Capítulo único
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Nota: Aquí estoy en el día 29, que es tipo misterio detectivesco. Si te gustó no olvides dejar un comentario y voto.
Bill estaba viendo el mural que había armado, todos las pistas que tenía del asesino serial, que se había vuelto su obsesión en este año.
Bill Kaulitz era uno de los más aclamados detectives privados, que lo habían contactado porque ni siquiera la policía había podido dar con el asesino serial sumamente escurridizo que había matado en varias partes del mundo.
Bill sabía que era el mismo, tenía el mismo modus operandi, aunque le pusieran diferentes apodos dependiendo del país, porque en sí mataba a sus víctimas, pero sin dejar su ADN en ellos, ni huellas ni nada. Los había matado asfixiándolos, aunque en algunos casos sí cortándoles la garganta o apuñalándolos, y según los exámenes a los cuerpos, también estaban drogados al momento de morir, la misma droga que usaban los violadores, pero no, el asesino no los abusaba de ellos, de hecho, este asesino era peculiar.
El asesino mataba sí, era una persona que debía tener el físico para poder movilizar cuerpos, un conocimiento de cómo hacer cortes certeros, aunque no se viera sadismo la misma agresividad que otros asesinos, sólo… Los mutilaba, les quitaba las mejillas.
Bill sabía que muchos asesinos se llevaban partes de su víctima como un trofeo, pero este no se llevaba prendas, ni otra parte, sólo las mejillas, porque sí, de hecho en ocasiones cercenaba otras partes del cuerpo, sin embargo, Bill se había percatado que era para despistar, porque el corte limpio y cuidadoso que hacía era en las mejillas, que se le asemejaba bastante al que hacía un carnicero. Muchos creían que tenía un imitador, ya que en sí llevaba años haciéndolo, y en diferentes ciudades y países, pero no, era el mismo.
Una de las familias de las víctimas, en específico de Roger Kleiner, es quienes eran adinerados, y decidieron contactar a Bill, porque cuando vieron cómo encontraron el cuerpo de su hijo, es que no pudieron quedarse de brazos cruzados, con la policía sin hallar al culpable.
Bill había estado tan cerca de atraparlo, al encontrar un patrón en su forma de movilizarse, pero terminaba llegando cuando ya era demasiado tarde.
Pero durante su investigación, es que lo notó, al conseguir las cámaras donde pudo ver parte de la silueta del culpable, no su rostro, era tan increíble el cuidado que tenía este maniático, porque sabía cómo moverse al saber dónde estaba cada cámara, para no ser captado, sin embargo, tuvo la vista de sus piernas enfundadas en sus pantalones anchos, lo cual hizo que tragara saliva, ya que tenía todo el sentido del mundo…
Bill tenía una idea, una maravillosa idea al haberse percatado de los rostros de las víctimas… Sabía que el asesino no elegía a cualquiera, tenían que ser hombres sin barba, que cuidaran mucho su rostro, ya fuera intencional o solamente genética, pero lo había confirmado por fotos y porque se coló en una morgue para tocar el rostro de uno de los cadáveres. Así que por ello es que Bill iba a darle un cebo…
Había contratado a Cristoph, un muchacho que era unos años menor que Bill, al cual antes de ofrecerlo como cebo, en la discoteca a la cual iría su asesino a buscar su próxima víctima, es que Bill rasuró al joven, y estuvo hidratándole la piel con cremas, y haciendo que Cris también bebiera más agua, todo hasta conseguir la textura perfecta, los Kleiner no tuvieron problema alguno en subvencionarle el adicional para pagarle a Cris, todo con tal de que dieran con el asesino, y a Bill le interesaba ahora más que nunca encontrarlo.
Cuando Cris estuvo listo, es que Bill hizo que fuera a la discoteca, sin decirle que iba a ser cebo para ser asesinado, simplemente que quería captar a un hombre infiel, y que por ello se había preparado, porque le gustaban jóvenes de su clase, con la piel muy suave.
Bill no fue a la discoteca para ver si su cebo era captado por el asesino, no era necesario de hecho, porque le dio unos lentes Ray Ban Wayfarer, que venían con cámaras incluidas, por lo mismo es que Bill estaba viendo todo lo que observaba Cris, mediante una transmisión en vivo, en su propia ubicación, que era cerca al área de los hoteles y moteles, porque alguno de ellos tendría que ser el cual elegiría el asesino, por ello es que sabía que iba a ir a aquella discoteca.
