Capítulo 1
Alejandro POV
MENSAJES DE TEXTO
(Sábado, 9:17 a.m.)
Alejandro:
Buenos días, ¿hablo al el Centro Psicológico Lumina?
(La respuesta no llega de inmediato. Alejandro deja el teléfono sobre la mesa y se recuesta en la silla, mirando al techo. Pasa un minuto, dos… y finalmente la pantalla se ilumina.)
Consultorio Psicológico Lumina:
Buenos días, así es. ¿En qué podemos ayudarle?
Alejandro:
Quisiera agendar una cita para una consulta individual.
Consultorio Psicológico Lumina:
Claro. ¿Es su primera vez con nosotros?
Alejandro:
Sí.
Consultorio Psicológico Lumina:
Perfecto, le pediré algunos datos. ¿Podría decirme su nombre completo, algún número o correo al que podamos contactarlo y una breve razón de su consulta?
(Alejandro duda unos segundos antes de escribir. No es fácil resumir años de peso emocional en una sola línea. Finalmente escribe algo muy general, suficiente para no dar demasiados detalles.)
Alejandro:
Alejandro Firtz. Quiero hablar con alguien… sobre algunos temas personales que llevo tiempo arrastrando.
Consultorio Psicológico Lumina:
Muy bien, Alejandro. Tenemos disponibilidad para este Lunes a las 5:00 p.m. y su doctora asignada sería la psicóloga Sofía Luna. ¿Le viene bien ese horario?
Alejandro:
Sí. Me quedaría perfecto.
Consultorio Psicológico Lumina:
Perfecto, queda agendado. Por favor llegue 10 minutos antes.
Alejandro sabia que no estaba totalmente decidido a ir a consulta, fue más por presión de su hermana que vivía con el.
Alejandro se notaba cansado, ansioso, no dormía bien. Todo esto como consecuencia de lo qué sucedió hace algún tiempo atrás.
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(Lunes, 9:30 a.m.)
Diana: ¿Quieres qué te acompañe? Salgo pronto del trabajo hoy, pensé que sería más fácil para ti si vas acompañado
Alejandro: No, iré solo. Tengo que pensar algunas cosas en el camino, y sabiendo que te la pasas hablando todo el día, prefiero que te quedes.
Diana: Bien, aún así sabes que si pasa algo, puedes mandarme mensaje, o llamarme, a cualquier hora.
Alejandro: Lo sé, gracias.
Diana: Tendrás que faltar a la universidad, ¿ya te aseguraste de avisar que no podrás ir?
Alejandro: Avisaré después.
¿Acaso no tienes que ir a trabajar? Se te hace tarde.
Diana: Me preocupas más tú que mi trabajo, eres mi hermano, esto es así.
Alejandro: Puedo resolver mis cosas por mi mismo, no te preocupes tanto por mi.
Diana: Lo haré aunque no quieras…Avísame cualquier cosa si?
Alejandro: Si, te iré avisando.
Diana salió al trabajo, normalmente pasaba todo el día fuera, por trabajo, reuniones, salida con sus amigas. Siempre tenía un plan para perder el tiempo, pero aún así ella estaría disponible para su hermano en cualquier momento que lo necesite.
(Lunes, 4:53 p.m.)
Alejandro estacionó su auto en una calle tranquila. El letrero del Centro Psicológico Lumina apenas destacaba, grabado en letras doradas sobre un fondo de madera clara. Al entrar, lo recibió un aroma suave a vainilla y café recién hecho. La recepción estaba iluminada por una luz cálida, con música instrumental de esas que casi pasa desapercibida .
Una joven en el mostrador le sonrió.
—Buenas tardes, ¿Alejandro Firtz?
Él asintió.
—La psicóloga Sofía Luna lo recibirá en unos minutos. Puede tomar asiento.
Alejandro se sentó, observando el lugar con intriga. Intentaba calmarse, pero la idea de hablar con un completo desconocido sobre su vida le provocaba una extraña mezcla de nervios y alivio.
