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El ultimo verano de la humanidad

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Summary

En un Día cualquiera de agosto del 2025 se desato el caos en la ciudad de Alicante, pero no sabían lo que se les iba a venir en cima con el pasar del tiempo.

Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1 El comienzo de la nada

Nunca olvidaré esa mañana calurosa de Agosto. Era como todas las demás, iba con mi amigo Víctor andando hacia el centro comercial que hay a las afueras de la ciudad.

Todo estaba tranquilo, los coches hacían cola para aparcar, las palomas buscaban algún trozo de pan para comer y la gente miraba los escaparates decidiendo si comprar algo o mejor seguir al fresco que les proporcionaba el aire acondicionado del lugar.

Como siempre, decidimos ir a la montaña que hay detrás, donde hay más tranquilidad y el piar de los pájaros nos suele relajar. Nos sentamos para tomarnos nuestra bebida energética mientras hablábamos y nos reíamos por alguna tontería.

A las 14.30, cuando nuestros estómagos empezaron a rugir, nos fuimos para su casa y, cuándo entramos al salón, nos dio tiempo a ver cómo interrumpían una serie en la televisión y aparecía la mujer del telediario.

Iba vestida impoluta, con traje y bien maquillada, pero sus manos temblaban y su mirada no paraba de desviarse a todos lados.

—Buenas tardes, interrumpimos la emisión para dar una noticia de última hora —dijo la mujer con voz temblorosa. —En la localidad de Alicante, un hombre de 63 años ha atacado brutalmente a una mujer de 34 años y a su hijo de tan solo 12, mordiéndolos sin control...

—¿Sabes qué significa esto? —dijo Victor, mirándome con los ojos muy abiertos.

—Claro que lo sé… —respondí mientras miraba la ventana de reojo.

—¿De qué habláis? —Lucía, su sobrina, nos miraba con curiosidad.

—Cuando jugábamos el mapa de Tranzit, que estaba ambientado en el año 2025… Sabíamos que esto algún día se haría realidad.

—¿Estás hablando de un videojuego? ¿Es qué sois tontos?

Se llevó las manos a la cabeza sin escuchar a Lucía y, mirándome, continuó:.

—¡¡Pero no esperaba que fuera tan pronto!!

Intenté calmarlo. Quizás Lucía tenía razón, Victor hablaba de un juego, no de la vida real.

—Víctor, tranquilízate. Seguro que los militares y la policía harán algo con esto… Tampoco sabemos si el tipo iba drogado o es lo que piensas.

—No, Jorge. Esto no lo puede parar nadie.

—Entonces, ¿Qué hacemos? —Me di por vencido, sabía que no había forma de hacerlo cambiar de opinión.

Lo miré mientras paseaba por el salón mientras pensaba. No voy a mentir, me parecía excitante la idea de que los zombies fueran reales, habíamos jugado a cientos de juegos con esa temática y hemos visto miles de series así. También habíamos tenido largas conversaciones con lo que haríamos en caso de invasión zombie.

—¡¡Tengo un plan!!

Una sonrisa se me escapó, no pude evitarlo, parecía feliz con todo lo que estaba pasando.

—Dime, de qué se trata.

—Tú ves a avisar a mi hermano Manu y dile que venga al salón urgente. Mientras mi madre, mi sobrina y yo miramos las provisiones que tenemos para ver cuánto tiempo podemos sobrevivir.

—¿Crees que tu madre va a creer semejante tontería? —preguntó su sobrina, pero ninguno de los dos le hicimos caso.

—De acuerdo, voy a avisarle.

Cuando entré a la habitación de Manu, no lo encontré por ningún lado, pero la televisión y la consola estaban encendidas con una partida en pausa.

Volví al salón arrastrando los pies.

—Vice, no está tu hermano en su habitación.

—¡¡QUE!!

En ese momento oímos un sonido que procedía de la puerta principal, sonaba a alguien tropezando con sus propios pies y golpeando la pared con alguna parte de su cuerpo…

—Jorge, ni se te ocurra abrir —Susurró con voz temblorosa.

