Capítulo único
Mi canal donde subo memes y actualizaciones de mis fics, pasa el QR para estar al pendiente:

Nota: Tengo que agradecer a mi querida Chikparole, no sólo por las manips de la portada, sino por ayudarme con las ideas para este día. Así que gracias, bella, por tu amistad, y apoyo en todas mis locuras :3 si les gustó esta historia no olviden dejar un comentario y voto.
El emperador William estaba tenso en lo que revisaba las estrategias que tenían para seguir expandiendo su reino, si bien él era un emperador que desde joven había tenido que tomar el poder por la muerte de sus padres mediante un ataque precisamente, William había sido enseñado desde niño los deberes que tendría que cumplir como futuro emperador, por lo que incluso sintiéndose miserable al perder a sus padres con apenas doce años, es que William sabía que no podía llorar, o al menos no frente al resto.
Ciertamente no esperaban que William tomara el poder, la intención que tuvieron los que asesinaron a sus padres era asegurarse de tomar posesión de su reino en auge, pero el puberto no lo permitió, asumiendo el poder, y con su consejero Gustav es que comenzó a tomar represalía de todos los actos de sus enemigos, erradicándolos desde adentro, ya que sus padres fueron asesinados dentro del palacio, por lo cual era obvio que tenían dentro a los traidores.
William sabía que debía ser severo y eficaz, para proteger su legado, y ni siquiera podía pedirle ayuda a sus familiares, que sabía que tenía a sus tíos del reino vecino en el norte, pero no, no habían tenido una buena relación con sus padres, por lo tanto, William como emperador no buscaría arreglarlo.
Luego de que William de doce años se encargara de mandar a matar a los traidores, reforzando también su propia seguridad, es que siguió con su plan de expansión, en lo que seguía manteniendo un buen cuidado de su pueblo. La única forma de asegurarse el bienestar de su reino era dominando al resto de reinos, haciendo que estuvieran de su parte o en su contra.
Porque William se daba cuenta que el peor error que habían tenido sus padres era confiar en la gente precisamente, de esa forma es que se infiltraron. Por ello es que William conforme fue creciendo, es que sabía que ni siquiera tenía intención de tener un heredero, porque con ello le daría poder a la madre de su hijo, y así si ella quería podría mandar a matarlo y derrocarlo.
Así que William no buscaba una emperatriz, sólo un grupo de concubinas, entre muchachas bellas, aunque en su mayoría habían jóvenes hermosos, de igual modo, él tenía su harén donde fuera hombre o mujer, siempre el emperador era quien penetraba analmente a sus parejas, con la intención de no dejar embarazada a ninguna mujer.
Aunque el emperador mismo tenía sus queveres con algunos nobles de otros reinos, consiguiendo en ocasiones que sus padres precisamente se enojaran por mancillar el honor de sus hijos.
Pero fuera de ello, William era un buen emperador, conocido porque si bien era joven, habiendo pasado ya ocho años desde que asumió el poder, el reino era muy fructífero, y la expansión estaba yendo de maravilla, porque William era un emperador muy sanguinario, por lo que los otros pueblos sabían que si no aceptaban que él se apoderada de sus tierras, terminarían por ser realmente invadidos, donde el ejército del emperador no tendría atisbo de duda antes de asesinar a todos hasta que cedieran.
El problema es que había otro emperador que también tenía un imperio grande a base de conquistas, tal cual había hecho William, así que si bien no le ganaba a su expansión, tampoco era para no tomarlos en cuenta.
—Su Majestad, creo que es tiempo de que se comunique con sus parientes del norte, si toma posesión de su reino, después de tantos años de problemas entre ambos, podría demostrar una unidad sólida, que sería más estratégico para luchar contra el reino de los Ameisen —mencionó Gustav observando al emperador joven, que fruncía el ceño, que se acentuaba por el uso de sus colgantes en la frente, el muchacho de apenas veinte años, con sus rastas negras largas, ropajes claros con joyería, estaba sopesando la situación, no tenía contacto alguno con sus tíos, lo último que supo por habladurías de la gente es que su primo iba a tomar el puesto porque su padre estaba enfermo.
Pero en realidad William no conocía ni a sus tíos, ni a su primo, cuando él era niño ya existía el problema con ellos, y lo tomó como suyo, simplemente no atacándolos porque su tío era hermano de su padre, que en sí el reino era más pequeño, y herencia de su tía, sin embargo, su tío fue quien tomó la batuta.
—Supongo que haberlos dejado en paz tantos años ya fue suficiente cortesía. Así que les daré una visita a misqueridostíos —farfulló William, haciendo una entonación especial, porque sabía que no era lo mejor, pero en la única persona que podría confiarle su vida era Gustav, su consejero, así que tocaba fiarse de él.
No iba a dar un aviso, William sabía que lo mejor era ir directamente con sus escoltas, y tener el ejército a la espera de su respuesta, siempre dialogando primero, porque en muchas oportunidades preferían rendirse antes de ver el derramamiento de sangre.
Así que el emperador fue con sus escoltas hacia el reino del norte, encontrándose a los guardias en la entrada del palacio, que era muchísimo más pequeño del que él mismo tenía en su reino.
—Su Majestad William solicita una audiencia con los gobernantes Jörg y Simone —avisó una de las escoltas del emperador, en lo que notó cómo los guardias se tensaron y uno se retiró hacia dentro del palacio.
