cocina para dos

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Summary

El amuleto de la suerte a veces llega en forma de persona. Eso es lo que ellas significan la una para la otra. Entre comida y comida, especias y sabor, nacerá algo más que llamarán amor. Las segundas oportunidades a veces llegan de la mano de una chef "prepotente" que busca sacar a flote el restaurant que compró con sus ahorros. Pero quizás en esta nueva aventura no solo logre salvar su nuevo local, sino también su corazón de ser cerrado y a su estrella oculta lavando platos, que en las noches cuando todo cierra ella cocina para si misma hasta que es descubierta. Alexa Hall nunca ha tenido una vida fácil, de hecho el destino le ha hecho de todo menos algo "fácil". Elizabeth, no es una persona con la que es muy fácil de lidiar, bueno eso creen el resto de la humanidad, excepto sus mejores amigas y Alexa.

Status
Complete
Chapters
26
Rating
n/a
Age Rating
18+

1 Tac, tac

Tac, tac, tac. El taconeo que hace el mal al entrar a un lugar. 

El taconeo se hizo presente acompañado de unas piernas largas que pertenecían a una mujer con una energía altanera, caderas anchas, paso firme, cabello castaño lacio y suelto.

Anoche se me olvido pedirle a Dios salir viva de esto y aquí vamos de nuevo.

—Buenos días —dice ella con un acento claramente demasiado europeo, es el tipo de persona que dice Wata en vez de water—, soy Elizabeth Carter, la nueva dueña del restaurant —nos mira casi que con desprecio y lastima—, parte del paquete era conservar la planta de trabajadores, pero créanme que no me importa cuanto lleven, están todos a prueba y sino me rinden como espero, están fuera —trago despacio mientras sus ojos claro con verde en en las orillas nos escanean a todos. Estoy tan nerviosa y soy una simple lavaplatos— ¿Quiénes son los cocineros? —mis compañeros levantan la mano— vayan y preparan el menú entero, quiero probar cada cosa que preparan en este lugar. Los demás a trabajar —da dos aplausos como si fuéramos sus perros y se voltea.

El aire en la cocina al fin es más suave y liviano, Elizabeth Carter, sería el nombre que más escucharía nombrar en este tiempo junto a un, perra, zorra, maldita bruja, y un sin fin de adjetivos que mis compañeros y sobre todo mi mejor amiga diría sobre ella, nuestra nueva jefa.

El día laboral transcurre tenso y el clima también es denso, es como si una gruesa capa de pesado aire se hubiera posado en nuestros hombros haciendo tanta presión que hasta los músculos del cuello los tengo duros y los hombros me duelen. Los cocineros preparan cada cosa del menú lo van sacando a medida que las demás ordenes también se acumulan, la tensión se respira, si los pulmones dolieran diría que duele respirar este aire cargado de esta energía.

—La bruja sigue anotando a medida que los platos salen, Henry —su expresión es seria y jamás lo había visto con el ceño tan fruncido.

—Llévale esto —saca un plato y se lo entrega junto con una sopa para suspirar limpiando el sudor de su frente.

—¿Se lo puedo escupir? —pregunta mi amiga.

—No, Charly.

Rezongando se lo lleva y se lo deja en la mesa con la sonrisa más falsa que puede dibujar, pero Elizabeth ni siquiera le presta atención, solo sigue anotando cosas antes de probar la comida, mi amiga me mira y blanquea los ojos mientras voy sacando la basura. Veo una silueta salir al callejón detrás de mí y a medio voltear ya sé que es ella, mi mejor amiga, la conozco desde hace años, su cabello rubio teñido, algo pajoso y su contextura delgada y demasiado alta, es ella.

—Es una perra —dice saliendo detrás de mí.

—Charly.

—¿Qué? ¿Quién se cree para venir entrar así y tratarnos de esta manera? —saca un cigarrillo y lo enciende, la miro levantando una ceja. Justo ahora no es el mejor momento para entrar pasada con ese olor tan desagradable adentro, así que lo apaga.

—Bueno, quizás la nueva dueña.

—Henry, acaba de hipotecar su casa de nuevo, para pagar la universidad de su hija —él no tiene hijas, solo un hijo, Billy— ¿sabes el estrés que maneja ahora ese hombre? No puede quedarse sin trabajo, este maldito lugar se hundiría sin él —Ahora mágicamente Henry le cae bien— ¿a quién van a poner sino, a ti, con sueños de chef frustrada entre las sombras? —ese comentario dolió mucho más de lo que expresé, la miré y bajé la vista al suelo mirando mis manos—. No te ofendas Lexy —que fácil es decir eso luego de largar un comentario que no solo me ofendió sino que también me dolió—, pero ni siquiera terminaste la secundaria y tienes suerte de que te conseguí este trabajo, ser chef simplemente, te queda grande.

