MI CERCANÍA MAS LEJANA

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Summary

Su pasado es un misterio. Su futuro, una trampa. Ailani vive a la sombra de Vincenzo Lombardi, un hombre cuyo control es absoluto y cuyo secreto podría costarle la vida. Como peón en un juego que desconoce, Ailani obedece las órdenes de Vincenzo, pues de ello depende la seguridad de su hermana. En su camino, solo cuenta con Boris, el hijo de Lombardi, a quien considera su hermano, y a quien necesita para navegar por las oscuras intrigas de esa familia. Todo cambia con la llegada de Kaleb, un extraño decidido a desenterrar la verdad a cualquier costo. Con su presencia, la lealtad de Ailani se pondrá a prueba y se enfrentará a una encrucijada peligrosa: ¿Hasta dónde llegará para proteger a su hermana? ¿Podrá mantener el secreto que la ata a una familia de la que no es parte? Y más importante, ¿Qué hará cuando descubra quién es realmente?

Genre
Mystery
Author
Heather
Status
Complete
Chapters
47
Rating
5.0 1 review
Age Rating
18+

Capítulo 1 - Jaula Dorada

El sol de la mañana se filtraba por las cortinas de seda, pintando franjas doradas sobre el suelo de mármol. Para cualquiera, sería el inicio de un día en un paraíso, pero para Ailani, solo era un recordatorio más de su jaula. Cada rayo de luz que acariciaba la alfombra persa parecía pesar, añadiendo una capa más al aire denso y opresivo de la mansión Lombardi.

Desde su ventana, el mundo exterior se extendía en una postal perfecta: jardines inmaculados, una fuente que danzaba al ritmo de un silencio antinatural y los altos muros que la separaban de todo lo que una vez conoció. O de lo que creía conocer. Llevaba años viviendo bajo el techo de Vincenzo Lombardi, el hombre cuyo nombre susurraban con miedo en los bajos fondos, el líder de la mafia más temida de la ciudad. Ailani no era su hija, ni su prisionera en el sentido literal de las cadenas, pero la vigilancia constante y la invisible red de poder que la rodeaba la ataban con más fuerza que cualquier grillete.

El desayuno era siempre igual: la mesa de caoba maciza, tan larga que parecía infinita, y solo dos lugares ocupados. Ella y Vincenzo. Él, un hombre de pocas palabras, pero de miradas que pesaban toneladas, siempre inmerso en documentos o en llamadas con un tono monocorde que helaba la sangre de Ailani. Ella, por su parte, movía la comida de un lado a otro en su plato, el apetito perdido en algún rincón de su desesperación. Cada minuto allí era un minuto de asfixia. Un minuto más en el que pensaba en cómo escapar, en cómo cortar los hilos invisibles que la ataban sin que su huida desencadenara una tormenta sobre las pocas personas que aún le importaban.

Ailani se recordó que tenía que ser fuerte por ella. Por la niña que, aunque lejos y desconocida, siempre estaba en el fondo de sus pensamientos. Una niña que, por suerte, no conocía el olor a pólvora ni el brillo frío del acero. Una niña que, esperaba con cada fibra de su ser, jamás tendría que mirar con miedo a un hombre de traje impecable. Su hermana. Anjali.

Un golpe suave en la puerta la sacó de sus cavilaciones. Era Boris. Siempre era Boris. Entró con esa sonrisa fácil que parecía diseñada para aliviar la tensión, el único oasis en el desierto de su existencia. Boris, el hijo de Vincenzo, el heredero de un trono que aborrecía tanto como ella, pero al que se aferraba con una fachada de lealtad inquebrantable. Era su camuflaje, y el de ella.

“¿Ya estás soñando con la fuga, Ailani?“, bromeó Boris, sus ojos oscuros, casi idénticos a los de su padre, pero con una chispa de bondad que Vincenzo había perdido hacía mucho tiempo.

Ailani le devolvió una sonrisa débil. “¿Y tú? ¿Preparando tu discurso de aceptación para el trono de papi?”

Boris puso los ojos en blanco mientras se sentaba a su lado en el sofá de terciopelo. “Preferiría pasar el resto de mis días arreglando autos viejos en un garaje polvoriento. Al menos allí las vidas no penden de un hilo cada vez que alguien estornuda”. Se inclinó un poco, bajando la voz. “Mi padre tuvo una reunión anoche. Gente nueva. Muchos nervios en el aire. Ten cuidado”.

Ailani sintió un escalofrío. En la mansión Lombardi, “gente nueva” nunca significaba buenas noticias. Significaba un nuevo negocio, un nuevo conflicto, y para ella, una vigilancia aún más estricta.

“¿Más que de costumbre?“, preguntó.

Boris asintió, su sonrisa desvaneciéndose. “Digamos que su mirada hacia ti fue más... intensa. Como si estuviera evaluando un activo muy valioso”.

Ailani frunció el ceño. ¿Un activo? La palabra resonó en su mente, trayendo consigo un eco de conversaciones fragmentadas que había oído de niña, susurros sobre un “poder” y un “legado” que ella nunca había entendido del todo. Su propia historia era un rompecabezas, un gran espacio en blanco antes de llegar a la mansión Lombardi. ¿Por qué Vincenzo la tenía bajo su ala? ¿Qué escondía realmente sobre su origen? El misterio la seguía como una sombra, y cada día que pasaba en esa jaula dorada, la necesidad de descifrarlo se volvía más urgente. Necesitaba respuestas para ella, para su escape, y para proteger a Anjali de una verdad que ni siquiera sabía que existía.