1
Alessia
Los tacones negros me incomodan un poco, pero trato de ignorarlos para no perder la postura. Acaricio el cabello canoso del hombre que tengo a mi lado mientras piensa que número escoger.
Sonríe mostrando sus blancos dientes hacía mi mientras plasma un beso en mi brazo. Menciona el número doce y el color rojo a la crupier encargada de la mesa y automáticamente la rueda empieza a girar, lanza la bolita blanca y todos en la mesa siguen con la mirada la bolita, expectantes al resultado.
Gritos de alegría y rabia se hacen presentes a mi alrededor, el hombre al que le hago compañía sonríe y plasma un beso en mis labios a modo de celebración. «Asqueroso» Le doy mi mejor sonrisa y mis más sinceras felicitaciones.
—Me has traído suerte, bombón.
Soy la encargada de llevar sus fichas así que tomo las que acaba de ganar y las meto en la bolsita negra que entrega el casino.
—Iré a cambiar las fichas, vuelvo en un segundo. —la mano del hombre sujeta firmemente mi brazo y en un rápido movimiento acerca su rostro al mío.
Mis ojos viajan alrededor del lugar y encuentro a Patrick mirándonos con cara de querer romperle la cara a mi acompañante. Niego sutilmente con la cabeza para que no se acerque y siga en su papel.
—No te pases de lista, bombón. Puedo llegar a ser un hijo de puta si me haces enojar. —su mal aliento revuelto con vodka golpea mis fosas nasales.
—No hay por qué ponerse agresivo, cariño —puse mis labios cerca de su oreja. —. Tu guardaespaldas estará conmigo en todo momento —señalé con la cabeza al hombre detrás de nosotros. —, además, podemos disfrutar juntos en la habitación del hotel. ¿No lo crees?
Su agarre se aflojó y su mirada cambió completamente. Me miró de arriba abajo, reposando su mirada en el inicio de mis senos, no lo culpo, el vestido negro hace que se vean aún más grandes de lo que son.
Me dio una última mirada y me soltó, se encaminó hacia su guardaespaldas diciéndole algo en su oído y finalmente desapareció por la puerta que conduce al lobby del hotel.
Hay que aceptar que a primera vista su guardaespaldas puede ser muy intimidante, pero no es nada que no pueda controlar. Sonreí internamente al pensar en cómo quedaría su ego por los suelos al ver que esta indefensa e inocente mujer puede destrozarlo en menos de dos minutos.
Llegamos a la ventanilla en dónde se cambian las fichas por dinero. El grandote a mi lado está atento a todos mis movimientos, y yo solo me limito a sonreír inocentemente y a jugar con la bolsa de terciopelo negra en mis manos.
—¡Oh por Dios! Lo siento tanto señor. —alguien había chocado con el guardaespaldas haciéndolo caer al suelo. El hombre se levantó inmediatamente y posó su mirada en mí.
—Lárgate. —la intimidante voz del guardaespaldas hizo que el hombre se levantara de inmediato.
—Yo lo siento tanto. Señorita, le pido disculpas, no quise incomodar.
—¡Siguiente! —la voz del hombre detrás de la ventanilla se hizo presente en la conversación. Caminé hacía él e hice entrega de la bolsa negra.
—Señorita. ¿Cómo puedo disculparme con usted? —intentó acercarse a mí, pero el guardaespaldas fue más rápido y se interpuso entre los dos.
Ambos estaban a mis espaldas. Pude escuchar partes de su conversación. El hombre tratando de acercarse para disculparse y el guardaespaldas tratando de mantenerse sereno y no golpear el rostro del “borracho” con el que había chocado.
Golpeo mis uñas sutilmente en el mostrador de madera esperando que el muchacho contara el dinero.
—Ha sido una gran cantidad señorita. Felicidades. —me hizo entrega del dinero en un lindo sobre color negro.
Me di la vuelta para encontrarme con la gran espalda del grandote que me hacía compañía. Toqué su hombro y me hice a un lado de la fila.