—Le pedimos nos espere, Su Majestad, como no dio aviso, tenemos que esperar las órdenes de los gobernantes —se apresuró a contestar uno de los guardias, que sabían que esta clase de visitas a otros reinos eran con intenciones de atacar, sólo que ellos no pensaron que iba a pasarles en algún punto, porque el emperador nunca se había metido con el reino de sus tíos.
El emperador no respondió, porque él mismo no iba a hablar con los guardias, nunca lo hacía, sólo lo hacía directamente con el líder, no con ninguno de los lacayos, aunque comprendía que había sido por temor el que le respondiera. Así que Gustav tenía razón, era lo mejor el solucionar este asunto tomando el reino de sus tíos, porque estaban muy cómodos dando por sentado que William no iba a meterse con ellos, por ello es que los tomó por sorpresa su visita.
—La Primera Dama Simone está lista para la audiencia, el gobernador está en sus aposentos debido a su estado delicado de salud, pero ella puede recibirlos —avisó el guardia acezado al regresar corriendo luego de irse presurosamente antes.
—Gracias por su buen recibimiento —halagó uno de sus escoltas, en lo que ingresaban al palacio.
El emperador observó el salón delicadamente ornamentado, no con la ostentosidad que tenían en su reino, pero igualmente muy elegante, y se fijó cómo en el trono estaba sentada la mujer mayor que suponía era su tía Simone, quien se puso de pie cuando William llegó a su altura.
—Es un honor tener su visita, Su Majestad, luego de tantos años… Ni siquiera nos invitaron a su nacimiento —comentó Simone en lo que extendía su mano en dirección a William quien sonrió de medio lado, sujetándole la mano para dejarle un beso sobre sus nudillos.
—Un honor también estar ante su presencia, Primera Dama, aunque vengo en calidad de emperador, más que como su sobrino, ya que no es que mis padres hubieran estado en los mejores términos con su hermano ni con usted. Lo ideal hubiera sido hablar con el gobernador Jörg, y no con usted, pero entiendo que esté postrado en la cama, y por lo mismo es que iban a nombrar a su hijo como su sucesor, ¿cierto? Pero aún no lo hacen, porque no veo a mi primo aquí —acotó William, que realmente no conocía a su primo, pero su tía estaba sola con unos escoltas para protección.
—Sí, mi querido Thomas, mi vástago, sí, él está dentro. ¿Entonces a qué debemos su visita, Su Majestad? —inquirió Simone, sonriendo de forma tensa.
—Pues venía a informarle que pueden darme su rendición para volverse parte de mi dominio o de lo contrario mataré a todos sus pobladores hasta que decidan hacerlo. Por años decidí no meterme con ustedes, sin embargo, ya es hora que sus tierras me pertenezcan —comentó con ligereza William para luego sonreír.
La sonrisa de Simone se deshizo.
—Pero… ¿No podemos llegar a un acuerdo, Su Majestad? —cuestionó Simone con temor en la voz, aunque intentase lucir ecuánime.
—Precisamente el rendirse es un acuerdo muy justo, ustedes perderían el poder pero quedarían con vida —expuso William con la misma sonrisa de medio lado.
—¿No le parecería que hagamos un trato? ¿Un intercambio? Usted… Podría casarse con mi vástago, que está en edad casamentera, de esa forma, tendría acceso a nuestro reino como suyo, pero también mantendríamos parte del control, más que nada para que los pobladores no se inquieten por el cambio tan repentino —ofreció Simone, sujetándose las manos con nerviosismo.
William arqueó una ceja. —¿Mi primo? ¿Me ofrece a su hijo como pago en especie? —interrogó el emperador.
Simone rió con nerviosismo.
—Es que… Disculpe el atrevimiento, Su Majestad, pero corren los rumores de que usted prefiere a los muchachos atractivos como sus concubinos, mi hijo es muy bello, y es de sangre noble, la misma que le corre por las venas, ya que son primos por parte de mi esposo, hermano de su padre Gordon, ¿no cree que así estaría más que seguro con su puesto? —interrogó Simone.
—Sé perfectamente que esta es una forma de mantenerse a cargo, o mejor dicho, su familia a cargo, pero… Realmente el tener un cónyuge que sea varón no está tan mal, ¿podría sernos de utilidad, no? Un matrimonio arreglado que me dé tierras y así demostraría más estabilidad al contar con un consorte —masculló William y miró a Gustav, quien asintió, pero el menor chasqueó la lengua y miró a su tía—. Aunque tiene que mostrármelo, para ver si es lo suficientemente bello para ser mi consorte —ordenó.
—Trae al príncipe inmediatamente —sentenció Simone mirando a su escolta con la voz temblorosa, y observó cómo corría el aludido para luego venir con un joven rubio con trenzas, que ciertamente era muy hermoso, pero lucía nervioso—. Mi querido príncipe, él es el emperador William, tu primo, y quien será tu esposo.
—¡¿Qué?! —preguntó Thomas con ojos saltones viendo a su madre.
