Chapter 2
Capítulo 2: Un amor a primera vista
Pablo le confesó a Mía que, en realidad, desde el primer día que la vio se había enamorado de ella. Y Mía le confesó lo mismo. Entonces Pablo, con valentía, le dijo:
Pablo: Mía, desde el primer día quise decirte esto… ¿quieres ser mi novia?
Mía: ¡Claro que sí!
Pablo le dio un beso en la mejilla a Mía. Fernanda y Diego, que vieron todo, se sorprendieron y los felicitaron.
Ese fin de semana, Pablo invitó a Mía a su primera cita. Ella se alistó bien bella para cenar en un restaurante elegante. Pablo pasó a recogerla en su carro. Cuando llegaron, hablaron por horas conociéndose mejor. Pero Pablo tenía preparada una gran sorpresa: la llevó con los ojos vendados a un crucero.
Mía: ¡Wow, esto está muy hermoso!
Pablo: Sí, todo es para ti. Te lo mereces.
Pablo y Mía pasaron la noche felices, celebrando su amor a primera vista. Mientras tanto, Fernanda pensó que Pablo estaría en su casa, y Diego pensó lo mismo. Ambos fueron allí, se encontraron y, sorprendidos, dijeron:
Fernanda: ¿Qué haces aquí?
Diego: Vine a buscar a Pablo, ¿y tú?
Fernanda: Yo también… qué casualidad.
Diego: ¿Crees que sea el destino queriendo unirnos?
Fernanda: ¿Destino? Solo fue casualidad. Ya me voy porque no vine a verte a ti.
Diego: ¿En serio no me quieres ver? Tan linda que está la noche…
Fernanda: No. Adiós.
Ambos se fueron a sus casas, pero Diego se sintió triste. Había encontrado algo en Fernanda que le gustaba, pero sabía que ella era muy complicada de conquistar, pues no creía en el amor.
Un día, Diego se tomó la tarde para investigar cómo hacer que una persona que no cree en el amor pudiera cambiar de opinión. Encontró esta respuesta:
“Si quieres que alguien que no cree en el amor cambie, no lo fuerces; muéstrale con acciones sinceras que el cariño puede ser algo real y bonito. Sé paciente, bríndale confianza, detalles genuinos y apoyo sin esperar nada inmediato. Poco a poco, al ver que el amor también significa respeto, seguridad y alegría, esa persona podría abrir su corazón y empezar a creer en él.”
Diego: Bueno… eso haré con tal de tener el amor de Fernanda.
Mientras Mía y Pablo vivían felices su amor, Yanet los espiaba a lo lejos. Descubrió que eran novios y, molesta, se les enfrentó:
Yanet: Pablo, ¿cómo fue que la elegiste a ella? Solo tú puedes estar conmigo.
Pablo: Tú no decides lo que yo quiero. Por favor, déjanos en paz a mí y a Mía.
Yanet: No, tienes que dejarla y estar conmigo.
Cansado, Pablo explotó. Como conocía a Yanet desde pequeña, no soportó más y le dijo la verdad:
Pablo: Lo que pasa es que tú eres adoptada.
Ella no le creyó, pero con el tiempo descubrió que era cierto. Entonces se disculpó. Lo que nadie sabía era que venía de una familia millonaria y desconocía su origen. Les prometió que nunca volvería a molestarlos, pues ahora quería conocer su propia historia. Yanet se fue y nunca la volvieron a ver.
Dos meses después, Mía adoptó un perro pastor alemán llamado Zeus. Era valiente, fuerte y solo obedecía a su dueña. Rápidamente se ganó el cariño de todos sus amigos. Para Mía, Zeus y Pablo eran sus dos grandes amores.