Comenzamos a caminar en dirección al lobby cuando de repente el hombre que me acompañaba empezó a sacudir su cara y parpadear más de una vez.
—¿Te encuentras bien, grandote? —mi mano fue directo a su rostro.
—¿Que me hiciste, puta? —intentó agarrar mi cuello, pero la droga ya había empezado a hacer efecto.
—¡Alguien ayúdeme por favor! —varios empleados y huéspedes del hotel se acercaron al ver al grandote colapsar en el suelo. —¡Hagan algo por favor!
Muchos se posaron a nuestro alrededor horrorizados. Me coloqué encima del grandote con unas cuantas lágrimas en mi rostro y soltando uno que otro grito. Al ver a los paramédicos me puse de pie y limpié las lágrimas derramadas en mis mejillas. Uno de los encargados del hotel se acercó a preguntar si me encontraba bien, yo solo asentí y tapé mi rostro ocultando mi “tristeza” y “confusión” por lo ocurrido.
Pude ver a los lejos a un hombre acercándose a la escena, Patrick. Observó cómo se llevaban al grandote en una camilla y luego comenzó a caminar como si nada estuviese pasando. Pasó por mi lado e hice entrega del sobre negro, el cual guardó en el bolsillo interior de la chaqueta que trae puesta.
Luego de unos minutos limpié el resto de las lágrimas derramadas y caminé hacia la salida del hotel. Hice entrega del papelito con el número asignado a mi auto al del valet parking y en menos de cinco minutos ya me están haciendo entrega de las llaves del auto. Un BMW serie 4 Coupé negro. Es mi nuevo bebé y se podría decir que lo amo.
Recorro las calles de Mónaco con la música al cien y con una gran sonrisa en mi rostro. La cabeza comienza a picarme así que me quito la peluca negra y la coloco en el asiento del copiloto.
Me miro en el espejo retrovisor para acomodar mi desordenado cabello y me rio al ver que necesito más que un par de pasadas con mis dedos para arreglarlo. Mi cabello natural es de un color cobrizo ondulado y me llega por debajo de los hombros, es algo complicado de controlar, pero no imposible.
Veo mis ojos a través del espejo y estoy ansiosa por quitarme los lentes de contacto de color azul, me gusta el color avellano natural de mis ojos, muchos dicen que tienen destellos verdes, otros dicen que azules, a decir verdad, no lo sé con exactitud.
Al llegar al estacionamiento del edificio veo a Patrick apoyado en su auto esperando por mí. Agarro la peluca para meterla dentro de mi bolso y salgo de mi auto caminando hacia él.
—¿Por qué tardaste tanto? —miró su reloj.
—Me distraje manejando, ya sabes, me gusta observar el paisaje.
Rodó los ojos y me hizo entrega del sobre. —Faltan mil euros.
—Lo sé. —guardé el sobre en el bolso y caminé hacía los elevadores.
—Pensé que solo sería la mitad. —sentí sus pasos detrás de mí, las puertas del elevador se abrieron y pude ver su reflejo a través del espejo.
—Fue una buena noche, no nos hará falta ese dinero. —pulsé el botón para que el aparato empezara a moverse.
Las puertas del elevador se abrieron hacia el gran pent-house, saludé al hombre junto a la puerta, Tom, mi guardaespaldas. Patrick insistió en tener uno, me negué una y mil veces. Estoy capacitada para cuidarme sola, pero, preferí evitarme la pelea con mi mejor amigo y dejar que lo contratara, de todas formas, es él quien paga su sueldo.
Patrick es mi mejor amigo desde los 7 años. Estuvo conmigo en mis mejores y peores momentos, se podría decir que es la única persona que me conoce, mejor que yo misma.
Mi madre murió cuando tenía 12 años gracias al cáncer, mi padre quedó devastado, pero no podía quedarse postrado en una cama sin hacer nada. Fue quien me enseñó todo sobre defensa personal y sobre el uso de armas. Fue un importante coronel en el ejército italiano, todos le tenían respeto y se podría decir que algo de miedo, lo que no sabían es que en realidad era la persona más amorosa del mundo, bueno, conmigo y mi madre, con el resto era un completo hijo de puta. Murió en una misión semanas antes de mi cumpleaños número 18.
