Balón de sangre
Capítulo 1 – Gol y pólvora
En Medellín vivía un joven llamado Andrés Beltrán Guerrero, apasionado por el fútbol.
Un día, al regresar de los entrenamientos, vio a su papá acorralado por unos delincuentes.
—¡Déjenlo en paz! —gritó Andrés, interponiéndose.
Los ladrones, al notar que en la esquina había unos policías, se fueron, pero antes lanzaron la amenaza:
—Si en una semana no nos paga la plata que nos debe… lo matamos.
El papá de Andrés, Carlos, más conocido como el Papá del Diez, era un hombre trabajador y honrado. Pero como en casa no alcanzaba para la comida, había pedido prestado dinero a los temidos gota a gota.
—No se preocupe, papá —le dijo Andrés—. Yo lo ayudo, busco un trabajo.
—No, mijo… —respondió Carlos, casi llorando—. Usted concéntrese en el fútbol.
Se abrazaron. Andrés le pidió que prometiera pagar, y Carlos, con la voz quebrada, aceptó.
Al llegar a casa, Andrés encontró a su mamá, Sonia Guerrero, llorando.
—¿Qué pasa, mamá? —preguntó.
—Nada, mijo… —intentó ocultar ella.
—Dígame la verdad.
Finalmente Sonia confesó:
—Estoy embarazada.
Andrés quedó impactado. En ese momento llegó Carlos; Sonia corrió a encerrarse en la habitación.
—¿Qué pasa? —preguntó Carlos.
—Mamá… está embarazada —respondió Andrés, respirando profundo.
Carlos salió de la casa, conmocionado. Más tarde, Sonia le confesó a Andrés sus preocupaciones:
—No estoy triste por el hijo que viene en camino… sino por la situación en que estamos. No alcanza la comida, tu papá trae poca plata, se la pasa tomando… y tú pegado al bendito fútbol. ¡Ya deberías haber terminado el colegio, Andrés, tienes diecinueve años!
Andrés, con lágrimas en los ojos, respondió:
—Yo puedo buscar un trabajo para ayudar, pero el fútbol… el fútbol no lo dejo.
Mientras tanto, Carlos pedía más dinero a los prestamistas. Le prestaron un millón, pero lo perdió todo en el casino. Los gota a gota, Cárdenas y Palacios, lo vieron y decidieron:
—Ese man ya se gastó todo.
—Ya toca matarlo. Le debe más de tres millones y lleva un año sin pagar.
Al día siguiente, Andrés se levantó temprano para ir a un partido.
—Póngase juicioso, papá —le dijo al salir—. Hable con mi mamá.
—Tranquilo, mijo. ¿A dónde va?
—A ganar un partido, como siempre.
Andrés llegó a la cancha. El árbitro pitó y las emociones comenzaron a rodar. Marcó un gol, luego otro.
Mientras tanto, Carlos intentaba arreglar las cosas con Sonia:
—Yo voy a hacer todo lo posible para que a ese bebé no le falte nada.
—Eso espero… —respondió Sonia.
Carlos salió rumbo a la cancha para ver a Andrés, pero en el camino se encontró con Cárdenas y Palacios.
—Cambio de planes, Carlos. Llevas un año sin pagar… y eso significa que te tienes que morir.
Carlos trató de correr, pero era demasiado tarde. Dos disparos retumbaron en la calle.
En el mismo instante en que Carlos caía muerto, Andrés celebraba su tercer gol.