Cambio de pieles (Toll)

Summary

Día 25: La leyenda de los amantes que se quitan la vida y reencarnan en hermanos/Primer beso. Los Kaulitz al ser descendientes de Osiris e Isis, tenían bien en claro que cuando sus dioses reencarnaran tenían que permitirles ser felices los que no pudieron ser en su vida pasada.

Status
Complete
Chapters
1
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n/a
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18+

Capítulo único

Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Nota: Llegué al día 25 jajaja y pues tengo que agradecer a Chikparole porque tenía miedo repetir trama en este día porque ya existe un Toll que escribió mi mejor amiga bajo la primera que pedía el día 25, así que me sirvió que me dijera que use una mito y así, dando pie a esta historia xD, que elegí precisamente a Osiris e Isis porque les quedaba muy bien, así que me tomé libertad creativa, y no al pie de la letra la premisa. Si les gustó no olviden dejar un voto y comentario :3

La mujer con gafas se las acomodó en lo que comenzaba a hablar delante del público.

—El mito de Osiris relataba la historia de cómo es que Osiris fue asesinado por su hermano, debido a que una noche confundió a su esposa Isis con Neftis, y fruto de aquella entrega carnal es que nació Anubis… Pero el resentimiento de Seth fue tal, que hizo que tramara un plan para matar a Osiris, encerrándolo en un sarcófago y lanzándolo al río Nilo, donde después de navegar hasta las costas de Siria, es que creció una planta que encapsuló el sarcófago de Osiris y atrajo la atención del rey de Biblos, por lo mismo es que hizo que talaran aquel árbol para que fuera la columna de su palacio. Luego de esto es que Isis, su esposa abnegada, y que también fue su hermana, quería saber el paradero del amor de su vida, así es cómo se infiltró en el palacio del rey, como una niñera y que así es como se ganó la confianza para finalmente rescatar al cuerpo de su esposo… Isis con sus poderes de Diosa se acostó con el cadáver de Osiris, y quedó embarazada de Horus, aún ocultando el cadáver de su marido, porque su hermano Seth quería ocupar su trono, pero este vengativo cuando lo encontró es que lo partió en catorce pedazos, haciendo que Isis se sintiera destrozada, principalmente porque nunca encontraron el pene de su marido, por mucho que buscó, dijeron que fue comido por un pez… Dicen que su pena fue tanta que Isis se suicidó, y por ello es que quedó la maldición de que ya que no fueron felices en el pasado, ellos reencarnaran, y que si no les dejan ser felices en su reencarnación, pues caerán desgracias que atormentarán por siempre a la familia ocasionando así el final de los tiempos… Pero bueno, son cosas que se han mantenido en los Kaulitz desde siempre, en realidad no tenemos formas de saber si realmente va a pasar —farfulló Hana sonriendo a su familia que los escuchaba atentos.

—¿Pero entonces descendemos de los dioses según ese relato, tía? —inquirió Bill frunciendo el ceño.

La mujer de cabellos ondulados sonrió y asintió.

—Sí, Bill. Se supone que los Kaulitz somos descendientes de los dioses egipcios, del amor de Osiris e Isis —respondió Hana.

Tom se resistió las ganas de poner los ojos en blanco, porque adoraba a su tía Hana, sólo que aquello era muy estúpido, era difícil ser un Kaulitz ciertamente de por sí, ya que eran una familia de abolengo, dónde ni siquiera ellos podían pensar en salir con alguien o algo, así ya tuvieran diecisiete años, porque Bill y Tom eran gemelos, ya que las formas de “casarse” o estar con alguien era por algún matrimonio arreglado, algo que tuviera que ver con el poder, fusiones de casas y mejora del linaje, no por amor no por nada que fuera ajeno a ellos. Y todavía se le sumaba que su familia tenía esa obsesión por la cultura egipcia, al punto de sí o sí mantener la idea de qué eran descendientes de los dioses, y que en algún momento reencarnarían o se desataría el fin del mundo.