Desde entonces me he dedicado a esto, estafar a hombres ricos completamente estúpidos e idiotas que caen por unas lindas pierna y unos buenos senos.
—Demian Dagger —Patrick lanza unos papeles en la mesa frente al sofá de la sala de estar. —. 27 años. Dueño de la firma Dagger y asociados. Se podría decir que la firma más importante de Nueva York, que digo de Nueva york, del mundo. —mi amigo se sentó a mi lado encendiendo un cigarrillo.
—¿Qué quieres que haga? —tomé el cigarrillo de sus dedos para darle una calada. —. Quiero descansar. Nos iremos en dos días. No hemos disfrutado de Mónaco. —hice un puchero.
—Ya lo sé Alessia, pero no podemos dejar pasar esta oportunidad —recuperó su cigarrillo y lo puso entre sus labios. —. Demian es un pez gordo.
—Déjame leer su historial. —tomé los papeles que Patrick había lanzado anteriormente y comencé a leer.
Demian Dagger, típico millonario que gasta su dinero en apuestas, juegos y mujeres. Nada mal para la vista, eso hay que aceptarlo.
Bueno, uno más, uno menos, no hará la diferencia.
—Ok.
—¿Lo haremos? —su mirada se iluminó. Asentí mientras volvía a robar su cigarrillo. —. Excelente. Lo hemos seguido hace una semana, acostumbra ir al mismo casino, Casino of Monte-Carlo. Quedó de encontrarse mañana en la noche con Luciano Britz, uno de sus socios aquí en Mónaco. Le gustan las rubias así que prepárate.
—Bien. —Marcella llegó con una tasa de café en sus manos sentándose a mi lado.
—¿Cómo les fue? —le hice entrega del sobre.
Este negocio no se puede manejar solo, tengo a varias personas trabajando para mí, entre esas Marcella, es quien lleva las cuentas y confío ciegamente en ella. Patrick es quien se encarga de la investigación y seguridad.
—Se siente pesado. Me gusta. —sonrió mientras llevaba el sobre a la oficina para contarlo y realizar los trámites necesarios.
—Iré a descansar. —me levanté para encaminarme a mi habitación.
—¿No quieres algo de compañía? —pude sentir la respiración de mi mejor amigo sobre mi nuca. Me volteé para quedar de frente a él y acerqué mi boca a su oreja. Puse mis brazos alrededor de su cuello y junté nuestros cuerpos.
—No. —plante un pequeño beso en su mejilla antes de irme hacia la habitación.
Cometí el gran error de acostarme con mi mejor amigo, en mi defensa, estaba algo ebria cuando pasó. Fue hace más de un año, ambos estuvimos de acuerdo en querer intentarlo, si éramos buenos amigos tal vez podríamos llegar a ser buenos amantes. Pero no fue así. No me mal entiendan, Patrick coge muy bien y es muy buena persona, es el típico hombre que cualquier mujer quisiera tener en su vida, pero no lo veo de esa forma, además, el placer no se junta con negocios. Suficiente tenemos con ser amigos y estar trabajando juntos en esto.
Al entrar saqué la navaja que tenía escondida en la pierna y la puse sobre la mesita de noche. Me quité el vestido y los tacones y caminé desnuda por la habitación para dirigirme al baño. Faltaban cinco para las tres de la mañana y el sueño ya me estaba ganando, cepillé mis dientes y lavé mi cara para poder ir a dormir.
Al día siguiente me desperté gracias al molesto sol que se asomaba por la ventana de la habitación. Me levanté para sacar de mi bolso a mi mejor amigo, un pequeño vibrador que siempre me hace compañía en momentos como estos. Fui directo al baño para darme una ducha y poder juguetear un poco.
