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Summary

En este apartado, mi primer espacio, cada capítulo será una historia distinta, independiende de cada una, siendo todas ellas del mundo GL (Girl Love). Esperando que la diversidad de historias les guste <3

Genre
Romance
Author
FranMoug
Status
Ongoing
Chapters
1
Rating
n/a
Age Rating
18+

Momento de Impacto

Rebecca suspira pesado mientras rueda una lagrima por su blanquecina piel, los hoyuelos que danzaron alegremente en sus mejillas durante 8 meses alzaron su vuelo junto a las gaviotas de una fría tarde, donde un anaranjado cielo abrió paso a un par de ojos, que, desgastados de tanto llanto, se marchitaron mientras bajaba el sol. Desciende la cabeza y asiente con ella levemente, sabiendo que no quería hacerlo – ¿Realmente este es el final? – Vuelve a levantar la vista con sus ojos ahogados en lágrimas. Otra mirada triste choca con la de ella, los ojos de ambas se quedan quietas, perdidas, Sarocha se pasa la manga de la sudadera por la nariz y luego se seca las lágrimas del rostro - ¿Qué más puedo hacer? Ya está todo perdido, Bec… – Suelta un sollozo y tapa su cara con ambas manos. Rebecca le rodea con sus brazos y deposita un beso en los labios de su amada, mientras que Freen le abraza por la cintura – ¿Me amas? – Pregunta Rebecca con su corazón acelerado como si de aquella respuesta dependiera su vida. Era la pregunta más sencilla que le habían hecho a Sarocha en su vida, cada parte de su cuerpo gritaba aquel amor que sentía y no pudo responder, las palabras encontraron un refugio en el sufrimiento de Freen y se rehusaron a salir, su silencio fue como una delgada cuchilla hiriendo, abriendo la piel y desangrando una herida invisible. Ninguna de las dos quería soltarse, ninguna de las dos quería dejar ir a la otra, el amor era inminente, pero las circunstancias de la vida habían generado que ambas tuviesen que despedirse y dejar atrás aquellos meses que habían compartido juntas…

Los momentos de impacto son aquellos que te marcan para siempre, el primer beso, el primer amor… la primera despedida…

Todo comenzó en octubre de 2015. Ambas chicas se conocieron cuando Sarocha trabajaba en un café como mesera, Rebecca era una estudiante becada de Comercio Exterior, tímida, introvertida, sin mucha vida social. Debido a sus buenas calificaciones, estudiar en su universidad se le hacía complicado, puesto que sus compañeros, que, queriendo mejorar sus calificaciones, siempre se acercaban a ella para que les ayudara, por ende, constantemente iba al café acompañada de sus audífonos, su notebook y libros a pasar tardes enteras ahí. Siempre la misma mesa, siempre el mismo pedido, un capuccino vainilla con un muffin de chips de chocolate. Ensimismada en su mundo nunca notó la presencia constante de Sarocha que la miraba desde la barra embobada, muchas veces accidentándose por prestar más atención a la chica que a lo que debía hacer. Un día, Becca, en época de final de semestre, abatida por el cansancio, se duerme en el café cuando éste estaba a punto de cerrar. Saro, al notar esto se quita su delantal mientras la mira con ternura, se acerca a ella y posa su mano en la espalda de Bec – Deberías ir a casa… - Le dice cerca del oído y Rebecca salta impactada por susto. Levanta la vista y mira a la mesera entre somnolienta y asombrada por ella y su hermosa y tenue sonrisa - ¿Ya cerrarán? – Pregunta desconcertada. Freen (como le dicen sus conocidos) asiente con la cabeza aun sonriendo – Sí, señorita, ya estamos cerrando… - Esboza una sonrisa tierna al ver los ojos cansados y brillosos de Becky, que, intimidada por aquella mirada transparente, comienza a guardar sus cosas - ¡Qué vergüenza! Lo siento mucho – Dice con sus mejillas sonrojadas sin querer mirar a Freen – Muchas gracias por todo, como siempre – Se aleja hasta llegar a la puerta y vuelve a gritar – ¡GRACIAS! – Con un tono un poco brusco mientras, por lo atolondrada que iba saliendo, se engancha de la manilla de la puerta con una de las tiras de su mochila. Sarocha suelta una risa inocente y se lleva la mano a la boca para acallar su cálida demostración de alegría y la sigue con la vista hasta que llega a la parada de la micro.

Freen, habiendo terminado su turno, sale con sus amigos del trabajo disponiéndose a ir a casa, cuando mira al paradero una vez más y nota que Bec sigue ahí. Sarocha se desentiende de sus amigos diciendo que debía ir a otro lado y se acerca a la estudiosa chica que temblaba de frío mientras esperaba que pasara su bus. – Si sigues acá terminarás con hipotermia… - Dice mientras saca de su mochila una sudadera y se la pasa – Se que vas todos los días al café… Mañana me lo devuelves… - Becky desconcertada gira su mirada y sonríe tímida – Creo que hoy no tengo mucha suerte con la locomoción parece… - Pronuncia sin saber qué más decir – Gr.. gracias… -Recibiendo la sudadera – Soy… - Se disponía a presentar cuando Saro la interrumpe – Rebecca… - Menciona su nombre en un susurro perceptible solo para la dueña del nombre. El tiempo pareciera que se hubiese detenido en ese instante. – Soy Freen… - Recogiéndose el cabello que caía por un lado de su cara, bajando la mirada con un dejo de timidez.

