Quinta explosión (parte 1)
Capitulo 1
A veces se cree que cada acción que ocasionamos, e incluso el simple hecho de estar ahí observando y no impedir algo, nos hace culpables. Ese peso se convierte en un castigo incomodo, doloroso tan eterno causando un tormento en cada sueño o momento, son voces, miradas que te perseguirán en cualquier lugar, atormentándote, siguiéndote observándote incluso susurrándote o hablándote sin dejar que descanses.
En un castillo en la noche tan oscura con el infierno apunto de alejarse, se conoce que ahí vive una reina que desde su nacimiento causo solo dolor.
¨ Solo quiero cerrar mis ojos, quiero dormir tranquila sin recordar esas miradas, sin pensar en nada. ¨
Se repetía dando vueltas sobre su cama, sin dejar de tener la mirada esa mirada tan abierta con una tristeza a punto de salir.
Primera explosión.
¨ Me sorprendí al escucha un ruido. ¨
Suspiro dando una vuelta mirando el techo deteriorado, para ella era común a pesar de dar órdenes no lo hacían o incluso lo hacían de tan forma causando un daño mayor.
¨ Seguro los guardias o sirvientes estarán festejando algo. No recuerdo ni la fecha ¿Qué día será para que estén con fuegos artificiales? ¨
Se levanto queriendo escuchar, para comprender tan ruido, las voces eran tan rápidas como desesperadas, no se comprendía nada de lo que ellos decían. Camino acercándose a la ventana que se encontraba cerrada, quería asomarse, pero con cada paso sentía un frio en el suelo al estar a punto de abrir la ventana
Segunda explosión.
Deje de escuchar el ruido, sus voces, pero vía como la ventana se abría con tal fuerza que se rompía. Los cristales caían como estrellas, esa luz de luna los hacia brillar y las continas se movían violentamente queriendo escapar.
El viento entro, le envolvía causándole un frio penetrante en todo su cuerpo. Al acercarse empezó a sentir ese olor a humo, madera quemada y pólvora. Su curiosidad causo que se acercó más llegando al balcón.
¨ Observe como entraban guardias que no eran de mi reino ni de uno cercano ¿Quiénes eran? ¨
Mientras ella observaba como entraban con tan rudeza sin lograr ver el rostro de ninguno, pero la de él, la que se encontraba detrás de todos observó esa mirada fría y vacía, casi blanca, su cabello era plateado largo, su piel pálida.
¨ Me recordaba a la muerte. ¨
Tercera explosión.
El viento estaba cargado de cenizas causando un ardor en sus ojos, aunque intentaba no lograba moverse, dejar de mirarlo como si estuviera paralizada por lo que observaba. Seguía observándolo hasta que cruzo miradas con ella. Su mirada que antes era inerte, ahora tenía un odio que mostraba el odio hacia ella. Su cuerpo empezó a dolerle como si esa mirada le clavará agujas en cada parte de su cuerpo, era insoportable, quería moverse, no quería sentir esa sensación devuelta, pero su cuerpo no reaccionaba, no respondía.
¨ No lo soporto, no quiero verlo. ¨
En su desesperación entro alguien con tan rapidez, pero deteniéndose viéndola como se encontraba inmóvil, sin prestar atención a su alrededor.
—Odeliah..
se quedó impactado al verla, su mirada bajaba rápidamente buscando una herida en ella, al detenerse, observo sus pies descansos que con firmeza pisaban cada pedazo de vidrio. Sus pies le sangraban, su preocupación fue tanto que se acercó a ella, parándose frente de ella mirándola de cerca, al igual que sus pies sus oídos le sangraban. Preocupado la levanto entre sus brazos.
Al reaccionar miro a su guardia quien con su armadura la miraba, sin dejar ver su expresión, escondiendo esos ojos que demostraran su preocupación. Desvió la mirada preocupada por lo que miro por su barcón.
¨ Quiero ver, quiero saber. ¨
Sus ojos volvieron a ver rápidamente la ventana dejando ver ese dolor de los sirvientes e guardias al morir al luchar. Su culpa empezó a salir, quería ayudar, quería hacer algo no estar quieta sin hacer nada.
¨ ¿Qué hago? No quiero que nadie más muera, tengo que hacer algo, debo hacer algo. ¨
Empujo y se movió bruscamente, deseando ser soltada, pero no lo lograba, con un dolor en su voz expresó lo que quería
—Por favor, déjame ir. Suéltame tengo que hacer algo. —me siento tan inútil
Lo decía mientras sus manos se movían rápidamente intentando tener una oportunidad en sus palabras, pero sin lograr nada solo apretó sus manos dejando un silencio.
La mire como apretaba sus puños frustrada por no lograr que la soltara, pero no podía. Prometí algo y lo cumpliré. Le abre mientras corría con ella—Mi deber es cuidarte, se lo prometí a tu padre — dije para que se sintiera mejor peor solo hubo silencio.
Suspiro quería protegerla, quería que solo pensara en ella.
¨ Escuche más de una vez esas mismas palabras, son tan falsas e hipócritas. ¨
Con un sabor amargo recordó esos días donde solo sintió el abandono de esa persona que ella llamaba padre,
—Es evidente que tu deber es cuidarme si eres mi guardia personal —susurre mirando ese rostro que pedí hace tiempo, que se lo escondiera.
Dejó de verlo. Al mirar a su alrededor, sintió como si el tiempo avanzara lentamente. Observó todas las miradas a su alrededor. Algunas tenían un brillo intenso, como gotas de agua a punto de caer, pero que nunca lo hicieron, otras reflejaban enojo, una rabia tan profunda que no desapareció ni con la muerte, también había miradas de angustia, de culpa, como si sus dueños hubieran querido gritar y aferrarse a la vida en el último instante.
