Cansado de Existir
Cuando llega el mediodía, mi estómago gruñe, busco comida.
La gente susurra a mi alrededor, los escucho a la perfección.
Atiendo los mensajes; todavía hay alguien que valida mi existencia.
Las palabras y los golpes me lastiman; siento dolor.
La luna llega y mi cuerpo se rinde; me siento cansado.
Resisto las caídas y evito las alturas...
No quiero morir, pero me siento muerto.
Quiero vivir, pero no me siento vivo.
Pienso que estoy aquí como una pieza extra, y muero de envidia porque no soy el centro de atención, porque nadie me necesita.
Me desespero porque no soy alguien de valor, no tengo algo interesante que mostrar.
Veo a personas atractivas, con objetivos claros, más fuertes, adineradas, talentosas, respetadas y queridas.
Estoy tan ocupado viendo la vida de otra persona que descuido mi presente y me hundo cada vez más.
Soy tan cobarde que prefiero dedicar todo mi tiempo a envidiar, criticar y desear algo que no es mío.
Soy tan cobarde que prefiero dedicar todo mi tiempo a victimizarme, descansar e ignorar mi realidad.
Antes de dormir, acudí a mi corazón.
No le consulté sobre amor, eso es absurdo.
Sentir cada latido te hace despertar, dejas de “existir” y vuelves a vivir.
“Vive conforme lo dicte tu corazón”; nunca sabes cuándo decidirá detenerse.
Cuando estés perdido en tus pensamientos, escúchalo. Lo importante es que está latiendo, eso te mantiene vivo.
La cabeza te puede confundir y ahogar con sus pensamientos; el corazón es experto en una sola cosa, y el único consejo que escucharás de él será: “No pares”.
Entonces... Comenzaré por cambiar mis palabras.
Me siento muerto, pero no quiero morir.
No me siento vivo, pero quiero vivir.