William estaba riendo para sus adentros al ver cómo el muchacho se sonrojaba en lo que no disimulaba su sorpresa, no sabía la edad que tenía, pero no podía ser mayor que él mismo, o lo estaría disimulando muy bien, tenía unos ojos miel, nariz respingona y facciones redondeadas, empleando un ropaje que tenía una abertura con collares con joyería fina, pero William estaba fijándose en sus clavículas y cuello, con su nívea piel… Fácilmente podría mancillar su piel de alabastro de su primo, era un poco más bajo que él, y se imaginaba cómo es que aquel arrebol que mostraba en su faz podría extenderse por su cuello o su pecho, cuando William lo hiciera vibrar bajo su cuerpo, definitivamente habían formas atractivas bajo aquellos ropajes.
—Thomas, compórtate, él es emperador William, se te ha instruido a dar todo por tu nación, y en este caso, lo mejor para tu pueblo es que seas el consorte de tu primo, porque de esa forma evitaremos el conflicto, sin mencionar la protección que tendrías, hijo. Así que no alces la voz y acepta tu destino —dictaminó Simone en voz baja observando a su hijo.
Thomas tensó la mandíbula, sabía quién era su primo, si bien no lo había visto nunca antes, sí sabía de la existencia del emperador cruel con el que compartía parentesco, sólo que no esperaba tener que verlo alguna vez, aunque sus padres sí le dijeron que tanto sus tíos como él eran detestables, y pues se escuchaba todo lo que había hecho el emperador con otros reinos, las matanzas desatadas, la fama que tenía… Entonces no es que Thomas estuviera contento con la idea, pero su pueblo era primero, era algo que siempre le habían dicho, que como el sucesor de su padre, uno como gobernante tenía que dar todo como buen líder, de hecho no le habían arreglado un matrimonio todavía, a pesar de que ya tenía diecisiete años, pero es que habían algunos problemas que tenían en su linaje por el lado de su mamá, que cuando nacían varones eran estériles, por lo mismo habían retrasado la toma del puesto de su padre, porque no tenía hermanos, y no podría tener un heredero.
Suponía que por ello su madre estaba más que dispuesta a darlo para que fuera consorte, ya que Thomas no podría embarazar a alguna mujer, como si fuera comparable con un eunuco, lo cual lo hacía sentir muy humillado, porque él si bien era virgen, poseía completos sus aparatos reproductores.
Su primo… El sádico emperador, en realidad era atractivo y algo intimidante, incluso si se hubiera mantenido en silencio todo este tiempo, y pues por lo que contaban, poseía un harén, así que suponía que sólo bastaría que se casara y esté ahí con él, para dar una imagen o lo que fuera, Thomas lo vio con recelo y frunció el ceño al dejar de mirarlo.
—Un joven tan bello como tú no debería fruncir el ceño así, es mejor que aceptes por las buenas si no quieres ver a toda tu gente morir —habló William contra su oído, haciendo que Thomas diera un respingo, porque no se fijó cuándo es que se acercó tanto a él, sintiendo la mano del más alto en su cintura—. Es muy hermoso, tenía razón, sería un pago por especie que estaría más que dispuesto a aceptar, un bonito rostro y cuerpo que presumir como mi consorte, mostrando así que estoy establecido con un matrimonio —acotó el emperador mirando a Simone.
Thomas sintió el chirriar de sus dientes, este maniático le decía como si nada una amenaza y luego lo cosificaba como si nada frente a su madre, como si fuera sólo un trofeo, una propiedad, un “pago por especie”, tal cual decía el insoportable del emperador que era atractivo pero insufrible, ¿podría soportar casarse con él? Ni siquiera le preguntaba nada, sólo le daba órdenes, abusando del poder que tenía… Cerró los ojos, deseando quitar la mano que tenía sobre su cintura y empujarlo lejos, pero no podía, se lo debía a su pueblo, incluso si sólo fuera un consorte que demostrara que el emperador estaba casado, podría con ello, así tuviera que irse lejos de casa, cuánto apostaba que con esa agenda llena de batallas para expandir su poderío, ni siquiera tendría que hablar con él, sólo ser un adorno, así fuera humillante, era lo que Thomas tendría que hacer por su gente.
—Será un honor ser su consorte, Su Majestad —respondió Thomas, girándose para ver al más alto, quien sonrió.
—Entonces que así sea. Vendrás conmigo, príncipe Thomas —expuso William, tomándolo por el brazo y miró a Simone—. Queda aceptado su pago, mi querida tía y futura suegra. Mis Lacayos dejarán las banderas de nuestro reino, y podrás quedarte a cargo, aunque con mi supervisión y mi delegado, pero… Igualmente si tu pequeño quisiera rebelarse… Pues se disuelve el acuerdo —terminó por decir el de cabello azabache.
Simone miró a su hijo con cara de circunstancia, y Thomas lo sabía, que su madre le estaba pidiendo que se comportara con aquella mirada, porque él tendría que mantenerse como líder al ser el consorte del emperador, era comparable con ser un preso político, sólo que una jaula de oro, pero era su deber, uno que debía cumplir.
Cuando se subieron al carromato, el emperador se mantenía conversando con el consejero en todo el camino, ignorándolo, y para Thomas era mejor así, porque no soportaba a quien sería su esposo, sólo lo toleraría, así fuera un hombre muy guapo, sólo despertaba en Thomas asco, por su forma de ser, de mandar a todos, no podía creer cómo es que el resto consideraba un honor el tener a ese hombre en sus aposentos, lo bueno es que lo suyo sólo era un arreglo, no que realmente tuviera que estar con él, para eso el emperador tenía su harén, así que era una preocupación menos para Thomas.