Bill con sus audífonos inalámbricos, estaba escuchando todo, en lo que veía la pantalla de su celular, cuando notó cómo es que se acercó alguien a Cris, quien le sonrió y el detective de cabello negro es que supo que era el asesino, cuando justificándose por la bulla, se acercó a susurrarle al oído, y claro, sí había bulla, pero aquello era para sentir la textura de su mejilla contra la suya.
El asesino estaba coqueteándole a Cris, quien de hecho sonaba algo más nervioso en interacción con el asesino, porque el asesino era bello, sonreía de medio lado, achinaba sus ojos, tenía picardía en su faz, en lo que le ofrecía un trago, definitivamente era seductor, un psicópata plenamente funcional, tan encantador que nadie sospecharía que era el perpetrador de los asesinatos, pero Bill lo sabía, era él.
Cris era tan evidente, ni siquiera buscaba disimular el que intentara ver el trasero del asesino, pero no era visible con esas prendas, que cuando el asesino, que tenía trenzas, le extendió una bebida, Cris tomó sin rechistar.
Definitivamente el asesino pasaba desapercibido con su encanto y belleza, porque Cris no sabía que la bebida que tomaba estaba adulterada. En realidad, Bill no podría juzgarlo, era fácil que uno nublara su juicio por alguien así, que tenía guantes de cuero, por lo mismo es que ningún roce que le hacía en el brazo le dejaba huella alguna.
El asesino le pidió a Cris que fueran a un lugar más privado, en un tono de voz, y con esos ojos mirándole con fijeza, que pues Bill comprendía del todo cómo el asesino los tenía muy obedientes, siguiéndolo sin titubear.
Estaban caminando en dirección al hotel, y Bill se fijó cuál era la opción que tomaría, notando cómo es que el asesino sacaba su billetera, donde no traía identificación pero sí dinero en efectivo, y que con ello, Cris tuvo que ser quien dejaba su identificación, y Bill se reía ante lo fácil que engañaba a cualquiera. Apenas les dieron la llave, y se metieron al ascensor, es que Bill entró al lugar, pidiendo una habitación en el piso de abajo, y después subió por las escaleras, como usó una placa falsa de policía, que no tenía su foto ni nada, no le pidieron una identificación, porque Bill no quería dejar registro de su estancia allí.
Cuando Bill llegó al piso, es que se acercó a la puerta 483, que era la del asesino y Cris, tomándose unos momentos más antes de entrar, para darles “más tiempo”, ya que en sí, sabía que todavía se tomaría el tiempo de cortarle las mejillas por lo que demoraría más, porque… Bill quería entrar cuando ya el asesino lo hubiera matado, pero no tan tarde para que escapara.
Sí, sabía que había usado a Cris para que fuera un cebo que sería tal cual un cerdo para el matadero, pero necesitaba encontrar al asesino.
Cuando sintió que había pasado tiempo suficiente, es que Bill forzó la cerradura, con las técnicas que él mismo sabía, e ingresó a la habitación, fijándose que Cris estaba en la cama con una almohada encima de su rostro, claro, por la asfixia, no se movía debajo, pero… ¿Dónde estaba el asesino? Estaban en el cuarto piso, no habría podido escapar, ¿o sí?
Bill se tensó… ¿Tal vez el asesino lo habría notado…? ¿Pero no dejaría a su víctima como si nada, verdad? Le quitó la almohada, Cris aún tenía las mejillas. No podía ser posible.
—¿Por qué tardaste tanto en venir, eh? —cuestionó el asesino mostrando que estaba debajo de la cama, con una sonrisa.
Bill se paralizó, al notar cómo es que el asesino salía de debajo de la cama, con la misma sonrisa.
—¿Cómo sabías que estaba siguiéndote? —inquirió Bill.
El asesino se carcajeó. —¿En serio crees que no sé cuando jugamos a las escondidas, detective Kaulitz? ¿No vamos a darnos un abrazo por este emotivo reencuentro? —preguntó el asesino, riéndose con más ganas.