El agua caliente recorre mi cuerpo y mi juguete favorito cumple su cometido logrando sacarme uno que otro gemido. Mi cuerpo comenzó a indicar que el orgasmo se acercaba, pero una voz hizo que se detuviese poniéndome de mal humor.
—¡Hora de irnos! —Patrick tocó más de cinco veces la puerta del baño.
—Cinco minutos. —intenté volver a concentrarme.
—No tenemos cinco minutos, mi pequeño demonio. —otros cinco golpes en la puerta.
Terminé de ducharme y salí del baño con cara de querer matar a alguien. Patrick se encontraba tirado en mi cama ya vestido esperando por mí. Los rayos del sol que se colaban por la ventana hacían que el cabello de Patrick se viera más rubio de lo que es.
—¿Por qué esa carita?
—Me dañaste la mañana. —saqué del closet un conjunto de ropa interior negro.
—¿Qué hice aparte de darte los buenos días? —su mirada estaba fija en su teléfono.
—Ni siquiera dijiste buenos días.
—Lo siento. Buenos días. —dejó de mirar el teléfono para mirarme y regalarme una sonrisa de oreja a oreja.
Salimos de la habitación para ir a la cocina y poder desayunar. El plan de hoy sería seguir a nuestra presa del momento. Es sábado, así que su itinerario es diferente al del resto de la semana. Me gusta saber con quién voy a tratar, como se comportan y en qué mundo se relacionan. Saber esas cosas me ayudan a entrar en papel. Patrick hace la investigación previa, pero no está de más ver sus actitudes y movimientos por mí misma.
—Cambio de planes. —la voz de Marcella se hizo presente.
—¿Qué pasó?
—Necesito que me acompañes al banco. —antes de poder contestar Patrick habló.
—Tranquila. Iré solo a ver al conejito de hoy —tomó las llaves de su auto. —. No me gusta la idea de no ver a mi presa antes de devorarla.
Luego de una hora había terminado mi ida al banco con Marcella y Tom. No llevé todo el dinero, ya que era demasiado como para no ser sospechoso. Como fachada tenemos a mi empresa. Una pequeña boutique muy exclusiva, muy famosa, por cierto. Al fin y al cabo, se gana mucho dinero con ella. No directamente de la ropa, pero dinero es dinero.
Varias horas después ya me encontraba camino al casino. La peluca rubia me queda perfecta y los lentes de contacto de color gris hacen que mis ojos se vean más grandes. Cualquiera pensaría que este es mi verdadero aspecto. El vestido de seda color Vino tinto quedaba pegado a mi cuerpo resaltando todas mis curvas y la apertura en la pierna derecha me hacía ver sexy.
—Recuerda la palabra de emergencia. —la voz de Patrick en el altavoz me hizo distraer.
—La tengo presente Patrick. —siempre que hacemos esto me recuerda lo mismo.
—Dila.
—Conejito. —la odio. Así les llama a los ricachones que robamos.
—Muy bien —juro que sentí su sonrisa a través del teléfono. —. Éxitos en la noche de hoy.
Entregué las llaves de mi auto al valet parking y me adentré al hermoso lugar. Como siempre, comencé la noche jugando blackjack ganando varias partidas. Varios hombres se acercaron para coquetear, pero no son de mi interés la noche de hoy.
Visualicé al objetivo en el puesto de Craps acompañado de dos hombres, pero no había rastro de su socio. Le resté importancia y caminé hacia él. Me senté a dos sillas de distancia.
Tengo que aceptar que es un hombre bastante atractivo, mucho. A decir verdad, si no estuviese trabajando me lo cogería sin problema alguno. Centré mi atención en el juego, no sin antes regalarle un par de miradas inocentes a nuestro objetivo. Su socio hizo acto de presencia luego de unas cuantas rondas, las cuales, él objetivo ganó.
Un mesero se acercó a mí con una botella de The Balvenie 12 años, un exquisito whiskey escocés.
—No he pedido nada.
—Lo manda el caballero de allá. —señala con el dedo a nada más y nada menos que al socio del objetivo. Luciano Britz.