Al llegar al reino de su primo, o bueno, la sede principal, porque se extendía bajo muchas tierras, incluyendo la suya, es que doncellas se lo llevaron para asearlo, preparándolo para contraer nupcias, y Thomas se sentía incómodo cuando le quitaron los ropajes, soltándole las trenzas, básicamente lo bañaron, y él se sentía siendo objeto del escrutinio de las mujeres, que en realidad no lo tocaban con segundas intenciones, como si estuviera prohibido hacerlo, ¿tal vez sería por el emperador? ¿Ese nivel de miedo despertaba en ellas? Thomas no lo sabía, él si bien tenía su propia sierva, no estaba habituado a que lo bañaran entre tres, no dejándole hacer nada.
Después le pusieron aceites aromáticos sobre su cuerpo, y gotas en su cabello, haciendo que lo tuviera suelto, cuando empezaron a ponerle los ropajes para su matrimonio, luego pintándole los ojos, con Thomas sintiéndose incómodo todo el tiempo, y más porque ni siquiera quería hablarles, preguntarles algo, no… Sólo sentía que era un animal a cordero a punto de ser sacrificado.
Lo único bueno es que el emperador no quería una boda ostentosa en el sentido de hacer que tomara días o incluso meses de preparación, por lo que había escuchado Thomas durante el viaje, William quería casarse cuanto antes para que los del reino de Ameisen supieran que ya tenía solucionado el problema con su pueblo, y se viera “más establecido” al tener esposo.
Por lo tanto, cuando ya estaba listo, simplemente fue dónde estaba el emperador con los diez testigos, conforme el ministro empezaba a detallar las capitulaciones pactadas, que todo era un contrato… La fidelidad que debía tener Thomas con William, aunque fuera unilateral, porque el emperador podía estar con quien fuera, no le debía fidelidad a Thomas, el cómo los bienes de Thomas pasaban a ser de William, pero en sí, si bien Thomas tendría acceso a privilegios, no tenía más derechos o sería su igual, a menos que fuera quien gestara a su heredero, lo cual era absurdo porque era hombre, así que siguió escuchando todo lo que decía el ministro.
Cuando terminaron, tuvieron que firmar y recibir unas alianzas de oro, donde con ello, William era su esposo de forma oficial, y Thomas igualmente era su cónyuge, para proceder a ver el sacrificio de un animal frente a ellos, que era la bendición y protección para la pareja al “leer” sus entrañas, aquello le retorcía el estómago a Thomas, pero sólo se quedó ahí, evitando mirar aquello.
Compartir una copa de vino con su marido, y luego que William lo llevara del brazo, era algo que Thomas no entendía.
—¿A dónde vamos? —preguntó Thomas, en lo que el emperador se reía.
—¿A dónde crees que iremos? —inquirió William, arqueando una ceja.
—No lo sé, desconozco qué costumbre siga ahora, esperaba ir a dormir —musitó Thomas, frunciendo el ceño.
—¿Tanta diferencia hay de un reino a otro que no sabes lo que sigue después del matrimonio? Consumar la unión por supuesto —arguyó William, y Thomas se tensó, dejando de caminar.
—¿Qué? —cuestionó Thomas con la voz apretada y nervioso al respecto, porque pensó que sólo se trataba de las apariencias y algo político, no que realmente tuviera que acostarse con su primo.
William rió ante la expresión de sorpresa del menor.
—¿Qué es lo que pasa? ¿No sabes lo que significa consumar la unión, esposo mío? Cumplir tus obligaciones maritales como mi consorte, que me acueste contigo en resumidas cuentas —farfulló William en lo que abría la puerta para jalarlo consigo, con Thomas resistiéndose pero entrando finalmente.
—Pero… ¿No era sólo por mis tierras? Ya las tienes, son tuyas, y yo seré tu esposo para cuidar tu imagen, ¿no tienes tu harén para suplir tus necesidades? —preguntó Thomas, y William se rió.
—Pues sí, evidentemente tengo a mi harén dispuesto a complacer todos mis deseos. Pero eres mi esposo, ¿sólo creíste que iba a quererte para presumirte con el resto sin gozar los beneficios maritales? ¿En serio? Eres hermoso, digno para mostrarte ante todos como mi consorte, sin embargo, te elegí también para poseerte, eres mío ante la ley y si no cumples tus deberes de consorte, estás yendo en contra del acuerdo, ¿lo sabes, no? —mencionó William con esa misma sonrisa que le daba rabia a Thomas, quien apretó la mandíbula, y el emperador rió ante ello, para luego acercarse al rubio, en lo que Thomas retrocedía, sin percatarse que siguió haciéndolo hasta que el dorso de sus piernas chocó contra la cama, haciéndolo caer de espaldas, y su esposo situándose encima de él.
William era hermoso sí, con sus ojos delineados de negro, sus rastas negras y largas, su mirada pedratoria y felina, su cuerpo delgado, su porte… Era un hombre atractivo que despertaba un instinto desconocido dentro de Thomas, por lo que tragó saliva cuando el más alto apoyó su cara contra la suya, en lo que pasaba su nariz por su mejilla, y bajaba por su cuello, haciendo que la piel del rubio se pusiera de gallina al sentir a su esposo olisqueándole.
