1 Plantada
La intimidad no tiene nada que ver con el sexo, la intimidad, a mi criterio, es como abrirle la puerta de casa a un amigo con el que tienes mucha confianza, cuando tu casa está patas arriba y no lavaste los trastes del medio día, y todavía está la taza de la merienda coronando los platos sucios. Le abres la puerta y él se sienta en el comedor tu casa dada vuelta, sin ver la taza y el desastre de tu cocina, sin juzgarte, sin decirte nada, solo se sienta y te entiende porque tu día fue complicado y él solo pasó a verte un rato y no le importa todo ese desorden, solo quiere saber cómo estás.
Ese tipo de intimidad era la que tenía con ella, cuando pasó de ser mi mejor amiga, a mi algo, al probemos, a mi novia, a nos casemos y luego... al se cancela la boda. Porque me dejó ahí plantada con todos nuestros invitados viéndome abandonada en el altar y un simple mensaje al teléfono de su hermana “lo siento, no puedo hacerlo” como si eso justificara tener 200 testigos de mi corazón rompiéndose en pedazos en vivo y en directo. Una boda pagada y un abandono.
Con el corazón hecho añicos, un préstamo que sigo pagando por algo que no fue, la comida que sobro, donada a la caridad porque no hubo reembolsos por una novia que no llega al altar.
—Dime que no es cierto, dime que no me ha hecho esto el día de nuestra boda —les pedí suplicando a mis suegros, rogando que alguien me diga que solo es un mal sueño, que ella no se ha ido.
—Marina, lo siento mucho —dijeron avergonzados sus padres.
Rogué y quise creer que era una broma de ella como las que acostumbraba a hacer, solo que de mal gusto, muy mal gusto. Quise creer que jugaba porque hacía unos días habíamos visto una película donde la novia hacía exactamente lo mismo y ella me preguntó que haría en ese caso y yo respondí muy segura que nada ¿Qué iba a hacer si yo estaba segura que me casaba? Pero lo gracioso se le fue cuando luego de una hora y ese estúpido mensaje, nadie pudo dar con ella, cuando al llegar a nuestro apartamento su maleta no estaba y se notaba que fue armada con apuro porque se dejó la mitad si es que no más de sus cosas, al menos eso me dio un poco de alivio, no fue premeditado, fue un impulso, y quizás si volvía podría haberla perdonado.
Pero el día terminó y ella no estaba por ningún lado. Se llevó nuestros ahorros en efectivo y finalmente caí en la cuenta de que me dejó, mi mejor amiga, mi novia, mi casi esposa, me había, definitiva, indudable e inequívocamente abandonado a mi suerte.
Lloré como jamás había sido capaz de llorar en mi vida, lloré agarrándome el pecho entre los brazos de mi suegra y mi madre sintiendo un dolor tan físico que creí que mi corazón se desgarraba, lloré desconsoladamente en la intimidad de mi soledad cuando los días pasaron y ella no volvió, lloré, lloré y lloré, como si ese acto fuera una necesidad tan básica como respirar. Se fue sin decirle a nadie, no subió fotos, no se comunicó con nadie y al menos en eso esperaba que ella la estuviera pasando tan mal como yo, porque hasta el tercer mes la hubiera perdonado, y hubiera vuelto con ella, pero ahora solo quiero arrancarle la cabeza y regar sus tripas y pedazos por todo el planeta.
—¡Déjame ver! —le exijo a mi hermana y le quieto el teléfono.
—Marina, yo no sabía que eran amigas —asiento con rabia cerrando los ojos y me quita el teléfono de la mano cuando voy a reventarlo contra la pared—. Rompe el tuyo, qué te pasa.
—¡Que mi ex, se escapó de la boda con una de tus amigas! —llena de ira reviento los souvenirs de nuestros viajes contra el suelo— ¡¿Desde cuando suben fotos tan felices?!
—No te hagas eso.