En lo que Bill se fijó que Cris miró en su dirección y el detective empalideció.
—¿En serio ahora se te ocurre no matarlo? —preguntó Bill, frunciendo el ceño enojado.
—Es que les pongo una dosis alta pero no tan alta para que no maltrate la carne, Bill —respondió el asesino, alzándose de hombros.
Bill bufó, porque ahora Cris podría incriminarlo, y sujetó la almohada para ponérsela encima, teniéndolo él mismo guantes, en lo que el cebo no podía moverse, hasta que pasó el tiempo prudencial, para que Bill le tomara el pulso, no lo tenía ni débil, así que ya había muerto.
El asesino aplaudió ante ello. —Felicidades, detective, ahora sí eres un cómplice, pero también tienes guantes, así que no dejarás rastro —halagó el asesino, en lo que sacaba un bisturí de su estuche, junto con una bolsa ziploc, cortándole la carne de las mejillas con precisión quirúrgica, para meter los trozos en la bolsa y cerrarla, para guardarla en su bolsillo.
El asesino procedió a sacar una navaja para hacerle algunos cortes sin sentido, y después miró a Bill.
—¿Entonces me acompañas? —inquirió el asesino, relamiéndose los labios.
—Sí, tenemos que hacer un digno reencuentro, ¿no, Tom? —interrogó Bill, y el de trenzas asintió sonriendo.
En lo que salían de la habitación, pero por separado, Bill devolviendo la llave, y Tom igualmente la suya, encontrándose al salir, con Bill guiándolo hacia su coche, el cual había alquilado porque no estaban en Austria .
—Será mejor que yo conduzca —advirtió Tom, y Bill le dio las llaves, era cierto, no sabía dónde se escondía el asesino.
—¿Cómo supiste que estaba detrás de ti? —repitió Bill la pregunta, en lo que el de trenzas conducía.
—Porque tu cebo era muy parecido a ti, más que los otros, así que definitivamente tenía que ser mandado por ti, ya que, ¿quién más sería así de autoreferente? —musitó Tom, en lo que seguía manejando, y Bill sonrió.
—Bueno… Tienes un buen punto —comentó Bill—. ¿Y por qué no los matas en donde te escondes? —terminó por preguntar el de cabello corto, arqueando una ceja al verlo.
—Es porque mamá recitaba la frase “La casa es un santuario, no un mercado”, así no sea mi casa, porque siempre voy a varios sitios, es donde considero mi hogar temporal —explicó Tom.
—Tiene sentido, ella siempre lo decía, ¿y cómo está mamá ahora? —preguntó Bill, sintiendo genuina curiosidad.
—Muerta desde hace años —respondió Tom con simpleza.
Bill parpadeó sorprendido. —¿Mataste a mamá, Tom?
—Sí, fue mi primera víctima, sus mejillas eran deliciosas, Bill, debiste haberlas probado, pero es que… Fue tan perra, la mordí sin querer, se enojó, empezó a reclamarme todo lo que pasó, insultándome, y yo… Bueno, quería que se callara, por eso la acuchillé hasta que no podía hacer más bulla porque tenía la garganta gorgoteando de sangre… Después le quité las mejillas y las cociné en mantequilla. Luego de ello es que huí, aunque sí tuve que cercenar todo su cuerpo para enterrarla en diversos puntos del patio. Pero ni entendes recriminarme nada, Bill, tú me dejaste —acusó Tom, en lo que llegaban a la cabaña que había alquilado Tom a las afueras.
Bill lo miró incrédulo en lo que bajaban del auto en dirección a la cabaña.
—Tom… ¡Yo no tuve decisión sobre ello! ¡Mira lo que me hiciste a los siete años! —arguyó Bill, en lo que sacaba su pañuelo para limpiarse la base de maquillaje del rostro, mostrando la enorme cicatriz de la mordida que le había hecho su hermano, y Tom se rió.
—Fue una forma de dejarte huella —comentó Tom, sonriendo de medio lado.
—Por es que papá se separó de mamá, y nos mudamos a otro distrito, no porque yo quisiera alejarme de ti —farfulló Bill a su hermano.