Unos minutos después, la puerta lateral se abrió y apareció ella. Sofía Luna. No llevaba bata blanca con el nombre de la clínica bordada en ella, ni ropa demasiado formal; vestía un conjunto elegante, pero cómodo: blusa blanca de tela suave, pantalón de vestir algo ajustado, y un par de tacones discretos. El cabello castaño, ligeramente ondulado, caía sobre sus hombros.
Alejandro no pudo evitar sorprenderse. No se había imaginado que su psicóloga fuera apenas un par de años mayor que él o por lo menos eso parecía a primera vista, y mucho menos que irradiara ese tipo de atractivo difícil de describir.
—Alejandro Firtz —dijo ella, con una sonrisa amable pero profesional—. Pasa, por favor.
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Alejandro se levantó de su asiento, dirigiéndose a la sala donde sería la consulta.
Entró a una sala grande, elegante, con luz cálida, había plantas adornando los espacios vacíos, varios sillones y un diván Justo en medio. Entraba mucha luz natural por una grande ventana que daba a un jardín totalmente verde.
Sofia: Buenas tardes Alejandro, ¿Cómo estás? ¿Cómo va tu día?
Dijo mientras se ponía del otro lado del escritorio, que estaba lleno de archivos de más pacientes.
Siéntate por favor (señalaba la silla que está justo enfrente del escritorio)
Alejandro: Hola doctora, buenas tardes.
Supongo que no muy bien.
Sofia: Me imagino, pero por eso estamos aquí ¿Cierto? Para ayudarte con eso.
Alejandro: Si, eso espero doctora.
Sofia: Muy bien, entonces déjame tomar tus datos y después empezamos con la consulta, ¿Te parece bien?
Alejandro: Si, está bien.
Sofia volteó a un estante donde guardaba los formularios para tomar uno nuevo.
Alejandro aún estaba sorprendido por el porte y por la juventud que mostraba.
-Se ve que apenas es unos años mayor que yo, ¿como podría ayudarme alguien así? Tal vez yo tengo más experiencia que ella con lo que he leído en internet sobre la ansiedad, depresión y los trastornos mentales.-
Pensaba Alejandro.
Sofia: Bien, vamos a empezar, te iré haciendo preguntas y tú me vas respondiendo, si?
Alejandro: Perfecto.
Sofia: ¿Nombre completo?
Alejandro: Alejandro Firtz Ibarra
Sofia: Por tu apellido, supongo que no eres de por aquí ¿no?
Alejandro: Yo nací aquí en Mexico, pero mi papá es de Alemania. Se conocieron cuando mamá se fue de Vacaciones para allá y bueno, lo demás es historia.
Sofia: Que bien! Tienes un lindo apellido.
Bueno….Ahora dime tú edad y tu fecha de nacimiento
Alejandro: 24 años. 20 de Julio del 2001.
Sofia: Enserio? (Sigue apuntando en su formulario y después lo mira) Cumplimos casi el mismo día. Que coincidencia!
Alejandro: ( La mira sonriente) Que día cumple usted?
Sofia: El 19 de Julio, hubiera sido mucha coincidencia que fuera el mismo día que el tuyo.
Alejandro: Hubiera sido increíble ¿no?
De qué año es usted? Si no es mucha indiscreción.
Sofia: No te preocupes, estamos aquí para conocernos.
Yo soy del 2000, apenas un año antes que tu.
Alejandro: Con razón la veía demasiado joven, digo, no tengo problema con eso, se que usted esta preparada, solo que me sorprendió ver a alguien tan joven aquí.
Sofia: Muchos de los pacientes que se atienden aquí prefieren a psicólogos más experimentados. Por eso es que usted es de mis primeros pacientes.
Me gradué hace 6 meses, me costó algo de trabajo encontrar un empleo pero ahora estamos aquí, esperemos que la gente y que tu también me den una oportunidad de atenderlos.
Alejandro: Entiendo, y si, por mi está bien, prefiero que me atienda usted, siento que los psicólogos mayores son abuelitos cascarrabias.
Sofia: (Sonriendo y retomando su formato de datos). Hay de todo, pero gracias por darme la oportunidad a mi y quedarte aquí.
