No estoy solo

All Rights Reserved ©

Summary

La vida de Erick era un secreto oscuro, un silencio que pesaba en sus huesos. A sus 15 años, el mundo le había enseñado a esconderse tras una máscara de invisibilidad, mientras su padre, atormentado por sus demonios internos, le arrebataba cada rayo de esperanza con su alcohol y su ira. Los compañeros de clase le convertían en una sombra, un eco que nadie escuchaba, un fantasma que caminaba entre ellos sin ser visto ni sentido. Estaba solo en un vasto abismo, sin manos que le sostuvieran, sin voz que le defendiera. Hasta que un día, en la oscuridad más profunda, algo cambió. Un susurro en su interior le reveló un poder oculto, un don que podría abrirle puertas a un mundo desconocido, lleno de pesadillas y horrores que acechan en las sombras. Pero, ¿a qué precio? ¿Qué secretos oscuros se esconden tras esa habilidad que ahora despertaba en él?

Genre
Fantasy
Author
Jef
Status
Ongoing
Chapters
2
Rating
n/a
Age Rating
18+

"Pesadilla"

Lo primero que recuerdo fue estar en un estado de trance, completamente inmóvil. Mi visión tampoco servía, no podía ver nada; era como si estuviera con los ojos tapados con una venda oscura. La única sensación que sentía era frío y silencio, y sólo percibía el zumbido en mis oídos en medio de ese silencio absoluto. Además, noté que .e sentía liviano, sin peso ni presión alguna que me oprimiera, como si me hubiesen liberado de todo lo que me mantenía anclado. Como si me hubieran despojado de mi cuerpo, arrancado mis músculos, huesos, piel, de todo mi ser, dejando solo mi alma.

Al principio, me sentía asustado, y confundido, por cómo había llegado hasta aquí. Pero al transcurrir unos minutos, una cierta calma empezó a asentarse en mí. Poco a poco, recordé esa misma sensación: la oscuridad al igual que, una sensación de liberación. Había estado en ese estado antes, en sueños que ahora solo guardo como recuerdos difusos. Sin embargo, lo que experimenté en ese momento quedó grabado con nitidez en mi memoria; lo que sucede después, esa continuación que siempre se escapa, es la parte que nunca logro recordar del todo.

Pronto, una sensación de calidez empezó a envolverme. Era agradable, reconfortante, y sobre todo, me hacía sentir protegido. Era como ser un bebé en los brazos de mi madre, como si me abrazara y acogiera con ternura. Ese sentimiento me llenó de paz: sentía que nada podría dañarme, como si estuviera cubierto por un escudo invisible que me resguardaba por completo.

En ese momento, la necesidad de dormir me pesaba en el ser, y el sueño empezaba a apoderarse de mí. No había forma de luchar contra ello; lo único que podía hacer era dejarme llevar y entrar en ese estado de sueño.

*Destello*

“Ah, ¿qué es esta luz? Es tan molesta. Maldición, encima no puedo taparme” Me queje tras el repentino destello molesto.

Aquella pequeña luz molesta, que apareció de la nada, poco a poco sentía que con el paso de los segundos su aura empezó a crecer y su brillo a intensificarse, hasta cubrir por completo aquel vasto abismo oscuro. La luz absorbió la oscuridad y disipó la sombra del espacio, transformando todo en un blanco radiante. En ese instante, una gran presión comenzó a aplastarme, como si me empujaran desde abajo a gran velocidad, hasta el punto en que sentí que la fuerza me destrozaría.

“¡Mierda!, ¡¿que está esta presión?! Siento que podría destrozarme en cualquier momento…”

Es en esos segundos de agonía cuando todo se detiene, y mis ojos se abren como ventanas a la realidad.

— ¡Ahhhh! — Grité, eh intuitivamente mi cuerpo se movió, pero al hacerlo sentí como si me apretasen cada músculo— ¡Ahgg, carajo!, me duele todo…— Me quejé ante el repentino dolor muscular y peso al moverme. Volviendo a caer, sintiendo la suavidad de una cama a mi espalda. Es en eso cuando fijé la vista en la luz que brillaba frente a mí. Al principio, solo veía un destello cegador, pero pronto mi visión se acostumbró al resplandor y fue revelando su origen: un tubo de luz incrustado en el techo, que emitía un brillo frío y artificial. La escena era extraña, desconectada de todo lo que conocía— Este… no es el techo de mi habitación… — Susurré para mí, con la voz entrecortada por la confusión. Bajé la vista y me encontré con unas persianas de color verde opaco que me rodeaban, bloqueando cualquier rayo de luz natural, sumiendo el lugar en una penumbra inquietante.

