PUBLIC part 1
El día amaneció brillante y claro, el cielo azul como rica cerámica vidriada, prometiendo calor más adelante. La luz cálida caía en el pequeño apartamento de Jimin, dorando todas las superficies y alcanzando el pelo de Jeongguk, que estaba sentado en la mesa de la cocina.
Jeongguk estaba leyendo el periódico sobre su café de la mañana. Era un fastidio despertarse; se rió mientras Jimin reprimía un bostezo.
―¿Estás seguro de que no prefieres quedarte en la cama? Son sólo las ocho de la mañana.
Jimin hizo un valiente intento por sentarse con la espalda recta en lugar de quedarse dormido. Envolvió sus manos alrededor de su taza de café, dejando que el calor se filtrara por sus palmas. Tal vez eso lo despertaría.
―No más cama.― Ya habían pasado casi una hora entrelazados teniendo sexo lento, perezoso. Jimin seguía estremecido por escalofríos agradables, su cuerpo, un dulce dolor. Le gustó el leve pinchazo cada vez que se movía; le recordaba lo que habían hecho juntos.
Jeongguk se inclinó sobre la mesa y capturó su mano. Sus ojos se encontraron y bloquearon; Jimin se estremeció. Reconocía la forma en que esos ojos se oscurecían cuando Jeongguk estaba pensando en joderlo otra vez.
―¿Necesitas ayuda para despertar?― La voz de Jeongguk cayó, áspera y baja. Tenía una voz tan atractiva que Jimin podría escucharla por siempre.
Por desgracia, tuvo que resistir la tentación.
―Sólo me harías sentir más somnoliento.― Por lo general, cuando en Jeongguk lo hacía con él, le agotaba tan a fondo que todo lo que quería era quedarse dormido en sus brazos.
―Se trata de sexo para des-per-tar-te. Eso es diferente. ―Jeongguk le acarició el dorso de la mano con el pulgar, frotando sobre él, haciendo que del pequeño toque una promesa.
El estómago de Jimin se contrajo con una punzada de hambre que lo dejó sin aliento. La mirada Jeongguk le estaba poniendo nervioso.
―Bien...
―Déjame enseñarte.― Jeongguk lo arrastró casualmente por la parte de atrás de su cuello. Era un agarre posesivo que hizo que el rubio se congelara, sin saber muy bien lo que estaba por venir, pero a sabiendas de que iba a ser bueno.
Jeongguk se inclinó y le dio un beso. Era a la vez familiar y maravilloso. La raspadura ligera de sus dientes hizo que Jimin se inclinara hacia él, queriendo la cálida fortaleza de su cuerpo. El pelinegro estaba recién salido de la ducha y Jimin no podía conseguir suficiente de su aroma limpio, su gusto, era mareante. Jimin agarró un puñado de su camisa, disfrutando de la sensación del músculo duro bajo su palma.
―El truco para despertarte,― murmuró Jeongguk ―es la sorpresa.
―¿Qué...? ¡Ah!
Jeongguk barrió el periódico al suelo, lo levantó fácilmente sobre la mesa y le bajó los pantalones. El pulso de Jimin se aceleró por el entusiasmo. Ya estaba pateando sus pantalones fuera, tratando de extender sus piernas, pero Jeongguk lo inmovilizó y se inclinó para besar su estómago, lamer la piel caliente, luego le mordió. Haciendo que soltara un grito. Jeongguk acarició su estómago y empujó la lengua en su ombligo; el rubio chirriaba en este momento. Jeongguk prolongaba la provocación por siempre, lamiendo, mordiendo, enviando deliciosos escalofríos a través de él, nunca dándole lo que necesitaba.
―¡Jeongguk!― imploró, tratando de agarrarle el pelo, pero le apartó sus manos.
―¿Hay algún problema?― Jeongguk sonrió contra su muslo, lento y malvado.
―¡Por favor, sólo tócame!
―Tus deseos son ordenes.― Jeongguk bajó la cabeza y llevó a Jimin profundamente en su boca.