—Víctor, puede ser tu hermano. Voy solo a mirar, ¿vale? Relájate y no hagas ruido —Dije con más valentía de la que sentía.

—Vale, pero ten cuidado. Si no es él, vuelves.

—¿Crees que si no fuera él me quedaría allí? Soy tonto pero no tanto —Me quejé en voz tan baja, que no se si me escuchó.

Con un poco de miedo e incertidumbre, me acerqué a la puerta principal. Acerqué el ojo a la mirilla, sin hacer apenas ruido, para descubrir que, efectivamente, era Manu.

El golpe que se escuchó era él, golpeando la pared al intentar esquivar a una persona que le intentaba atrapar, con los brazos extendidos, arrastrando una pierna en una postura extraña y la ropa rota y llena de sangre.

Abrí la puerta para que Manu entrara, pero un hombre, con las tripas colgando, el codo en una posición extraña y un gruñido que no parecía humano, llegó antes de que la pudiera cerrar.

Mi respiración se aceleró, el corazón golpeaba contra mi pecho tan fuerte que hasta la vista se me nubló, las manos me temblaban mientras intentaba cerrar la puerta, cosa que no conseguía porque ese ser quería entrar.

—¡¡VICTOOR!! ¡¡AYUDAA!! —Grité con todas mis fuerzas.

Él llegó corriendo, tropezando con el marco de la puerta y con la escopeta de caza de su padre en las manos. Se acercó a mí con una frialdad digna de un asesino de élite y le asestó un disparo certero en medio de sus ojos azul eléctrico.

Esa cosa cayó al suelo con un golpe sordo y la persona que perseguía a Manu al principio, se acercaba mientras no dejaba de gruñir.

—¡¡¡MANUUU!! ¿Estás bien? —Grité mientras cerraba la puerta y escuchaba los arañazos de esa cosa.

Manu estaba en el suelo, con la pernera del pantalón llena de sangre y lleno de jirones. Al levantar el camal, vi un zarpado que recorría toda su espinilla izquierda.

Vi a Victor por el rabillo del ojo, tenía la mandíbula apretaba, una lágrima surcaba su rostro y su mirada… demasiado fría y llena de ira.

—No dejaré que te mueras, y menos por una de esas cosas —La voz de Victor se rompía por momentos, no podía ni imaginar por lo que estaba pasando.

—¿Qué vas a hacer? —preguntó entre lágrimas

—Tendré que cortar la pierna para que sigas viviendo —dijo con una voz inhumana que me heló la sangre.

—¿Estás loco? Solo es un arañazo, no vas a cortarme la pierna, y menos tú.

—Jorge, traeme algo para cortar la hemorragia cuando lo haga. —Ignoró por completo los gritos de su hermano.

—Vaaaaale.

“Hasta en un apocalipsis zombie me toca hacerlo todo a mi”. pensé mientras iba a la cocina.

Observé cómo Lucía se iba corriendo hacia una de las habitaciones, con la cara pálida y llena de lágrimas. Quería ir a consolarla, pero Victor seguía discutiendo con su hermano y se nos acababa el tiempo.

—Comunicado de última hora, quédense en casa. No abran la puerta a ninguna persona ni familiar. Si alguna persona con la que está en este momento ha sido mordido o arañado por uno de estos seres, encierrenlo… —La mujer de las noticias seguía dando instrucciones.

“¿Hasta cuando estaremos encerrados?”

—¿Victor… te atreves a… hacerlo? —Pregunté entrecortadamente.

—Claro que me atrevo, pero…

Escuchamos un estruendo procedente de la calle. Victor miraba hacia el balcón sin separarse de su hermano y yo me asomé para ver lo que sucedía. Me quedé paralizado, mujeres y niños huyendo, gritando y empujándose mientras varias de esas cosas corrían detrás de ellos para morderles y comerse las tripas.

—¿Qué pasa, Jorge? —el susurró atormentado de Victor me trajo de vuelta a la realidad.

