Cuarto 102.

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Summary

En el corazón vibrante de Valparaíso, dos jóvenes universitarios -Benjamín y Lucas- se convierten en compañeros de cuarto por pura casualidad... o quizás por algo más. Uno vive entre libros y silencios; el otro entre música y caos. Al principio, sus mundos chocan como micros en hora punta, pero poco a poco, entre hervidores compartidos, conversaciones nocturnas y miradas que duran más de lo necesario, algo empieza a florecer. La historia sigue su convivencia en una residencia universitaria donde cada día trae una nueva grieta, no en las paredes, sino en sus corazas. A través de cafés tibios, ventanas que dan al desorden de la ciudad, y momentos que parecen insignificantes pero lo cambian todo, Cuarto 102, retrata el descubrimiento del amor en medio de la rutina, la incertidumbre y el ruido de crecer. Es una historia sobre lo cotidiano que se vuelve especial, sobre dos chicos que no estaban buscando nada... pero se encontraron.

Genre
Lgbtq
Author
Gnski
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

🌇-Capítulo:1-Primer piso, vista al caos

La residencia universitaria quedaba en pleno centro de Valparaíso, entre cerros que parecían vigilar desde arriba y micros que rugían como si tuvieran prisa por escapar. El edificio era viejo, pero tenía carácter: murales en las escaleras, olor a café quemado en los pasillos, y ventanas que daban justo a la calle más ruidosa de todas.

Ahí, en el cuarto 102, se conocieron Benjamín y Lucas.

Benjamín llegó primero, con una maleta llena de libros, una cafetera portátil y una playlist de jazz que no pensaba apagar. Lucas apareció media hora después, con una mochila rota, una polera de Los Prisioneros y una sonrisa que parecía decir "no tengo idea de qué estoy haciendo, pero igual vine".

-¿Tú eres el mate? -preguntó Lucas, señalando la mesa.

-No, soy el café. El mate está en el cuarto de al lado.

-Entonces vamos a pelear por el hervidor.

La primera noche fue incómoda. Lucas hablaba mucho, Benjamín poco. Lucas dormía con música, Benjamín con silencio. Pero algo pasó al tercer día: Lucas llegó empapado por la lluvia, sin paraguas, y Benjamín le ofreció una toalla sin decir nada.

-Gracias... ¿Siempre eres así de silencioso?

-No. Solo no sé si me caes bien.

-¿Y ahora?

-Estoy pensando que sí.

Desde entonces, empezaron a compartir cosas sin querer: el hervidor, los horarios, los silencios. Y aunque ninguno lo decía, algo empezaba a moverse entre ellos. Como una canción que aún no empieza, pero ya se siente.