Eliminado por bocazas
Se estaba llevando la paliza de su vida.
Apenas veía venir los puñetazos y patadas que le suministraba Lexa una y otra vez sin descanso. Eso sí, la chica controlaba su fuerza lo suficiente como para que Axel solo tuviese al día siguiente ganas de morirse de dolor, pero ningún hueso roto.
-Axel, el codo más levantado, ataca por la derecha - escuchó de fondo la voz de Roan, su instructor.
¿Cómo iba a pensar en atacar si apenas podía defenderse?
Un puñetazo de Lexa impactó contra su mandíbula, sacándole el primer gruñido de dolor desde que comenzaron. Esta vez sí le había dolido bastante. Luchar contra Lexa no solo era un auténtico reto para su resistencia, sino también su concentración. Constantemente se le helaba la sangre mirando sus ojos verdes, tan claros y brillantes que solían parecer doradospor la luz de la sala; le dejaban tan tieso como si le hubiese caído un rayo.
Miró el cronómetro en la gran pantalla de la sala de entrenamiento. Aunque notaba el sabor metálico de la sangre en su boca, se permitió sonreír al ver que, de nuevo, había sido el que más había aguantado en pie en un enfrentamiento directo. Había mejorado su marca con respecto a la última vez. Todo un mérito personal.
-Ya llevo dos minutos más que la última vez - habló con dificultad, asegurándose de que solo le escuchase Lexa. - Estás perdiendo facultades, Hill.
Debió haber mantenido la boca cerrada.
El pie de Lexa consiguió engancharse en la corva de su rodilla, tirando de él hacia ella y, en pocos segundos, tuvo su espalda contra el suelo acolchado con la vista directa de Lexa Hill colocándose la chaqueta.
-Solo te usaba de saco de boxeo, buen trabajo - le miró cortamente antes de caminar hacia el resto de chicos, recoger sus cosas e irse.
Lexa se gobernaba sola, si Axel llega a marcharse sin siquiera mirar a la cara al entrenador, ahora estaría como muy poco limpiando cada baño del Empíreo con sus propias manos. Sin guantes.
Claro que esos privilegios solo los tenía Lexa Hill, entre muchos otros, ventajas de ser la única miembro que quedaba viva de lo que fue la élite de soldados de Empíreo. No se sabe mucho de ella, tampoco es como si se relacionase con los de menos categoría. Era envidiada por casi todos, pero Axel no era uno de ellos, más bien la admiraba, deseaba algún día poder decir que él también era lo suficientemente bueno como para pertenecer a la importante élite.
-Enhorabuena Kross, sigues siendo el primero - felicitó su entrenador, palmeando su espalda. - Pero no te relajes, Walker apenas va sesenta y ocho segundos detrás de ti.
-Eso, contra Lexa, es mucho tiempo - se entrometió en la conversación Andrew Stones, uno de sus mejores amigos, al que ya se le estaba comenzando a notar una sombra morada en el ojo de un golpe mal esquivado.
Quiso acercarse a felicitar a Jude Walker por también haber mejorado, pero ya estaba de nuevo con la toalla sobre sus hombros y caminando cabizbajo hacia la salida tras tener el permiso de Roan. No eran amigos, dudaba que Jude tuviese algún amigo, en ese sentido era parecido a Lexa Hill, y por más que lo intentase, apenas había conseguido sacarle alguna palabra.
De camino a la sala de descanso no pudo evitar reír ante la cojera de Ellen, su mejor amiga, que no paraba de discutir con Andrew por haberle torcido de nuevo el tobillo. El chico solo tenía que señalar a su ojo morado para que ambos queden en tablas tras su pelea.
- ¿No crees que nos están haciendo subir el nivel? - le preguntó Hunter, manteniendo la mirada en el techo como si no lo tuviese memorizado después de tantos años.
- ¿No es eso lo que deben hacer? Tratar de que seamos los mejores.
-Sí, lo sé, pero... no lo sé, piénsalo - parecía más perdido en sus pensamientos que realmente hablando con Axel, algo que le solía pasar bastante. - Quiero decir, ha habido un cambio exponencial estas semanas, no solo Jude y tú os enfrentáis a Lexa, ahora algunos más, como yo. Antes solo obligaban a los dos mejores, ya sabes, para entrenaros, pero nos están forzando demasiado.
- ¿Qué insinúas, Hunter?
-Aún nada, porque no tengo nada claro - cuidó sus palabras, - solo digo... déjalo. No importa.
Hunter siempre pensaba en exceso, tanto que algún día a Axel no le sorprendería que su cabeza explotara. Siempre había cambios en Empíreo, algo lógico, tenían que seguir preparándose. Mientras Hunter observaba el cambio con sospecha, Axel lo veía como una oportunidad de mejora.