—Uhmn… Realmente te pusieron todo lo que me gusta, pero es más especial en ti —musitó William contra su cuello, sacando la lengua para pasarla por aquella zona que observó al conocerlo, sintiendo el sabor dulce del aceite, pero que sabía que también era delicioso no sólo por ello, sino por su primo, quien estaba con la respiración acelerada, comenzando a sudar, en lo que lo sentía temblar debajo suyo—. Un bello virgen… —susurró contra su cuello, mordisqueándolo en lo que Thomas soltó un jadeo, apretando los puños contra las sábanas de finos hilos—. No sé por qué no te arreglaron un matrimonio antes… Siendo tan hermoso, habrías podido complacer a una linda joven, teniendo una bella descendencia, eh, querido primo… Ahora no podrás hacerlo, sólo servirás para mi placer, donde serás mi mujer —soltó en tono de burla para reírse contra el cuello del menor, pero luego bajó hacia las clavículas del rubio, que se sentía sumamente humillado, pero excitado, aunque no iba a decírselo, apretando sus labios en lo que sentía la lengua de William delinear sus clavículas—. Tan bello y delicioso —acotó, sepárándose para quitarle las joyas, que entorpecían que pudiera seguir probándolo, y también desvistiéndolo, en lo que Thomas se sentía expuesto, sonrojado por completo, y tristemente su miembro erecto por aquellas atenciones, tragando saliva, manteniéndose en silencio, porque no quería darle el gusto a su esposo.
William se quedó admirando la vista, relamiéndose los labios, para luego desvestirse él mismo, ubicarse en medio de las piernas del rubio, pasando sus manos por sus muslos lechosos, hasta acariciar sus caderas, percatándose cómo Thomas se mordía el labio inferior, todo para no dejar salir los gemidos, y aquello le hacía reír.
—Así intentes fingir que no estás disfrutándolo, tu pene habla por ti —arguyó William.
Thomas cerró los ojos, no dispuesto a darle gusto de verle, manteniéndose quieto, en lo que William volvía a lamerle el cuello, bajando hasta su pecho, con el rubio con los labios temblorosos cuando percibió la lengua del mayor envolver la carne de su pezón, y la manera en que lo tocaba, con habilidad de alguien que poseía experiencia, y es que William si bien tenía sexo por montón, también le gustaba hacer gozar a sus amantes, así que incluso si su esposo fingiera no querer, el más alto iba a hacer que disfrutara toda la experiencia, de paso que él mismo iba deleitándose con probar cada parte de aquel cuerpo inmaculado…
William estaba embebido al chupar y morder cada zona de piel expuesta, sintiendo la sensibilidad alta del menor, cómo al ser tan nuevo todo para su esposo, quien era virgen su cuerpo seguía temblando, por momentos escapando gemidos, y volviendo a morder su labio inferior, o apretar sus labios en una fina línea, pero incluso sin hablar, William lo sabía, su piel se lo decía, su miembro goteante y palpitante lo hacía, la forma en que se removía y escarapelaba su piel… Thomas estaba gozándolo.
William delineó con su lengua el torso, y vientre del menor, hundiendo su lengua en su ombligo pequeño y delicado, luego mordiéndole la cadera, para bajar y chupar sus muslos, gozando de aquella piel tersa y suave, de cómo Thomas se arqueaba más, y cómo desprendía un aroma peculiar… William lo notó al querer probar los esfínteres de su esposo, que el rubio soltaba un líquido de su trasero, cuando metió su lengua dentro suyo, saboreando aquella humedad, se deleitó con ello, en lo que escuchó un grito ahogado del menor, su canal se contraía, dilatándose alrededor de su lengua…
Ninguno de sus amantes hombres tenía esa cualidad, de lubricarse tal cual mujer… Pero decidió que sólo sería un beneficio para no emplear los aceites que tenía para aquella ocasión, y William siguió lamiendo el interior de Thomas, a quien le alzó las piernas, subiéndole por el culo, degustando su sabor… Era exquisito definitivamente, y se moría por sentir ese calor y estrechez lubricada alrededor de su erección, así que dejó de chuparlo, y se irguió en medio de su cuerpo, guiando su dureza contra el ano de su esposo, no le había metido los dedos, porque no era necesario, no cuando sentía las contracciones de su canal sobre su lengua, como si fuera un coño al que profanar, así que empezó a meterse dentro de su cónyuge, quien abrió los ojos, comenzando a lagrimear al sentirse así de lleno…
Thomas sentía dolor, por lo que estaba llorando por ello, pero al verlo, no podía evitar excitarse, que ese hombre desagradable pero atractivo había hecho que casi se corriera al lamerle por detrás, y ahora estaba en lo profundo de su ser, William se ciñó sobre él, besándolo, en lo que el rubio soltó un gemido contra su boca.
Aquel era el primer beso del menor, y Thomas no supo qué hacer, pero William fue quien lo guió, moviendo sus labios contra los suyos, y luego colando la lengua había estado en su interior, pero ahora dentro de su boca, en lo que su esposo empezó a embestirlo, en un vaivén incesante, rudo, no dándole tiempo a que Thomas se habituara, pero igualmente excitante, porque era como si William supiera exactamente lo que tenía que hacer con su cuerpo, incluso si Thomas mismo no se hubiera masturbado antes, ni sabía que tenía ese punto dentro suyo, que su esposo al penetrarlo, le hacía vibrar de placer… No se suponía que tuviera que disfrutarlo, se suponía que tenía que odiarlo, que tenía que sentirse forzado, pero William lo tomó por la mano, sin dejar de mecerse contra su cuerpo, y sin siquiera tocarle el miembro, hacía que Thomas chillara deshonrosamente contra su boca.
