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*Los personajes, organizaciones e instituciones que aparecen en esta novela son todos ficticios y no tienen ninguna relación con la realidad.
-¿Por qué tú, por qué?
El sonido se extendió como una mancha de sangre. Pequeño y denso. Tan débil que la persona que lo pronunció no pudo escucharlo, pero tan pegajoso que perseguiría a la persona que lo escuchó para siempre.
Los labios que una vez desearon al hombre el bienestar con anhelo y ansiedad temblaron vacilantes. "…Hyung, yo…" El hombre juntó sus últimas fuerzas para escuchar. Su abdomen ardía. Los labios vacilaban con más dificultad que los del hombre apuñalado. Parecía que estaba tratando de dar una excusa. Pero la voz débil fue tragada por las entrañas de la oscuridad.
Todo se volvió negro y luego amarillo frente a sus ojos.
De repente, le pareció escuchar el sonido de unos zapatos desde la salida del callejón.
“……”
El tipo se sobresaltó y retrocedió unos pasos. Goteo. Goteo. De pie en el límite donde el callejón oscuro y el neón se mezclaban, el tipo miró al hombre que estaba detrás. Un paso más y estaría en la calle. Goteo. Sin embargo, justo antes de dar ese paso, el tipo se dio la vuelta.
Sus ojos se encontraron.
-……¿Por qué?
Quería preguntar por qué. Pero todo lo que salió fue un sonido como de aire escapándose. Siseo. Siseo.
Trató de mover su cuerpo de alguna manera. Un paso. Al dar un paso hacia adelante como si fuera a caer, el tipo retrocedió. Un paso. Una sombra se proyecta bajo la luz brillante. La sombra que había estado en el callejón desapareció de inmediato. Su visión se volvió borrosa.
Goteo. Se abrazó el estómago, que ardía como si estuviera al rojo vivo. Tambaleándose, dio unos pocos pasos hacia adelante. El sudor frío le caía a cántaros. Cuando salió a rastras del callejón de pocos pasos, con el cuerpo flácido y tambaleante, el tipo ya no estaba a la vista. Solo las luces de neón emitían su luz de colores primarios. Rojo. Amarillo. Naranja. Goteo. Goteo. Goteo. Un líquido aún más vívido, con un tono rojo oscuro, fluía en la oscuridad. Su cuerpo se desplomó en un instante. El sonido del líquido rojo oscuro goteando sobre el suelo de cemento finalmente se detuvo, y se derramó sobre los dedos que lo sostenían.
“……¿estás bien?!”
Una voz desconocida lo agarró por el hombro y lo sacudió. Probablemente era un transeúnte.
“…!”
Pero ya no podía oír. Su cuerpo temblaba. De repente, algo se agitó violentamente desde su abdomen caliente.
Por qué,
por qué tienes esos ojos.
Ese fue el último pensamiento del hombre. Pero en la oscuridad brillante no había nadie que le explicara la razón de la traición. Solo las luces de neón que emitían su luz de colores primarios. Rojo. Amarillo. Naranja.
Y desde algún lugar, el sonido de una sirena que contenía todos esos colores....
Cuidado con los Idus de marzo.
-El adivino a Julio César, Shakespeare.