Luego de eso comenzaron las conversaciones diarias cuando Bec estaba en el café. Ella le contaba emocionada a Freen sobre su carrera, sus materias y metas como profesional, mientras que Sarocha solo disfrutaba de ver a Becky sonriente y emocionada de contar aquellas cosas que le hacían feliz. Pronto intercambiaron números, salían juntas en los días libres de la camarera y pasaban cada momento que podían en compañía de la otra.

Un día, en la playa, entre risas danzantes que se mezclaban con el vapor de un café recién hecho y el sonido de las olas de fondo, Bec queda mirando a Freen mientras se lleva una uña entre los dientes y como si no lo pudiese evitar, como un impulso del alma, entre carcajadas de Saro se le escapa de entre sus labios en un hilo de voz – Me encantas… - Freen se queda perpleja ante aquella confesión. Se pone frente a ella y le acaricia el cuello con delicadeza – Pensé que esto jamás sucedería… - Sonríe tiernamente y Rebecca, inexperta, se acerca a ella y roza sus labios con los de ella mientras sus narices se acarician lentamente hasta que, sin sostenerlo más, sella ese momento uniendo sus labios en un beso cargado de emoción y ternura. El sol cae en el horizonte y la luna ilumina el cielo oscuro que abrazaba a las muchachas, única testigo silenciosa de aquel romance crucificado antes de iniciar.

Vivir el amor que se tenían era el regalo más hermoso que la vida les había dado, sentir que se pertenecían, que eran la una de la otra… Pero los padres de Freen no pensaban igual, no comprendían a su hija, mencionando que el sentir atracción por otra chica era una enfermedad, tal como lo creía toda la sociedad y con tantos intentos de presentarle pretendientes que terminaban en acciones fallidas por el fuerte amor que sentía por Rebecca, tomaron la rotunda decisión de alejarla de ella lo más que pudiesen sin importar que su hija ya tenía edad suficiente para poder hacer su vida como le pareciese mejor, amenazándola con arruinarle la reputación a su amada en la universidad y que le quitasen la beca que tenía para poder estudiar, sólo les bastaba con indicar que la alumna sobresaliente de COMEX era marica.

En una oportunidad que no dejaría escapar, Freen se libera de la presencia de sus padres para correr a su encuentro con Bec, en aquella playa donde se habían besado por primera vez. El mar calmado tenía un silencio ensordecedor. Rebecca ve el lento caminar de Saro en la lejanía, sonriente como siempre, pero esa sonrisa se desliza como aquella arena que sentía entre los dedos de sus pies y su semblante cambia al sentir que algo no andaba bien…

Cinco años, cinco largos años habían pasado. Rebecca era toda una profesional en su área, se conseguía buenos empleos y era reconocida en el rubro del comercio exterior, teniendo clientes por todo el mundo, viajando de un país a otro. Se sentía realizada, feliz de haber conseguido sus sueños de estudiante. Ahora tiene 30, tiene su propio departamento, tiene a Bonbon y Bobba, sus perros… pero le seguía quedando un vacío en el corazón que nadie ni nada pudo llenar.

Freen, con 35 años, enamorada del rubro cafetero abrió su propia cafetería y era de las más populares y reconocidas dentro de la ciudad. Alejada de su familia se sentía libre, se sentía poderosa y dueña de su vida. Su local servía de escenario de entrevistas, eventos y centro turístico para muchos extranjeros que sabían de este lugar por internet. Sarocha jamás olvidó a Becca, soñaba con algún día volver a encontrarla, aferrándose a la ilusión de sentir ese delgado cuerpo entre sus brazos para perderse en un abrazo cálido y seguro, con la intención de no separarse nunca más nuevamente, saber de ella o admirarla, aunque fuesen solo 5 minutos, sabía que dentro de las posibilidades cabía la opción de que Becca hubiese encontrado en otra persona lo que no pudo ser con ella, aun así, se conformaba con verle feliz, aunque no fuese a su lado. Su mayor motor siempre fue ese, el reencuentro, pero parecía un vago anhelo de adolescente caprichoso que no quería soltar aquello que algún día le había hecho tan feliz…

