LA PRISION DEL AMOR

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Summary

“Entre prohibiciones y miradas” Sofía nunca pensó que crecer bajo las reglas estrictas de sus padres significaría vivir encerrada en un mundo donde no había espacio para respirar. Desde pequeña le enseñaron que las salidas eran un lujo, que la libertad era peligrosa y que su deber era obedecer. Entre paredes, tareas y silencios, aprendió a esconder sus emociones y a callar sus deseos. Pero lo que sus padres nunca imaginaron fue que el corazón, tarde o temprano, encuentra la manera de escapar. La adolescencia de Sofía está marcada por la ansiedad de no poder vivir como los demás. Mientras sus amigas hablan de fiestas, de risas y de experiencias nuevas, ella carga con el peso de la desconfianza de sus padres, quienes vigilan cada paso como si el mundo exterior fuera un monstruo dispuesto a devorarla. Y es en medio de esa frustración cuando aparece Daniel. Daniel no es perfecto. Tampoco es el chico más popular del colegio. Pero tiene algo que desarma a Sofía desde la primera vez que la mira: una sonrisa franca, cálida, capaz de atravesar cualquier armadura. Lo conoce gracias a sus amigas, casi por casualidad, en un pasillo cualquiera del colegio. Al principio lo toma como un simple amigo, alguien que juega a empujarla suavemente, que la busca con pequeñas bromas y que la hace reír en los momentos menos esperados. Sin embargo, lo que empieza como un juego se convierte en algo

Genre
Romance
Author
Rosimar
Status
Ongoing
Chapters
51
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capítulo 1 : Cuando El Aire Duele

Siempre he sentido que mi casa no es un hogar, sino una jaula. Mis padres creen que me protegen, pero a veces siento que solo me encierran más en sus miedos. Desde pequeña me enseñaron que el mundo allá afuera es peligroso, que estar en un lugar equivocado o con una persona desconocida puede arruinarlo todo.

Las reglas son tantas que ya las repito de memoria:

No puedo salir sola.

No puedo salir con personas que ellos no conozcan

No puedo quedarme despierta después de las diez.

No puedo usar el celular más de lo necesario.

Y la lista sigue, interminable, como un contrato que nunca firmé.

A veces me miro en el espejo y me pregunto quién soy de verdad. Si la niña obediente que sonríe cuando debe o la joven que sueña con algo más allá de estas cuatro paredes. Me gusta dibujar porque, en el arte , nadie me vigila, nadie me juzga. Solo ahí respiro.

Pero lo que mis padres no se imaginan , aun no lo sospechan qué mi vida esta apunto de cambiar por que en el colegio conocí a alguien.....

Alguien que me hizo sentir que el mundo no es tan peligroso como ellos creen si no un lugar enorme

Esperando ser descubierto, que no todas las personas son de mal corazón

Y lo peor ( o lo mejor) es que se que ellos jamas aprovarian lo que empiezo a sentir en mi corazón

Esa noche no pude dormir. Me revolvía en la cama como si las sábanas fueran cadenas, como si el aire dentro de mi cuarto se estuviera acabando. Sentía el pecho apretado, un fuerte dolor de cabeza y esa ansiedad que me visitaba cada vez que pensaba en lo mismo: quiero salir.

No pedía mucho, solo caminar unas cuadras, sentir el viento en la cara, ver la linda naturaleza ver gente que no fueran siempre los mismos rostros de mi casa. Pero aquí, desear eso parecía un crimen.

Me levanté en silencio, descalza, con cuidado de no hacer ruido . Abrí la ventana y cerré los ojos. El aire frío de la madrugada se sentía tan bien y me dieron ganas de llorar. ¿Cómo algo tan simple podía sentirse tan prohibido?

Pensé en gritar, en decirle a mis padres que me estaban ahogando, que no podían decidir por siempre lo que debía sentir. Pero me mordí los labios y guardé silencio. El miedo a sus miradas duras, a sus sermones interminables, pesaba más que mis ganas de rebelarme.

Me apoyé en la ventana, respiré profundo, una y otra vez. Imaginé que afuera estaba yo, caminando libre, riéndome de cosas tontas, con el corazón tranquilo, no sabía que hacer

Lo que sí sabía era que tarde o temprano algo iba a explotar dentro de mí. Porque no se puede encerrar un ave para siempre sin que un día, cansada de esperar, abra sus alas aunque sea a la fuerza