Claro que Tom lo recordaba como si hubiera sido ayer, cómo es que cuando Bill gritó por la mordida, es que Simone y Jörg fueron a la habitación de los gemelos, y aquello provocó la separación de sus padres, donde lo culparon a Tom, porque ya mostraba comportamientos de querer lastimar a sus compañeros desde kínder, y ahora había lastimado a su propio hermano.
Jörg detestaba el monstruo que era Tom, y Simone, si bien tenía un poco de miedo por Bill, es que decidió defender a Tom.
Jörg se llevó a Bill, y Simone se quedó con Tom, incluso si con ello se sintiera frustrada porque amaba a Jörg, pero era consciente de que habían peleado varias veces por su hijo mayor. Por lo mismo es que Bill no resentía tanto la muerte de su madre, porque su padre había hecho que cortara toda comunicación con su hermano y madre.
Tom en su presente es que pasó con Bill, en lo que empezó a cocinar las mejillas de su víctima, en lo que hacía guarnición de verduras salteadas en mantequilla, con su hermano observándolo atento, disfrutando en realidad el olor de la comida, incluso aunque se sintiera un poco enfermo al saber qué era la carne cocinada, trataba de pensar que sólo se le abría el apetito porque no había cenado, y por las verduras, no la carne.
Cuando Tom terminó de cocinar, sirvió una mejilla en cada plato, en lo que ponía guarnición de verduras también, ubicando los platos en la mesa, en lo que abría un vino tinto como acompañamiento.
—Bueno, hay que tomar un brindis por este reencuentro de hermanos —ofreció Tom, en lo que alzaba su copa, y Bill hizo lo mismo con la suya, para después ambos tomar un sorbo—. Adelante, come, te va a gustar.
—Sí es que se ve fantástico, sólo que no creo comerme la carne —declinó Bill a la oferta, en lo que comía las verduras, confirmando que, en efecto, estaban deliciosas.
Tom rió, en lo que cortaba con tenedor y cuchillo su mejilla, para comer un poco, junto con verduras.
—La verdad del asunto es que es como comer cerdo, elijo una piel tierna, tersa, porque intenté comer otras partes pero no, simplemente las mejillas son mi perdición… Si piensas que es cerdo, puedes disfrutarlo sin problemas —arguyó Tom, mirando a su gemelo.
—Es que… No sé si me guste comer carne humana, Tom —acotó Bill.
—Pues es chistoso que lo digas, ¿no lo crees? Porque nuestros padres hicieron un escándalo por la mordida de tu mejilla, que en realidad quedó bien la forma en la cual te cosieron, te da personalidad —bromeó Tom—, pero no hablan de las cicatrices que me dejaste, porque la diferencia entre tú y yo, era que tú eras más disimulado, en la escuela no dejabas salir ese lado, y me mordías en zonas que nadie pudiera ver —terminó por decir el de trenzas, y Bill se relamió los labios.
—Touché—cedió Bill, porque sabía que le había mordido las nalgas a Tom, quizá no al nivel de necesitar puntos, pero si dejándole marcas.
Así que por ello es que Bill empezó a comer la carne, entendiendo que había un símil entre morder carne, saboreando la sangre y… Comerla cocida, sazonada, donde la deglutiría, es decir, eran gemelos al fin y al cabo, así que no podía mentirse más.
—Sí, tienes razón, sabe a cerdo —farfulló Bill, después de haber masticado y tragado, en lo que apuraba un poco más del vino en su garganta.
—Te lo dije —masculló Tom, en lo que comía.
Cuando terminaron la cena, es que Bill se puso de pie pero tuvo que aferrarse a la pared, porque se sentía mareado, y miró a Tom.
—Mierda… ¿Me drogaste en serio? ¿Quieres comerme? —preguntó Bill mirando a su gemelo, y él rió.
—No, no quiero matarte y comerte… Sólo quiero asegurarme de que no me dejes esta vez, Bill, donde podamos recordar viejos tiempos, como nuestro anterior reencuentro —mencionó Tom, mordiéndose el labio inferior, en lo que tomaba a su gemelo por la cintura, arrastrándolo hacia su habitación.
—Yo no planeaba irme, Tom, carajo, podías simplemente haberlo dicho en vez de drogarme —se quejó Bill, sintiendo la lengua pesada, en lo que su gemelo lo echaba en su cama, y se situaba a su costado, acariciándole la mejilla.
