Pétalos Rojos

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Summary

Ángel nunca quiso venir a este colegio donde hasta el eco parece confesarse. Pero desde el segundo día, algo lo detiene: la voz de Théo, un chico que ya no canta… aunque su silencio grita más que cualquier himno. Entre misas obligatorias, reglas que castigan hasta el roce de una mirada y un coro que oculta secretos más oscuros que las criptas del edificio, ambos descubrirán que el verdadero peligro no está en amar… sino en ser vistos haciéndolo. Pétalos Rojos es una historia sobre el precio de la belleza prohibida, la violencia del silencio y dos chicos que aprenden demasiado tarde que, en un mundo que teme la luz, hasta un susurro puede ser un acto de rebelión.

Genre
Lgbtq
Author
Alvaro
Status
Ongoing
Chapters
25
Rating
n/a
Age Rating
13+

Prólogo

El año escolar estaba por comenzar.

Aunque Ángel no se sentía cómodo por comenzar en un nuevo colegio, mientras que sus amigos estaban en su colegio anterior.

Sus padres se habían mudado a un nuevo pueblo, el trabajo de su papá lo obligó a cambiar de país.

Ángel estaba desanimado, empezar en un nuevo colegio y tras de eso, un colegio católico. Aunque el nuevo pueblo donde se mudaron tenía lugares exóticos, no le quitaba el peso de comenzar de nuevo.

"Lamentamos esto" le había dicho su padre, su voz era débil, casi un susurro. Su madre solo le puso una mano en el hombro, Ángel no levantó la vista hacia ella y no notó el pesar de su mirar.

"Harás nuevos amigos", le dijeron cuando se quejó por perder a sus amigos, no le importaban los "nuevos" amigos que haría, ellos no lo comprenderían como los que estuvieron con él.

Siendo un joven de quince años, sabía que no haría amistades fácilmente.

Cuando terminó de acomodar su habitación, decidió que su pesar no lo vencería, lo primero que haría sería mirar los alrededores, Ángel quería comprobar lo exótico que tenía el pueblo o si solo formaría un escenario nuevo para su soledad.

Cuando bajó al primer piso, le dijo a su madre que vería los alrededores, quería y debía familiarizarse con el pueblo, al menos, con los lugares cercanos a su casa. El colegio no comenzaría hasta dentro de dos días.

Al salir, lo primero que captó su atención fue la serenidad del lugar, las montañas que rodeaban el pueblo, el camino de piedras que lo invitaba salir de su propiedad, de su comodidad.

El camino estaba bordeado por matorrales con flores, había flores de todos los colores, rojas, azules, moradas.

De pronto, la presión que sentía Ángel sobre sus hombros, parecía disminuir, con cada inhalación del aire fresco. El dolor en el pecho, se desvanecía, "quizá estar aquí sea bueno para mí" pensó Ángel, pero en su cara aún se reflejaba la soledad que sentía.

Cada paso que daba en su nueva vida, le pesaba en el corazón. Un suspiro profundo no había logrado salir de su alma y el peso del mismo le dolía.

Ángel tocó una flor que le llamó su atención, era roja; sin saberlo, había puesto su atención sobre una amapola roja.

En el instante en que su mano tocó la amapola roja, como si la protegiera, un cardo, con pétalos morados, rasgó su piel. Haciendo que su sangre brotara.

Hipnotizado, miró cómo su sangre brotó de ese pequeño rasguño.

En su primer día en el pueblo nuevo, su sangre brotó como un grito silencioso.