Sentía náuseas, un sudor frío se esparcía por toda mi piel y mi corazón amenazaba con pararse en cada momento. Cogí aire para calmar los alocados latidos y respondí intentando tragarme el terror.

—Nada, no pasa nada.

—Jorge ¿Que has visto? Te conozco y sé que has visto algo muy fuerte.

Negué con la cabeza y entré de nuevo en el salón.

—Si quieres saberlo, asómate. Pero te aconsejo no hacerlo.

Victor se levantó del suelo y se asomó. Su cara se puso pálida y se llevó una mano a la boca, tapándosela.

—¿Pero, esto qué es? ¿Qué está pasando?

Sus ojos marrones perdieron todo el brillo y con la mano libre se alborotó el oscuro pelo. Le obligué a entrar, si no nos dábamos prisa, su hermano se convertiría en una de esas cosas y nosotros…

Otra noticia apareció en la televisión. Me quedé quieto mirando a la chica. No era la de antes, esta no estaba maquillada, iba en ropa de deporte y no dejaba de temblar mientras sus ojos, rojos, dejaba claro que había estado llorando.

Ese aspecto ya me asustó, si la dejaron salir así en la televisión no quiero imaginar como estaría fuera. Un momento, ¿esto estaba pasando solo en Alicante o en todo el mundo?

—En este comunicado de emergencia, queremos avisarles de la propagación de un nuevo virus. —su voz no defraudaba con su aspecto, la tía estaba asustada. —Los científicos lo han nombrado como “VIRUS ELEMENTO 115”. Hasta el momento sabemos que se contagia a través de la saliva,arañazos y mordiscos. Detrás de mí, pueden ver el gráfico de los infectados.

La mujer se giró para señalar una imagen de fondo negro con unas lineas que, por lo poco que entendía, decía que pronto todos seriamos una de esas cosas.


—-Victor, no es por nada pero, yo creo que, si queremos que viva tu hermano, hay que cortarle la… pierna.

Entre las noticias que aseguraban el fin del mundo y que cualquier herida de esos seres te convertía en uno de ellos… si no nos dábamos prisa, el virus pasaría por todo su cuerpo y…

—No, espera —dijo Manu con voz nerviosa.

—Manu, si no lo hacemos ahora, te convertirás en uno de ellos.

—Ya pero ¿cómo mierda lo vais a hacer? Victor, no voy a dejar que hagas esto.

Victor dobló la cabeza a un lado y una sonrisa se le escapó. Corrió a una habitación y sacó la sierra del trabajo de su padre.

—-En serio, tete ¿¡Con eso!?

—¿Entonces cómo lo hago? —preguntó encogiéndose de hombros —Si tienes miedo te golpeo la cabeza para noquearte.

Recordé que debajo de la cama de su padre había un hacha. Lo descubrí un día, cuando él no estaba y me urgía un cargador.

Arrastré los pies mientras iba a por ella, pasando de puntillas por la puerta de la calle. “Despacito, Jorge, no queremos que nadie nos escuche y se nos compliquen más las cosas”.

En cuanto llegué, me agaché y la saqué. Aquella hacha, de un metro de largo y un filo tan reluciente que podía verme reflejado en ella, era más pesada de lo que pensaba.

—Jorge, ¿de dónde la has sacado? —preguntó Victor en cuanto me vio volver al salón.

—Me acordé que la vi un día en el cuarto de tu padre —Me encogí de hombros. —Oye, ¿de verdad vamos a hacerlo?

—Bueno… Lo que diga Manu — Victor miró a su hermano.

—Si no queda más remedio… ¿Estás seguro de poder hacerlo?

Por respuesta, Victor abrió un mueble del salón y sacó una botella de whisky.

-–Será mejor que bebas —Le dijo como respuesta.

Manu le dio un gran trago, sus ojos se cerraron mientras hacia una mueca con la boca y sacaba la lengua. Manu iba a dejar la botella en el suelo, pero Victor hizo que bebiera otro trago. Cogió el hacha con manos temblorosas.

