🌇-Capítulo:1-Primer piso, vista al caos
La residencia universitaria quedaba en pleno centro de Valparaíso, entre cerros que parecían vigilar desde arriba y micros que rugían como si tuvieran prisa por escapar. El edificio era viejo, pero tenía carácter: murales en las escaleras, olor a café quemado en los pasillos, y ventanas que daban justo a la calle más ruidosa de todas.
Ahí, en el cuarto 102, se conocieron Benjamín y Lucas.
Benjamín llegó primero, con una maleta llena de libros, una cafetera portátil y una playlist de jazz que no pensaba apagar. Lucas apareció media hora después, con una mochila rota, una polera de Los Prisioneros y una sonrisa que parecía decir "no tengo idea de qué estoy haciendo, pero igual vine".
-¿Tú eres el mate? -preguntó Lucas, señalando la mesa.
-No, soy el café. El mate está en el cuarto de al lado.
-Entonces vamos a pelear por el hervidor.
La primera noche fue incómoda. Lucas hablaba mucho, Benjamín poco. Lucas dormía con música, Benjamín con silencio. Pero algo pasó al tercer día: Lucas llegó empapado por la lluvia, sin paraguas, y Benjamín le ofreció una toalla sin decir nada.
-Gracias... ¿Siempre eres así de silencioso?
-No. Solo no sé si me caes bien.
-¿Y ahora?
-Estoy pensando que sí.
Desde entonces, empezaron a compartir cosas sin querer: el hervidor, los horarios, los silencios. Y aunque ninguno lo decía, algo empezaba a moverse entre ellos. Como una canción que aún no empieza, pero ya se siente.