo tanto, nunca tuvo hijos adoptivos, como alguna vez lo había planeado. A sus cuarenta y tres años, no podía evitar pensar que había desperdiciado su vida, pues actualmente no era en lo absoluto lo que planeaba ser cuando era apenas un chico universitario.

Aunque él no era feliz, había un asunto pendiente que lo había mantenido ocupado durante los últimos veinte años. Estuvo esperando por mucho tiempo que el momento estuviera cerca, para así comprobar que su teoría era cierta y que realmente podría ser la única persona capaz de cambiar el mundo por completo. Michael era parte de eso, e incluso si las cosas no salían bien, debía incluirlo. No podía dejarlo atrás cuando se trataba de un problema que ambos habían creado.

Fue por eso que decidió utilizar el número telefónico que encontró en el perfil de Michael Grant, y aún sin estar seguro de ello, presionó el botón de llamada.

Aún de pie junto a la ventana y recibiendo la brisa de la noche, puso el celular a la altura de su oreja. Intentó regular su respiración, enfocar sus pensamientos, y repasar en su mente las palabras que le diría a Michael en cuanto contestara la llamada.

La voz de Michael sonó desde el otro lado de la línea luego del segundo tono.

–¿Buenas noches? –preguntó él con serenidad, usando un tono de voz firme pero sin sonar amenazante. Al escucharlo, Nick enmudeció. Las palabras que había estado planeando decir se desvanecieron súbitamente de su cabeza, y al abrir la boca no salió sonido alguno–. ¿Hola? Josh, cuidado con eso.

Escuchó la voz de un niño, y supo que estaba con su hijo. Probablemente, Michael se encontraba en ese momento reunido con toda su familia. Nick tragó saliva, tomó una bocanada de aire, y posteriormente se dispuso a hablar.

–Michael –saludó, aunque su voz no sonó tan firme como la del hombre al otro lado de la llamada.

–¿Quién es?

–Soy… Ah… –su cuerpo permanecía paralizado junto a la ventana, observando a ningún punto en específico, aún intentando concentrarse–. Soy Nick.

Hubo un silencio corto en la línea, hasta que Michael habló nuevamente.

–Lo siento. ¿Nick? No entiendo a quién se refiere. ¿Puede ser más específico?

–Me llamo Nick Reed.

El silencio se repitió, pero ahora mucho más largo y tenso que el anterior. Nick pensó, durante un momento, que Michael iba a cortar la llamada. Por fortuna para él, no fue así.

–Nick –repitió Michael. Nick escuchó cómo el hombre comenzaba a caminar, luego el sonido de una manija al girarse, y después una puerta cerrándose. El hombre acababa de buscar un sitio más tranquilo para hablar–. Es… Increíble. Ha pasado tiempo. Mucho, mucho tiempo.

–Sí, lo sé… –Nick finalmente se sintió más tranquilo al escuchar el tono calmado de Michael. Al menos su personalidad amable no parecía haber cambiado en lo absoluto–. ¿Cómo va todo? Bueno… ¿Cómo ha sido tu vida desde…?

–Escucha, Nick, yo… –Nick supo inmediatamente que no podía intentar suavizar la información. Michael era amable, pero no paciente, y aunque había respondido a su llamada con gentileza, no dudaría en colgar cuando fuera necesario–. Necesito saber por qué estás llamando. ¿Por qué ahora? ¿Necesitas algo? ¿Estás en problemas?

–No, no… No se trata de eso –la situación comenzó a volverse incómoda para ambos, pero al mismo tiempo, los dos sabían que la llamada debía seguir–. ¿De verdad no tienes idea de por qué llamo?

–Bueno, honestamente no. ¿Hace cuánto tiempo hablamos por última vez? Estábamos en nuestros veinticinco años o algo así. ¿A qué se debe todo esto?

–A que en una semana será veinte de mayo.

Michael no dijo nada, y Nick decidió darle un par de segundos para procesar la información. Después habló de nuevo:

–En una semana se cumplirán veinte años desde que enviamos el prototipo.

Se escuchó un suspiro por parte de Michael, similar a un suspiro de frustración. Fue en ese momento cuando Nick supo que no podría contar con su apoyo.

–Esto es increíble… ¿De verdad pasaste veinte años creyendo que eso realmente funcionó?

–En una semana vamos a averiguarlo.

–Ese prototipo era una pérdida de tiempo. No lo enviamos al futuro, Nick. Ese aparato se desvaneció. Probablemente se redujo a cenizas. No puedes decirme que has pasado todos estos años pensando que, mágicamente, el CR-LOOP va a aparecer en el campus de la universidad. ¿Es en serio?