Sus amigos le dejaron como siempre atrás, sabiendo que Axel siempre perdía unos largos minutos mirando por una de las muchas ventanas del complejo, tan robustas que solo indican protección y supervivencia. Como cada persona, estaba agradecido a la fortaleza que era su hogar, aquella que había servido para garantizar la supervivencia de todos los que habitaban dentro. No existían murallas enormes, pero Axel sentía los límites de su hogar como si lo fuesen. Al fin y al cabo, Empíreo les protegía del peligro en el que se había convertido el que una vez fue su mundo.
Todo fue verdad, aunque su generación y ni siquiera la de sus abuelos lo haya vivido. Aún quedaban muchas películas, libros y revistas que, en su tiempo, hace más de cien años parecían simples redacciones de mundos fantásticos, historias alternativas y ficticias. Ojalá existiese la forma de que esas personas, videntes disfrazados de científicos, escritores o directores de cine, pudiesen ver cómo sus sueños apocalípticos habían sucedido realmente y no solo vivían siendo algún bestseller.
Pasó, cada advertencia de aquellas personas a las que llamaban "locos" se convirtió en una realidad. El mundo cambió y con ello, empezó la cuenta atrás para las personas que vivían en él. La Tierra comenzó a calentarse de sobremanera, la producción a escasear, tanto que la caza y pesca masiva provocó la carencia de animales en el mundo. Todo se había ido destruyendo lentamente, tanto que pocos repararon en ello hasta que el problema estuvo encima. El mundo se convirtió en el reflejo del egoísmo y la diferencia de clases, algo que ya existía, pero hizo falta una gran crisis para que lo notasen.
El alimento cada vez fue más escaso, apenas llovía como para tener cultivos y subsistir. La codicia humana agotó las principales fuentes no renovables. Comer comenzó a considerarse un privilegio en cuanto los precios aumentaron, solo al alcance de unos pocos. La gente comenzó a morir, a sufrir, a rezar a un dios o a varios por una piedad que nunca respondía. Cada palabra era de auxilio mientras unos pocos resignados solo agachaban la cabeza aceptando el fin de la humanidad, porque así se lo habían buscado. Esos locos que predicaban que las personas estaban para convivir y no para dominar el planeta fueron quienes al final tuvieron razón. La naturaleza, a su forma, se terminó revelando, demostrando cuan débiles son en realidad los humanos.
Tantos avances en la tecnología no sirvieron de nada. Un holograma o un móvil de última generación no les dio de comer.
La historia de Empíreo es tan triste como desagradable, si ahora están vivos ha sido porque los humanos aprendieron a convivir con la muerte y la escasez. No hay una batalla épica detrás, jamás nadie ganaría en contra de la naturaleza. Murieron tantos millones de personas que el mundo realmente se convirtió en la clara imagen de una película antigua apocalíptica donde solo quedaron cadáveres y ciudades sin sonido, vacías de vida. De ahí nació Empíreo, de esa cantidad restante de personas, un número tan ínfimo de supervivientes que podían comenzar a sobrevivir con lo poco que quedaba de la naturaleza. Los humanos volvieron a repoblar, pero esta vez, asegurándose de llevar un control con la naturaleza y lo que les proporciona. Sin embargo, siempre existe el peligro, porque los humanos están condenados a luchar entre ellos o contra cualquier agente externo. Esa era la parte de la historia que se repite.
Empíreo comenzó a construir un ancho complejo, fortificado, aunque trataba por todos los medios de que no se pareciese a una prisión. Era el único paraíso que quedaba en la tierra para la vida humana.
Axel no había podido ver el peligro con sus propios ojos, jamás había salido del Empíreo desde que nació, pero desde que entró por voluntad propia en el ejército, vio cómo volvían cadáveres de soldados que partían fuera de los límites tratando de conquistar aún más territorio por el bien de la humanidad. No sabía qué había allá afuera, pero nadie volvía.
Nadie, excepto Lexa Hill.
-Van a elegir al próximo grupo - tiró Ellen de su mano, haciendo que apartase la vista de las amplias llanuras del exterior. Parecían tan mansas, tan tranquilas, que era casi irónico pensar que mataban a tantos de los suyos.
Por poco llegaron tarde, nada más entraron en una de las tantas salas bajo el dominio del ejército, vio a medio grupo ya formado mientras Roan, sujetando un papel, leía nombres en alto, uniéndose de uno a uno al grupo.