Recibí el trago con una sonrisa, la cual fue dirigida hacía ambos caballeros. Inmediatamente el socio del objetivo se levantó y caminó mirándome directamente a los ojos.
—Espero sea de su agrado.
—No es mi favorito, pero está bien. —bebí el contenido del vaso.
—Pide lo que quieras a mi nombre —extendió su mano para presentarse. —. Luciano Britz. Aunque claro, debes saber quién soy, todos me conocen. —Dios, que petulante.
—La verdad no sé quién eres. —me levanté dispuesta a continuar con el plan. El que este hombre haya puesto su atención en mí no es de mucha ayuda.
Su socio se levantó y caminó hacia nosotros. Su sola presencia se sentía intimidante, es mucho más alto que yo y me considero una persona alta, pero aún con tacones me sobrepasa en altura. Su cabello negro sutilmente peinado hacia atrás le daban un toque pulcro. Sus ojos grises recorrieron mi cuerpo de pies a cabeza con deseo, lo sé, porque de esa misma manera lo estoy mirando yo. Su mirada se detuvo en la apertura de mi vestido deleitándose con mi pierna descubierta.
Luciano carraspeo un poco sacándome del trance en el que entré al ver a su socio.
—Demian Dagger. —me ofreció su mano la cual acepté gustosa. Su toque fue fuerte y seguro logrando que apretara un poco mis piernas controlando la sensación de satisfacción al sentir su piel.
—Emily Wilson. —di mi nombre falso, nuestras manos seguían unidas y su mirada no se apartó de la mía.
—Sería excelente que nos acompañases. Por lo que veo estás sola esta noche mi querida Emily. —Luciano separó nuestras manos para tomar la mía.
—Me encantaría acompañarlos señores. Tal vez me traigan algo de suerte.
—Creo que serás tú la que nos dé el premio mayor, cariño. —como odio los apodos.
La noche pasó con halagos empalagosos de parte de Luciano y miradas calientes de parte de Demian, pero nada de eso me distrae del objetivo de la noche. Se ha ganado mucho dinero el día de hoy, incluso más que ayer. Luciano está ebrio y algo fastidioso, Demian sigue jugando y ganando y yo me limito a ser la niñita tonta que no sabe cómo funcionan los juegos y a dar saltitos tontos cada que alguno de ellos o yo ganaba algo.
Luciano mandó a uno de sus hombres a reclamar el dinero. Demian ya se había fastidiado así que hizo lo mismo, bueno, por lo menos no es idiota.
—Vamos a mi hotel. —el susurro de su voz en mi oído se sintió demasiado bien.
Su mano se posó suavemente en mi cintura para acercarme a su cuerpo, pude sentir su miembro erecto en la parte baja de mi espalda, su roce hizo que mi cuerpo vibrara y que mi respiración se aligerara.
¿Qué puedo decir? Soy débil para estas cosas y más si se trata de un hombre como Demian Dagger.
Sus hombres fueron quienes hicieron el cambio de las fichas por el dinero, así que si o si debo ir con él y llevar a cabo el plan B.
Salimos del casino y esperamos a que trajeran su auto. Un hermoso Ferrari 812 Competizione 2021 gris, claro, tenía que ser igual de perfecto que su dueño.
Abrió la puerta del copiloto invitándome a entrar, si, definitivamente este auto es perfecto. Se dio la vuelta para poder entrar al puesto del piloto e hizo rugir al carro antes de arrancar.
—¿Por qué fingías no saber jugar? —su pregunta me tomó por sorpresa.
—¿De qué hablas?
—Te vi apenas entraste al casino.
—Supongo que fue suerte. —su sonrisa me dio a entender que no creyó ninguna de mis palabras.
—Supongamos que lo fue.
Apartó una de sus manos del volante para posarla en mi rodilla, al ver que no la quité prosiguió subiendo de a poco por el largo de mi pierna dando pequeños apretones que provocaban que mis bragas se mojaran más de lo que ya estaban. El solo contacto de su mano con mi piel lograba que mis ganas aumentaran.
