El Edificio

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Summary

“El silencio no es lo más aterrador de este lugar…” El Edificio es un thriller psicológico que te atrapa desde la primera página. Un edificio sin salida, cartas anónimas a las 3:00 a.m. y cuatro inquilinos enfrentando sus peores miedos. No es una historia de fantasmas, es un espejo que muestra lo que nadie quiere ver.

Genre
Mystery
Author
GOMMI'S
Status
Ongoing
Chapters
5
Rating
n/a
Age Rating
16+

Ana (Primer piso)

Ana (Primer piso)

“A veces, los únicos que te escuchan son los muros... y ni siquiera te contestan.”

El gato se llamaba Truman. Como el del show, decía ella, aunque nadie entendía la referencia. Un gato perezoso, gordo, y tan silencioso como las visitas que ya no venían. Ana lo miró dormir sobre el televisor apagado, como si supiera que nadie iba a encenderlo jamás.

Eran las 3:12 de la madrugada , otra vez. Siempre a esa hora el reloj de cocina, con sus manecillas desfasadas y un segundero torpe, parecía tener un pacto con el insomnio. Ana no dormía bien desde hacía tres inviernos, cuando el mundo le había quitado a Ernesto y le había dejado a cambio una pensión de mierda y silencio en estéreo.

Pero esa noche, algo era distinto.

Las paredes del apartamento vibraban apenas. Un murmullo, como si la vida en los pisos de arriba respirara más fuerte de lo normal. Escuchó risas, una voz gruesa, masculina. Luego otra, más aguda, que no pudo ubicar. Se arrastró con cautela hacia la pared contigua, la que separaba su cocina del pasillo de entrada. Apoyó el oído.

Silencio.

“Estoy loca”, pensó. Otra vez esa frase con sabor a pastilla de 2 miligramos.

Se levantó con parsimonia, se envolvió con la bata color vino que olía a alcanfor, y caminó hasta la puerta. No para salir, claro. Ana ya no salía. Solo se asomaba por la mirilla, como una vieja espía que ya no tiene secretos.

Lo vio.

Un sobre. Blanco. Sin remitente. Sin nombre.

Lo levantó con manos temblorosas, como si estuviera tocando un pájaro muerto. Lo abrió ahí mismo, bajo el zumbido amarillento del bombillo del pasillo. Una sola hoja doblada en dos.

Letra de imprenta, recortada de revistas: “AQUÍ NADIE ESTÁ SOLO. SOLO CREEN QUE LO ESTÁN.”

Ana cerró la puerta sin hacer ruido. Caminó hasta la mesa. Se sentó. El gato la miraba ahora, con esos ojos de farol gastado.

—¿Fuiste tú? —susurró.

Truman parpadeó con lentitud, como burlándose.

Guardó la carta en una caja de galletas vacía, debajo de los manteles bordados que nadie usaba. Encendió un cigarro, aunque no fumaba. Se lo dejó encendido en la mano, viendo cómo el humo se trepaba por el aire como si quisiera salir volando por la ventana cerrada.

A las 3:33 escuchó pasos en la escalera, lentos, pesados. Nadie llamó a la puerta, solo siguieron subiendo.

Y ella, por primera vez en mucho tiempo, tuvo miedo de quedarse sola… o de no estarlo en absoluto.