–¿Y por qué no? Funcionó antes. ¿Ya lo olvidaste?

–Lo único que recuerdo es que fue un proyecto universitario que salió mal. Además, no entiendo por qué me llamas. Si quieres ir y ver por ti mismo que nuestro prototipo fue un fracaso, hazlo. ¿Qué es lo que necesitas de mí?

–Los dos lo construimos. Esto es algo que hicimos juntos, y pensé que querrías saber si fue un éxito o no.

–No necesito ir hasta ese lugar para saber que fracasamos. Ahora me dedico a otra cosa. ¿Sabes? Ya no hago esas tonterías, creyendo que puedo viajar en el tiempo como si se tratara de una película.

Nick decidió quedarse en silencio un momento, eligiendo las próximas palabras que saldrían de su boca. No intentaría disimular su decepción en cuanto a la decisión de Michael, pero sí podía intentar hacerlo cambiar de opinión.

–Quiero que por un momento –murmuró Nick–, imagines que el prototipo funcionó. Imagina que lo enviamos al futuro, y que en una semana aparecerá detrás del campus de la universidad.

–¿Y eso qué?

–Nos convertiríamos en los creadores de la primera maldita máquina del tiempo.

La fuerte carcajada de Michael al otro lado de la línea lo hizo enfurecer, pero logró contener su ira para así no soltar algún comentario ofensivo o fuera de lugar. Necesitaba mantener la compostura, pero le pareció una tarea extremadamente difícil, y por eso salieron aquellas palabras de su boca:

–Además, tú y yo sabemos que la aparición del prototipo no es lo único que debe preocuparnos.

La risa de Michael se detuvo abruptamente, y Nick supo que ahora había captado por completo su atención.

–¿De qué estás hablando? –preguntó él, ahora con un tono de voz mucho más serio y amenazante. Nick no se sintió intimidado.

–Recuerda que el prototipo no fue lo único que viajó al futuro.

–Estás haciendo suposiciones.

–Es verdad, pero si mis suposiciones son correctas… Va a ser difícil para la policía explicar lo que encuentren en ese lugar.

Ésa era su última carta, su as bajo la manga. Si no lograba obtener el interés de Michael con ese detalle, entonces finalmente tendría que rendirse. Hubo un silencio inquietante en la línea, y Nick esperaba expectante una respuesta. No quería ir a investigar él solo, cuando ése se trataba de un problema provocado por ambos. Necesitaba su apoyo.

–Ya pasaron veinte años –contestó Michael, y Nick supo inmediatamente lo que eso significaba–. Lo que sea que encuentren allí… Ya no se relaciona con nosotros. Incluso si es verdad, si el prototipo fue exitoso… Lo mejor que puedes hacer es alejarte. No es muy inteligente que quieras que nos relacionen con un delito que sucedió hace dos décadas. Lo que debes hacer es ignorar todo esto y seguir adelante, tal y como yo lo hice.

–Nosotros podríamos cambiar el mundo. Podríamos cambiar vidas.

–O también podríamos destruir las nuestras.

Nick no logró refutar a eso, pues sabía que Michael no estaba tan equivocado. Comprendía su miedo, y también todas las consecuencias que podría traerles lo sucedido en aquella época, pero no podía desistir. No podía permitirle al miedo llevarse lo único que le había brindado un poco de motivación los últimos veinte años. Dependía por completo de su descubrimiento, y no planeaba rendirse. Con o sin ayuda, era su deber darle conclusión a su propio pasado.

–Entiendo –susurró con desánimo–. Eso es todo, entonces.

–Lo siento, Nick –contestó Michael con un tono de lástima que logró irritarlo aún más–. Debes olvidar todo esto. Por tu bien y por el mío, de verdad espero que el prototipo no haya funcionado.

–Y yo de verdad espero que pronto te tragues tus palabras.

Sin detenerse a escuchar su respuesta, Nick cortó la llamada. Su mano temblorosa por la ira lanzó el celular contra uno de los muebles, mientras aún intentaba pensar en lo que tendría que hacer después. Sólo debía esperar una semana más, y entonces podría demostrarle a Michael y al resto del mundo que él realmente era valioso. No era un bueno para nada, como muchos le habían dicho alguna vez. No era un inútil, raro, o parásito, como había escuchado tantas veces.

Cambiaría el mundo, y le demostraría a todos lo equivocados que estaban en cuanto a él. Incluso veinte años después, finalmente demostraría que todo valió la pena.

Y no le importaban los sacrificios que debieran hacerse para lograrlo.