Pero lo que más me sorprendió fue el lugar donde estaba acostado: una cama de hospital. Estaba cubierto con sábanas blancas arrugadas y un monitor que zumbaba suavemente a un lado. Mi mente trataba de procesar la escena, de entender cómo había llegado allí.

— ¿Qué es esto? — Me pregunté en voz alta, con la boca seca y el corazón acelerado. — ¿Qué hago en un hospital? — La sensación de desconcierto se intensificó. Sin embargo, la sorpresa no terminó allí; al apoyar mis ante brazos en mi cara note algo que me puso nerviso— ¿Por qué tengo los antebrazos vendados? Y mis manos… están desgastadas y maltratadas. ¿Qué fue lo que pasó? — Me pregunté, asustado y nervioso, ante aquella escena extraña y desconcertante.

Mis manos temblaban ligeramente mientras intentaba incorporarme, sintiendo el dolor punzante en cada movimiento. La habitación permanecía en silencio, salvo por el leve zumbido de los aparatos médicos y el ritmo irregular de mi respiración. La incertidumbre me apretaba el pecho, mezclada con un miedo que no lograba identificar todavía.

Y allí, en esa cama de hospital, con la luz fría y las persianas opacas, la atmósfera que parecía estar congelada en el pasado, con el corazón latiendo rápido y mis nervios apoderándose de mí, una ojeada a mi muñeca izquierda la cual estaba rodeada por una pulsera de papel, de esas que usan los pacientes para identificarse cuando están internados. Al fijarme en el nombre, una oleada de sorpresa me recorrió, acompañada de un pequeño escalofrío. La pulsera, de color azul marino, mostraba claramente el nombre de una chica: Miriam.

— ¿Qué? ¿Qué significa esto? — Me pregunté, desconcertado y nervioso ante todo lo que estaba ocurriendo. — Esto tiene que ser alguna clase de sueño, seguro... — Dije en voz alta, tratando de convencerme de la extraña situación.

Esa revelación me había dejado inquieto; la idea de despertar en otro cuerpo, en otro lugar, era demasiado para procesar. Sin embargo, la curiosidad por saber qué estaba pasando y por qué estaba allí con ese cuerpo me llevó a desprenderme de todo lo que tenía conectado y a levantarme, provocando que cada movimiento fuera un pinchado en cada fibra muscular. Luego, con lentitud y dolor corrí las cortinas.

Lo que se encontraba detrás no era más que una habitación blanca, con un armario de chapa frente a mí, hacia mi derecha, y una pequeña mesa de metal con herramientas médicas ordenadas meticulosamente. Pero lo que más llamó mi atención fue una puerta adornada con una ventana, justo frente a mí. Sin pensarlo, me lancé hacia ella con pie de plomo por los dolores.

Ya frente a la puerta, mis nervios me hacían temblar, y mi corazón latía con velocidad. No entendía cómo, pero sabía que lo que fuera que estuviera del otro lado sería la respuesta a ese extraño sueño. Así que, tomando un gran respiro y con las manos temblorosas, alcé mi brazo izquierdo y tomé el pestillo. Sin embargo, al bajar la mano, la puerta no se abrió.

— No me digas, está cerrada — Me dije con tono sarcástico, aunque no era algo que no esperaba Sin otra opción, me paré de puntillas sintiendo como un desgarro en mi talón. Ya con la vista en la ventana me fijé detenidamente el lugar, pero lo poco que logré ver me desconcertó. Tras la puerta, sólo había un pasillo oscuro, con unas luces que iluminaban tenuemente el lugar, dificultando la vista — (Suspiro) Es como si mi sueño no quisiera mostrarme mucho; me recuerda a los videojuegos: no podrás ver más allá de un nivel que no has desbloqueado. ¿Será esto lo mismo? — Me pregunté, intrigado por esa situación.