Pues no, para Tom era pura basura, él estaba enamorado de alguien de hecho, un amor imposible por más de un sentido, porque tendría que casarse con la viuda Klum cuando cumpliera dieciocho años, la cual era su mayor por dieciséis años y no le interesaba para nada hacerlo, pero no tenía opción alguna, e incluso si pudiera elegir… Estaba prohibido a quien Tom amaba, que evidentemente no era correspondido, es decir, no es que Tom se lo hubiera dicho, se guardaba su amor para sí mismo, porque sentía que si bien se querían, el confesarle lo que sentía pues les daría problemas a ambos, ya que a quien amaba era Bill, su gemelo, con quién había hasta fantaseado cosas que evidentemente no estaban bien que un hermano piense con el suyo.

Bill en realidad era cariñoso con Tom, aunque a veces tuvieran las típicas peleas entre hermanos, ambos se adoraban, sólo que Bill mismo también tendría que casarse con la hija de los Alviti. Sin mencionar que bueno, eran hermanos, así que por lo mismo es que Tom nunca se lo había contado a Bill, que le gustaban los hombres, o bueno… Bill en específico, no sabía por qué pero su hermano siempre lo había llamado, su rostro, aunque fuera igual al suyo, hacía que Tom fuera plenamente consciente de sus similitudes pero también las diferencias que había entre ambos.

La personalidad de Bill también siempre había sido algo que hacía estremecer a Tom, por eso cuando compartían un abrazo o un gesto cariñoso, Tom se terminaba riendo nervioso, separándose de su hermano alegando que tenía que ir al baño.

No sabía qué le pasaba pero Tom siempre sudaba por los nervios, aquello incluía sudor de manos, y su cuerpopor completo.

Era algo humillante pero Tom tenía que secarse hasta sus áreas nobles que penosamente le sudaban por la cercanía de su hermano, aparte de echarse agua al cuello para que se le bajara la erección.

Bill, si bien no sabía la disyuntiva que pasaba su hermano, también consideraba que era una mierda el que estuvieran tan aferrados a un mito antiguo y tradiciones tan de antaño, más teniendo en cuenta que tanto Osiris como Isis eran hermanos, que tuvieron un hijo mediante un acto necrofílico, y en realidad él no juzgaba aquella historia, sino que su familia pensaba en eso, pero igualmente les impusiera un matrimonio arreglado, sin importarles qué es lo que ellos quisieran.

Bill consideraba injusto porque estaba enamorado de Tom, pero ambos al ser hombres y hermanos, pues no podrían casarse. Bill no sabía que Tom le correspondía, vivía igual que su gemelo, callando todo lo que sentía, a pesar de que siempre hubiera sentido que amaba y adoraba a Tom, como si verlo sonreír hiciera que algo naciera en su pecho, y que por lo mismo también se alejaba al dejar de acariciar a su hermano, porque terminaba excitándose. Era tan irónico que Osiris e Isis fueran sus ancestros, quienes eran hermanos, amantes y esposos pero ellos no podían serlo porque “estaba mal”.

Bill no quería ni decírselo a Tom, quizá lo considerase un enfermo por ello, pero Bill sabía que no era sólo excitación y deseo, sino que desde siempre había amado a Tom, incluso a veces creía que desde antes de nacer, como si desde el vientre materno hubiera tenido una conexión con su gemelo.

—Pero ustedes no se comana cabeza con ello, tristemente no hemos encontrado las señales de que sus reencarnaciones estén entre nosotros —masculló Hana sacándolos de su ensoñación.

—Es porque no hacemos la revisión de antaño —masculló Theodore, el tío abuelo de los gemelos.

—¿Y cuál era esa revisión, abuelo? —preguntó Bill mirando al mayor.

—Pues nos desnudaban y hacían inspecciones de cuerpo completo frente a todos para fijarse si teníamos las marcas de los dioses, no había cavidad sin dejar de revisar para asegurarse si en algún pliegue hubiera algún lunar —contó Theodore.

Hana frunció la nariz.—Una tradición que felizmente dejamos de hacer por la humillación que implicaba, tío —mencionó la mujer.

—¡Pero así nos asegurábamos que estuvieran realmente libres de marcas! —arguyó Theodore golpeando su bastón en el suelo.

—Sólo lo dices porque te gustaba que te revisaran las cavidades, Theo, así que no vengas aquí con cosas —farfulló Harry, otro de sus tíos, primo de Theodore quien frunció el ceño al ver al otro anciano que rió.

—¿Pero qué clase de marcas son las que eran sospechosas? —cuestionó Bill, en lo que veía a sus tíos abuelos.