Rebecca recibe una llamada de un numero desconocido – ¿Hola? – Dice con el ceño fruncido – Hola Rebecca, soy Franco San Martín, dueño de la empresa productora y exportadora de café “Aroma y Sabor”, actualmente me encuentro en negocios con una importante cafetería de tu país y quiero que me ayudes a conseguir ese contrato, he escuchado muchas referencias de ti y de que eres muy persuasiva cuando de negocios se trata… - Franco hace una pausa para saber alguna reacción de Rebecca a lo que ella responde – Hola Franco. Mira, en este momento tengo demasiado trabajo, pero mándame toda tu información, de tu empresa, los datos, los números, la empresa a la que le quieres vender y te respondo en un par de horas, si veo que es viable y desafiante lo tomo – Suelta una risa cordial y le da su contacto de correo para que le sea enviado el material. – Te agradezco que me consideres para tu negocio, ¿La presentación para la negociación donde será? – Pregunta Becca con un dejo de interés en su voz – La reunión será el próximo jueves en el café llamado “Alma Café” ubicado en el centro de la ciudad, ¿Lo conoces? – Becky frunce los labios pensando – No, creo que no, pero me iré a dar una vuelta para ver su estética y probar sus productos, hay que saber con qué tratamos y si queremos conseguir ser sus proveedores necesitamos ver lo que a ellos les falta y que nosotros les podemos ofrecer – Dice confiada y luego de unos minutos más de conversación corta la llamada.

Al siguiente día Rebecca toma su notebook, sus apuntes de la empresa de Franco y se va al café en cuestión. Al llegar, siempre en compañía sus audífonos, se sienta en una mesa que, de la mano del aroma de un café recién preparado le hizo recordar aquellos momentos donde las conversaciones en compañía de Freen eran infinitas. Sacude su cabeza y suspira comenzando así a trabajar, pide un café tradicional para poder verificar la calidad del producto y un muffin con chips de chocolate. Sarocha entra a su cafetería conversando con uno de los trabajadores, dándole indicaciones y tareas por cumplir, quedando espalda con espalda. Becca no escucha nada por estar pendiente de sus obligaciones y con música reproduciéndose en sus oídos. Saro, ensimismada en sus quehaceres y sin saber que ella estaba ahí, termina de hablar con su empleado y sube a su oficina. Becky ve la hora, recoge sus cosas y se pone de pie, una sensación le recorre la espalda y se gira, mira a su alrededor, pero al no ver nada fuera de lo común se retira del café. Freen, que olvida dar una indicación, se devuelve y queda mirando una mesa vacía que tenía en un plato migas de un muffin y un par de chips sobrantes que no alcanzaron a ser comidos. Se le aprieta el pecho y un escalofrío le recorre el cuerpo entero, el vívido recuerdo de aquel entonces inunda cada una de sus células, mira hacia la salida, pero no ve a nadie. Se lleva la mano al pecho tratando de calmar sus pálpitos y luego vuelve en sí para seguir conversando con el mesero.

Llegado el jueves, Rebecca, se presenta en la cafetería para hablar con su dueño, pero le indican que tuvo que salir de urgencia por unos suministros que no habían llegado pero que se incorporaría a la reunión con la directiva al desocuparse. Rebecca asiente y comienza a alistarse, pasan a la sala de reunión y comienza el proceso de negociación. Sarocha llega corriendo, pero al notar que ya habían iniciado se queda un momento afuera de la sala atenta a escuchar una pausa para poder ingresar. Al percatarse de que quien estaba hablando era una mujer se congela, cada que escuchaba a una mujer que podía parecerse remotamente a Bec ella quedaba impávida, su corazón se aceleraba y no atinaba a hacer nada, solo tomó la perilla de la puerta y al comenzar a girarla para ingresar a la reunión escucha que alguien la llama – Jefa, la necesitamos acá un momento, por favor… - Se escucha una voz masculina que venía de la barra. Freen detiene el girar de la manilla y se va atónita hacia la barra del café.

Concluye la reunión favorablemente para Rebecca que sale distendida y relajada de la sala, conversando con los ejecutivos y directivos presentes. La cafetería de Sarocha tenía sucursales en varias ciudades y seguía en expansión, por ende, la victoria de Rebecca no era solo por ese local sino por todas las filiales que tenía a lo largo del país.

Se despidió de las personas con las que se había reunido cuando uno de ellos lanza una broma y Becky, que ya no era más la introvertida y callada, lanza una carcajada. A su vez, Freen, que seguía atendiendo los temas del local es vista por uno de los directivos que alza la voz para llamarla y que conociese a Rebecca – ¡FREEN! – Levantando su mano para que ella lo viese. Sarocha escucha su nombre y aquel tono de voz inconfundible para sus oídos “Esa risa…” piensa y se gira a la vez que Bec al escuchar que nombran al amor de su vida. Sus miradas colisionan ante la presencia de todos. Pareciese como si todo alrededor de ellas se hubiese esfumado quedando solo ellas dos en aquel café. Se quedan mirando en la distancia, con el corazón a punto de salírseles, los ojos se llenan de lágrimas de emoción que no evitan salir. Freen se humedece los labios y extiende una sonrisa, mientras que Becky suelta una pequeña risa emocionada provocando esos hoyuelos que por tanto tiempo habían desaparecido y que Sarocha deseaba volver a ver. Momento de impacto número cuatro… el reencuentro.