Jimin se arqueó fuera de la mesa con un grito y tuvo que apretar los puños para no llegar en ese mismo momento. El pelinegro era malvadamente bueno con su boca y él provocaba a Jimin sin descanso, llevándolo al borde sólo para retroceder y calmarlo de nuevo. Jimin escarbó en la mesa, tratando de empujar hacia arriba en la boca.
Jeongguk solo aumentó el tormento deslizando un dedo hábil para frotar dentro de él. Un destello blanco del placer lo cegó y Jimin volvió a gritar mientras su orgasmo explotaba, todo su cuerpo apretándose alrededor del dedo que lo llenaba.
Todavía se estremecía por réplicas cuando se dio la vuelta y cogió el cinturón de Jeongguk. Éste estaba más que dispuesto a liberarse de él y empujar en la boca de Jimin; acunaba la cara de Jimin con las dos manos, controlando el ángulo y la profundidad de sus golpes. Sólo tomó un par de golpes para que Jeongguk se corriera en su lengua, pulso tras pulso de semilla inundando su boca.
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Después ambos estaban sin aliento y despeinados. Se vistieron de nuevo en silencio. Jimin todavía estaba recuperando el aliento, su corazón latía con fuerza, brillando con satisfacción. Él sonrió.
―Estoy despierto ahora.
―Pensé que podrías estarlo.― Jeongguk volvió a beber su café como si nada hubiera pasado, pero sus ojos se reían. ―¿Cuáles son nuestros planes para hoy?
―Un castillo.
―¿Un castillo?― Su sonrisa era burlona.
―No cualquier castillo.― Jimin se había despertado lo suficiente ahora para empezar a preparar un picnic. Puso sándwiches, pastel y fresas en una bolsa, además de una botella de vino. ―Es un castillo del siglo XII. Es una pieza de nuestro patrimonio cultural. También es una ruina muy bonita. Las personas pintan cuadros de él. Lo disfrutarás.
―Estoy seguro de que lo haré.― Jeongguk sonrió en su taza de café.
Jimin esperaba que lo hiciera. Por mucho que disfrutaba follando, él también estaba entusiasmado sólo con pasar tiempo con Jeongguk. Desde su primera cita habían pasado la mayor parte de su tiempo en el apartamento del rubio teniendo sexo, cierto, el sexo era fantástico, pero Jimin quería pensar que tenían un futuro juntos que no estaba solamente en la cama. O contra una pared. O en la mesa. O en la ducha...
Le tendió la mano.
―¿Vamos?
―Guíanos, cariño,― dijo Jeongguk.
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El castillo era tan hermoso como Jimin lo recordaba de su última visita. Se mantenía en pie orgulloso y en ruinas contra el cielo enjoyado, piedras que caían por una ladera. Muros rotos que esbozaban el recuerdo de torres hace mucho tiempo derribadas. Diminutas flores blancas salpicadas en las tranquilas ondulaciones de hierba.
Jeongguk silbó mientras miraba hacia lo alto.
―Esto es impresionante.
―Lo es.― Jimin estaba fascinado por la historia y le narró a Jeongguk cómo el castillo había sido volado con pólvora, durante la Guerra, para evitar que cayera en manos del enemigo. También entretuvo al pelinegro con las historias de los turistas que habían caído desde varias partes de las ruinas y tuvieron que ser trasladados en helicóptero a un lugar seguro por los Guardacostas.
―¿Por qué la Guardia Costera?
―Estamos a sólo a unos pocos kilómetros del mar. Están más cerca que la ambulancia aérea.
―Qué alivio― dijo Jeongguk. ―En caso de que me caiga y me rompa la pierna.―Sus ojos se entrecerraron por la risa mientras Jimin aprovechaba la oportunidad para contarle aún más hechos históricos.
Jimin no podía imaginar un día más perfecto. Tenía un magnífico hombre a su lado y un hermoso castillo para explorar bajo el sol del verano. Con Jeongguk a su lado no tenía miedo a los extraños, ni miedo a los lugares desconocidos. Y además Jeongguk le miraba el trasero cuando pensaba que no estaba mirando. Definitivamente perfecto.
