Nilam, un gran problema

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Summary

Cuando un ataque deja a su hermanastra gravemente herida, Arzhel se embarca en una peligrosa búsqueda de respuestas. Lo que encuentra lo lleva a un camino oscuro, lleno de preguntas sobre su propia existencia y una verdad que podría cambiarlo para siempre

Genre
Scifi
Author
Angi
Status
Ongoing
Chapters
3
Rating
n/a
Age Rating
16+

El ataque

Solo estábamos sentados en aquel templo cerca de la costa. Podía escuchar el agua chocando los bordes y sentir el viento frío que dejaba claro que estábamos en invierno

-Necesitaba estar aquí un rato después de hoy

Ella sonrío –Seh, yo también

No se encontraba nadie a nuestro alrededor, sólo disfrutábamos comiendo galletitas

-Che, querés que cuando lleguemos a casa, haga pururú y veamos una peli

-Dale, pero mañana cuando vayamos a entrenar no chilles que tenes sueño, eh

-Yo no chillo- digo ofendido- Mira, si mañana hago menos que vos en el entrenamiento, te pago la clase de defensa

-Dalee, me gusta la idea- Me dice como si estuviera segura de que perderé

-¿Y si hago más qué?

-No lo harás

Me quedo callado de repente.

-¿Qué paso?

La voz de ella, la risa que había en sus palabras, se transformó en un zumbido distante. Un hormigueo creciente que se arrastró por mis piernas y subió por mi espalda, como si miles de finos alfileres se estuvieran clavando en mi piel

-Arzhel…

Un escalofrío, frío y eléctrico, se apoderó de mí. No era el frío de una brisa; era como si la misma realidad se estuviera agrietando a mi alrededor.

—¿Qué pasa?

No respondo. Aquel hormigueo se convirtió en un pulso rítmico que me consumía por completo. Me había sumergido en una sensación que me desconectó del mundo, y por un momento, me pareció lo más correcto del universo.

La sensación invadió mi cuerpo. Era poderosa, innegable, y me sumergía en un océano de sensaciones que me obligaban a olvidar todo lo demás, no sé bien que era, pero la disfruté, sé que se sentía bien

Me levantédel banco y avancé un poco, estaba cegado, parecía una marioneta que seguía el tirón de hilos invisibles hacia lo oscuro. Aquello que me sumergió tanto se rompe cuando siento que alguien me toca el hombro

-Arzhel, ¿Qué pasa?- Su preocupación se podía ver con claridad

—No, nada

-Parecía que no me escuchabas

Vuelvo a mirar en aquella dirección que tanto me llamaba. Eirdis hace lo mismo- ¿Qué miras?

-Nada- Digo volviendo a mi – ¿Vamos a casa?

Ella frunce el ceño extrañada —Vamos.

Agarré las galletas que quedaron en el banco y cuando estábamos por irnos, desde las sombras un grupo de personas aparecieron. De inmediato sentimos el peligro

—Arzhel…

-Lo sé …

La jalé hacia mí e intentamos alejarnos, pero un par nos bloqueó el paso.

-¿Qué quieren? ¿Quiénes son?

Al decir esto, no recibí respuestas. Se quedaban en silencio, parecía un ritual de sacrificio satánico, sobre todo por el traje que llevaban puesto

-Miren… no sé si vienen de una fiesta de disfraces y sólo pretenden asustarnos, pero estamos apurados y tenemos que irnos

Hablaba con confianza, pero sabía que algo no andaba bien

-No creo que escuchen

-Eirdis, prepárate por las dudas …- murmuro inseguro

Uno sin previo aviso intenta agarrar a Eirdis, ella reacciona y de un segundo al otro esa persona queda en el suelo.

-Puedes entretenerlos un ratito- Eirdis, con una confianza increíble, empezó a hacer brillar la gema incrustada en su pecho

-Trata de hacerlo rápido- Le digo mientras Intento darle una patada al pecho al otro que se me acercaba

Lo empujo, pero mi fuerza no comparaba su masa corporal y mi “patada”, pareció más cosquillas para ese individuo. Miro a los ojos a través de la máscara. A pesar de que no puedo ver su rostro, siento su burla. Lo sé por la forma en que su cuerpo se relaja, por la seguridad con la que se para. En ese momento, entiendo que mi nivel de combate es inútil en esta situación. No estoy en un entrenamiento, no estoy practicando con un compañero. Esto es real y el tipo me supera tanto en estatura como en complexión . Tengo que buscar un punto de escape

Mientras me ríe, intenta darme un golpe. Me agacho y en el segundo que me acerco, le doy un golpe a la boca del estomago. Eso lo deja sin aire. Sus puntos vitales me salvarán. ¡Inmediatamente otro golpe! Esta vez en el cuello, por último una patada en los huevos

El cuerpo de Eirdis, también empezó brilló, dejando salir vapor de ella. Su gema está en acción

-No le falta mucho- Hablé para mi sólo

Veo como del costado uno corre hacia Eirdis y por detrás va otro más. Vuelvo a ser atacado, esta vez me golpean la cara, y otro me agarra por detrás. Yo me empiezo a mover exageradamente para que me suelte, y cuando veo que se está por acercar el que primero que me pego, corro hacia su dirección, chocandonos y cayéndonos los tres. Miro rápido a Didi para asegurarme que se encuentre bien, de pronto un campo nos rodea a todos.

