¿Prometes Recordarme? [En proceso]

Summary

Izuku Midoriya ha amado en secreto a Katsuki Bakugou desde la infancia, a pesar del constante desprecio de este. Decidido a ocultar sus sentimientos para siempre, el destino interviene cuando un trágico accidente deja a Bakugou sin memoria. Izuku se ofrece a cuidarlo, esperando ayudarlo a recordar su pasado. Sin embargo, se encuentra con un Bakugou diferente, y en esta nueva dinámica, ambos se ven envueltos en sentimientos encontrados, inesperados y confusos. ¿Podrá este nuevo Bakugou descubrir el amor que Izuku siempre ha guardado y corresponder a sus sentimientos, o la verdad de su pasado destruirá la conexión entre ambos y su relación seguirá igual que antes?. ADVERTENCIAS!! • Contenido Bakudeku. • Violencia y lenguaje vulgar. • Escenas subidas de tono. Créditos del dibujo de la portada a una de mis mejores amigas ♡ © Todos los derechos reservados.

Status
Ongoing
Chapters
4
Rating
n/a
Age Rating
18+

Prólogo.

¿Qué pasaría si la tragedia, en lugar de destruirnos, nos concediera la oportunidad de amar de una forma que nunca creímos posible?

...

El aire en el hospital era denso, impregnado de ese olor metálico y dulzón que le resultaba tan familiar de tantas visitas pasadas, pero que nunca dejaba de lograr ponerlo nervioso. Izuku Midoriya apenas sentía el suelo bajo sus pies mientras avanzaba por el interminable pasillo, cada paso ahogado por el nudo en su garganta, sus manos, inquietas y temblorosas se frotaban una contra la otra, un tic nervioso que no lograba calmar el dolor en su estómago, el sudor le perlaba la frente, a pesar del frío artificial que inundaba el lugar.

Solo hacía unas horas que la noticia había corrido como pólvora, sembrando el pánico en la ciudad: Katsuki Bakugou; su Kacchan, se había visto envuelto en un brutal ataque villano sin refuerzos, el resultado lo tenía ahora aquí, al otro lado de una puerta de un hospital, en estado crítico. El peso de la devastación, de los rumores, de la brutalidad del incidente, cargaba sobre sus hombros. Su corazón latía desbocado, por cada segundo que pasaba, trataba de pensar en positivo pero, le era imposible. Antes de siquiera alzar la mano para llamar a la puerta, una enfermera con el rostro cansado y los ojos hundidos lo detuvo. Su mirada era una mezcla de lástima y tristeza.

—Disculpe... ¿Es usted familiar del joven Bakugou? —preguntó, con una voz baja y llena de pesar.

Izuku asintió de inmediato, sin pensarlo mucho. Su garganta estaba demasiado cerrada, demasiado seca para articular palabra. Técnicamente, sí lo era, eran más que amigos, más que compañeros. Habían pasado una vida entera entrelazados, compartiendo sueños y pesadillas, cicatrices y risas, un vínculo forjado en el fuego de la rivalidad y el respeto más profundo. Eran el yin y el yang, dos mitades de un mismo todo, no importaba si no compartían la misma sangre, eso era familia, ¿no?

—Adelante, puede pasar —dijo, y la forma en que lo dijo, como si lo estuviera preparando para lo peor, le hizo un nudo aún más apretado en el estómago.

Izuku empujó la puerta con una lentitud angustiosa; el crujido metálico de las bisagras quebró el silencio sepulcral de la habitación como un grito. Y entonces, contempló la escena. Y sintió que su mundo, no solo se detenía, sino que se colapsaba, se hacía añicos y se convertía en polvo bajo sus pies.

Allí estaba Kacchan, pálido e inmóvil, una maraña de tubos y cables, como venas artificiales, lo conectaban a máquinas que emitían pitidos monótonos y luces parpadeantes qué volvían la atmósfera mucho más aterradora de lo qué ya era. Un grueso vendaje le cubría la mitad del rostro y el torso, y donde la piel estaba visible, se veían moratones y cortes que formaban un mapa de la destrucción. No quedaba rastro del Bakugou explosivo y lleno de vida que conocía, aquel cuya sola presencia podía incendiar una habitación. Era la primera vez que lo veía en un estado tan... deplorable, tan despojado de su esencia. La imagen le oprimió el pecho con un dolor tan agudo que casi lo hizo retroceder y romper en llanto allí mismo, pero se mantuvo fuerte, clavándose los dedos en las palmas hasta casi hacerse sangre. Se mantuvo firme, aferrándose con uñas y dientes a la diminuta, frágil esperanza de que, al final, todo estaría bien. Kacchan era fuerte, sobreviviría, siempre lo hacía.