Axel en esos momentos siempre tenía sentimientos encontrados. Por un lado, estaba tranquilo porque nunca le tocaría ni a él ni a sus amigos formar parte de ello, un extraño privilegio al ser de los mejores guerreros. Por otro lado, aun sabiendo que las posibilidades de volver vivo se reducían a un escaso uno por ciento, quería salir y luchar. Ha pasado la mayor parte de su vida preparándose como un gran soldado y jamás ha tenido la posibilidad de demostrarlo, de luchar en honor a la humanidad. Soñaba, como todos, con algún día volver a pasear por cualquier parte del mundo como describían los libros y películas.
Siempre escogían a los peores soldados, algo que parecía sumamente tonto para Axel. Mandaban a los menos preparados al exterior con la premisa de que era el entrenamiento que necesitaban, además de que así verían por qué deben luchar por un puesto mejor, como el que comparten Axel y sus amigos. Sería una buena forma de motivación si volviese alguno vivo de vez en cuando. Axel podía ver el miedo en la mirada de la mayoría cada vez que salía su nombre, no sabiendo a qué se iban a enfrentar, pero sí siendo conscientes de que estaría caminando de puntillas sobre el foso que será su tumba.
No había muchos soldados viendo la elección del próximo grupo del mes que saldría al exterior, ya cada vez perdían más la ilusión y las ganas de ver rostros que jamás volvían. No le sorprendió ver a Lexa Hill en una esquina con sus auriculares puestos, sin prestar atención a lo que sucedía. Jude Walker no estaba cerca de ella, a Axel le costó encontrarle, pero le vio sentado en la esquina contraria centrando toda su atención en una pequeña figura como si fuese lo más interesante del mundo. Eran los únicos que conocía a parte de su grupo de amigos, estaban tan divididos por secciones que cada mes que formaban un nuevo grupo de expedición, conocía caras nuevas. Desgraciadamente, la primera y última vez que los veía.
-Está a punto de llorar - le susurró Hunter, fijándose en otro rubio del grupo que no paraba de temblar cuando fue el último elegido. - Pobre.
-Yo en su caso también lo haría - respondió Andrew en lugar de Axel. - Menos mal que mejoré, sino estaría en ese grupo. Soy demasiado guapo para morir.
Axel trató de sonreír infundiéndole ánimo al nuevo grupo, aunque ninguno reparaba en él. Solo dos tenían una mirada seria y preparada para salir a pesar de pertenecer a los más débiles, los otros cuatro parecían querer tirarse al suelo y romper a llorar del miedo.
- ¡Roan! ¡Roan! - se abrió la puerta de golpe. Un chico se tropezó a la entrada, por su ropa azul oscuro y el número "dos" bordado, Axel pudo ver que era un soldado de su mismo nivel. Tenía que ser algo serio, dirigirse a Roan por su nombre y no por un apelativo de respeto como 'señor' o 'entrenador' era bastante serio. - ¡Ha aparecido un cadáver! En el pasillo treinta y cinco.
Quizás fue por el impacto de la noticia, pero Axel no vio venir a Roan, que de estar al otro lado de la habitación junto a los seis que saldrían al exterior, pasó a levantar al chico del suelo por los hombros y pegarle a la pared con frenesí.
- ¿Estás seguro? - preguntó apretando aún más su agarre y el chico asintió. - ¡¿Y el turno de guardia?!
-Desmayados, les revisé cuando iba a sustituirlos, me tocaba a mí. No están muertos, ellos no.
Roan le soltó con expresión derrotada. Axel vio a su entrenador llevarse las manos a la cara con impotencia. Todos los que estaban en la sala se miraron unos a otros, incluso Axel lo hizo, tratando de contar cada uno a sus amigos para ver quiénes de los que estaban en la sala se libraban de ser una de las posibles víctimas.
-Menos mal que aguanté las ganas de ir al baño - susurró Andrew con una sonrisa desdeñosa, tratando de aligerar el ambiente.
- ¿Habéis revisado las entradas? ¿Hay alguien en el complejo? - preguntó Roan.
-Sí, señor, mi compañero se está encargando, por ahora no hemos visto a nadie.
Se preguntaba cómo harían para estar tranquilos sabiendo que alguien había conseguido entrar en la seguridad aparentemente impenetrable del Empíreo. Y peor aún, matado a uno de los suyos y conseguido dejar KO a los guardias.
- ¿Habéis identificado el cuerpo? - preguntó por fin Roan.
-Sí, señor - contestó el chico, bajando la mirada por unos segundos. - Brenda García, señor. Nivel cuatro.
Sus amigos y los pocos que conocían a Axel de los entrenamientos le miraron.
Brenda García es -o era- su novia.