—Charly, te necesitamos adentro y a ti en la cocina Alex —sale uno de nuestros compañeros a buscarnos.

Entramos y con un nudo en la garganta me dirijo al baño, siento las lágrimas querer escaparse, pero las detengo justo a tiempo tragando en seco, al menos para entrar al baño y al cruzar la puerta dejar que salgan con un llanto ahogado. Es que yo sé que mi sueño es demasiado grande, pero me hace feliz cocinar, por qué Charlotte siempre tiene que ser tan cruel al decirme las cosas ¿acaso no se me nota que me duele?

Tiro mi cabello negro hacía atrás para lavar mi rostro paliducho y poder secarme las lágrimas, más no las pecas que adornan mi nariz y mejillas apenas debajo de los ojos.

—Está ocupa... —un rostro aparece y se torna serio en cuanto me ve, yo intento voltear rápido—, está ocupado.

—¿Qué le pasa?

—Nada es solo —respiro para poder hablar y frenar el sollozo—, yo estoy bien, ya vuelvo a mi puesto, disculpe la tardanza —salgo avergonzada—, ya puede ocupar el baño.

Vuelvo a mi puesto de lavaplatos y trato de no moverme de ahí hasta que termina mi turno. Esta noche nadie comió del personal y no por falta de hambre, sino por excesos de nervios. Henry termina limpiando la cocina y la mayoría toca su hombro en señal de apoyo, esta noche hizo lo que pudo. Me da algo de pena verlo así, él por lo general es un hombre que sonríe, hace chistes, y nos anima siempre, es como eso que no tuve yo y la mayoría, un padre presente, porque su instinto paternal siempre es más fuerte, nos cuida, nos aconseja, nos anima, pero no hoy, hoy el que necesitaba ánimos era él.

El restaurante cierra y ella espera sentada en la mesa mientras terminamos de limpiar bebiendo una taza de té, como dije muy inglesa hasta en eso.

Nos paramos al rededor de la mesa, ella aparta su taza, se coloca los anteojos que antes había usado, abre donde ha a anotado demasiadas cosas. No sabía que estábamos tan mal, no al menos hasta ver la cantidad de hojas con anotaciones y no solo eso, hay pequeñas notas con diferentes letras, ella seguro les pidió a los clientes una evaluación.

—Empezaremos con el servicio de los mozos —va a esas hojas y hay varias cosas subrayadas en rojo—, tardanza en tomar los pedidos, algunos no se saben bien el menú, no dan sugerencias de los platos, no saben con que vino pueden acompañar o van mejor las comidas, no sugieren postre, tampoco intentan aumentar el ticket, no le preguntan a los clientes si necesitan algo más y no están atentos. Con estás observaciones, les doy una semana para mejorar mientras voy revisando la pila de curriculums que tengo, sino, pueden irse desde ahora o desde la semana que viene. Dejaré las hojas con las anotaciones y las sugerencias de los clientes en el muro de noticias para que las lean si quieren mejorar y conservar su trabajo, pueden irse.

Muchos toman sus cosas y se marchan diciendo algunos un imperceptible adiós, algo bajo y desanimado. Ella espera que todos se marchen y nos invita al resto que somos menos a tomar asiento.

—Algunas ordenes salieron frías, hubo quejas por la demora, pero no todo es su culpa, porque las comandas tardaron en salir, porque tardaron en tomar el pedido —luego comenzó a enumerar cada falencia de cada comida entregada en su mesa, para terminar y mirar a Henry que se encontraba tenso, yo toco su brazo y le regalo una tímida sonrisa que él me devuelve preocupado— ¿Tiene alguna formación o estudio en cocina?

—No, señora —ella asiente dibujando una delgada línea apretando sus labios—. Lo que sé lo he aprendido con años de experiencia y a veces con ayuda —me regala una mirada rápida, porque yo le daba ideas de cómo mejorar algún plato cocinando juntos cuando cerrábamos.

—La verdad que se nota —el cierra la mano en un puño—, no sé cómo este restaurante ha estado abierto tanto tiempo sin un chef a cargo que sepa lo que hace, pero —cierra la carpeta y entrelazando sus manos lo mira directo—, Henry, estoy segura que mucho de eso se debe a que usted ha estado a cargo haciendo lo que ha podido en la cocina —¿Eso fue un cumplido?—. Hoy no vengo a despedir a nadie, vine a ver como funcionan —muchos suspiramos aliviados— y hacer las mejoras necesarias para hacer de este un gran restaurant donde la gente reserve y haga cola por querer comer aquí, así que gracias Henry por su labor, pero yo me haré cargo de ahora en más de la cocina —él empalidece—, soy chef ejecutiva y si quiero que mi restaurant crezca, yo lo voy a sacar a flote. No va a perder su puesto de trabajo, pero estará como segundo al mando.