—Uhmnn… Una orquesta para mis oídos, mi dulce consorte… —halagó William sonriendo, en que seguía empujándose dentro de Thomas, sintiéndose un poco fuera de sí por momentos, ya que si bien se había acostado con muchos hombres y mujeres, nunca había sentido el interior de alguien así de delicioso, era apretado, pero lubricado, era tan estrecho… Sin mencionar lo hermoso que lucía su primo bajo suyo, despeinado con sus cabellos rubios como el oro, con sus mejillas sonrojadas, labios rojizos… Su cuerpo fibroso tan delicioso que mostraba las marcas que William le dejó…
Nunca había disfrutado tanto metérsela a un virgen, uno tan sensible que tenía la cualidad mágica de lubricarse solo… Definitivamente un consorte perfecto, el cual amaría profanar varias veces, hasta moldearlo a su gusto, incluso aunque notaba que era un hueso duro de roer, incluso si no lo dijera en voz alta, por sus respuestas, y sus expresiones, se notaba que era terco, orgulloso… Y aquello sólo excitaba más a William, quien percibía cómo es que sentía las paredes anales de su esposo latir alrededor de su dureza, en lo que seguía dándole estocadas que chocaran contra el punto de placer que había dentro de los hombres, haciéndolo gemir más, y mordiéndose los labios con culpa, William se regodeaba tanto en verlo así de conflictuado, de querer fingir que no estaba gozándolo, por más que su erección diera botes y estuviera de un color oscuro por estar a punto de correrse sin necesidad de estar siendo tocado…
William siguió embistiéndolo rudamente, sujetando ahora la polla de su esposo, acariciándola un par de veces, en lo que Thomas se corrió con fuerza, y la virilidad del mayor palpitó dentro del rubio hasta venirse, haciendo que Thomas se arqueara cuando percibió el latir del miembro de su marido en su interior, en lo que dejaba su simiente caliente…
William se salió del cuerpo de esposo, dejándole un beso sobre los labios con una sonrisa, para luego dejarle un azote en el culo respingón del menor.
—Esto sólo ha sido el comienzo, esposo mío… —advirtió William.
Thomas miró a un costado, frunciendo el ceño, detestando a ese hombre con todas sus fuerzas.
—Así finjas que no te gustó, sé que lo amaste, te corriste antes que yo, así que es poco convincente tu papel —señaló William riéndose.
—Me amenazaste con matar a mi pueblo si no te obedezco, ¿en serio crees que esto es algo con lo que realmente esté de acuerdo? —cuestionó Thomas, tapándose con la sábana encima y mirándole con odio.
—Igualmente lo disfrutaste, Thomas —repitió William—. Y seguiré haciéndote gozar toda la noche… —acotó el mayor, dejándole un beso en el hombro a su esposo—. Esta noche seré sólo tuyo… No me desquitaré con mi harén, sólo contigo…
La noche fue larga… Donde finalmente ambos quedaron drenados de tantos orgasmos que tuvieron, con Thomas nunca diciéndole que lo gozó, por más veces que se vino, haciéndolo descubrir placeres nunca imaginados, pero de su boca nunca salió un: lo disfruté, porque sería alimentar el ego de William, y darle la razón, y Thomas no lo haría.
Después de ello, es que el emperador mantenía la agenda ocupada que Thomas pensó, en lo que veía cómo seguía con sus expansiones y batallas, regresaba para celebrar, y tener sexo con su harén, aunque también lo hacía con él, pero William nunca lo llevaba al salón donde estaba con sus concubinas, porque no quería que nadie lo viera desnudo, fuera de las doncellas que lo aseaban, nadie podía tocarlo, ni mucho menos en un contexto sexual.
La verdad del asunto, es que Thomas, si bien le afligía aquello… Le gustaba cuando su esposo lo elegía para pasar la noche, y también iba notando muchas facetas del mayor que le causaban admiración, sólo que no se las diría jamás, porque era insoportable.
William no era un tirano, no del todo al menos, veía por su pueblo, era un ingenioso estratega, protector, y se fijaba que su forma de ser era porque William no había tenido a nadie desde los doce años, y antes de eso tampoco le permitieron tener una infancia que disfrutar ni nada parecido, siempre había crecido para ser un emperador, para cumplir su deber, tal cual él, la diferencia es que su familia al menos le dio más amor, y le permitieron tener experiencias de niño. Su esposo no tuvo nada de ello, lo habían preparado para la excelencia desde la cuna, y por eso es que William era así.
Thomas sentía celos sí, él estaba conflictuado consigo mismo, porque había momentos donde deseaba que no existieran las concubinas, que incluía a hombres y mujeres, sino que William le fuera exclusivo, fuera igual de fiel que él, pero no podía pedírselo, así que se sentía frustrado las ocasiones donde su esposo se encamaba con otros, en vez de con él.
Conforme pasaron los meses, es que Thomas se sintió enfermo, empezó a vomitar en las mañanas, sin poder retener la comida, pero, pese a ello, estaba subiendo de peso, lo notaba por su vientre y pectorales que se inflamaban cada vez más.