—Las marcas de los dioses, ellos dijeron en los jeroglíficos que dejarían algún rastro de que renacieron en sus nuevos cuerpos —explicó Harry a sus nietos.

Bill frunció el ceño y se levantó la manga de su camiseta, mostrándole una cicatriz en forma de pez.

—¿Algo como esto? —cuestionó Bill, sin entender cómo es que una marca podría determinar su destino.

—El pez está relacionado con el papel de Osiris como deidad del inframundo y la resurrección —musitó Hana empalideciendo ante la marca de su sobrino.

—No, no, es una cicatriz rara que me salió cuando me caí de las escaleras, y sólo por chiste lo mencioné —expresó Bill en lo que sus abuelos se acercaban a mirar de cerca.

—No, Bill, esta es la marca de Osiris. Eres la reencarnación del Dios —masculló Harry que tenía sujeto el brazo de su sobrino nieto.

—Eso quiere decir que la Diosa Isis también está entre nosotros —acotó Theodore y miró inmediatamente a Tom.

—¿Qué pasó, abuelo, por qué me ves? —inquirió Tom sintiéndose nervioso porque también su otro abuelo lo vio.

Theodore se acercó a su sobrino nieto y le jaló del brazo, buscando alguna marca.

—¡Ouch, abuelo, duele! ¡¿Por qué me buscan algo?! Yo no soy mujer y soy gemelo de Bill —se quejó Tom.

—Había una teoría que dijeron los antiguos, de que si volvían los dioses a la tierra, lo harían juntos, asegurándose así que sí o sí no pudieran separarlos, si Bill es la reencarnación de Osiris y es tu gemelo, nacieron juntos… Aquí está, una ala —señaló Theodore la mancha rojiza que tenía el adolescente en su brazo.

—¡¿Qué?! —preguntó Tom y Bill al mismo tiempo, que Tom sabía de esa mancha rara que tenía pero no la había pensado que tenía importancia alguna, como los que tenían algunos de sus primos en forma de mapas o hasta animales.

—Las alas simbolizan la capacidad de transformación y protección de la Diosa Isis —acotó Hana acercándose a observarlo.

—Entonces tenemos que hablar con el resto de la familia y anular sus compromisos, no dejaremos que haya más derramamiento de sangre o desgracias. Tanto Bill como Tom deberán casarse y consumar su unión, recibiendo así la herencia que tuvimos lista desde hacia siglos para la reencarnación de nuestros dioses, evitando de esta manera el final de los tiempos —arguyó Theodore.

—¿Me tengo que casar con Tom? —interrogó Bill, sorprendido por ello. Tom se sintió apenado por la pregunta, porque en realidad no le desagradaba el casarse con Bill, en vez de tener que estar con la viuda en un año, pero… Nunca le había dicho sus sentimientos, no sabía cómo tomarse que su gemelo lo preguntara así.

—Y consumar la unión, Bill. Es importante. Así sea tu gemelo, tienes que hacerlo tuyo en el lecho nupcial, tal cual lo hizo Osiris con Isis, Tom tiene que ser el pasivo sí o sí porque Isis era la Diosa de la fertilidad, y por ello el rol tiene que ser ese, ya lo tienen establecido desde antes de nacer —masculló Theodore con determinación y seriedad.

Bill miró a Tom, quien le rehuyó la vista, sonrojándose ante ello.

No les dieron tiempo de hablar entre sí para procesarlo siquiera, ya que después de ello, es que se lo contaron a todos sus familiares, incluyendo a sus padres Simone y Jörg.

La situación siguió pasando a velocidad vertiginosa, porque en verdad habían esperado muchos siglos porque los dioses reencarnaran, y más bien tenían miedo de desatar su ira, porque si ellos no se enteraban de esto ahora, el próximo año se iban a casar los gemelos con mujeres y caerían desgracias sobre ellos. Así que fue un honor para Simone y Jörg ser los padres de las reencarnaciones de los dioses, en lo que aquella misma tarde realizaron una boda en la capilla del palacio, no sólo era sencilla por un tema de tiempo, sino por el asunto de que precisamente las bodas antiguas egipcias eran así, simplemente haciendo un contrato y luego mudándose la novia a casa del novio.

En este caso al ser ambos novios, les brindaron una de las casas a las afueras, una de las más lujosas que tenían en el poder de los Kaulitz, y que era parte de la herencia que tenían ahora Bill y Tom como reencarnaciones de los dioses.