Para una vez sólo deambulaban, siguiendo la línea de muros caídos y asomándose alrededor de grietas olvidadas. Jeongguk mantuvo su mano en la espalda de Jimin; bromeó con él, por estar tan fascinado, pero la calidez en su sonrisa le animó para mostrarle un poco más.
La mayoría de los hombres con los que Jimin había salido habían pensado que era raro. Jimin se atrevía también a decirlo.
―Me gusta― dijo Jeongguk. ―Todo el mundo debería tener una obsesión o dos. Además, eres adorable cuando te excitas.
Jimin se rio.
―¿Realmente piensas que no soy raro?― Tenía la creencia que todo el mundo lo haría. La gente se reía mucho de él.
―No. Sólo lindo, inteligente y dulce. ―Jeongguk le sonrió.
―Eres muy amable. ―Soltó tímido.
En las solitarias ruinas, Jeongguk le besó. Jimin le pasó un brazo alrededor del cuello para arrastrarlo hacia abajo, abriendo su boca bajo la de él, apretándose contra el calor de Jeongguk. Éste le puso una mano en la parte baja de la espalda atrayéndolo más contra él. No había nadie alrededor, por lo que Jimin podría perderse en Jeongguk, atrapado entre la fría pared de piedra y el calor abrasador de ambos cuerpos presionados. Amaba cómo Jeongguk lo ponía mientras lo estaba besando, cómo no podía registrar ninguna otra cosa. No había nada más importante.
Sólo el endurecimiento de los dedos en el cabello de Jimin, su cuerpo moliéndose contra el suyo, la ferocidad de su boca.
Jeongguk lo levantó fácilmente hasta una tronera y le cortó el jadeo con su boca. Jimin lo arrastró por la camisa más cerca, besándolo con impaciencia. Podía sentir a Jeongguk caliente y duro entre las piernas, presionando contra su vientre y eso le excitaba, haciéndole imposible pensar.
Jeongguk lo besó con más fuerza, a continuación, le mordió la garganta, haciéndole jadear de nuevo. Jeongguk tiró de su camisa, consiguiendo que la mitad se abriera para poder investigar la piel desnuda debajo.
―¡Jeongguk!― Chilló Jimin. ―Nos van a pillar.
―No lo harán,― murmuró Jeongguk, curvando las manos adaptándose a la curva de su trasero, arrastrándolo más contra él.
―Jeongguk...
―Tranquilo― Jeongguk, le agarró por el cinturón y le dio la vuelta de manera que estaba boca abajo, doblado sobre el borde, su cara presionada contra la piedra áspera. Se raspó la cara, y las palmas de las manos mientras se movía. Estaba atrapado bajo el peso de Jeongguk. La sensación le daba miedo, pero también lo emocionaba. Luchó a medias contra el agarre contrario.
Éste trabajó una mano debajo de él y lo tomó por la parte delantera de su pantalón. Jimin se quejó en voz alta. El sonido le sorprendió, tan descarado. Se frotó a sí mismo en la palma cálida de Jeongguk.
―Realmente no deberíamos hacer esto,― Jimin trató de decir, pero su garganta estaba seca y las palabras se quebraron.
Pasos se acercaban. El sonido hizo eco en la piedra antigua. Ambos se congelaron. El corazón de Jimin latía con fuerza, estaba luchando por aire, presionado completamente contra la piedra.
Las sombras se movían por la pared. Los turistas se habían detenido a menos de tres metros de distancia, probablemente mirando los resultados de ese día explosivo durante la Guerra. Lo suficientemente cerca como para oírlos si se movían.
Jimin comenzó a entrar en pánico. Se retorció bajo el peso de Jeongguk, con ganas de levantarse en el caso de que los turistas se acercaran. Sería mortificante ser atrapado así.
Jeongguk lo empujó hacia abajo con una mano apoyada entre los omóplatos. Su otra mano estaba abriendo los pantalones de Jimin. Éste se quedó sin aliento, se retorció con más fuerza, pero Jeongguk deslizó una mano dentro audazmente para envolver fuertes dedos alrededor de su pene y un gemido se le escapó. Sonaba sorprendentemente alto a sus oídos. Ambos se congelaron de nuevo. Jimin estaba sin aliento, no podía pensar más que en los hábiles dedos de Jeongguk.
