Prologo
Dicen que el amor es un milagro, pero para mí se ha vuelto un veneno.
Soy capaz de incendiar la eternidad por él, de romper mi propia existencia si lo requiere. Lo amo con una fuerza que me consume, que me arranca el aire y me deja temblando en la penumbra de mis propios pensamientos.
Mi lealtad le pertenece, mi alma también... y aun así, en lo más profundo de mí, la duda se abre como una herida imposible de cerrar: ¿existo en su corazón, o soy solo la sombra de mi obsesión?
Cada noche repito su nombre como si fuera un conjuro; lo pronuncio hasta que mi garganta arde y mi pecho se convierte en ceniza. Lo recuerdo en gestos mínimos -la forma en que cruza los dedos, el silencio entre sus palabras- y me basta para volver a encenderme.
A veces creo que él no sabe de mi presencia; otras veces intuyo que lo sabe todo y finge no verlo. Hay noches en que una certeza fría me atraviesa: mi devoción no solo me define, me marca un destino. Y no estoy segura si ese destino traerá salvación... o caída.
Quien abre estas páginas debe saberlo: el amor aquí no salva, destruye. Entre cenizas y promesas, descubrirás que incluso la llama más pura puede volverse tormento.