Cuando Tom se sentó en el colchón, con Bill ubicado a su costado, viendo cómo es que le habían puesto un ropaje a Tom, que lucía como vestido porque no terminaba en pantalones, y ambos estaban maquillados en los ojos, aún teniendo las palabras de sus familiares diciendo que esta unión era un acto divino que permitiría dejar que los dioses estuvieran en paz luego de muchos siglos pero no sé habían besado ni nada, sólo firmando los papeles, así que por fin estaban a solas para hablar sobre ello.

—Me siento mal porque siento que te forzaron a esto, Tom —comentó Bill mirando a su gemelo apenado, porque sabían que debían consumar la unión, pero antes quería serle sincero a su gemelo.

—Nos forzaron a los dos, Bill. Pero… No puedo mentirte, no cuando tenemos que tener sexo esta noche para consumar nuestra unión. Siempre te he amado como más que un hermano, no sé si sea porque somos estas reencarnaciones de dioses, no lo sé, no tengo recuerdo alguno de mi supuesta vida pasada, sólo sé que no me siento forzado ni asqueado con la idea porque siempre he estado enamorado de ti, más bien entiendo si te causa incomodidad el pensar en tener sexo conmigo —confesó Tom sonrojado sin poder ver a su gemelo.

Bill parpadeó sorprendido pero tomó a Tom por el rostro, haciendo que lo viera.

—¿En serio, Tom? Yo también toda la vida te he visto como más que mi gemelo, porque sí, te amo y no me da asco pensar en que tengamos sexo sólo… Me gusta la idea, aunque no sea sólo por excitación sexual o morbo, es decir, no es por morbo, sino que así no recuerde mi vida pasada, siempre te he amado con fervor —soltó Bill mirándole con adoración, y Tom sonrió cómo sus mejillas se calentaban contra las manos de su gemelo, estando uno contra el rostro del contrario, respirando el aliento del otro, es que ambos acortaron los escasos centímetros que los separaban, cerrando los ojos para besarse.

Aquel era su primer beso y ambos sintieron cómo si una galaxia explotara sobre sus ojos, porque al sentir sus bocas juntas es que no lo sintieron cómo si fuera su primer beso, sino que había una familiaridad en sentirse labio contra labio, como si fuera un reconocerse nuevamente, aquella sensación de deja vú que tenían en ellos al sentirse y abrir sus bocas, moviendo sus lenguas la una contra la otra, con Tom echándose en la cama, en lo que jalaba a Bill sobre él mismo, abrazándolo con sus piernas.

No hubo necesidad de palabras, porque conforme siguieron besándose, Tom y Bill comenzaron a llorar, sí, saboreando la sal en sus besos, en lo que se desvestían, porque a cada caricia, cada contacto que tenían sobre su piel desnuda era recobrar memorias… Haciendo que el dolor del pasado, de saberse separados, de Tom llorando la muerte de Bill, al punto de estar tan roto por dentro, con todo su amor, montándose sobre su pene, hasta hacer que Bill explotara dentro suyo, y haciendo que se quedara embarazado de su hijo Horus… Cómo fue el buscarlo tanto tiempo, el cómo su hermano los separó nuevamente partiéndolo en catorce pedazos y con el pene de Bill siendo comido por un pez…

Cómo es que Tom prefirió morir a qué vivir sin su esposo, porque sin estar completo no podía hacer que Bill estuviera con él, no, sólo eran carroña. Por lo mismo es que dejó las indicaciones antes de quitarse la vida, para que sus descendientes estuvieran atentos a su regreso, dónde no es que iría a caer una maldición sobre ellos… Sólo que pedía que los dejaran ser felices como no pudieron en aquel momento.

Bill también recordó todo, mientras se frotaba con Tom, cómo es que su gemelo abría más sus piernas, y Bill al tocarlo sintió la humedad que emanaba de su trasero, que antes Tom pensaba que era sudor cuando en realidad era lubricación porque su interior había nacido para ser penetrado por su gemelo, y a Bill se le secó la boca, en lo que su naturaleza le dictaba que tuviera que meterse allí, por lo que guió su erección hacia el culo de Tom, comenzando a embestirlo, con Tom abrazándolo por los hombros.