¨ ¿Por qué? ¿Por qué ocasioné esto? ¨
Se repetía una y otra vez mientras las voces comenzaban a surgir, una tras otra.
— ¡TÚ... TÚ NOS MIRASTE!
— ¡TÚ LOS QUISISTE!
— ¡POR TU CULPA, MORÍ!
— No quería morir...
— ¡ERES UNA MALDITA, MALDITA!
— Quería vivir... tenía familia...
Todas las voces hablaron al mismo tiempo, gritando, susurrando en su dolor. La atormentaban, haciéndola cargar con la culpa de su sufrimiento.
Desvió la mirada, pero las voces seguían allí, persistentes, persiguiéndola, recordándole las mismas palabras que le decían de niña.
— Eres una maldita...
Ninguna voz desaparecía. Una tras otra, volvían con más fuerza, hasta que los rostros de aquellos a quienes había mirado comenzaron a materializarse ante ella.
El horror le revolvió el estómago. Un nudo de náuseas se formó en su interior, pero el dolor en su cabeza y oídos era aún más insoportable. Solo pudo suplicar en un murmullo que todo se detuviera.
Su guardia notó su temblor, el susurro ahogado que intentaba esconder. Al mirar a su alrededor, comprendió lo que ocurría y se culpó por haber permitido que ella los viera.
Con suavidad, cubrió sus ojos con la mano, protegiéndola de las visiones, y en un tono calmado le susurró
— Tranquila, estoy aquí para cuidarte.
Pero ella no lo escuchaba. Las voces seguían, implacables. Su culpa crecía, y aunque intentara cerrar los ojos, solo lograba ver con más claridad esas miradas que la atormentaban.
—Llegamos. — La miré. Tenía los ojos abiertos de par en par, asustada. Voy a limpiar todo. No verás ningún cuerpo.
Se quitó la prenda que lo protegía del frío y se la entregó, cubriéndola con cuidado antes de esconderla entre un arbusto de flores con espinas, un refugio seguro donde nadie se atrevería a entrar sin arriesgarse a salir herido.
Al reaccionar, vio a su guardia frente a ella y cómo él comenzaba a alejarse.
¨ Su mano se apartó de mis ojos y, sin darme cuenta, me encontré en una esquina cubierta de pasto, como una cueva escondida detrás del castillo. ¨
Lo tomé de la mano antes de que se alejara más. Él la miró, sus ojos reflejaban determinación, pero las de odeliah eran rojos y nublados por las lágrimas.
Mi voz tembló al pronunciar una sola palabra —Morirás... — Lo sujeté con fuerza, negándome a dejarlo ir.
Él se giró hacia ella y, con voz baja, le habló
—Espérame aquí. Volveré.
¨ Suavemente, limpió mis lágrimas, como si quisiera calmarme. Su mano, fría por la armadura, me hizo estremecer. ¨
—No te vayas... —supliqué.
¨ Me miró, aún sin comprender del todo mi miedo. ¨
—Odeliah...
—Es peligroso. — No quiero que nadie más muera. No quiero que mueras...
Suspiró antes de responder y, con un tono levemente divertido, intentó tranquilizarla.
—Recuerda que he ganado más de una guerra. Sé cómo derrotar a quienes entraron, y regresaré con la victoria. Mi deber es protegerte, y lo cumpliré. —
Aun con esas palabras no lograba tranquilizarla
—Volveré, tengo que ayudar.
"Ayudar..." Se enfrentaría a ellos solo. ¿Soy egoísta por querer detenerlo? Pero... pero no quiero que salga herido, no quiero que alguien más muera. —Por favor... —murmuré, mi voz apenas se escuchó.
En su mente, imaginó la posibilidad de no regresar.
¨ Me dio una última instrucción, al estar bajando mi mirada. ¨
Si no regreso, debe tener miedo —Volveré. Pero si tardo demasiado, trepa y corre hasta la feria. En el callejón oscuro, dile al vagabundo que "el ave voló".
¨ Su mirada se endureció. No quería que me lastimaran. No supe qué responder. A lo lejos, los gritos volvían a alzarse. Había gente que lo necesitaba. Lo necesitaban más que mi miedo. ¨
Cuarta explosión.
¨ Lo solté al escuchar otra explosión. No quería dejarlo ir, pero tenía que hacerlo... Él podía ayudar. Al menos él sabía cómo reaccionar.... ¨
Levantó la mirada y lo vio correr, alejándose más y más hasta que desapareció de su vista. Pasaron minutos hasta que el caos se desvaneció y el silencio la envolvió.
El miedo se apoderó de ella. Quería salir de ahí. El viento la acariciaba con fuerza, pero al moverse, las espinas la atraparon. Finalmente, logró liberarse y caminó sin rumbo, hasta que lo encontró.
Su cuerpo yacía en el suelo, rodeado de sangre. Su armadura estaba empapada en rojo, y de su armadura brotaba un río carmesí. El horror la paralizó. No podía moverse, no podía pensar.
Al reaccionar, se hizo una pregunta que tembló en sus labios.
—¿Por qué...? ¿Por qué murió...?
Se acercó temblorosa, observándolo. Su rostro estaba cubierto por la armadura y, aun así, no podía dejar de mirarlo. Sus manos intentaron ocultar la escena ante sus ojos, pero al alzarlas, solo vio sangre.
—Mis manos causaron su muerte... No debí... no debí tocarlo...