Sin poder hacer nada más, me volteo hacia la habitación, pero lo que mis ojos ven me deja perplejo y paralizado.

—¡¿Qué es esto?! — Grité, ante ese escenario aterrador. Frente a mí, una habitación completamente distinta, adornada con una silla reclinable de metal oxidado, con muñequeras de cuero colgando de sus lados. Frente a ella, una ventana con rejas de acero, a su derecha una mesa llena de herramientas y cerraduras, tanto manuales como eléctricas. Todas manchadas de un rojo intenso, parecía una silla de tortura. Pero lo que más me llamó la atención y me llenó de terror fueron los cinco cadáveres que yacían tirados en el suelo. Los cadáveres parecían ser médicos: todos vestían túnicas blancas, ahora manchadas con un rojo que se expandía como una ola sanguinaria en todo el piso.

—¿Qué es esto…? — susurré con un tono asustado y la voz temblorosa.

Los cinco yacían en el suelo, con heridas abiertas en las espaldas y brazos y expresiones de terror congeladas en sus rostros pálidos. La escena era grotesca, una mezcla de horror y desconcierto que me dejaba sin aliento.

—Este sueño se está saliendo de control… ¡Tengo que salir de aquí! — Pensé, volteando a la puerta que con desesperación intenté abrir, Pero estaba cerrada, pero fue allí cuando descubrí algo aún más perturbador. Mis manos estaban cubiertas por un rojo intenso, tibias al tacto, lo que significaba que había sido reciente. Al mirar hacia abajo, vi que mi túnica y mis pies también estaban manchados, igual que las paredes que me rodeaban .La sangre, fresca y pegajosa, cubría cada superficie a mi alcance.

—¡No! ¡No no no no no no no no! ¡¡¿Qué es esto?!! — Grité desesperado y asustado, arrodillándome en el suelo de baldosa, que estaba cubierta de esa sustancia roja y que, extrañamente, parecía tener una temperatura agradable. Mi cabeza era un carrusel de preguntas y traumas. No podía creer que mis manos estuvieran cubiertas de su sangre. El olor a hierro en el aire y la viscosidad de aquel líquido me regocijaba, a tal punto de darme náuseas y hacerme vomitar frente a mis rodillas.

—(Respirar agitado) No puede ser… —Me dije, asustado y en shock—No puedo creer lo que estoy viendo ¿Por qué pasó esto? ¿De verdad fui el causante? —Me pregunté, tratando de entender, aunque sin saber nada— Maldito sueño, ¿por qué me traes a esta habitación?---Dije con la voz temblorosa.

En ese instante, me encontraba en una habitación distinta, rodeado de cadáveres. El piso parecía una pequeña piscina de sangre, pegajosa y áspera, que se adhería a mis pies haciendo que la sensación fuera asquerosa. La humedad en las paredes impregnaba el ambiente con un olor a moho y sangre fresca, un aroma metálico al igual que nauseabundo que se impregnaba en mi piel y en mis fosas nasales. El silencio era absoluto, salvo por los susurros que parecían venir de todas partes, mezclados con un lamento distante y desgarrador que hacía que mi corazón latiera con más fuerza.

Hay un dicho que dice: “Cuando te creas solo, recuerda que no lo estás; siempre estarán contigo”. O tal vez solo estaba mezclando dos frases distintas. Lo importante es que, aunque parezca una expresión absurda y sin sentido, recuerda que siempre han existido mitos de espíritus y fantasmas: personas que fallecieron y cuyos almas aún permanecen en la tierra porque no han cumplido su misión. Tal vez uno de ellos sea un familiar o amigo, y aunque no los notes, siempre estarán a tu lado, observándote y acompañándote.

Pero las presencias que se ocultaban tras las sombras, entre las grietas de las baldosas, no eran seres de luz, ni mucho menos amigables. Un escalofrío recorrió mi espalda, y el frío parecía congelar mis huesos. La sensación de algo invisible tocándome la piel, rozándome sin dejar huella, aumentaba mi inquietud. Podía percibir su presencia en cada susurro, en cada sombra que se movía lentamente, como si me observaran desde las grietas y los rincones ocultos

Podía sentir sus lamentos, su furia y sus deseos de venganza. Eran invisibles, pero por alguna razón podía percibirlos: saber qué pensaban, qué querían. Y, extrañamente, eso me tranquilizo, no me sentía asustado ni vulnerable, como si supiera que esos seres no me harían daño; solo observaban y parecían celebrar esa escena.