Sus dedos llegaron a la zona que aclamaba atención, al sentir lo húmeda que estaba sonrió, sus ojos se clavaron en los míos por unos segundos antes de devolver su mirada a la carretera.
Corrió las bragas para que sus dedos pudieran recorrer la zona sin problema, metió dos de sus dedos sin previo aviso logrando sacarme un leve jadeo. Mi mano se dirigió a su entrepierna, el sentir lo duro que estaba me hizo suspirar de deseo.
Bajó la mirada a mi mano, la cual apretaba y masajeaba su miembro sin pudor alguno. Solo había tocado por encima de la ropa y ya podía imaginar lo bien que se sentiría dentro de mí.
Sacó sus dedos de mi interior y pude ver como se metía esos mismos dedos a la boca saboreando mi humedad. Mi agarre en su miembro se hizo más fuerte al ver como disfrutaba chupándose los dedos.
—Delicioso. —dijo mientras saboreaba sus dedos empapados de mi intimidad.
El pensamiento de hacer que parase el carro y montarlo aquí mismo me invadió, pero no podía, no si quería seguir adelante con el plan.
Bajé del carro al instante en que llegamos al hotel. Sus hombres hicieron entrega del sobre cargado de dinero, el cual guardó en el bolsillo de su abrigo luego de tomar mi mano para llevarme hacía el ascensor.
Al cerrarse las puertas me acorraló contra el espejo del ascensor besándome con rudeza. Su mano apretó mi cintura con firmeza acercándome más a él, restregó su erección en mi abdomen haciéndome desear más. Sentí sus manos subir hasta mi cabello, pero las tomé y las coloqué sobre mis senos.
—Quiero follar esa rica boquita. —mordió mi labio inferior logrando que mi cuerpo pidiera más.
En serio quiero hacer eso.
Las puertas se abrieron y salimos sin dejar de besarnos. Sacó una tarjeta del bolsillo de su pantalón y abrió una de las puertas del pasillo. No sé ni en que piso estamos.
Cerró la puerta detrás de nosotros y me alzó sosteniendo mi trasero con sus manos mientras besaba mi cuello.
Me bajé y lo empujé hacia la cama para sentarme a horcajadas encima de él. Busqué calmar un poco el dolor entre mis piernas, restregándome sobre su miembro, solo fue un momento, para quitarme la idea de la cabeza. Me levanté con su mirada puesta en mí y busqué algo de licor en la habitación.
—¿Qué haces? —su voz ronca solo provoca que quiera dejar de lado el plan, cogérmelo y dejar esto como una linda experiencia.
—Solo busco algo con que brindar. —encontré una botella de whiskey y dos vasos. Perfecto.
Serví ambos tragos y volví a la cama. Demian se encontraba completamente desnudo, su gran miembro reposaba en su abdomen mientras esperaba por mí.
No me hagas esto por favor.
Le ofrecí el trago sin poder quitar mi vista de su miembro.
—Quiero este. —tomó el vaso que era mío.
Mierda.
Bebió su contenido esperando a que tomara el mío, no puedo hacer eso, caería en menos de un minuto. Maldito idiota.
Sonreí y llevé mi boca a la suya. Me aparté para beber el contenido del vaso, me moví encima de él logrando distraerlo, tomé su cara y abrí su boca para pasarle el líquido desde mi boca, lo recibió gustoso.
Se colocó encima de mí arrancando mis bragas en un solo movimiento. Sus manos se paseaban por mi cuerpo queriendo quitar el vestido, pero sus movimientos pasaron de ser agresivos y rápidos a ser lentos y débiles.
Al ver que sus ojos se cerraron me levanté y fui en busca de su abrigo, tomé el sobre con el dinero dentro y lo puse dentro del pequeño bolso. Vi mis bragas en sus manos y pensé en tomarlas, pero se ven mucho más lindas ahí, así que las dejé.
Sentí un leve mareo, pero seguí mi camino, subí al ascensor y dejé un mensaje en el teléfono de Patrick para que pasara a recogerme. Definitivamente fue una excelente noche.