PRÓLOGO: PRIMER ENCUENTRO, PRIMER SUSPIRO
El sonido de la lluvia golpeando suavemente los cristales del café le daba un aire casi mágico a la tarde. Louis estaba sentado en una esquina, con los auriculares puestos, dibujando distraídamente en su cuaderno. Sus pensamientos vagaban entre bocetos y melodías que lo hacían sentir ligero, pero había algo en el aire que le ponía los nervios de punta: una sensación de que algo estaba por cambiar.
No fue un sonido ni una sombra lo que lo hizo levantar la vista. Fue él. Harry. Entró con su porte característico, cabello ligeramente húmedo por la lluvia y esa mirada intensa que parecía capaz de atravesar cualquier barrera. Un alfa, indudablemente, y uno que Louis sintió que podría alterar todo su mundo con solo un gesto.
Louis tragó saliva. Nunca había sentido algo tan inmediato y poderoso: un calor que no estaba relacionado con el clima, un hormigueo que subía por su espalda. Los omega podían ser sensibles a los alfas, pero esto… esto era distinto. Su corazón se aceleró, y sus manos temblaron un instante mientras bajaba la vista hacia su cuaderno.
Harry se acercó al mostrador, pidió un café y, sin apartar la mirada de Louis, sonrió ligeramente. Esa sonrisa, tan confiada y natural, le hizo sentir que su respiración se volvía más difícil de controlar. Louis sabía, en lo más profundo de su instinto, que estaba frente a alguien que marcaría su vida de formas que aún no podía imaginar.
Seis palabras flotaron en su mente mientras Harry se sentaba cerca: “Tú y yo, Lou, lo sabremos todo”. Louis no supo de dónde las había sacado, pero la sensación de certeza lo envolvió. Era un alfa, y él un omega. El primer roce del destino.
Los minutos pasaron, y entre miradas furtivas, sonrisas tímidas y conversaciones vacilantes sobre música y dibujos, Louis descubrió algo que lo desarmaba: Harry no solo era atractivo, confiado y dominante en su aura; también había una suavidad en sus gestos, un cuidado en la forma en que hablaba que prometía algo más que pasión: seguridad, complicidad y, tal vez, amor.
Cuando finalmente Harry se levantó para irse, Louis sintió un vacío inmediato, como si el mundo hubiera perdido color. Y, sin poder evitarlo, murmuró:
—Hasta luego…
Harry giró la cabeza, sonriendo con esa intensidad que hacía que Louis sintiera que sus entrañas se derretían, y respondió:
—Hasta luego, Lou… pero esto no termina aquí.
Louis no lo sabía aún, pero en ese instante comenzó la historia de un vínculo alfa/omega que desafiaría límites, exploraría deseos, y uniría a dos almas de manera intensa, salvaje y tierna a la vez. Una historia donde la pasión, la ternura y la complicidad no tendrían límites, y donde cada suspiro sería un recordatorio de que el amor verdadero podía arder con fuerza y suavidad al mismo tiempo.