Tu misterioso Alguien

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Summary

Era una cena familiar. De esas comunes, donde la charla termina enseguida, y todos se ponen con los teléfonos. De esas a las que nos sometemos una o dos veces al mesa para zafar una cena y que nuestros padres se sientan queridos. De esas que no se distinguen de las demás.... hasta que llegó él.

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1
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n/a
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13+

Aguafuerte "Tu misterioso alguien"

Una o dos veces al mes, mis hermanos y yo nos juntamos a comer de mis padres. Somos tres, mi hermana mayor, mi hermano mayor y yo.

Ellos están casados y con hijos ya, y los tres hace mucho que estamos independizados.

Nos juntamos a comer todos juntos todos los domingos al mediodía, pero dos o tres veces al mes cenamos sólo nuestros padres y nosotros. Era algo que empezaron a hacer mis abuelos al parecer, y a mis papás les gustó tanto que siguieron la tradición.

Mis abuelos se murieron mucho antes de que yo llegara al mundo, así que no estoy seguro la tradición que cuál familia seguimos.

Creo que puedo hablar en su nombre si digo que mis hermanos y yo amamos a nuestros padres con el alma. Que daríamos todo por ellos.

Pero son gente que prioriza mucho la seguridad y la comodidad. Y nosotros tres salimos todo lo contrario. Exitosos, pero... una youtuber, un programador, y un escritor.... no son precisamente carreras tan sólidas como les hubiese gustado. Sobre todo a mamá.

El resultado de su seguridad es que se mantuvieron firmes por años y años, económica, y socialmente. Pero son... tan aburridos. Tienen una rutina tan fuerte que si se atrasan diez minutos en algún pubtoz en seguida se llama a las autoridades, (por eso nos enteramos que a papá se le fundió el auto una vez, de hecho).

Encima tienen una férrea regla de no meterse en asuntos ajenos si no es que te piden ayuda. Y si te piden ayuda, NUNCA reverlarselo a nadie más. Así que si. Pareciera que su vida es uno de esos programas de tele de cuabdo éramos chicos, que pasan algunos capítulos y después vuelve a empezar.

Los rumores más picantes que nos daban era que los vecinos habían pñantado gladiolos en lugar de calas, o cómo le estaba yendo a los árboles frutales del fondo del patio, o alguna gracia nueva que haya aprendido el perro. Sin el ruido y las ocurrencias de mis sobrinos, estas cenas de varias horas se hacían.... difíciles de anticipar.

El único indicio que tenía de que algo iba a ser distinto esta noche, fue un único mensaje de mi hermana al grupo familiar. "¿Les parece que lleve unos juegos de mesa que me dieron como para de un partnership? Son súper simples y a mis bebés les encantaron"

Por supuesto, mostré mi más exagerado entusiasmo (que todavía se pudiera entender que no era sarcasmo). No me interesaban, pero cualquier cosa era mejor que no tener nada qué hacer.

Así que, me peiné, me puse la misma ropa que siempre para este tipo de eventos, me subí a mi moto, y recorrí los treinta minutos de distancia a la que estaba la casa de mis padres, pensando estrategias para los juegos de mesa que llevaba mi hermana, basadas en lo que ella había dicho en su video patrocinado. Todo lo que ocupaba mi mente eran las estrategias y la anticipación de la cena de esa noche. Porque, por muy aburridos que sean, mi madre cocinaba muy bien.

Llegué segundo, mi hermana ya estaba ahí, ayudando a preparar todo. Me puse a ayudar también hablando de nuestras semanas, y de otras mundanerías. Mi hermana se quejaba de que cada vez más y más empresas querían pagarle por hacer reseñas de sus productos, y la consecuencia natural era que su casa estaba cada vez más y más llena de cosas que no sabía dónde meter. Como respuesta, mi papá le ofreció su cuarto para guardar cosas. El último gran cambio de la casa había sido diez años antes, cuando yo habia dejado la casa permanentemente, que habían convertido el que había sido el cuarto de mi hermano y mio en un vivero-biblioteca y el de ella en un depósito.

Comimos en una concersación que parecía seguir un libreto.

Por suerte, la semana de mi hermano había estado llena de historias que prefería no contar en frente de sus hijos y aprovechó esa cena para entreternos.

Cuando el reloj marcó las diez y era hora d epasar al living a tomar el café, los postres y los juegos de mesa, se abrió la puerta de entrada de par en par con un portazo.

Todos saltamos de nuestras sillas y corrimos a la puerta. Eso no sólo no era parte del libreto, nadie más de los presentes debería tener las llaves de la puerta principal.

Y sin embargo, la escuché girar. Estaba cien por ciento seguro de eso.

En la puerta, un completo desconocido, todavía con su mano enorme en la llave que le había dado acceso a nuestra rutina. Apenas entraba agachando la cabeza de alto, y tuvo que entrar de costado por el ancho de sus hombros.

Su mandíbula era cuadrada, y sus manos estaban llenas de arrugas y nudos. Su figura estaba cubierta por un pantalón de vestir, zapatos, una polera y un sobretodo. Un sobrero de esos de película de losncincuentas trataba de cubrirle la cabeza, también grande cuadrada y llena de canas.

Sus ojos eran pequeños, rodeados de arrugas como los últimos soldados de una película de guerra, y de expresión dura. Nos escanearon con levedad justo antes de quedarse fijos en mi mamá.

Su voz cargaba más autoridad que la de todos los dirigentes políticos y profesores que había conocido hasta el momento juntos.

—Nos vamos, juntá tus cosas.

Ellla asintió, y subió la escalera al segundo piso.

—Si amor.

Nosotroa nos quedamos ahí, helados. Yo miré a mi hermana, sólo para asegurarme que no era una especie de broma pesada para algún video de ella. Pero ella estaba igual que nosotros.

No, estaba... ¿contenta?

Pareció murmurar "alguien que ls trate mejor" y entendí. Mara llevaba años diciéndole a mi mamá que papá no la trataba como merecía porque nunca iban a escapadas románticas y hacía años que no los veíamos besarse.

Entonces, reaccionó Carlos, que se giró primero al hombre, y después a papá.

—¿Quién es él? ¿De dónde salió? ¿Conoce a mamá?

Papá parecía igual de perdido que él. Se veía débil, como... pequeño. Mucho más pequeño de lo que lo había visto nunca antes.

Yo estaba por preguntarle todo directamebte al dedcobocido que había irrumpido de esta manera, cuando los pasos, ligeros y alegres, de mamá por la escalera nos volvieron a congelar a todos.

Prácticamebte voló por las escaleras, le dejó un beso en la mejolla a papá y le dijo.

—No me esperes despierto Arturo.

—... ¿pero si vas a volver?

Su pregunta era apenas un susurro. Una súplica.

—No estoy segura. Te escribo.

Dijo casi brillando mi madre, prácticamente corriendo al lado del desconocido.

Él se despidió con un movimiento de sombrero, reconociendo nuestra existencia por primera vez, y ambos se fueron , perdiéndose en la oscuridad, dejándonos sólo preguntas.