—Te drogué en menor cantidad a lo que hice con mis víctimas, por eso es que puedes hablar —se defendió Tom—. Sólo que sí me sentí muy mal cuando me abandonaste por segunda vez.
Bill lo sabía, cómo es que él no había podido olvidar a su gemelo, ya que en sí las mordidas habían sido aprendidas por imitación, porque sus padres tenían sexo con la puerta semi abierta, y ellos cuando fueron a mirar a los siete años, es que notaron cómo es que su padre le mordía las nalgas a su madre, antes de follársela.
Por ello es que Bill había hecho lo mismo a los siete años, o bueno, lo que podían hacer sin tener sexo como tal, besándose como sus padres, y luego mordiendo a Tom en el trasero, espalda o pecho, y luego frotarse uno contra el otro, donde Tom en aquel punto fuerte de placer inocente, es que terminaba por morder a Bill en las mejillas.
Así es cómo Tom supo que disfrutaba de la sangre y la suavidad de aquella zona, Bill era quien era más sádico, porque no lo hacía sólo en una parte sino en varias, pero a Tom le gustaba ese dolor… Pero también la suavidad y tersura de las mejillas de su gemelo, cómo es que lo había asociado a algo que le diera un placer enfermizo, por lo mismo es que cuando su madre lo abrazó, y él sintió la tersura de su mejilla, incluso aunque fuera mayor, es que la mordió, anhelando el sentir la mejilla de Bill, y pues… Terminó mal, pero lidió con su frustración asesinando a personas que tuvieran mejillas suaves como las de su gemelo, comiéndoselas.
Pero a Bill lo vio nuevamente cuando tenían dieciséis años, porque Bill estaba obsesionado con Tom, entonces cuando lo encontró, es que Tom se sintió muy feliz de ver su gemelo, llevándoselo a su casa, en lo que su madre no regresaría hasta la noche… De esa forma es que Bill y Tom perdieron la virginidad juntos, tuvieron sexo tal cual lo habían hecho sus padres, con Tom siendo penetrado por Bill, quien le había mordisqueado todo el cuerpo con ganas, lamiéndolo y chupando su sangre, en lo que Tom lloraba de placer, disfrutando la violencia de Bill, de cómo lo hería, comiéndoselo de algún modo, y mordiéndole la mejilla, haciéndole sangrar en la cicatriz al llegar al orgasmo…
Después de ello es que Bill sabía que debía irse antes de que su madre regresara, Tom se vistió, sin preocuparse por la sangre y mordida que le había dejado Bill encima, en lo que lo alentaba a que se fuera, que podrían verse después a escondidas nuevamente.
Sin embargo, Simone entró cuando Bill estaba allí con otra herida en la mejilla, no tan grotesca como la que tenía de niño, pero igualmente era reciente, en lo que Tom salía de detrás suyo.
—Tom, ¿qué hace tu hermano aquí? —preguntó Simone enojada.
—Él vino a visitarte pero… No estabas, por eso se iba, aunque ya te está viendo, tratándolo mal —respondió Tom.
—Lo volviste a morder, como si no fuera suficiente con la orden de alejamiento que puso tu padre —acusó Simone, en lo que sujetaba el teléfono—. Jörg, ¿no que Tom era mi hijo solamente por estar retorcido? Pues, ¿adivina quién está aquí? Tu hijo Bill, quien vino a buscar a Tom, y otra vez está mordido, así que no quiero lidiar con la próxima denuncia que ibas a realizarle a Tom porque Bill es quien vino aquí para ser mordido —terminó por decir la mayor, juzgando a sus hijos al verlos.
Simone no quería ni hablarle a Bill, porque en sí el que su hijo estuviera aquí con la orden de alejamiento era ilegal.
Bill se sintió frustrado y en silencio, en lo que vino su padre a recogerlo, jalándolo a su auto.
—Carajo, Bill, no tienes ni una pizca de autopreservación, ¿cómo se te ocurre buscar a ese engendro? ¿No te das cuenta que tu hermano es el demonio encarnado? —increpó Jörg con el rostro rojo por el enojo.—Si tú no sabes alejarte, tendré que hacer que lo hagas a la fuerza.