—¿Por qué estás tan pálido? —cuestionó William observándolo con el ceño fruncido.
—Estoy enfermo —musitó Thomas, bajando la mirada.
El emperador acarició el rostro del menor.
—Haré que los sanadores te cuiden, no puedo permitirme perderte, Thomas, eres mi esposo, mi consorte, quiero que seas el único que tenga para siempre, ¿me oyes bien? Sólo tú —sentenció William, presionándole el pulgar sobre la nariz respingada del rubio, en un gesto cariñoso, Thomas sollozó ante ello, porque era una demostración de afecto, incluso si no se habían dicho que se querían, aunque Thomas sí lo quisiera, no iba a decírselo jamás, pero le provocaba mucha emoción que le dijera que se preocupaba por él y sólo quisiera que fuera su esposo por siempre, incluso si fuera un maldito que lo forzó con su poder a casarse con él por sus tierras, pese a todo lo demás, Thomas amaba a ese imbécil, y el de cabello azabache lo vio con preocupación.—¿Por qué lloras? ¿Te duele algo? —inquirió.
Thomas negó con la cabeza, y abrió sus brazos, temiendo el rechazo, pero William lo entendió, y lo abrazó, apretándolo contra su cuerpo, en lo que el rubio lloró con más ganas, hundiendo su rostro en el cuello de William, desahogándose por todas estas emociones que estaban atravesándolo, el extrañar su hogar, saber que su padre seguía mal, él estando lejos y ahora enfermo… El que no pudiera decirle a William que lo amaba, que quería que dejara su harén, porque se suponía que lo odiaba… Todo esto estaba atormentándolo, y tenía miedo, a lo que sea que estuviera provocándole los vómitos y subir de peso de aquella forma.
William consoló a su esposo, sintiéndose un tanto inseguro porque él mismo no lloraba, se había habituado a suprimir sus emociones, pero su primo no, y sí, le preocupaba que estuviera enfermo, porque genuinamente William no quería perderlo, se había encariñado con su esposo, que era terco, orgulloso, que se quejaba muchas veces, no teniéndole miedo, retándolo… Pero también callándose muchas veces, como si hubiera cosas que Thomas no dijera, y él suponía que era porque William tenía el control sobre su vida, pero había ocasiones donde simplemente quería que Thomas se quedara con él no por miedo a que matara a su gente, sino porque realmente lo quisiera, que Thomas mismo decidiera quedarse por eso… Aunque se sintiera estúpido, ¿cómo Thomas iba a sentir amor por él si William lo forzó desde el inicio? Nunca le dio opción.
Así que William quería asegurarse de que al menos estuviera bien de salud, porque no podía perderlo, no quería hacerlo, Thomas se había vuelto el motivo por el cual regresar al palacio luego de cualquier enfrentamiento, el verlo tan hermoso incluso con su ceño fruncido, como fuera, el rubio, su querido consorte, su primo… Era su adoración, y su punto débil, aunque no se lo dijera, así que tenía que protegerlo.
Después de que los sanadores lo examinaran, es que miraron con preocupación al emperador.
—Señor, es como si su consorte fuera una mujer, tiene todos los indicativos de un embarazo de seis meses, que es el tiempo desde que se casaron —mencionó el sanador.
Thomas y William fruncieron el ceño.
—Mi esposo es un hombre, Pollux, ¿cómo va a estar embarazado? —increpó William hacia el hombre.
Thomas empalideció recordando algo que le dijo su madre cuando era niño…
—Hay casos raros en nuestra línea familiar, Thomas. Casi todos los que nacen son mujeres, y si son hombres, son estériles, no pueden tener hijos pero… Hay casos raros que data desde la antigüedad, algunos varones han tenido la capacidad de concebir, sin embargo, no es algo que sea común, son casos muy extraños —comentó su madre en aquel momento.
Thomas mismo pensaba que él podía lubricarse, que William le mencionó más de una vez que era único por ello, porque ninguno de sus amantes varones se lubricaba por detrás, y él…
¿Entonces Thomas era estéril porque no podría embarazar a alguna mujer al penetrarla pero sí sería fértil para quedar embarazado de un hombre?
Thomas se desmayó en aquel momento, donde William lo sujetó antes de que impactara contra el suelo.
—Existen casos al parecer, Su Majestad —comentó Gustav luego de realizar las investigaciones.
—¿Entonces voy a ser padre? —preguntó William, sintiendo que sus ojos iban a salírsele de las órbitas.
—Es lo más probable, sí, podríamos preguntarle a Lady Simone si en su familia tienen estas excepciones, porque según los escribas hay información de casos escasos a través de los años —masculló Gustav.
William observaba a su esposo dormido, él… No pensó tener un heredero, tenerlo implicaba darle poder a Thomas, por eso es que tenía sexo anal con sus concubinas, fueran hombres o mujeres, o se corría afuera si ocasionalmente deseaba tener sexo vaginal.
Ahora sería padre, y el emperador no sabía cómo tomárselo, jamás pensó que embarazaría a un hombre, que sería padre ahora que iba a cumplir veintiún años, luego de haber derrocado a los Ameisen su intención era disfrutar de esta temporal calma, y cómo su reino estaba en su apogeo, no en ser padre…
Pero era su hijo el que ya estaba en camino, Thomas, quien se había vuelto su felicidad, su consorte, su primo, el hombre más hermoso con el que había estado, era el que le daría su heredero.
