Prólogo
Hace mucho, mucho tiempo, los humanos descubrieron que no eran la única especie en el universo. Percibían que existía algo más allá de lo que sus ojos podían ver; y en ese más allá, existían entidades antiguas y poderosas.
Algunas de estas entidades se dejaban ver ante los mortales, otras entidades permanecían en el anonimato debido a la poca comprensión de los mortales.
Fueron llamados dioses; algunos benevolentes, otros muy crueles. Algunos deseaban ser adorados y otros los ignoraban por atender sus “asuntos divinos”.
De entre todos esos dioses, existía una gran jerarquía, siendo dos de estos los más importantes, pues existían desde antes de que existiera el concepto de tiempo y espacio e incluso, antes de que el misterioso Dios Kasuak explotase. Estos dos dioses son hermanos, cuyo propósito está grabado en la esencia misma del universo

Ambos portan en sus lomos halos (o círculos mágicos) muy brillantes, con adjetivos sobre sus habilidades/poderes y aquello que representan. Por un lado, Morvs, Dios antiguo de la muerte. Su color representativo es el rojo carmesí, representando a las incontables almas que fueron, son y serán cosechadas. En su halo, se muestra la palabra “Muerte” en distintos idiomas, su forma comprensible para los mortales, se asemeja a un gran búho rojo, de ojos grandes y amarillos, el cual porta un hermoso traje de gala con cuello vampírico y una gran nube de oscuridad cubriendo sus patas.
Por otro lado, Livis, Diosa antigua de la vida, representada por el color blanco representando a cada alma que ha sido, es y será creada. Su apariencia comprensible para mortales, se asemeja a una gran lechuza de plumaje blanquecino hueso, con dorado y grandes ojos rojos. Se puede leer en su halo la palabra “vida” en todos los idiomas existentes, al igual que Morvs. Sin embargo, la criptografía de las palabras representativas de cada cual, sea “vida” o “muerte” puede ser descifrada solo por ellos.
Estos Dioses antiguos, a lo largo de la existencia, fueron creando seguidores devotos a sus principios. Siendo estos los Mórvicos, seguidores de Morvs y los Lívicos, seguidores de Livis.
Con el tiempo, ambos bandos, tanto Mórvicos como Lívicos se dividieron entre sectas y pequeños grupos que seguían a estos dioses o incluso había quienes alababan a los dos o incluso a otros dioses, siendo politeístas.
Los seguidores más destacados de Morvs fue la secta Mórvica, vestidos de túnicas rojo como sangre coagulada, cubiertos con miel de Kinto, un ser vivo mágico que vive en cuevas cársticas, el cual su dieta se basa en lechuzas y kureas.
Los Mórvicos se dedicaban a cazar a los Lívicos, siguiendo las órdenes de Morvs. Para ese entonces los dioses aún caminaban entre los mortales e incluso se apareaban con ellos. Sin embargo, desde que Morvs se diese cuenta de que sus seguidores con el tiempo dejaban de obedecerlo, les lanzó una terrible maldición, haciendo que solo las mujeres, que por naturaleza obedecían a un ser supremo, serían las herederas del poder Mórvico por tiempo definido. Además, les lanzó una segunda maldición, la cual hacía que cualquier mortal que no se consagrara a Morvs, perdiera la vida si estaba cerca de alguien que, si lo estaba, en pocas palabras, si eres seguidor de Morvs y quienes amas no lo son, si ellos andan mucho tiempo cerca de ti, morirán más rápido de lo que morirían lejos de ti; quizás en años, meses, días, minutos, segundos.
En contra parte, Livis estaba en armonía con los mortales, por cada alma que Morvs arrebataba, Livis creaba 10, Ganaba cada vez más seguidores.
No obstante, Morvs obligó al pequeño Wiseb, Dios mayor de la suerte, y a Emi, diosa menor de la siembra, para crear un dios artificial capaz de matar a otros dioses, hecho con la finalidad de acabar con la vida de su hermana. Este dios artificial fue nombrado Ceres, dios de la cosecha. Él pondría fin a los ciclos de agricultura impuestos por Emi. Sin embargo, la maldad de Morvs corrompió de tal forma la mente de Ceres, que ahora no solo cosechaba siembra, sino que también cosechaba almas.
En venganza por tan acto cruel por parte de Morvs contra Ceres, Wiseb y sí misma, Emi maldijo a los seguidores de Morvs, para que haya una probabilidad casi nula de que nazca una mujer entre los seguidores de Morvs.
La corrupción de Ceres era tan desastrosa que perdió el control, cosechaba las almas de cualquier ser que se atravesara, incluso si no era su tiempo; entre más cosechaba, más fuerte se volvía, a tal punto que incluso mató al dios de la fertilidad.
Producto de su inestabilidad, Ceres fue sellado por otros dioses en un libro. Después de esto, los dioses dejaron de caminar entre mortales y con el tiempo los mortales olvidaron la existencia de estos; o bueno, casi todos, pues aún existían algunas sectas secretas que alababan a sus dioses.
Tanto tiempo pasó entre la última vez que un dios caminó entre los mortales, que llegó el año 10525, año en el que la protagonista de nuestra historia nacería.
Te doy la bienvenida a mi universo, y a la vida de Isan La’na Knox, una chica de piel morena, cabello rizado, contextura delgada y estatura promedio; fue la primera mujer en nacer en la secta en los últimos 75 años. ¿Podrá Isan cambiar los ideales de su Familia? ¿O acaso traerá de vuelta un antiguo poder a la secta? Descúbrelo en Legado Maldito: Tu pasado te consume.