—Te extrañé tanto aquí, mi amado Osiris —jadeó Tom con los ojos cristalizados en lo que empujaba su culo contra la pelvis de su gemelo.

—Yo también extrañé estar dentro de ti, mi amada Isis —musitó Bill contra los labios de su gemelo para volver a besarlo, en lo que empujaba con dureza en su interior.

Era otro cuerpo, otras pieles… Pero en escencia eran los mismos, los mismos dioses que se habían amado siglos atrás.

Bill era el mismo Dios que veneraba a su hermana, que tuvo que dejarla sola no porque así lo decidiera, sino por su hermano… Cómo es que todo el amor que Tom le profesó, juntamente con su protección y cuidado hizo que su miembro pudiera fecundarlo, su Diosa de la fertilidad, de la familia y sanación… Su Tom, su Isis, su todo.

Bill seguía dándole estocadas a su gemelo, en lo que se besaban, con Bill acariciándole la erección entre sus cuerpos, siempre buscando que su Diosa, su reina, su todo, disfrutara, incluso si aquí Tom no tenía el cuerpo femenino de su vida pasada, Bill siempre procuraba el placer del amor de su vida, por ello es que acarició con destreza sobre la dureza bañada en preseminal de Tom, en lo que seguía empujándose en su interior, ambos en un ritmo errático pero conectado, con Tom arqueándose en lo que Bill estimulaba su punto dulce, haciendo que gimieran en la boca del contrario…

Ambos eran conscientes de todos los océanos del tiempo que habían recorrido para volver a juntarse… Y por fin lo hacían, tenían la oportunidad de probarse, tener un cuerpo físico mediante el cual pudieran ser felices sin tener más interrupciones, porque ahora estaban casados, unidos… Dejando la advertencia de que nadie tendría poder sobre ellos, porque Bill se aseguraría de que esta vez no caería bajo ningún engaño, esta vez no dejaría a Tom, no después de una muerte tan dolorosa.

Bill embistió un par de veces más, en lo que Tom se arqueó, echando la cabeza hacia atrás, en lo que se corría contra la mano de su gemelo, apretando tanto su interior que Bill se vino con fuerza en el interior de su amor.

Bill se salió con cuidado, en lo que abrazaba a Tom, besándolo con cariño, acariciando su vientre plano.

—Ahora podremos tener nuestra descendencia estando yo vivo, mi amor —farfulló Bill contra la mejilla de su gemelo, quién soltó un suspiro.

—Sí, mi amor. Aunque ya no somos dioses, puedo sentir la vida en mi interior, cómo es que mis caderas están fértiles con tu semilla dentro de mí —comentó Tom, en lo que su piel se ponía de gallina, comenzando a excitarse nuevamente por el ir y venir de los dedos de su gemelo. Y Tom lo sabía, que estaba embarazado, así fuera un hombre ahora, seguía siendo la reencarnación de la diosa Isis, la diosa de la fertilidad, familia y sanación, que sí lubricaba es porque tenía un útero que ahora estaba lleno de la cimiente de su hermano.

—Sí, nuestro pequeño Horus va a venir en forma de un bebé igual a mí —musitó Bill, para morderle el lóbulo de la oreja a su gemelo.

—Pues… Será cuestión de esperarlo bien y que no te confundas se habitación por la de alguien más o yo mismo te cortaré el pene en esta vida —arguyó Tom, jalándole un mechón del cabello de su esposo, quien se quejó de dolor pero rió.

—Lo lamento, amor. Eran otros tiempos, y la verdad el uso excesivo del hachís me hizo ganarme la muerte por confundirme de esposa —respondió Bill.

—Al menos gracias al nacimiento de Anubis es que pude recuperar tus restos, porque él los olfateó, todo menos tu pene que fue comida de pez —farfulló Tom para soltar un suspiro.

—Pero aquí lo tienes todo para ti, mi amor… Sólo para ti para toda la eternidad, ¿está bien? En esta vida sólo seré tuyo, mi Diosa —masculló Bill besándole la quijada a su gemelo.

Tom sonrió, en los que disfrutaba de las atenciones de su gemelo.

—Me aseguraré de ello, mi Dios —sentenció Tom, en lo que besó nuevamente a su gemelo, quien sonrió en el beso.

Irían a ser felices en esta nueva vida.