—¡Ella me lo hizo, ella me hizo esto! ¡Dime ahora, exijo saber! Fui una imbécil todo este tiempo —aprieta los labios en una delgada línea y me mira suplicante— dame —le quito el celular—. Que. hija. de. puta ¡Que maldita zorra!
Hay fotos de ellas en la playa en Bali riendo, el mismo día de nuestra boda donde ella me abandonó, lloro, pero de bronca, de rabia, de ira. Mi alma está invocando al diablo y espero que ella estén bien escondida porque cuando las encuentre me olvido de que soy policía.
—La voy a matar, las mataré a ambas y luego con gusto iré presa ¡¿Dónde está mi arma?!
—No te la daré —me dice mi hermana. Voy a la cocina y tomo un cuchillo.
—Cálmate no irás a ningún lado —la empujo— ¡Ni siquiera sabes dónde vive!
Tira tremendo facto, me volteo y la miro con uns sonrisa siniestra, ella se llena de miedo y se pone pálida.
—Pero tú sí, dime.
La correteo por el departamento con el cuchillo en la mano y ella corre asustada, nuestra madre entra y me grita que pare en voz, llega justo cuando la tengo contra el suelo agarrada de los pelos y si dejar que se mueva. Ella la ve y llora asustada pidiendo a su mamita. Tan blandita salió, solo le saqué unos pocos pelos meados.
—Hija, tienes que calmarte, sabemos que lo que hizo estuvo mal, pero no vas a solucionar nada matándolas a ambas, irás a la cárcel por poca cosa.
—Ella me lastimó mamá —comienzo a llorar de nuevo, porque al parecer ese un nuevo estado en mí, infeliz, triste y llorando— y se fue de vacaciones en nuestra boda con otra. La odio, quiero que se muera.
—Hija, no se desea la muerte a nadie.
—No me importa, no le importó lastimarme. Mira la publicación —le muestro el teléfono—, es la misma noche el día de nuestra boda.
—Que hija de puta, sí, ojalá se muera.
—¡Mamá! —le dice mi hermana aún despeinada— no le sigas la corriente a la loca esta. Ya está, solo queda seguir adelante.
—Quiero a mis amigas —digo entre sollozos y ellas se van cuando ambas llegan.
Mis mejores amigas vinieron a dormir conmigo, bueno Cate me pasó a buscar, la más adinerada de las tres para llevarme a su exagerada y descomunal casa a dormir con ellas, luego a los 20 minutos llega Elizabeth, la chef.
—¿Quieres helado? —pregunta Cate y niego.
—Te preparé tu comida favorita —dice la castaña de ojos medio verdosos de Elizabeth, Beth como la llamamos— y vas a comerla o te la paso por una sonda —me río y comienzo a llorar.
—¿Qué hay de malo conmigo? ¿Por qué ella me hizo esto? ¿Por qué no me quiso? —me siento sobre una de las sillas del comedor.
—Ay mi vida —exclama Catherine—, porque es una imbécil, es maldita insecta. No es tu culpa.
Beth se acerca y me abraza por el otro lado, entre ambas me contienen y sostienen. Les conté todo, lo de las fotos, su sonrisa feliz la misma noche que me había dejado el día de nuestra no boda, y lloro. Estoy tan cansada y exhausta de estar triste todo el puto tiempo, pero sobre todo estoy harta de llorar.
—Ya no quiero estar más triste —les digo entre sollozos—, esta es la última vez que lloro por ella.
Esta noche derramé mis últimas lágrimas por quien me rompió el corazón, por quien se atrevió a dañarme, no merece mis lágrimas, ni mi tristeza, no merece nada de mí.
—Te ayudaremos y saldrás adelante Mar, siempre lo has hecho —exclama la chef de Beth.
—No te dejaremos solas —Cate besa mi frente.
Y ese día me transformé en lo que soy ahora, una mujer fría y distante que no se deja conmover por nada ni nadie. Pero para lo que no estaba preparada a siete meses de haber sido abandonada era que ella tuviera el maldito descaro de volver y entonces casi cometo una locura.