Pero, antes de siquiera comprender qué eran, unos ruidos provenientes del exterior captaron mi atención. Parecía ser el sonido de zapatos golpeando rápidamente el suelo; al parecer, personas que estaban corriendo y que, por el aumento del ruido, se dirigían hacia aquí.

—¿Personas...? ¿Acaso vienen a ayudarme? —Me pregunté con un tono de esperanza tras tanta desgracia. Pero mi alegría duró poco, ya que, por alguna razón, una sensación de rabia y sed de sangre se apoderó de mí al oír los pasos acercándose— ¿Qué es esta sensación? Siento mucho enojo, y deseos de asesinar… —Me dije, apretándome el pecho con ambos brazos, ya que sentía que me explotaría por la opresión de mi ira.

Las personas estaban cada vez más cerca, y mi intención asesina solo aumentaba. No sabía qué hacer ni por qué sentía eso. El único deseo que tenía en ese momento era despertar, salir de ese hospital macabro. Era lo único que quería: poder abrir los ojos y estar en mi habitación, lejos de este lugar terrorífico.

Fue entonces cuando un sonido seco resonó frente a la puerta. La tensión era insoportable; la duda de si eran buenas o malas personas aún rondaba en mi mente, mientras esas emociones seguían sin desaparecer. La presión en mi pecho crecía, oprimíéndome cada vez más, y solo podía quedarme inmóvil, paralizado ante tanta impotencia. Esos pequeños segundos de silencio intenso fueron como una tortura para mi mente. Y fue justo en ese momento cuando escuché la llave girar en el cerrojo, y casi al mismo tiempo, el pestillo comenzó a moverse hacia abajo.

La puerta estaba a punto de abrirse por completo, a unos centímetros de ver quiénes estaban tras ella. Finalmente, podría saber si venían a ayudarme o si algo peor me esperaba, pero justo antes de poder ver sus rostros, sentí cómo todo el lugar empezó a girar, y todo se volvió borroso de repente hasta el punto de no distinguir nada a mi alrededor, solo los colores lograba percibir.

—¿Qué está… pasando? —Me pregunté, confundido y extrañado ante aquella situación. Pero antes de poder pensar en alguna otra cosa, sentí como si alguien me jalase hacia atrás con una fuerza descomunal, haciendo que abandonara aquella habitación, oscureciéndose todo a mi alrededor, hasta que perdí el control y desperté con la vista fija en un techo en completa oscuridad y el sonar de mi alarma— Este techo… Estoy en mi habitación— Dije confundido y alterado, sintiendo como el sudor recorría mi frente y cuello.

Aquel sueño, o mejor dicho, esa pesadilla, fue algo que definitivamente nunca querría volver a vivir. La sensación de impotencia todavía me perseguía mientras me sentaba lentamente, tratando de ordenar mis pensamientos y entender lo que había presenciado en esa pesadilla inquietante.

—Este sueño… fue tan real —Susurré en voz baja, con la voz temblando por la intensidad de las emociones— Sentí como si realmente estuviera en aquel hospital, cada sensación, cada suspiro, cada latido. La ira que me invadió, ardiente y cegadora, parecía tan auténtica que podía sentirla en lo más profundo de mi ser.

Intenté recordar cada detalle, cada pequeño matiz, pero era como tratar de atrapar el humo con las manos: cuanto más me esforzaba, más se escapaba. Sabía que intentar entenderlo solo me traería dolor de cabeza, porque aquello que viví en mis sueños parecía tan lejos de la realidad que parecía tan incomprensible, un enigma que quizás nunca podría resolver.

Pero pensar en todo esos detalles y dudas solo me estaba haciendo perder el tiempo, el reloj marcaba la hora para aprontarme para el colegio. Así que sin más retrasos me levanté y fui a darme una ducha rápida para liberarme de ese sudor pegajoso y olvidarme de cierta forma ese sueño.