Capitulo 1
Culpa del alcohol y de esos malditos pantalones de cuero
Jungkook no planeaba salir esa noche.
Era martes. Martes, el día más gris y aburrido de la semana. Un CEO exitoso como él no tenía tiempo para andar en fiestas, especialmente con tres reuniones programadas al día siguiente, dos videollamadas con inversionistas y una junta con su abogado por un asunto que honestamente había olvidado —pero que seguramente era grave si había abogado de por medio.
Sin embargo, ahí estaba, en medio de la discoteca más popular de la ciudad, rodeado de luces estroboscópicas, música ensordecedora y gente sudando felicidad. Todo por culpa de Min Yoongi, su mejor amigo y peor influencia desde la universidad.
—Mira, o sales esta noche a relajarte, o te voy a inyectar un sedante y obligarte a dormir dos días seguidos —le había dicho Yoongi con su tono apático habitual, mientras le lanzaba una camisa negra ajustada y lo empujaba hacia el vestidor.
Y Jungkook había ido, más que nada por miedo a que Yoongi cumpliera su amenaza.
Y ahí estaba. Trago en mano, camisa abierta lo justo para parecer “casual” y no “desesperado”, apoyado contra la barra, viendo la vida pasar en forma de cuerpos danzantes, cuando lo vio.
Primero fue de reojo. Un destello de cabello rubio platinado, unos pantalones de cuero tan ajustados que atentaban contra las leyes de la física, y una sonrisa capaz de provocar guerras.
Jungkook parpadeó. Y luego miró fijo.
—¿Quién… es ese? —murmuró, casi en trance.
—Ah, ese es Park Jimin —dijo Yoongi, sin levantar la vista de su copa—. Conozco a su primo, Taehyung. Jimin acaba de terminar la secundaria. Creo que está esperando entrar a la universidad.
Jungkook asintió distraído, procesando la información. Jimin. Secundaria. Universidad. Palabras que deberían haber sido alarmas de peligro, pero que su cerebro, alcoholizado, tradujo como: “Wow. Sexy.”
—¿Tiene carnet? —preguntó Jungkook, en lo que podría haber sido un intento torpe de moralidad.
—Claro, si no, no lo dejarían entrar. Relájate, no es ilegal —respondió Yoongi, encogiéndose de hombros.
Jungkook asintió otra vez. Todo bien. Nada ilegal.
Se giró, dispuesto a alejarse y evitar problemas, cuando Jimin lo miró directamente.
Y sonrió.
Jungkook sintió un leve infarto.
—¿Te estás sonrojando? —se burló Yoongi, divertido.
—¡No! Estoy… caliente. Esta discoteca no tiene aire acondicionado decente —refunfuñó Jungkook, tomando un sorbo de su bebida como si eso pudiera apagar el incendio hormonal.
Pero Jimin ya venía caminando hacia ellos, y era como ver venir un huracán con piernas cortas pero poderosas. Jungkook se tensó. Yoongi sonrió.
—Hola —dijo Jimin, deteniéndose justo frente a Jungkook—. ¿Nos conocemos?
Jungkook abrió la boca. Nada salió.
Nada. Ni un sonido. Ni una palabra. Ni siquiera una sílaba coherente.
—Eh… ¿no? —fue lo único que logró articular, y lo hizo con tanta torpeza que Yoongi soltó una carcajada detrás de él.
—Bueno, entonces deberíamos —dijo Jimin, acercándose peligrosamente. Su sonrisa era puro pecado—. Soy Jimin.
—Jungkook —respondió él, estrechándole la mano. Error fatal.
Porque la mano de Jimin era cálida, suave y firme al mismo tiempo, y Jungkook no estaba preparado para la electricidad que le recorrió el cuerpo.
—¿Quieres bailar? —preguntó Jimin, sin soltarlo.
—¿Eh? Yo no… —Jungkook miró su trago, buscando excusas. Estaba más cómodo en la barra, en su zona segura, lejos de gente joven y atractiva que vestía cuero como si fuera segunda piel.
—Vamos —insistió Jimin, tirando de su mano—. Prometo que no te arrepentirás.
Spoiler: se arrepintió.
Porque en la pista de baile todo se volvió borroso. Tragos iban y venían. Risas. Música. Cuerpos rozándose. Jimin bailaba como si su única misión en la vida fuera hacer sudar a Jungkook, que ya ni recordaba qué era la decencia.
Una canción más. Un trago más. Un beso que no supo quién empezó.
Y de repente estaban en la suite presidencial del hotel contiguo.
Las ropas volaban. Las risas se convertían en jadeos. Y lo único que Jungkook pudo pensar fue: “Esto es una idea horrible… pero suena tan bien.”
La noche terminó con un gemido prolongado y un “wow” murmurando entre risas ahogadas. Luego, silencio.
Y al despertar…
—¿Cómo dijiste que te llamabas? —preguntó Jungkook con voz ronca, mientras Jimin, se acomodaba mejor en la cama para dormir mientras abrazaba por la cintura a Jungkook
—Jimin —respondió—. ¿Y tú?
Jungkook parpadeó adormilado
—No sé.
Y ahí empezó el verdadero caos. Pero esa es otra historia… para el siguiente capítulo.