DIBUJANDO TU SONRISA EN EL CORAZÓN DE SEÚL

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Summary

Lucía, con grandes líos en su cabeza, no le basta con irse a la otra punta del mundo para olvidar sus problemas e intentar centrarse y encaminar su vida. Tendrá que lidiar con algunos obstáculos, y uno de ellos se llama Seojun Park. Seojun, un chico introvertido y bastante cerrado, deja la casa de sus abuelos para seguir con sus estudios de derecho, hasta que en su camino se encuentra con una chica bastante desesperante ¿Todo saldrá como ellos esperan?

Status
Ongoing
Chapters
9
Rating
n/a
Age Rating
18+

PRÓLOGO

Bajo una lluvia torrencial que asolaba Madrid, me encontraba allí, empapada, viendo cómo quien consideraba mi todo destrozaba mi corazón en cuestión de segundos. Aquel que, hace apenas unas horas, me decía que me amaba, que me prometía estabilidad y lealtad, ahora estaba detrás del ventanal de un restaurante, disfrutando de una cena con otra.

No podía moverme. No sabía qué hacer. Me quedé allí, inmóvil, sin sentir el frío de la lluvia, solo fijándome en su sonrisa. Era sincera, despreocupada, disfrutando del momento con aquella chica, completamente feliz y ajeno a mi existencia. Su mano tocaba su mejilla, sus labios rozaban los de ella, y en ese instante, sin ser consciente, él ponía fin a más de seis años de relación.

Cuando finalmente reuní fuerzas para moverme, dejé atrás ese lugar donde quedaron impregnados mi resentimiento, mi ignorancia y mis lágrimas. Di media vuelta y caminé de regreso a casa. Las calles estaban llenas de personas refugiándose bajo balcones y paraguas, mientras yo avanzaba sin protección alguna, con el maquillaje corrido y la ropa empapada. Sentía sus miradas curiosas, incrédulas, pero nada de eso importaba. Yo solo tenía un destino claro.

Al llegar al portal, intenté abrir la puerta con manos temblorosas. Al entrar en casa, lo primero que vi fue un marco de fotos en la entrada: una imagen de los dos, sonriendo. Sentí cómo el corazón se me encogía aún más, pero esta vez la rabia comenzó a brotar desde lo más

profundo de mi ser. Respiré hondo. Me quité la ropa mojada y la arrojé a la basura sin pensarlo dos veces.

Me dirigí a nuestra habitación y, sin titubeos, recogí su ropa, nuestras fotos, los regalos y todos los recuerdos compartidos. En cuestión de minutos, todo quedó reducido a dos bolsas de plástico y una pequeña caja de cartón. Abrí la puerta de casa, lo dejé allí afuera, cerré con llave y aseguré la puerta. Me dejé caer en el sofá, abrazándome a mí misma, sintiendo cómo el vacío llenaba cada rincón de la sala.

El sueño no llegaba. Solo el silencio. Hasta que, de pronto, el sonido de unas llaves y unos golpes en la puerta rompieron la inquietud. Un mensaje emergió en la pantalla de mi teléfono:

"No empieces, Lucía. Ábreme, hace frío fuera y has dejado las llaves puestas."