¿Acaso todo es lo que parece?

All Rights Reserved ©

Summary

no puedo poner específicamente de que trata, Pero les puedo asegurar, que les va a encantar.

Genre
Mystery
Author
Anonimo
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
18+

La oscuridad que me acecha.

Capitulo 1




A los siete años pensaba que la vida siempre sería igual, que nada iba a cambiar. Me aferraba a esa inocencia, creyendo que la rutina me protegería de cualquier tormenta. Pero con el paso del tiempo descubrí que todo cambia, que nada es eterno, que hasta lo más puro tiene un final.

A los siete años mi vida dio un giro inesperado: tormento y dolor se convirtieron en mis compañeros. Las noches se llenaron de llanto y pensamientos que me consumían desde dentro. Una oscuridad se fue extendiendo poco a poco, atrapándome en su silencio.

Hasta el día de hoy, sigo perdida en esa sombra.

Durante mi infancia, aprendí a la mala, sabiendo que hasta la flor más bella se marchita, que incluso lo más hermoso puede ser pisoteado por los demás.

Mi madre, la famosa Avela Dorian, una mujer reconocida, gran y talentosa diseñadora de moda, una de las más importantes y exitosas del momento.

Mi padre, Andrey Koren, el famoso empresario y magnate de los negocios internacionales, respetado y temido en el mundo de las finanzas. Un hombre cuya palabra era ley, tanto en su empresa como en nuestra casa.

Cuando pasábamos por el parque en coche, rumbo a mi casa, veía a los niños jugando, siendo niños, disfrutando de su infancia. Y yo me preguntaba: ¿cuándo podré disfrutar de la mía? ¿Cuándo podré ser libre?


Esa misma tarde, le pregunté a mis padres:

—Padre, madre… ¿creen que me pueden dejar ir al parque a jugar con los niños que acabamos de ver?

Mi padre, con total frialdad y firmeza, me respondió:

—No. Sabes bien que no tienes permitido ir a esos lugares.

Por otro lado, mi madre, distante y fría como siempre, me respondió:

—No. Eres una princesa, y las princesas no van a parques.

Con la voz temblorosa, les supliqué:

—Pero, padre, madre… quiero ser como los otros niños. Quiero disfrutar mi infancia. No les pido más. Déjenme ir solamente un rato.

Mi padre, enojado, respondió:

—¡Hemos dicho que no! No insistas. Ahora ve a tu cuarto. Estás castigada, hasta que aprendas que esos lugares no son para ti.

Asustada, retrocedí y corrí a mi cuarto. Cerré la puerta de golpe y me recargué contra ella, temblando. Lágrimas silenciosas rodaban por mis mejillas mientras recordaba aquellas noches en las que mi padre y mi madre me dejaban ser yo. Momentos en los que me trataban como si verdaderamente fuera una princesa, en los que me permitían disfrutar, aunque fuera un instante, de mi infancia…

La misma infancia que poco a poco me estaban arrebatando.

Esa misma noche, a las 2:49 de la madrugada, salí de mi habitación y bajé las escaleras. Tenía mucho en qué pensar, así que fui a la cocina por un vaso de agua.

Pero cuando puse un pie dentro, lo que vi ante mis ojos me dejó paralizada. Era algo horroroso. Algo horrible ante mi vista. Terrorífico.

Dolor.

Miedo.

Y sangre.