El pelinegro comenzó, lentamente, implacablemente a acariciarlo.
Provocándole hasta el punto de la locura. La presión del edificio era insoportable. Jimin dejó escapar el gemido más pequeño.
Las sombras se alejaron. Los pasos resonaron, luego se desvanecieron. Jimin dejó caer la cara contra el relieve de la piedra.
Jeongguk le bajó los pantalones, apresuradamente le lubricó unos momentos y se empujó dentro. Fue demoledoramente perfecto. Su mano le tapó la boca a Jimin, justo a tiempo para ahogar su grito.
El agarre de Jeongguk era demasiado apretado, sus empujes demasiado duros, pero el dolor sólo agudizaba el placer de Jimin. Habían tenido sexo docenas de veces, pero esto sólo se volvía más intenso. Jeongguk sabía exactamente qué hacer con él, manteniéndolo doblado por el ángulo correcto para que con cada golpe le hiciera ver chispas. Jimin se estremecía bajo su peso, atrapado y gustándole eso, necesitando la fuerza, el impacto.
Se movió de nuevo y Jeongguk le gruñó para que se quedara quieto.
Jeongguk se sentía tan grande dentro de él que Jimin abrió más las piernas, arqueándose ligeramente, tratando conseguir ser golpeado en un ángulo aún mejor. Estaba presionado con tanta fuerza en la piedra que podía sentir su aspereza a través de la fina tela de su camisa; a pesar del calor del sol la piedra estaba fría, dejándolo atrapado entre la congelación de la piedra y el cuerpo caliente del contrario.
Éste cambió su agarre, tomándolo de la parte posterior del cuello ahora, manteniendo su mejilla presionada contra la piedra.
―Cuidado.― Era esa áspera, peligrosa voz que siempre encendida a Jimin en llamas por él.
―¿Cuidado con qué?― Jimin logró decir, a pesar de que apenas podía pensar con lo que Jeongguk estaba haciendo con él.
―Sigue retorciéndote así y voy a terminar antes de tiempo.― Jeongguk reforzó su punto con un empuje duro en su cuerpo.
―¡Uh!― Jimin vio las estrellas otra vez.
―Sería mejor permanecer en silencio. Cualquiera podría oírte.
―Jeongguk. ― le salió como un gemido. Estaba tan indefenso, atrapado debajo de él, obligado a tomar todo lo que Jeongguk le daba.
―Lo sé. Te gusta esto. ―Los dedos de Jeongguk se clavaron en su hombro. Sus embestidas sacudieron todo el cuerpo de Jimin. ―No podrías incluso parar si alguien nos atrapara. Tú no querrías. Lo que querrías es que te vieran así, todo extendido, abierto para mí.
Todo el cuerpo de Jimin se apretó y gimió. La idea de ser atrapado así era increíblemente caliente. Jadeó mientras se apoyaba contra la piedra.
―Yo... no puedo...
―Necesitas correrte ya, ¿no? Tendrás suerte si te dejo.
―Por favor.― Él se apretó alrededor de Jeongguk.
Entre los rudos empujes y la fricción de la piedra, Jimin sólo duró unos segundos más antes de correrse. Su clímax se estrelló sobre él y Jeongguk tuvo que cubrir su boca otra vez para mantenerlo en silencio. Jeongguk siguió poco después, llenándolo a borbotones.
Jimin estaba tembloroso por las réplicas, buscando a tientas para subirse los pantalones y abotonarlos. Jeongguk se hizo cargo del botón; sus manos estaban firmes. Jeongguk parecía presumido, su orgullo, obviamente, estimulado por la forma en que podía conseguir que Jimin llegara tan duro, tan rápido.
―No deberíamos haber hecho eso,― dijo Jimin, todavía sin aliento, aunque estaba sofocado por el calor. Se sentía como si debiera de estar brillante.
―No, no deberíamos. Pero fue jodidamente caliente― Jeongguk sonrió.