Con ello es que Jörg se llevó a Bill al extranjero, dejando Alemania para irse a Austria, y así sin poder volver a saber de su gemelo, viviendo con el recuerdo de su cuerpo, de su cuerpo caliente alrededor de su polla, de cómo disfrutó el ver cómo Tom había quedado después de que tuvieron sexo, mordido, con manchas de sangre, la misma sangre que escurría de su trasero mezclado con su semen, en lo que sonreía, Tom era hermoso, en aquel momento usaba unas rastas rubias, y tenía un piercing en el labio, y pues recordando aquello es que Bill se masturbaba muchas noches, acostándose con personas pero sin conseguir el placer que tenía con Tom, volviéndose un detective para encontrar a su gemelo en algún punto de su vida.
Por ello es que cuando le dieron aquel caso, pensó en Tom, pero no estaba seguro de ello, hasta que vio las piernas con ropa ancha y lo supo, era su gemelo, sólo que ahora tenía el cabello negro y trenzas.
Por ello es que Tom había sentido un doble abandono de parte de Bill, y para asegurarse lo había drogado, aunque no demasiado porque no quería matarlo, no a Bill, a él lo amaba, y disfrutaba de tenerlo vivo, sólo mordiéndolo o chupar su sangre, no comérselo, Bill le era útil vivo, y quería sentir su violencia sobre él nuevamente, que se lo follara como nadie había podido hacérselo, porque sí tuvo sexo con personas a las cuales no mataba, ya que no podía dejar rastro de ADN sobre cadáveres, pero no era lo mismo, por más que habían algunos que se lo cogían duro, no eran Bill.
Así que por ello es que Tom no lo había drogado tanto, en lo que seguía acariciándolo por su cicatriz, para luego sujetarlo por la quijada, y besarlo, con Bill correspondiéndole, sintiendo sus lenguas moverse una contra la otra, la pesadez de la lengua de Bill había desaparecido, si bien no podía mover su cuerpo, al menos sí podía sentir y mover su lengua, por lo mismo es que estaba penetrándole la boca a Tom, quien se situó encima suyo, frotando su entrepierna contra la suya, en lo que seguían batallando sus lenguas en sus cavidades, con el anhelo contenido de años, en lo que sus labios se cepillaban uno contra el otro…
Bill había extrañado tanto a Tom, quería tocarlo, morderlo y mancillar su cuerpo pero estaba limitado por los efectos de la droga en su organismo, aunque sí sentía la dureza de Tom dentro de sus pantalones, haciendo crecer su propia virilidad, porque era olerlo, sentirlo, incluso aunque fuera un asesino serial, a Bill no le interesaba… Era su gemelo, al cual había amado desde siempre, y también él mismo era cómplice de asesinato, que no le costó hacerlo, así fuera la primera vez que lo hacía.
Tom le mordió el labio inferior, viéndole tan hermoso con sus pestañas largas que hizo que Bill jadeara por ello, su gemelo había sido siempre el que hiciera que Bill perdiera la cabeza.
Tom se empezó a desvestir encima del regazo de Bill, sin dejar de empujar su trasero contra el de su gemelo, en lo que Bill gozaba con la visión del cuerpo desnudo de su hermano, cómo es que tenía la musculatura trabajada, sí, la que él había supuesto que tendría el asesino para poder cargar los cuerpos, en lo que Tom terminaba de quitarse los pantalones, sonriendo con picardía, en lo que le sacaba los zapatos, pantalones y bóxers a Bill, observando la erección del detective, para después sujetarla contra su palma, sintiéndola pesada contra su mano, haciendo que tararease de gusto, porque había una diferencia entre el pene de Bill de adolescente de dieciséis años, al adulto que era ahora, por lo que Tom dejó un lengüetazo sobre la franja de la dureza de Bill, quien siseó por ello, para que luego el de trenzas comenzaba a chuparlo, saboreando el sabor de su gemelo, sí… Pero era con otras intenciones, porque no tenía lubricante y necesitaba que resbalara de algún modo la polla de Bill dentro suyo, por ello estaba apretando sus labios alrededor de la erección de Bill, con la lengua serperteando, en lo que generaba más saliva, buscando dejarlo bien empapado.