Observé cómo las gotas de sudor perlaban su frente, su cara estaba demasiado blanca y sus manos temblaban sin control. Cogió aire y, mientras Manu aún seguía bebiendo, descargó con fuerza el hacha contra la pierna.

La sangre salpicó por todos lados, pintando el suelo de rojo, pero lo que me puso los pelos de punta fue el grito. Parecía que todo el dolor se había convertido en aire y lo estuviera expulsando sin control. Me recorrió la espalda como una corriente helada, y los pelos de los brazos se levantaron sin que pudiera evitarlo. No había forma de ignorarlo, ni de mirar a otro lado hasta que el silenció llegó y Manu cayó a un lado mientras la sangre seguía brotando de su pierna recién cortada.

Los arañazos empezaron a escucharse tras la puerta. Me levanté del suelo, intentando huir del lugar mientras Victor le ataba una sábana en la pierna, intentando parar la hemorragia y miré por la mirilla.

Dos de esos seres, cubiertos de barro y sangre, con la ropa hecha jirones y golpeando la puerta para entrar.

—Victor, necesito ayuda en la puerta. Hay dos monstruos de esos. Tengo un plan, es un plan bastante sencillo, pero puede servir.

—¿Qué has pensado?

—Vamos los dos a la puerta en silencio, yo la abro y tú matas a uno con la culata de la escopeta y yo al otro con el hacha. Pero no podemos hacer ningún ruido para no atraer a ninguno más.

—Es un plan muy simple, pero puede funcionar.

—Vale, vamos a ello.

Victor se quedó quieto mirando a su hermano, pero María, su madre, apareció con un cubo lleno de agua con hielo.

—Tranquilos, ir, yo lo cuido hasta que volváis — dijo mientras ponía una mano en el hombre de Victor.

Le dedicó una sonrisa forzada y le puso a Manu un trapo, que acababa de mojar en el agua helada, en la frente.

Victor se acercó en silencio siguiendo mis pasos y con el arma en las manos.

—Recuerda, con la culata en la cabeza. A la de tres….

—Vale — susurró con los ojos fijos en mí.

—Uno — me sequé el sudor de las manos en el pantalón —Dos —apreté el hacha con fuerza e inhalé profundo —¡Tres!

Abrí la puerta con un tirón para que pasaran esas cosas. Victor no pudo más que defenderse mientras esa cosa se lanzó contra él y empezó a morder la escopeta. Aproveché el momento y, con un golpe seco en la nuca, le separé el cuerpo de la cabeza que seguía gruñendo. El cuerpo cayó a los pocos segundos con un golpe sordo y se quedó inerte.

Mi boca se abrió al ver cómo intentaba morderme, como sus ojos me seguían con cada movimiento… ¿Cómo podía seguir “vivo” después de decapitarlo? Tragué saliva y le clave el hacha en el cráneo. Por fin dejó de gruñir y me dirigí donde estaba Victor que seguía forcejeando para evitar que le mordiera.

Me acerqué por detrás y le di un golpe directo en la cabeza. Cayó al momento y dejó de moverse.

—Victor, ¿estás bien?

—Si, creo— dijo mientras cerraba la puerta —Vamos al salón.

No dijimos nada más. Estaba exhausto, aún no podía asimilar lo que estaba pasando y habíamos matado a esas personas. Entiendo que no eran humanos, pero hasta hace unos minutos, eran vecinos, quizás algún conocido, pero eran personas…

—¿Qué ha pasado, chicos?

—Nada, Mamá. Ya está todo solucionado.

—¿Estáis los dos bien? —María volvió a mojar el trapo para ponerlo en la frente de Manu, pero no dejó de mirarnos mientras se mordía el labio inferior y sus ojos estaban rojos.

Desvié la mirada de ella, sabía que había llorado mientras nosotros no estábamos y tampoco quería ver a Manu con toda la sangre a su alrededor. Me quedé mirando todo el salón, pero faltaba algo…

—Victor, ¿sabes dónde está tu sobrina?

—No —Giró por todos lados, buscándola —¿Y tú mamá?

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