—Llevo 12 años trabajando en este lugar.

—Serán más, si acepta la nueva forma de trabajo —las miradas viajan de ella a él—. Y por supuesto que voy a necesitar que haga un curso de chef que pagaré con gusto para que aprenda conceptos básicos al menos, entre otras cosas. Tengo un nuevo menú en mente que necesita mayor conocimiento y preparación —se levanta—, no se apure en darme una respuesta ahora —toma sus papeles, dejando algunas notas como con los mozos—, le doy dos días para pensarlo y si ya no quiere seguir adelante le daré su liquidación. Buenas noches y nos vemos mañana.

Se retira y nos deja a todos congelados, pero sobre todo Henry, nuestro grandulón solo se queda sentado mientras todos se marchan tocándole el hombro y le dan una palmada dandole aliento. Vuelvo a sentarme a su lado y le coloco una taza de café frente a él, me mira con los ojos llenos de lágrimas.

—Llevo 12 años trabajando en este lugar, saqué una hipoteca para mandar a Billy a la universidad —aprieta los labios y veo como titubea—, tengo casi 50 ¿Qué haré? no puedo perder mi trabajo, Grace está cansada también, toma demasiadas guardias en el hospital —temblando seca sus lágrimas—. No somos jóvenes.

—No te ha despedido, Herny, solo estarás bajo su mando y te da la posibilidad de aprender, podrías tomarla, siempre quisiste abrir tu propio negocio.

—Eso era un sueño tonto Alex, tengo 50 no puedo arriesgarme a abrir un negocio y menos con mi hijo en la universidad —suspira y toca la taza que le serví—. Debo irme a casa, no, Dios, tengo que pasar a buscar a Grace —se levanta—, gracias mi niña —toca mi hombro—, eres como la hija que nunca tuve y estoy muy agradecido de conocerte.

—Henry no lo hagas sonar como una despedida —me levanto también—. No te ha despedido, y te da la posibilidad de aprender más ¿sabes lo que yo daría por ese curso de chef?

—Entonces hazlo, Alex.

—Sabes que no puedo, no tengo la madera.

—¿Según quién, Charlotte? —niega con la cabeza— El día que seas consciente de lo mucho que puedes lograr y de lo alto que lo puedes hacer, sin tener el lastre del que te rodeas —sí, a él nunca le cayó bien mi amiga—, entenderás que todo este tiempo solo perdiste el tiempo ocultando tu luz.

Él se marcha, yo cierro el restaurant con llave y enciendo la luz de la cocina, saco una bolsa champiñones que compré con mucho esfuerzo y por supuesto todo lo necesario para cocinar la salsa que estoy a punto de hacer. Siempre práctico a solas por la noche y trato de no tocar nada que sea de aquí a salvo por algunas especias y sal, si ocupo algo más lo repongo en cuanto puedo. Luego de emplatar veo que me haya quedado casi igual que en el video, corto y doy el primer bocado a la carne que se deshace como decía en el video con una cuchara, y sí, claro que hice todo tal cuál y este resultado me deja por demás satisfecha. Luego de un día tan largo y complicado, cenar esto en madrugada disfrutando a solas de mi comida es la gloria.

Apago todo y subo a la pequeña habitación con baño incluido para asearme y acostarme. Ahora mirando al techo me pregunto si la nueva dueña me dejará vivir aquí como hasta ahora, este era el acuerdo que tenía con el antiguo dueño, yo recibía a los proveedores en la mañana y compraba los suministros a cambio de alojamiento “gratis”, mi sueldo no es el mejor, pero sin pagar alquiler y a veces ahorrando en comida, puedo invertir en recetas y en ahorrar un poco o tal vez lo suficiente para poder pagar una matrícula de chef, mientras termino de estudiar y graduarme de la secundaria sin que Charly sepa, ya no que necesito sus comentarios.

Estoy sola, bueno no tan sola si tengo a Musse de limón, mi gata negra que duerme acurrucada conmigo y que odia a la humanidad excepto a mí, creo que en eso somos algo iguales.

—Hasta mañana mi bebé peluda del infierno —maúlla—, sí ya sé, yo también te amo —ronronea y se acurruca a mi lado—. Mañana será un día mejor y te prometo que un día nos daré una mejor vida a ambas, solo necesitamos aguantar un poco más, solo un poco más —beso su cabecita y sin darme cuenta me quedo dormida.