Cuando Simone llegó al reino de William, es que él le habló en privado.
—¿Thomas puede quedar embarazado? —preguntó directamente William a su tía.
Simone empalideció.
—¿Thomas es un doncel? ¿Mi hijo está en cinta? —inquirió la mayor.
—¿Un qué? —interrogó el emperador.
—Un doncel… ¿Thomas… Lubrica cuando…? —cuestionó Simone con incomodidad.
—Sí, lo hace —respondió William, habiéndolo considerado siempre algo muy delicioso y único en su esposo.
—Mi familia mayormente sólo tiene mujeres, y si nacen varones, no pueden tener hijos, son estériles. Por lo mismo es que cuando nació Thomas no pudimos arreglarle un matrimonio, esperábamos que fuera mujer para que pudiera dar a luz, pero no, fue varón, por lo tanto no iba a poder tener un heredero. Pero hay casos… De varones en mi familia, que son donceles, y ellos lubrican y pueden parir por su canal anal —relató la mujer—. No es que sea algo común. Son casos extraños y escasos, por lo mismo no sabía que Thomas podía ser un doncel —terminó de decir Simone.
—Vas a ser abuela —soltó William, siendo consciente de que era una realidad, iba a ser padre.
…
Simone vio a su hijo, abrazándolo, en lo que le explicaba esta situación nueva con la cual iba a lidiar. Thomas se sentía aterrado por ello, porque realmente el pensar que iba a parir por el trasero no era algo que lo hiciera sentirse particularmente emocionado, sin mencionar que iba a ser papá e iba a dar de lactar a su bebé… Su bebé, hijo suyo y de William, el motivo de su gordura, y los dolores o movimientos… Era su hijo.
Y ahora le dijeron que legalmente Thomas era el igual que William, porque si le pasaba algo a William, quien sería el sucesor en línea directa sería Thomas, por ser quien gestó al heredero del emperador.
—Somos iguales ahora, eso quiere decir que ya no puedes amenazarme con matar a mi pueblo —farfulló Thomas mirando a su esposo.
—Ya no iba a hacerlo tampoco… La verdad es que entiendo que te quieras ir, Thomas, porque sé que te obligué a quedarte aquí por mi poder. Pero es nuestro hijo, y lo sé, no es que haya pensado en tenerlo en primer lugar, sin embargo, ya está en camino y por nacer en unos meses. Sé que quieres dejarme, lo sé, que no eres feliz conmigo, no obstante, piensa en nuestro hijo, por favor —pidió William, tomando por las manos a Thomas.
—No quiero irme, pero todo cambiará a partir de ahora, William —dictaminó Thomas con seriedad.
—¿En qué sentido? —cuestionó William, en realidad agradeciendo que su esposo no quisiera dejarlo, quizá era por el poder que tenía ahora, pero no importaba, al menos por los privilegios decidía quedarse.
—Vas a disolver tu harén, sólo quiero que te acuestes conmigo, así como yo te soy fiel, tú igual. Eso es uno, dos, no vuelvas a querer forzarme a hacer algo, porque ahora yo estoy a cargo, ¿está bien? Y… Yo no quiero irme porque te amo, William, así seas un insufrible, lo hago, no sé por qué… Creo que por lo que eres más allá de lo que demuestras, por esa debilidad que te cuesta mostrar, porque siento admiración por ti, por muchas cosas, yo decido quedarme aunque sé que puedo irme, y espero que seas un mejor padre de lo que fueron contigo, porque nuestro hijo merece ser un niño que sea feliz, y no esté perennemente pensando en ser el próximo emperador sin tiempo para llorar la muerte de sus padres, no. Le enseñaremos a ser un buen líder, pero también a que puede amar, no debe ocultar lo que siente y debe disfrutar todas sus etapas, ¿me has entendido? —preguntó Thomas con la misma expresión de seriedad.
Thomas lo había leído, comprendía quién era en realidad, de algún modo lo hacía… Y lo amaba, pese a todo, lo hacía, y William se sentía desnudo, frágil frente a él, que sólo lo tomó por el rostro, acariciándole las mejillas, y sonriendo en lo que lloraba… ¿Lloraba? Sí, estaba llorando de felicidad.
—También te amo, Thomas, y te seré exclusivo, sólo quiero que seas tú para siempre, mi dulce emperador consorte —musitó William contra sus labios, para luego besarse ambos, disfrutando el contacto, el cariño y cuidado, y sintiéndose los más felices en aquel punto de vulnerabilidad.
Fue el comienzo del inicio de sus vidas, con William siendo un emperador sí, pero también un padre protector, un esposo amoroso, que empezó a aprender a amar de la mano de su esposo, a demostrarle mediante actos todo lo que sentía por Thomas, dejando las burlas de lado, o el suprimir sus emociones, no, estaba abriéndose frente al rubio, como nunca lo había hecho con nadie.
Cuando Thomas dio a luz a su heredero, un bebé idéntico al emperador William, pero con los ojos de Thomas, es que le pusieron Heinrich, que significaba “gobernante del hogar”, porque aquel bebé sabría desde la cuna lo que era una casa, un hogar, algo sano y puro, siendo la felicidad de aquella familia que había empezado de forma peculiar.