Los que se acercaban, al tocarla, sus rostros se arrugaron, sus cabellos se volvieron grises y cayeron de rodillas jadeando como ancianos para finalmente morir. Su gema empezó a hacer efecto

Yo sonrío y miro como los lejanos se quedaban sin fuerzas. Aunque a mi también me surgía efecto, solo necesitaba aguantar un poco más para que ella desgaste a los de más

Los de más cerca, empezaron a caer al suelo de rodillas. Mis piernas también empezaron a sentirse pesadas y temblaban por la energía que ella se llavaba

Cuando me doy vuelta, veo como alguien pisa ese campo, caminaba tranquilo como si todo estuviera bajo su control. Intento acercarme, pero mis piernas se caen y me tiran al piso. El mundo se calló un rato y solo se escuchaban unas pisada que se acercaban a mí. Todo se redujo a él cuando se agacho para verme de cerca y nuestros ojos se miraron mutuamente. De pronto, uno me tomóde los brazos y me obligó a mirar hacia mi hermanastra

—¡NO, ALTO!

Mis manos rápidamente empezaron a temblar, intenté soltarme de que me sostenía pero no tenía la fuerza

-¡NOO!

La voz se me quebraba…

Podía ver como caía la sangre, como se desplomaba en el suelo, y con cada segundo que la veía, se me cortaba más la respiración

-¡SUELTAME! NOO

Sentía como mi cuerpo quería comprimirse del dolor, mis manos se entumecían y de manera frenética gritaba con fuerzas que de a poco ni me quedaban, ya no por la gema, sino por el dolor del momento

-¡EIRDIS!

Vi su gema brillar por última vez en la mano de aquella persona, aquella que antes chocó mirada conmigo y que con esos mismos ojos seguía mirando los míos

Mi garganta se cerró, mis ojos se llenaron de lagrimas y mi pecho sentía una presión que asfixiaba mi corazón

De ahí en más, mi mente bloqueó todo referido a aquello. Intento reconstruir, pieza a pieza, cómo llegamos hasta aquí, cómo sigo vivo, pero solo hay vacíos, una nada desesperante donde debería haber recuerdos.

Ahora estoy con ella, mi reflejo contra su capsula de conservación hacía que mis pensamientos se nublen. Estaba en silencio con la mirada perdida, las palabras “Sólo hasta que encontremos un donante”, se escuchaba en mi cabeza como un eco… pero, sabemos que si llega a haber uno, es muy poco probable que sobreviva

El sonido de la puerta interrumpe el momento con Eirdis, veo que es su madre, ha estado aquí desde que la llamaron, se ve destruida…

—Vete —me dice sin mirarme—NO te quiero aquí, por favor, ándate

Veo cómo se aprieta los labios con los dientes y sus ojos reflejan dolor.

—Lo siento…

Decido salir del lugar para no molestarla con mi presencia, ella se acerca a Eirdis, escucho cómo empieza a llorar y veo cómo de a poco se va echando al suelo mientras se apoya en la cápsula de su hija.

Cierro despacio la puerta para darle su privacidad.

Cuando salgo del hospital, mi cuerpo me arrastra por inercia hacia aquel lugar. Cuando lo veo, no puedo evitar quedarme parado. Intento acercarme, pero las cintas de la policía y el cordón de gente me lo impiden.

—Está... todo destruido —digo, más para mí que para los demás.

Un policía se me acerca. No me mira a los ojos, solo mira por encima de mi hombro, con las manos detrás de la espalda y una expresión de fastidio.

—No se permite el paso, por favor. Necesitamos que le dé espacio a la investigación.- Él se dirige para todos

—Pero, señor, ayer no estaba así... Escúcheme, ayer mismo mi hermana y yo...

La mano del policía me interrumpe, no con un golpe, sino con un empujón firme en el hombro. El gesto es casual, como si me estuviera quitando una mosca de encima.

—¿No entendés? —dice, con un tono cansado—. Te estoy diciendo que no te podés quedar acá. Andá a tu casa, pibe.

—Pero tengo información, ¡sé lo que pasó! ¡Ayer nos atacaron, mi hermana está en el hospital!

El policía miró el lugar con desprecio -¿Tu hermanita en el hospital por esto?

Su voz mostraba burla, como si no creyera lo que digo, como si fuera de menos, así sin importancia

Él me agarra por la nuca, un gesto que se siente más humillante que doloroso, y me arrastra lejos de la zona acordonada. Su cara es un muro de aburrimiento.

—No me jodas con tus cuentos. Acá hay un procedimiento y un protocolo. Si viste algo, andá a hacer la denuncia en la comisaría. Y ahora andate, o te voy a tener que llevar yo mismo.

Me suelta. Me quedo ahí, clavado en el piso, el dolor en el pecho nubla mi mente. Solo me veía como un pibe más haciendo lío, un nene más. El dolor aprieta mi pecho y anuda mi garganta.

Respiro hondo, miro desde lejos el lugar, los escombros que quedaros y las plantas despedazadas que gritaban. El lugar aún emanaba la esencia de Eirdis, la última imagen que vi antes de que mi mente lo bloqueara todo, se reproduce en mi cabeza: el brillo de su gema en la mano de aquel hombre.

Abro los ojos y mi mano, que hasta hace un momento estaba entumecida, ahora pulsa con una sensación que me eriza la piel. No es dolor. Es un hormigueo eléctrico, como miles de alfileres finos clavándose en mis venas. Siento el mismo pulso rítmico que sentí en el templo, y un escalofrío me recorre la espalda, pero esta vez, es familiar.

Miro la palma de mi mano. No hay nada. Pero la sensación está ahí. Una verdad silenciosa, una voz que me grita, algo que me dice

“Buscalo”

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