Bueno, seguimos con el formato.
¿A qué te dedicas?
Alejandro: Soy estudiante.
Sofia: Aprovecha esa época, en cuanto salgas a buscar trabajo, te vas a dar cuenta la pesadilla que es. Pero bueno, que estás estudiando?
Alejandro: Ingeniería Civil, ya estoy en los últimos semestres.
Sofia: Wow, es una carrera muy dura.
Alejandro: Así es, es muy pesada, debes de tener buenas bases de matemáticas y física, pero nada que sea imposible.
Sofia: Me agrada tu actitud, eso es. Debes de sobreponerte a todo, en especial a lo que te cuesta más.
Seguimos con el formato.
¿Estado civil?… ¿Eres soltero? ¿Estás en una relación?
Alejandro: Justo apenas termine mi relación, hace algunos días. Entonces, soltero.
Sofia: Lamentó escuchar eso.
No se si me equivoco pero, eso es uno de los motivos por los qué estás aquí cierto?
Alejandro: Si, ese es el principal.
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Sofia siguió preguntando un par de cosas más, hasta que terminó de llenar del formato.
Se levantó y lo guardó en el archivo, un cajón metálico que tenía en un locker detrás de ella.
Sofia: Bien, Alejandro. Cuéntame, ¿por qué estás aquí?
Alejandro: Bueno… mi ex pareja —empezó, un poco inseguro—. Terminé con ella hace algunos días y… no sé, siento muchas cosas que no comprendo y me hacen sentir ansioso, molesto, irritado.
Sofía asintió, sus dedos jugando suavemente con un bolígrafo, mientras mantenía la mirada tranquila sobre él.
Sofia: Es normal sentirse así después de una ruptura. ¿Puedes decirme qué es lo que más te preocupa o te incomoda?
Alejandro bajó la mirada unos segundos, como si estuviera evaluando cuánto debía revelar.
Alejandro: Supongo que… verla con otra persona. Saber que está con otro chico, y de solo imaginar lo que pueden estar haciendo… siento que se me cae el mundo encima.
Me siento raro. No tengo el control de esto.
Sofía inclinó ligeramente la cabeza, manteniendo la voz suave y sin juicio:
Sofia: Parece que esta situación te genera una sensación de impotencia… como si algo que no puedes controlar estuviera afectando tu tranquilidad.
Alejandro tensó las manos sobre su regazo, sin mirarla:
Alejandro: Sí… exacto. Es como si todo lo que yo hice… todo lo que yo esperaba… ya no valiera nada. Me frustra pensar que ella ahora pueda estar con alguien que la haga sentir… lo que yo solía hacer. —Hizo una pausa, tragando saliva—. Y no puedo… dejar de imaginarlo.
Sofía respiró despacio, dejando que sus palabras calaran en él sin confrontarlo directamente:
Sofia: Parece que hay una mezcla de rabia y ansiedad en ti. Y está bien reconocerlo. No es raro que nuestra mente se enfoque en lo que creemos que hemos perdido.
Alejandro levantó la mirada, con un gesto que mezclaba vulnerabilidad y un toque de orgullo:
Alejandro: Tal vez… no es que la extrañe de verdad. Es… otra cosa. —Su voz bajó, casi un susurro—. Es que… no puedo soportar que alguien más tenga lo que yo tenía… que alguien más la controle, de alguna manera.
Sofía anotó algo en silencio, dejando que el aire entre ellos se cargara de un leve peso. Su voz siguió tranquila, apenas un hilo de sonido:
Sofia: Eso es interesante… Es como si tu malestar viniera más de lo que percibes sobre ella y sobre la situación, que de lo que sientes por ella directamente. Podemos explorar eso juntos, si quieres.
Alejandro se recostó un poco, cruzando los brazos, respirando hondo. Había algo en la manera calmada y paciente de Sofía que lo obligaba a bajar la guardia. Por primera vez, se dio cuenta de que hablar de sus sentimientos, incluso así, lo hacía sentir expuesto. Y sin embargo, no podía evitar querer seguir hablando, como si la atención que le daba Sofía lo alimentara.