Cuando Tom se separó, dejándole una lamida en la punta, es que escupió en sus dedos, y comenzó a penetrarse a sí mismo, haciendo movimientos circulares, no sólo un poco de preparación, no demasiada, porque quería sentir que Bill lo rompía, por lo mismo es que sólo intentó con dos dedos, en lo que su propia polla rebotó contra su vientre bajo por el deseo.
Después de ello es que Tom sujetó la hombría de Bill, comenzando a empalarse a sí mismo, con su gemelo boqueando al sentir la estrechez de Tom apretarlo de forma asfixiantemente deliciosa.
Tom estaba sonriendo en lo que empezaba a dar botes sobre la erección de Bill, sintiendo cómo es que con los movimientos que él mismo hacía, daba con su próstata, y Bill estaba mordiéndose el labio inferior, porque Bill quería morderlo, lamerlo, lastimarlo hasta dejarle marcas en su cuerpo de lo intenso… Pero aquí sólo podía observar y sentir, pero no actuar, así que era algo limitante.
Tom se arqueó sobre Bill, en lo que tocaba su propio miembro, acariciándose la punta, en lo que movía sus caderas, y Bill sintió un cosquilleo en sus manos, por lo que empezó a mover sus dedos de forma inconsciente…
Empezó a moverse, así que el efecto había pasado, y, lo primero que hizo, fue sujetar a Tom por las nalgas, aferrándose con sus uñas cortas sobre la carne de su gemelo, y haciendo que diera botes violentos sobre él, en lo que Tom se dejaba hacer, incluso aunque de esa forma le diera más rápido y duro, Tom lo adoraba…
—¡Sí… Síi… Mi Bill! —jadeó Tom, en lo que Bill intercambiaba las posiciones, haciendo que Tom quedara bajo suyo, aún con Bill penetrándolo, pero el gemelo más alto lanzándose a su cuello para morderlo con fuerza, hasta saborear la sangre del de trenzas, el sabor a óxido entre sus labios.
Tom siguió gimiendo, en lo que Bill soltaba su cuello, lamiendo su sangre, para seguir dándole estocadas raudas y violentas en su interior, en lo que con mano abierta, sujetaba su trasero, apretándolo hasta dejarle marca por la fuerza ejercida, con Tom jadeando, en lo que sentía cómo Bill era tan tosco… Le estaba dando lo que buscó en otros… Porque era él, quien luego lo tomó por la cintura, enterrándole las uñas, en lo que mordía su pecho, con Tom quebrándose debajo suyo, aún Bill metiéndosela con fuerza.
Cuando Bill dejó de morderle con saña el pecho, es que lo besó en los labios, separándose por aire, al momento de que Tom lo volvió a morder pero en la otra mejilla… Sacándole sangre, aunque no abriéndole la carne con mucha profundidad, pero lo hizo porque se corrió entre sus cuerpos, haciendo que Bill se viniera en su interior, y luego saliera, observando la sangre y semen salir de su canal, con Tom sumamente feliz, aunque en esta ocasión no había podido morderle del todo como la primera vez.
Bill se ubicó al costado de Tom, ambos besándose con lentitud, en lo que se abrazaban en la cama, con Bill fijándose en las cicatrices de Tom… Cómo es que lucían pese a los años, pasando su dedos por las nalgas de su gemelo, que ahora dormía contra su cuello.
—Debo renovar esas marcas… —habló Bill para sí mismo, sonriendo de medio lado.
No importaba lo que pasara de ahora en adelante, no dejaría a Tom, nunca más lo abandonaría, podría fingir su muerte para no lidiar con los Kleiner, ya luego lo resolverían juntos, pero no se separarían nunca más.
Tom en realidad era muy cuidadoso, porque sabía que alguien lo vigilaba, cuando notó que era Bill, que ahora era un detective privado, es que él mismo “se dejó” encontrar, mostrando una parte de sus piernas para que su gemelo viera que seguía usando ropas anchas como cuando era un adolescente. Tom quería que Bill lo encontrara, por ello le dijo que por qué tardó tanto, no por esa oportunidad en particular, sino en general… ¿Por qué demoró tanto en hallarlo?
Así que serían felices juntos como unos esposos asesinos caníbales, aunque no pudieran casarse legalmente al ser gemelos, pero mamá ya había muerto y su padre estaba muy lejos de aquí…