𝟏𝟖𝟎 𝕯Í𝕬𝕾: 𝕷𝖆 𝖑𝖑𝖆𝖛𝖊 𝖉𝖊𝖑 𝖈𝖎𝖈𝖑𝖔

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Summary

En un mundo donde los sueños se entrelazan con los miedos más profundos, una joven deberá enfrentar la batalla más difícil: la que se libra dentro de sí misma. Sombras, recuerdos dolorosos y culpas olvidadas se manifiestan en formas aterradoras, poniendo a prueba su voluntad. Guiada por la voz de su hermano y por la esperanza de liberarse, descubre una llave antigua, capaz de romper el ciclo que la mantiene atrapada. Pero usarla tiene un precio: deberá dejar atrás una parte de sí para siempre. Entre la oscuridad y la luz, entre la desesperanza y el amor, tendrá que elegir quién quiere ser y qué está dispuesta a sacrificar. Porque la verdadera libertad no es un destino… sino un camino.

Status
Complete
Chapters
18
Rating
n/a
Age Rating
16+

Capitulo1: la fiesta vacía

Nunca entendió por qué esa casa era tan grande. O tan vacía.

La música retumbaba suave entre las paredes decoradas con cintas metálicas

y globos hinchados sin mucho esfuerzo. Era el cumpleaños de su hermano,

pero casi nadie había venido.

“Demasiado espacio para tan pocos cuerpos”, pensó mientras sonreía por

compromiso.

Bailaban. Reían. Y por un momento, todo parecía normal. Hasta que

desapareció. No todos. Solo él.

Su papá, con la calma de quien no nota que algo falta, la llevó a la cocina. Allí,

sobre una mesa de cemento sin terminar, comenzaron a pintar un mural

extraño. No sabía por qué ni qué representaba, pero pintar le daba paz.

Entonces entró su madre. Sonreía, pero sus ojos… sus ojos estaban rotos.

—Lo encontraron así —dijo, sin rodeos—. Es el gato de tu amigo. El que tanto

quería. Me pidió que tú se lo digas. Y si quiere, que lo guarde como recuerdo… o

se lo tome.

Le entregó un vaso. Batido blanco, espeso. Algo flotaba en la superficie. Al

principio pensó que eran burbujas… hasta que sobresalieron dos pequeñas

orejas, peludas, apenas visibles entre la espuma.

Y luego, un ojo.

Negro. Abierto. Quieto.

Mirándola desde adentro.

No dijo nada. No pudo. Su estómago se revolvió, pero su cuerpo no reaccionaba.

Detrás apareció su amigo. Sonriendo. Como si no pasara nada.

—¿Tú se lo dijiste, no? —preguntó con voz ligera.

—Sí… —susurró ella, todavía con el vaso en las manos.

—Gracias.

Él tomó el vaso. Bebió.

Un sorbo largo.

Luego otro.

Y el ojo seguía allí. Flotando.

—Sabe raro —dijo, limpiándose la boca con el dorso de la mano—. Antes tenía

más sabor… cuando estaba vivo.

Ella lo miró, horrorizada. Él solo rió. Como si estuviera contando un chiste

privado que ella jamás entendería.