Sucio y anormal.

All Rights Reserved ©

Summary

Él ama con el alma, se enamora sin pensarlo ni un segundo, y regala su corazón a sentimientos profundos. ¿Pero qué hará cuando sus emociones vayan en contra de todo lo que le fue enseñado? ¿Cómo aceptas un amor que toda la vida escuchaste como algo digno de condena? ¿Cómo lidias con el miedo y el sentimiento de que le estás fallando a todos?

Genre
Lgbtq
Author
Rossler
Status
Complete
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Capítulo 1

Título: Sucio y anormal.

Tenía miedo. Estaba aterrado y se sentía asqueroso, como una alimaña o una basura que necesitaba ser tirada.

Vertía en su piel agua helada, con la esperanza de apagar todas las emociones extrañas que se dejaba entrever en su carne levantada. Tembló de impotencia cuando el frío que le azotaba no consiguió calmar sus ansias.

Las lágrimas llenaron sus ojos, convirtiendo su visión en una niebla borrosa mientras su respiración se aceleraba. Jadeó, temblando de los pies a la cabeza ante el deseo inapropiado que se encendía en sus entrañas.

Las lágrimas se derramaron por su rostro y gimió impotente y desdichado, pues el bulto entre sus muslos se erguía con un orgullo que no sentía. Era asqueroso, inhumano y raro. Era un deseo monstruoso y él lloró por el calor en su cuerpo que no remitía.

Tomó su pene erecto entre sus manos temblorosas y las movió con rapidez, intentando no pensar en nada y terminar con eso de una vez. El alivio y el placer que la acción debería provocarle no fue más que algo superficial, porque las náuseas le revolvían el estómago al pensar en lo que lo había llevado a esa situación.

Eran las manos de su amigo, que se empeñaron en masajear su espalda y pecho, con un gel frío calentado entre sus dedos largos y ágiles. Se relajó, gimiendo como nunca al sentir presión en lugares que nunca imaginó que fueran sensibles. Confundió las zonas homogéneas con músculos tensos y lloriqueó levemente entre los brazos del otro hombre.

Encontrarse con una mirada oscura de pupilas dilatadas, despertó en él emociones que no creía sentir. Las ganas de arrojarse a su boca lo asustaron de una forma inimaginable, y las lágrimas le llenaron la visión al darse cuenta de su miembro erecto.

Su amigo también lo vió, dirigiendo sus ojos al lugar donde él mismo los llevó, delatando su situación de una manera espectacular y humillante. La sorpresa en los rasgos que siempre llamó hermosos sin darse cuenta de que era su propio corazón hablando, lo llenó de un terror absoluto.

Lo apartó con miedo, se levantó del suelo y huyó lo más lejos posible, sin querer ver el asco en la mirada siempre juguetona de su mejor amigo. No ansiaba ver lo que sentía por sí mismo en los ojos de otro, así que corrió a esconderse hasta que la vergüenza se esfumara. No creía que eso sucediera alguna vez.

Lloró contra las baldosas frías del baño mientras se masturbaba con el vómito subiendo por su garganta. No pudo resistirlo y cuando vació su estómago, la erección desatendida se desvaneció sin necesidad de llegar hasta el final.

Perdería a un amigo por su rareza, por excitarse de una forma indebida. Un hombre calentó su piel de maneras que nunca nadie logró. Lloró con impotencia, deslizó el jabón por su cuerpo con rudeza, con el deseo intenso de limpiar las náuseas que sentía por sí mismo, hasta que la carne brilló roja por el maltrato.

Lavó su boca con la vista aún borrosa y colocó una toalla alrededor de su cintura, resistiendo el impulso de quemar la ropa que había usando antes. Cuando abrió la puerta, se quedó paralizado con el terror inundando sus entrañas.

La mano de su amigo sostuvo su brazo cuando su primera reacción, fue intentar huir con miedo. No fue capaz de mirarlo a los ojos y gimió con lamento, disculpándose con un vigor que no sentía. Lloró con más fuerza mientras rogaba que olvidaran la situación, que no lo apartaran por un error, por una reacción anormal de su cuerpo.

Lloró a mares todo lo que estaba perdiendo en ese momento, y casi se aferró al hombre con la esperanza de que no se fuera y lo dejara, aunque sabía perfectamente que no podría evitarlo.

Creció con la enseñanza de que amar a otro hombre era algo para asquearse y reprenderse. Siempre pensó que era vil y de gente perversa, eso fue lo que le inculcaron. Quería arrancarse su propia piel por ser tan sucio, por destrozar todo el aprendizaje de años.

Una mano firme se deslizó a su barbilla mientras su llanto llenaba el lugar, le obligaron a levantar la mirada y se encontró con la expresión más suave que había visto jamás en el rostro de su amigo. El hombre le dirigía una sonrisa dulce, amable y para nada asqueada.

Él dijo que estaba bien, que no lo odiaba, que no era anormal y que debía estar orgulloso por lo que era. Lloró con más intensidad y miró desesperadamente a los ojos de su amigo, buscando fervientemente el asco que esperaba encontrar. Cuando no vio nada más que una expresión serena, se lanzó a sus brazos, aferrándose a él como tanto había querido hacerlo.

Y cuando el hombre que le devolvía el abrazo con igual fervor le susurró que todo estaría bien, él le creyó, porque tenía la costumbre de siempre creer su palabra. Su amigo nunca lo defraudó y supo por la fuerza con la que lo sostenían, que no lo dejaría desamparado hoy tampoco.