Fue entonces cuando notó la silla al lado de la cama, en ella estaba sentado un hombre de aspecto serio, con bata blanca y gafas que reflejaban las luces de los monitores, ocultando sus ojos. El doctor, se levantó lentamente, y el aire en la habitación, ya de por sí irrespirable, se hizo aún más pesado, casi sólido, como si las paredes mismas se encogieran, aprisionándolos en esa burbuja de horrible expectación.

—Midoriya, ¿verdad? Me alegra que esté aquí —dijo el doctor, su voz era clínica, educada, pero carente de todo calor. Hizo una pausa deliberada, clavando sus ojos ahora visibles en Izuku, como si lo analizara, midiera su capacidad para recibir el golpe que se avecinaba. Se acercó un paso—. Las heridas físicas son graves, múltiples fracturas, quemaduras de segundo grado, trauma contundente... pero no se preocupe mucho en ese aspecto, su resistencia es extraordinaria, se recuperará en un par de meses con los cuidados adecuados, no hay daño orgánico permanente.

Izuku soltó el aire que no sabía que estaba conteniendo, alivio. Kacchan sanaría. Su cuerpo se recuperaría. Pero... la expresión del médico no se suavizó; sus labios permanecieron sellados en una línea firme y delgada, y en la profundidad de sus ojos, Izuku vislumbró por primera vez una pena auténtica, profunda, que no entendía. ¿Por qué parecer tan triste si las noticias eran buenas? El silencio que siguió fue brutal, tanto que se sintió eterno.

—Sin embargo —continuó el doctor—, debido al fuerte impacto craneoencefálico que recibió... el señor Bakugou ha experimentado una pérdida de memoria.

—¿Quieres decir que... no recuerda lo que le pasó en el accidente? —preguntó Izuku, No sería de extrañar que no recordara nada de antes y después del ataque; después de todo, fue un atentado muy fuerte, un trauma que bien podría borrar los recuerdos inmediatos. Era lógico y comprensible.

—No... —La voz del doctor se quebró ligeramente, por primera vez, como si le costara un esfuerzo inmenso sostener el peso de sus propias palabras. Negó con la cabeza con lentitud—. Es mucho más profundo, el trauma le ha provocado una amnesia retrógrada severa, no recuerda nada del incidente, ni su Quirk, ni su entrenamiento, ni a sus amigos o compañeros, ni su pasado... —Hizo otra pausa, la más cruel—. Ni siquiera recuerda su propio nombre... Su identidad, para todos los efectos, ha sido... borrada.

Las palabras no cayeron como rocas; explotaron como bombas dentro de la mente de Izuku, aplastando, incinerando, aniquilando el último y más frágil vestigio de esperanza que le quedaba. Sintió cómo todo el oxígeno era brutalmente arrancado de sus pulmones. Las frases resonaron en su cráneo, distorsionadas, como un eco doloroso y maldito que se repetía una y otra vez sin parar. Nada, no recuerda nada, ni su nombre, todo fue borrado.

El mundo a su alrededor, la habitación blanca, las máquinas pitando, todo pareció desdibujarse, paralizarse por completo. Un frío inmenso, absoluto, lo invadió, se le heló la sangre en las venas y le congeló el alma. Un dolor que no era físico, pero que era más desgarrador que cualquier puñal, cualquier hueso roto, cualquier herida abierta, se expandió en su pecho hasta ahogarlo.

—No recuerda... nada... —Sus palabras temblorosas flotaron en el aire, sin recibir respuesta.

La verdadera pregunta no era el como seguir amándolo y estar con el ahora que no recordaba nada, porqué eso era inherente a su ser, amarlo era tan natural como darle aire a sus pulmones. El problema real era ¿Cómo se vuelve a construir una vida con alguien que ha olvidado todo lo que vivieron juntos? ¿Cómo se empieza de cero si la persona que más conoces te ve como un extraño? Qué no sabe si lo qué sentía por ti era amor u odio, o si acaso fuiste importante para él. Es como empezar de nuevo con la persona que más conoces, sabiendo que tú eres la única que guarda todos sus secretos, todas sus historias. En el fondo, todo se resumía en una sola verdadera pregunta desgarradora: si él, alguna vez... Podría volver recordarle.